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Atrapada Por Cuatro Sexys Demonios

Atrapada Por Cuatro Sexys Demonios

Status: Terminada
Genre:Demonios / Mundo de fantasía / Venganza / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Amelia solo quería recuperar su inspiración, pero un espejo maldito la arrastró a una pesadilla victoriana. Ahora está atrapada en una dimensión oscura, habitando el cuerpo de Eleanor Bianchi, una duquesa de sangre de dragón tan cruel que su propio séquito planea asesinarla.
¿El problema? Sus sirvientes no son humanos. Son cuatro letales y seductores demonios que la odian con cada fibra de su ser.
Rodeada de traiciones y enemigos mortales, Amelia tiene dos opciones: convencer a los monstruos que desean su muerte de que ella no es la tirana que recuerdan... o despertar la verdadera magia de su linaje y someter al infierno entero. El juego de poder acaba de cambiar.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Soledad de mi Reflejo

Paipper

— Porque no hay nada para mí allá afuera, ama.

Me quedé mirando mis manos vendadas, sintiendo el peso de mi propia confesión. El silencio de la mansión parecía cerrarse sobre nosotros, un silencio que me permitía escuchar los latidos de mi corazón, rápidos y asustadizos, como siempre han sido. Eleanor seguía allí, con la mano aún cerca de mi rostro, su perfume —una mezcla de sándalo y el olor metálico de la batalla— llenando mis sentidos. Ella quería saber el porqué. Quería entender por qué un ser que ha sido humillado, golpeado y reducido a la nada preferiría quedarse al lado de su verdugo antes que abrazar la libertad.

Pero la libertad es un concepto para aquellos que tienen un lugar a donde ir. Para mí, la libertad es solo otra palabra para el vacío.

Cerré los ojos y, por un momento, el lujo de la mansión desapareció. El calor de la chimenea se transformó en el frío punzante de los páramos del inframundo, donde mi vida comenzó. No recuerdo el rostro de mi madre, solo el tacto de su pelaje áspero y el sonido de su respiración agitada mientras intentaba ocultarme entre la maleza seca. En el inframundo, nacer como un conejo demonio de clase baja es nacer con una sentencia de muerte escrita en la piel. Somos la base de la cadena, el alimento de las sombras, el entretenimiento de los depredadores.

Mi infancia fue una sucesión de inviernos eternos y hambre crónica. Recuerdo haber rebuscado entre los desperdicios de las ciudades demoníacas, compitiendo con ratas de alcantarilla por un trozo de carne podrida. Era débil. Siempre fui el más pequeño, el que corría más lento, el que siempre terminaba con una costilla rota o una oreja desgarrada. La miseria no es solo no tener qué comer; es la certeza absoluta de que nadie llorará cuando dejes de respirar. Aprendí a ser invisible, a fundirme con las sombras, a no emitir sonido alguno. La invisibilidad era mi única armadura.

Cada noche, mirando hacia el cielo purpúreo del inframundo, soñaba con que alguien, algo, me sacara de aquel lodazal de desgracia. Creía que existía un propósito mayor, que mi sufrimiento era una prueba para una recompensa futura. Qué estúpido fui.

El día de la invocación, el cielo pareció rasgarse. Sentí un tirón violento en el centro de mi ser, una fuerza magnética que me arrancaba de la tierra húmeda. Recuerdo el brillo de las runas, el olor a incienso caro y la sensación de poder puro envolviéndome. Cuando abrí los ojos y vi a Eleanor Bianchi por primera vez, sentí una chispa de esperanza que casi me detiene el corazón. Ella era hermosa, imponente, rodeada de una luz que yo nunca había visto.

“He sido salvado”, pensé en mi inocencia. “Esta mujer es mi redentora”.

Pero la redención nunca llegó. Lo que llegó fue la realidad de la servidumbre. Eleanor, la mujer que ahora me miraba con una chispa de arrepentimiento, era en aquel entonces un bloque de hielo. Fui recibido con desprecio. No era el guerrero que ella esperaba, no era el demonio de clase A que necesitaba para asegurar su posición. Solo era un conejo. Un juguete. Un estorbo.

