El destino los unió… pero no para salvarlos. Cuatro jóvenes, atados por cadenas invisibles, vivirán en un mundo donde la traición se respira y los reinos se arrebatan con sangre. La maldad intentará borrarlos. Ellos aprenderán a usarla. Porque en esta historia, la libertad tiene un precio… y no todos están dispuestos a pagarlo.
NovelToon tiene autorización de Mel G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
SIN SALIDA
...Reino de Norvak ...
Cuando todos estuvieron fuera de la carreta, sintiendo la nieve fría la pelirroja tomó el brazo de Erian.
Él la miró desconcertado.
—Aria —susurró—. Mi nombre es Aria. Por si lo necesitamos al correr.
Erian entendió de inmediato que ella ya sabía quién era. Que también sabía quién era Kael. Aun así, habló.
—Erian. Y él es Kael.
—Sí, sí —interrumpió el rubio, impaciente—. Y yo soy Rowan. Ahora caminen.
Se alejaron por el camino de tierra.
—Nadie va a preguntar nuestros nombres —murmuró Darek, el de los muñones—. A nadie le importan los recién llegados.
—Cierra la boca —gruñó Ulric, el del ojo de vidrio.
—¿Por qué siempre tan amargado? —se burló Darek.
—Cierren la boca y caminen —espetó Rowan, sin voltear—. Ahora.
Y entonces pasó.
Darek tropezó con una raíz.
—¡Mierda!
El ruido no fue fuerte, pero llamó la atención de uno de los rufianes en la cabaña.
—¿Escucharon eso? —gritó alguien.
Rowan se percató que los rufianes se dieron cuenta.
—¡Corre, imbécil!
Los gritos estallaron detrás de ellos.
—¡Se están escapando!
Todos se hecharon a correr.
Los rufianes tomaron caballos, antorchas y comenzaron a perseguirlos.
—¡Corran! —gritó Rowan de nuevo.
Cada uno salió en una dirección distinta.
Erian llevaba a Kael de la mano y tiró de él, pero su otro brazo se tensó de golpe.
Ulric había agarrado a Kael.
—¡Lo siento! —gruñó—. ¡No vuelvo a ese infierno!
Kael gritó mientras lo jalaban.
—¡Erian!
Erian se lanzó sobre Ulric , derribándolo al suelo, rodaron por la nieve. Pero es ultimo era más grande y fuerte.
Darek regresó y pateó a Erian en las costillas. El aire se le escapó, pero no soltó, tenia sus manos en el cuello del hombre, con la cabeza undida en la nieve fresca.
—¡Suéltalo! —rugió.
Aria se detuvo a unos metros viendo la escena. Quizo volver, pero Rowan la detuvo.
—¡Roja, no! —le gritó Rowan—. ¡Si vuelves, nos atrapan a todos!
Los captores ya estaban cerca.
Kael lloraba, arrastrado por el suelo.
Darek derribó a Erian, al suelo lo tenía sometido.
Aria apretó los puños, Y regresó.
Corrió y empujó a Darek con todas sus fuerzas. El hombre cayó de espaldas, sorprendido.
—¡Estás loca! —le gritó Rowan. escapando sin mirar atrás .
Ulric se levantó de golpe y lanzó a Aria contra un árbol. El golpe le sacó el aire del pecho.
—¡Aria! —gritó Erian.
Escuchar su nombre la hizo reaccionar.
Se quitó justo a tiempo. El golpe de Ulric se estampó con la madera del árbol.
Erian volvió a lanzarse sobre él.
Esta vez, Darek también se levantó.
Los dos hermanos lo tenían contra el suelo.
—Los dejamos aquí —dijo Darek, jadeando—. Serán el señuelo.
Kael temblaba.
Aria se puso frente a él sin pensarlo.
Pero Entonces Rowan se movió en la oscuridad.
Apareció como una sombra. Tomó una piedra grande y la estrelló contra la cabeza de Darek. El craneo trono, cayendo al suelo manchando la nieve de rojo intenso aún en la oscuridad de la noche.
