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“Cuando La Luz Se Rompe”

“Cuando La Luz Se Rompe”

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Venganza / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: El Nacimiento del Engranaje

El fuego seguía devorando la casa.

La madera crujía.

Las llamas subían.

El humo cubría el aire.

Y en medio de todo eso…

El mundo de Asahi ya había terminado.

No escuchaba bien.

No respiraba bien.

No pensaba con claridad.

Solo veía.

A sus padres.

A Himari en el suelo.

A los soldados.

A las risas.

A la injusticia.

A la corona.

Al reino.

A todo.

Todo junto.

Todo podrido.

Todo mereciendo ser destruido.

Las Cuerdas

Las manos de Asahi seguían sujetas.

Los soldados lo habían inmovilizado con cuerdas gruesas, confiados en que un chico del barrio bajo no podía hacer nada frente a la autoridad del reino.

Pero Asahi ya no estaba escuchando lógica.

Ya no estaba escuchando miedo.

Ya no estaba escuchando dolor.

Solo rabia.

Una rabia tan profunda que parecía venir desde los huesos.

Lentamente…

Sus dedos se cerraron.

Las cuerdas tensaron.

Los músculos de sus brazos se marcaron con violencia.

Su respiración se volvió más pesada.

Más rota.

Más animal.

Y entonces…

Las cuerdas cedieron.

No con magia visible.

No con técnica refinada.

Solo con fuerza bruta.

Pura.

Desesperada.

Monstruosa.

Un soldado dio un paso atrás.

—¿Qué demonios…?

Asahi levantó la cabeza.

Y empezó a caminar hacia ellos.

La Primera Herida

No corrió.

No gritó.

No amenazó.

Solo avanzó.

Paso a paso.

Como si nada en ese mundo pudiera detenerlo ya.

Un guardia, nervioso, levantó la mano y lanzó un corte mágico directo hacia él.

La energía impactó de lleno.

Asahi se tambaleó.

Su cuerpo se inclinó hacia un lado.

Por un instante pareció que iba a caer.

Pero no cayó.

Se enderezó otra vez.

Lento.

Pesado.

Inestable…

Pero todavía de pie.

Los soldados se quedaron inmóviles por una fracción de segundo.

Eso no era normal.

Eso no era humano.

Eso no era algo que un muchacho cualquiera debía soportar.

Asahi llevó una mano a su pecho.

La bajó.

Y al ver su propia sangre…

Algo dentro de él terminó de romperse.

Ojos que Ya No Eran Humanos

Su respiración se cortó.

El calor recorrió sus venas con una violencia insoportable.

El pulso le golpeó la cabeza.

Y entonces…

Sus ojos cambiaron por completo.

El color marrón desapareció.

En su lugar apareció un tono rojo intenso, profundo, feroz, casi irreal bajo la luz del fuego.

No parecían ojos de alguien furioso.

Parecían ojos de alguien que ya había dejado de verse como persona.

Varios mechones de su cabello se volvieron completamente blancos bajo la luz de las llamas.

Himari, aún arrodillada, levantó la vista hacia él.

Y sintió que el aire le abandonaba los pulmones.

Porque ese era su hermano.

Pero también…

Ya no lo era del todo.

La Lluvia de Magia

—¡Dispárenle! —gritó uno de los soldados.

Y entonces comenzó.

Una lluvia de ataques mágicos cayó sobre Asahi.

Cortes de energía.

Impactos rápidos.

Golpes de magia comprimida.

Uno tras otro.

Sin darle espacio.

Sin piedad.

Sin intención de arrestarlo ya.

Ahora querían destruirlo.

Asahi recibió cada impacto con el cuerpo temblando.

Cada golpe lo hacía retroceder apenas.

Cada ataque arrancaba más dolor de su cuerpo.

Pero no se detenía.

No retrocedía de verdad.

No caía.

Solo seguía avanzando.

Paso.

A paso.

A paso.

Como si el dolor ya no importara.

Como si su cuerpo hubiera dejado de pertenecerle.

Como si la única cosa que lo moviera ahora…

Fuera la ira.

El Instante en que se Dejó Llevar

Un soldado cargó contra él con una espada.

Otro lanzó magia desde atrás.

Otro intentó sujetarlo por el costado.

Y fue ahí.

En ese preciso segundo.

Cuando el último hilo de humanidad racional se rompió.

Asahi se dejó llevar.

No pensó.

No dudó.

No midió.

Atacó.

Su cuerpo se movió con una violencia aterradora.

Agarró al primer soldado por el brazo y lo lanzó contra otro con una fuerza que ninguno esperaba.

Giró sobre sí mismo y golpeó a un tercero con una brutalidad seca, directa, sin técnica elegante, solo destrucción pura nacida del dolor.

Los guardias retrocedieron.

—¡Deténganlo!

—¡¿Qué es este monstruo?!

Pero ya era tarde.

Asahi no estaba peleando como un estudiante.

No estaba peleando como un hijo.

No estaba peleando como un hermano.

Estaba peleando como alguien que acababa de perderlo todo.

Y cuando una persona pierde todo al mismo tiempo…

Lo único que queda es la capacidad de romper.

La Sangre Responde

Cada latido hacía que la magia dentro de él creciera.

Su sangre reaccionaba a su rabia.

A su dolor.

A su vacío.

La energía roja oscura comenzó a envolver sus brazos de forma inestable, como si su propio cuerpo estuviera endureciéndose más allá del límite natural.

Sus golpes ya no parecían humanos.

Sus movimientos eran toscos…

Pero demasiado rápidos.

Demasiado pesados.

Demasiado letales.

Un guardia intentó atacarlo por la espalda.

Asahi lo sintió.

Se giró al instante y lo derribó con un solo movimiento violento.

Otro quiso escapar.

Otro gritó por ayuda.

Otro tembló.

Y por primera vez esa noche…

Los soldados del reino sintieron miedo.

No del crimen.

No de la injusticia.

No del fuego que habían provocado.

Sino del chico que habían creado con sus propias manos.

Himari Solo Podía Mirar

Himari seguía en el suelo.

Sus piernas no respondían.

Su pecho subía y bajaba de forma errática.

Sus ojos no podían apartarse de Asahi.

Quería llamarlo.

Quería detenerlo.

Quería correr hacia él.

Pero estaba demasiado rota para moverse.

Y además…

Había algo que la aterraba.

No lo que él hacía.

Sino la expresión de su rostro.

Asahi no estaba disfrutando.

No estaba gritando.

No estaba descontrolado de forma salvaje.

Eso habría sido más fácil de entender.

No.

Lo peor era que su rostro estaba casi vacío.

Frío.

Lejano.

Como si algo dentro de él hubiera decidido una sola verdad:

“Ya no soy alguien que deba ser salvado.”

Y eso…

Eso fue lo que más miedo le dio a Himari.

El Último Pensamiento Humano

En medio de la destrucción, entre fuego, humo y magia rota…

Asahi tuvo un pensamiento fugaz.

Pequeño.

Casi perdido.

Pero real.

No pude salvarlos.

Y justo después de eso…

La ira volvió a tragárselo.

Porque si no podía salvar…

Entonces destruiría.

Si no podía proteger…

Entonces castigaría.

Si el reino había decidido convertirlo en un monstruo…

Entonces les mostraría exactamente el monstruo que habían creado.

Y esa noche…

Bajo el fuego de su hogar destruido…

Nació algo que ya no podía volver atrás.

El Engranaje.

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