Pronto comprendí que había cambiado una miseria por otra. En los páramos, el peligro era el hambre y los colmillos de las bestias; en el castillo Bianchi, el peligro era el látigo de la indiferencia y los castigos por errores que yo ni siquiera comprendía. Recuerdo las noches encerrado en una jaula demasiado pequeña para mis huesos, escuchando los gritos de Eleanor contra sus enemigos y sabiendo que, al día siguiente, el blanco de su frustración sería yo.

— Tu voz es insoportable —me dijo ella una vez, con una frialdad que dolió más que cualquier golpe—. Si no puedes ser útil, al menos guarda silencio.

Y guardé silencio. Durante años, mi garganta fue un desierto. Enterré mis pensamientos, mis miedos y mis deseos bajo capas de obediencia ciega. Me convertí en una extensión de su voluntad, un objeto que se movía cuando ella lo ordenaba y que sangraba sin quejarse cuando ella lo necesitaba. El maltrato se volvió mi rutina, mi lenguaje. Aprendí a leer el ángulo de su mandíbula para saber si ese día recibiría una caricia distraída o una patada.

¿Qué haré allá afuera, Eleanor? —pregunté, aunque mis labios no se movieron, mis ojos lo decían todo—. El mundo es un lugar vasto y cruel para alguien que solo sabe obedecer.

No tengo familia. Mis hermanos fueron devorados o vendidos hace décadas. No tengo hogar; los páramos me escupieron y el castillo me encarceló. No tengo nombre más allá del que ella me dio para identificar a su propiedad. Si cruzo esa puerta ahora, ¿quién seré? Seré solo un demonio de clase baja vagando por un mundo que no me reconoce, un ser que ha olvidado cómo desear algo para sí mismo.

— Allá afuera no pertenezco a ningún lugar —dije en voz alta, mi voz temblando por el esfuerzo de hablar—. No tengo nada. Solo te tengo a ti.

Me dolía admitirlo. Me dolía que la persona que me había roto fuera la única que le daba sentido a mi existencia. Pero hoy... hoy algo cambió. Cuando vi a Eleanor correr hacia mí, cuando sentí sus manos desatando mis nudos con una urgencia que no era fingida, cuando escuché cómo desafiaba a Odette por mí... algo dentro de mi pecho, un rincón que creía muerto, volvió a latir.

Ella me defendió. No como quien defiende un mueble caro, sino como quien defiende algo valioso.

— Me has tratado como nada durante tanto tiempo que me olvidé de que era algo —continué, levantando la vista para encontrarme con sus ojos—. Pero hoy me miraste. No como a un sirviente, no como a un conejo... me miraste como si mi vida importara. Y ese destello, ama, es más de lo que he tenido en toda mi miserable existencia.

La tensión en la habitación se volvió sofocante. Eleanor apartó la mano de mi mejilla, pero no se alejó. Vi una lucha interna en su rostro, una grieta en su armadura de heredera Bianchi.

— Paipper, te estoy ofreciendo la libertad —susurró ella—. Podrías empezar de nuevo. Podrías encontrar a otros de tu especie, podrías...

— ¿Podría qué? —la interrumpí, con una amargura que me sorprendió a mí mismo—. ¿Podría buscar un rincón donde morir de hambre sin que nadie se dé cuenta? ¿Podría servir a otro amo que quizás sea más cruel que tú? No, Eleanor. Tú me invocaste. Tú me sacaste de la basura. Tú me hiciste esto.

Me puse de pie, sintiendo que la fuerza me abandonaba, pero negándome a caer. Mis piernas temblaban, las heridas de los grilletes pulsaban con un dolor sordo, pero la miré de frente.