Ulric alcanzó a girarse. Y ataco a Rowan quien quedó en suelo, Pero tomo un poco de nieve y se la aventó en la cara.
Úlric se llevó las manos al rostro, quejándose.
Rowan aprovechó la distracción y se le fue encima, le estrellando su cabeza contra el piso hasta que dejó de poner resistencia.
Úlric No se levantó.
Rowan se levantó agitado.
—No me cayeron bien desde que llegaron —murmuró.
Erian apenas abrió la boca. Cuando Rowan cayó al suelo, inconsciente.
Los captores volvieron a rodearlos.
—Mírenlos —se burló uno—. Pensaron que podían escapar.
Erian abrazó a Kael.
Aria apretó los dientes.
El bosque helado volvió a quedar en silencio.
Y la libertad… otra vez… quedó atrás.
...****************...
Erian, Aria y Kael estaban nuevamente encadenados cuando regresaron a Rowan a la carreta.
Al principio no lo reconocieron.
Tenía la cara hinchada, cubierto de sangre seca, no podía abrir uno de sus ojos, cabello rubio, antes revuelto pero limpio, ahora estaba empapado y pegado a su cara por la sangre.
—No puede ser… —susurró Aria, llevándose una mano a la boca.
Rowan abrió un ojo con dificultad y, aun así, sonrió.
—Tranquila, roja —murmuró con voz ronca—. Aún así no perderé mi belleza — dijo guiñándole un ojo y acomodándose un poco. —Tendremos que preparar el siguiente escape más meticulosamente.
Erian apretó los dientes.
—Estás demente —dijo molesto —. A nosotros no nos golpearon… pero contigo se ensañaron. La próxima vez nos matarán.
Rowan soltó una risa débil.
—Niño… ¿cómo te explico que prefiero morir a vivir sin libertad?
Kael bajó la cabeza, con los ojos llenos de culpa.
—Fue mi culpa… —murmuró—. Si yo no—
—No —lo interrumpió Rowan de inmediato—. Tranquilo, niño. No fue tu culpa.— Erian abrió la boca para decir algo, pero Rowan fue más rápido. —Fue culpa de esos malditos. Y créeme… ahora ya se pudren en el infierno.
Erian cerró los ojos un segundo.
—Duerme, Kael —le dijo al fin, con voz más suave.
Kael se acomodó junto a Aria, y ella lo cubrió con la manta dura y sucia. El pequeño no tardó en quedarse dormido.
Erian no durmió nada esa noche.
Cuando el cielo empezó a aclararse, habló en voz baja, sin mirar a Rowan.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó—. Pudiste escapar. Y lo hiciste. ¿Por que volviste?
Rowan trato de acomodarse mejor en la carreta.
—Porque eres el rey —dijo—. Y si no salvo a mi rey… ¿qué le queda al reino?
Erian desvió los ojos hacia el.
Rowan tenía unos diecinueve o veinte años. Podría haber sido su hermano mayor.
—No creí que te importara el reino.
—No me importa —respondió Rowan sin dudar—. Ya te lo dije. Lo hago para ganar tu favor.
—Claro… —murmuró Erian con sarcasmo.
Estaban de vuelta, por confiar de nuevo en las personas incorrectas, en ese momento se juró, nunca mas perdonaría una traición, jamás.
Con los primeros rayos del sol, los esclavistas llegaron por Rowan, Erian y Kael. Los hicieron trabajar todo el día hasta que el cuerpo no les respondió más. A Aria la llevaron a otro lado.
A todos los castigaron sin agua y sin comida.
Cuando cayó la noche y los rufianes aún no regresaban con Rowan, Aria rompió el silencio.
—Así que… ¿un rey? —preguntó, mientras acomodaba la manta sobre Kael.
—No lo soy —respondió Erian.
—Te escuché —dijo ella—. Eres el hijo de los reyes de Zayon.