— Has dicho que has cambiado. Has dicho que lo que prometes, lo cumples. Dijiste que necesitabas ayuda para resolver el misterio de tu sangre y que no podrías sola. —Hice una pausa, tragando saliva—. Yo no soy Gio. No soy el rey del inframundo. No soy un vampiro letal como Azrael ni un guardián como Perseo. Soy solo un conejo que apenas puede luchar. Pero soy el único que te ha visto en tus momentos más oscuros y no se ha ido. Soy el único que te ama a pesar de lo que eres.

La palabra "amor" flotó entre nosotros como una blasfemia. En el mundo de los Bianchi, el amor era una debilidad, una moneda de cambio o una mentira. Pero para mí, era la única verdad que me quedaba después de que todo lo demás me fuera arrebatado.

Eleanor retrocedió un paso, sus ojos brillando con una emoción que no logré identificar. ¿Era miedo? ¿Era lástima? ¿O era, quizás, la comprensión de que estábamos atados por algo mucho más fuerte que un hechizo de invocación?

— No tienes por qué quererme, Paipper —dijo ella, su voz apenas un murmullo—. No me lo merezco.

— Eso no importa —respondí, dando un paso hacia ella—. No se trata de lo que mereces. Se trata de que no tengo a nadie más. Mi tragedia no es haber sido tu esclavo, Eleanor. Mi tragedia es que, incluso siendo libre, mis pies siempre me llevarán de vuelta a tu puerta. Porque fuera de este vínculo, yo no existo.

Me acerqué lo suficiente como para sentir el calor que emanaba de su cuerpo. Ella ya no era la misma de antes; había un poder nuevo en ella, una oscuridad que parecía vibrar bajo su piel, pero también había una fragilidad que solo yo podía ver. Ella estaba sola en su trono, rodeada de demonios que solo la seguían por interés o por pacto. Yo era el único que estaba allí por elección, incluso si esa elección nacía de la desesperación.

— Te ayudaré a resolver ese misterio —le prometí—. Te ayudaré a enfrentarte a lo que sea que esté por venir. Pero no me pidas que me vaya. No me pidas que regrese a la nada de donde me sacaste. Si he de morir, prefiero que sea a tu lado, viendo tu rostro, y no solo en la oscuridad de un callejón.

Me dejé caer de nuevo en el asiento, agotado por la confesión. La historia de mi vida, una crónica de miseria y silencio, había quedado expuesta. Eleanor se mantuvo en silencio durante lo que pareció una eternidad, mirando el fuego de la chimenea que proyectaba sombras alargadas sobre las paredes.

Finalmente, ella suspiró. Un suspiro largo, pesado, que parecía arrastrar consigo años de frialdad. Se giró hacia mí y, por primera vez en todo el tiempo que nos conocíamos, vi una lágrima solitaria correr por su mejilla antes de que la limpiara con un gesto rápido.

— Eres un tonto, Paipper —dijo, pero no había veneno en sus palabras, solo una extraña ternura—. Un conejo tonto y obstinado.

— Lo soy —admití con una pequeña sonrisa triste.

Ella se acercó y, sin decir nada más, me envolvió en un abrazo. Fue un gesto torpe, poco acostumbrado, pero fue el primer contacto humano que recibí en mi vida que no buscaba causar dolor. Apoyé mi cabeza en su hombro, cerrando los ojos, dejando que el calor de su abrazo ahuyentara, al menos por un momento, los fantasmas de mi pasado.

Pero mientras estábamos allí, en ese oasis de paz en medio de la tormenta, sentí un escalofrío. El poder que Eleanor mencionó, ese misterio que corría por sus venas, pareció reaccionar a mi cercanía. Un susurro inaudible cruzó mi mente, una voz que no era la de ella, ni la mía, ni la de Gio.

Era una voz antigua, que olía a tierra de cementerio y a gloria olvidada.

“El sacrificio ha sido aceptado”, decía la voz. “El alma del sirviente es la llave final”.

Me tensé en sus brazos, pero no me alejé. Si yo era la llave, si mi tragedia aún no había terminado, no importaba. Mientras ella me sujetara así, yo caminaría hacia el mismo infierno.

— Ama... —susurré, sintiendo que el sueño empezaba a vencerme en la seguridad de su regazo.

— Dime, Paipper.

— Si alguna vez el poder te consume... si alguna vez te vuelves a convertir en esa mujer de hielo... ¿prometes que serás tú quien termine conmigo? No quiero que nadie más lo haga.

Ella no respondió de inmediato. Sintió cómo su agarre se tensaba alrededor de mi espalda. Me miró fijamente, y en la profundidad de sus ojos vi una sombra que me hizo temblar. No era la sombra de un demonio, era la sombra de algo mucho más antiguo que los Bianchi.

— Te lo prometo, Paipper —dijo ella, y su voz sonó como el cierre de una tumba—. Pero para que eso pase, primero tendremos que sobrevivir a lo que viene mañana.

Se alejó un poco y me miró con una seriedad que me heló la sangre.

— ¿Estás seguro de esto? ¿Estás seguro de que quieres quedarte a mi lado incluso sabiendo que el camino que sigue está lleno de cadáveres y que el tuyo podría ser uno de ellos?

La miré, y por un momento, vi toda la miseria de mi pasado, toda la desgracia de mi infancia y toda la soledad de mi vida. Y luego la vi a ella.

— ¿Por qué no? —pregunté, y la palabra quedó suspendida en el aire, cargada de una incertidumbre que ninguno de los dos sabía cómo resolver.

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lissyyy
excelente novela autora, tiene que tener una segunda parte /Pray/
Celeste Godoy: Hola bella, si la parte 2 ya esta en procesó, y a finales de este mes ya voy a ir publicandola, va a estar bomba muchos secretos y descubrimientos nuevos 📚📚✨️✨️✨️
total 2 replies
💕Lili 💕
me gustó muchísima tu novela, espero y siga la segunda parte 🥰
Celeste Godoy: No vas a esperar mucho te lo aseguro/Chuckle//Chuckle//Kiss/
total 1 replies
Ana Rivera
👏👏👏👏 perfecto.. 👏👏👏👏
Celeste Godoy: Estate atenta preciosa que se viene la Parte 2📚🥰✨️
total 1 replies
JrlyWriter
Llegó para acabar con la cordura de eelos🤭
JrlyWriter
Definitivamente, loca🤣
JrlyWriter
Llegó para alterar a los pobres demonios 🤭
JrlyWriter
Ay, Dios! Qué clase de Duquesa es esta?
JrlyWriter
Súper interesante 🤔
JrlyWriter
Interesante ver qué tumbo toma. Ahora sí que tiene para escribir 🤭
JrlyWriter
Demasiado osada, hace rato me hubiera ido
JrlyWriter
Esto da susto!🤣
JrlyWriter
Causa curiosidad saber que habrá allí 🤔
JrlyWriter
Interesante esta trama☺️
JrlyWriter
Woow! Hasta a mí se me activaría la musa 🤭
JrlyWriter
Parece buena, excelente inicio
Claudia Milagros Batallanos Vilcas
me encanto !!! llore cuando se juntaron lo mucho que se esforzaron por ir con ella ... y lo lograron !!!
Celeste Godoy: Uufff... no te imaginas la alegría que me hace saber que te haya gustado😭. Pero este no es el final se viene la Parte 2. Mi idea es hacer una saga de novelas cortas📚. Así que se vienen cositas.✨️✨️📚
total 1 replies
Susana Mejia Soñett
me hubiera gustado que siguiera pero ecxelente 😂
Celeste Godoy: Claro que si Preciosa, ya estoy trabajando en ello y créeme si te gusto la primera la segunda va a estar mucho más buena📚✨️🥰
total 3 replies
FerWang
no puedo parar de leer
FerWang
estoy enganchada
FerWang
quede asi 🤡
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