—¿Y de qué sirvió? —replicó Erian con amargura—. Mira dónde estoy. Mira dónde está mi hermano.
Aria se quedó en silencio un momento.
—La vida nos puso una prueba —dijo al fin—. Pero te diré algo… yo aún voy a vivir.
Erian la miró.
—No tengo nada ni a nadie —continuó—. Pero voy a vivir. Aunque sea solo para ver caer a esos bastardos algún día. — dijo refiriéndose a los esclavistas.
—¿Venganza? —preguntó Erian.
—Es lo único que me mantendrá en pie —respondió ella, con la mirada perdida—. Cuando tenga la oportunidad… no tendré piedad. Les arrancaré los dientes y las uñas… una por una, y después… — Agregó con dientes apretados. — de ver como sus propios caballos se los cogen por detrás, les arrancaré la piel.
Erian no la juzgó.
Él sentía lo mismo hacia su tío… hacia el duque.
Esos que habían traicionado a su familia.
Más tarde, los rufianes devolvieron a Rowan a la carreta. Estaba tan débil que apenas podía sostenerse.
Erian se acercó para ayudarlo y tratar de acomodarlo como pudiera.
Lo miro y se lamentó por eso.
...****************...
La noche cayó pesada sobre la carreta.
Rowan temblaba..
Erian notó que Rowan temblaba, cuando intentó acomodarlo mejor entre las cadenas, se percató de que su temperatura no era normal.
—Está ardiendo… —murmuró.
Aria se acercó enseguida arrodillándose como pudo y le apartó el cabello rubio del rostro. Estaba empapado de sudor, mezclado con sangre seca.
—No es bueno —dijo en voz baja—. Tiene fiebre.
Rowan se movía inquieto, jalando un poco de las cadenas sin darse cuenta.
—No… no debimos confiar… —balbuceó—. Madre… no abras la puerta…
Erian se tensó.
—Rowan —dijo, inclinándose hacia él—. Rowan, mírame.
Pero Rowan estaba absorto en su sueño.
—El fuego… todo está ardiendo… —susurró—. Dijiste que volverías por mí…
Aria tragó saliva. Tomó el pedazo de tela que aún conservaba de la camisa rota de Erian y lo humedeció con las últimas gotas de agua que habían guardado y que no se habian congelado.
—Es todo lo que tenemos —dijo, casi disculpándose.
Rowan temblaba de un frío insoportable, aún más insoportable que el que los rodeaba.
Erian asintió frustrado.
Aria apoyó la tela sobre la frente de Rowan. Él se estremeció.
—No… no me dejen… —dijo entre delirios—. Rey… mi rey…
Erian cerró los ojos un segundo.
Pensó que tal vez podria darle consuelo.
—Estoy aquí —respondió—. No te vas a morir.
Rowan rió débilmente confundiendo a Erian.
—Mentiroso… los reyes siempre mienten…
Aria miró a Erian. Sus ojos estaban brillosos.
Kael se había despertado, observando en silencio desde su rincón. Se levantó despacio y se acercó, arrastrando las cadenas con cuidado para no hacer ruido.
—¿Se va a morir? —preguntó en un susurro.
Erian se volvió hacia él de inmediato.
—No —respondió firme—. No mientras estemos aquí.
Kael se arrodilló junto a Rowan dudando si debia tomar su mano.
Rowan no se calmó un al sentir el contacto, pero si sintió distinto.
—Hace frío… —murmuró.
Kael se inclinó más.
—Cuando yo tenía fiebre —dijo muy bajito— mamá me cantaba…
Todos miraron al pequeño.
Aria se quedó inmóvil.
Erian sintió un nudo en el pecho.
Kael comenzó a tararear.
Rowan respiró más despacio.
—No te duermas —le pidió Aria—. Escúchalo.
Erian se sentó a un lado y apoyó la espalda contra la madera de la carreta, vigilando cada sonido afuera, cada paso lejano.
—Si sobrevives —murmuró—. Te voy a cobrar que hayas vuelto por nosotros.
Rowan sonrió apenas, con los ojos cerrados.
—Siempre tan cruel, majestad… — dijo en su continuo delirio.
La fiebre no bajó esa noche.
Pero Rowan tampoco murió.
...****************...
Esa mañana les dieron de comer más temprano de lo habitual.
—Traguen —gruñó uno de los captores mientras les lanzaba los platos—. Si se desmayan, no los consideran buena mercancía.
La comida era asquerosa. Olía mal, tenía un color extraño y estaba fría.
El niño lo miró un segundo.
Erian iba a decir algo, pero Kael bajó la mirada y comenzó a comer sin protestar.
Erian confió en la comida de su hermano era al menos comestible.
Kael comía rápido, trataba de no hacer gestos, aunque por dentro el estómago se le revolvía. Sabía que si decía algo, su hermano intentaría darle su plato… como siempre. Y Kael no quería eso
Tenía demasiada hambre, pero comió poco. Solo lo suficiente para engañar a su estómago.
Cuando terminaron, uno de los esclavistas recogió los platos de mala gana.
—Muévanse —ordenó—. Si nos retrasamos, no llegaremos a tiempo a la subasta.
Erian levantó la cabeza de golpe.
—¿Subasta? —preguntó.
El rubio, Rowan, que seguía débil pero ya podía mantenerse sentado, habló en voz baja:
—No les conviene quedarse con nosotros. Somos muchos, gastamos comida, agua… —tragó saliva—. Nos venderán al mejor postor.
El camino continuó durante horas.
Cuando por fin comenzaron a verse muros altos y torres grises a lo lejos cubiertas de nieve, Erian supo que habían llegado a Vhalgor la capital del reino de Norvak.
La ciudad era enorme. Calles de piedra, estandartes colgando, no había demasiada gente fuera.
Erian miró a Kael.
Algo estaba mal.
El niño estaba demasiado callado. No preguntaba, no se movía. Tenía la cabeza apoyada contra la madera y respiraba pesado.
Erian estiró la mano y le tocó la frente.
Ardía.
—Kael… —susurró alarmado.
El niño abrió los ojos con esfuerzo.
—Me duele la panza… —murmuró.
Erian lo revisó, le tocó el cuello, el pecho, el vientre. Buscó señales de herida, de infección
—Tiene fiebre —dijo, con la voz tensa.
Aria se acercó.
—Tal vez comió algo echado a perder —dijo en voz baja.
Erian miró a su hermano de imediato.
—Kael… ¿comiste algo que no debías?
Kael dudó un segundo. Luego asintió despacio.
—La comida… estaba mala.
Erian sintió cómo la rabia le subía al pecho.
—¿Por qué no me lo dijiste? —le reclamó, frustrado sin poder evitarlo—. ¿Por qué hiciste eso?
Kael bajó la mirada.
—Tenías hambre… —respondió apenas.
Erian apretó los dientes. Su hermano lo hizo por el.
Rowan intervino, apoyándose como pudo contra la pared de la carreta.
—Tranquilo —dijo—. Cuando yo tuve fiebre, el cuerpo respondió. Tal vez pase igual con él.
Aria asintió.
—Es fuerte —añadió—. Solo necesita aguantar.
—Eso espero… —murmuró Erian.
De pronto, Kael se llevó la mano a la boca.
—Erian…
Pero no alcanzo a decir más cuando m uno la primera arcada y vomito sobre la madera de la carreta. Perdía más fuerza con cada arcada que tenía. Erian lo sostuvo para que no se golpeara.
Después de eso, Kael respiró hondo, temblando.
—Me siento… un poco mejor —dijo, agotado.
Erian lo acomodó contra su pecho, abrazándolo como pudo con las cadenas.
—Descansa —susurró—. No te duermas del todo.
Kael cerró los ojos, aún enfermo, aún débil.
La carreta siguió avanzando hacia la ciudad.
Hacia la subasta.
Y Erian, con su hermano ardiendo de fiebre entre los brazos.