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MAGIK ZAGA

MAGIK ZAGA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Mundo de fantasía / Acción / Completas
Popularitas:796
Nilai: 5
nombre de autor: GS Universe

Un grupo de jóvenes se ve arrastrado por la búsqueda y protección de reliquias antiguas que despiertan poderes y ambiciones peligrosas. Perseguidos, traicionados y forzados a despertar habilidades que no comprenden, deberán unir fuerzas con aliados inesperados para impedir que una facción libere una fuerza capaz de arrasar su mundo. Entre batallas, sacrificios y decisiones morales, su viaje decidirá el destino de muchas vidas.

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La Bestia

El choque fue más brutal de lo que Edran había imaginado. Había entrado en la cámara con la arrogancia de quien cree que la suerte siempre le sonríe, y la primera embestida de Bhermut le recordó cuán frágil era esa confianza. El lobo se movía con una velocidad que desmentía su tamaño; sus patas golpeaban el suelo como martillos y el aire se llenaba de un olor a hierro y pelo chamuscado. Edran sintió el impacto en todo el cuerpo: la daga se le clavó en la palma, la respiración se le cortó y un dolor agudo le recorrió las costillas. Aun así, por un instante, creyó que podría con él.

Luchó con la desesperación de quien no tiene otra opción. Sus ataques eran rápidos, impulsivos, más fruto del instinto que de la técnica. La hoja antigua silbó en el aire y, contra todo pronóstico, encontró un punto donde la piel de la bestia cedió: un chasquido seco, un brillo de sangre y la sensación de metal contra esmalte.

Fue entonces cuando algo más ocurrió, algo que Edran no supo explicar con palabras. El símbolo grabado en la empuñadura de su daga y el mismo emblema, casi imperceptible, cosido en el forro de la bolsa, comenzaron a brillar con una luz fría y azulada. No fue un resplandor alegre; era una luz que quemaba la vista con su intensidad contenida. La daga pareció cobrar peso y filo, la bolsa emitió un zumbido bajo, y por un instante Edran sintió que una fuerza antigua corría por sus venas. Con ese impulso renovado, lanzó un golpe que alcanzó a Bhermut en el costado, y la bestia gimió, dejando escapar un sonido que mezclaba dolor y sorpresa.

El golpe no fue suficiente para derribar al lobo, pero sí para arrancarle un precio: un diente menos, una herida que sangraba y una mueca de molestia en su rostro animal. Edran, jadeante, creyó ver una rendija de esperanza. Guardó el diente en la bolsa como quien guarda una reliquia; no sabía por qué lo hacía, sólo que algo en su interior le decía que aquel fragmento de la criatura tenía valor más allá del oro. Quizá era la prueba de que había sobrevivido, o quizá era la llave de un destino que aún no comprendía.

La victoria fue efímera. Bhermut, herido y enfurecido, no tardó en contraatacar con una furia que no admitía clemencia. Sus garras, largas como cuchillas, se abatieron sobre Edran con precisión letal. El primer zarpazo le arrancó la camisa; el segundo le abrió la carne del pecho como si fuera papel. El dolor fue un incendio que lo atravesó de lado a lado. Sintió cómo algo dentro de su torso se desgarraba y la sangre brotó caliente, empapando la camisa y goteando al suelo en un ritmo que parecía marcar los últimos latidos de su vida.

Cayó de rodillas, la visión nublada por la sangre que le corría por la boca. Cada respiración era un esfuerzo titánico; el mundo se reducía a un túnel rojo y a la figura inmensa de Bhermut que se inclinaba sobre él con la calma de quien remata a una presa. Edran pensó en su madre, en la bolsa que ahora latía con un brillo tenue, en la daga que le ardía en la mano. Pensó en su padre y en la promesa rota que había heredado junto con la hoja. Todo eso se mezcló en una sensación de pérdida y de arrepentimiento: había subestimado la leyenda, había confiado demasiado en su propia audacia.

Mientras la oscuridad comenzaba a cerrarse, una figura apareció en el borde de su visión, como si la luz misma la hubiera dibujado. Era una joven de cabello castaño largo, su silueta recortada contra la penumbra de la cámara. No llevaba armadura ostentosa ni armas visibles; su presencia, sin embargo, irradiaba una calma extraña, como la de quien conoce secretos que otros ignoran. Sus ojos, cuando Edran alcanzó a verlos, eran de un color indefinido entre el verde y el gris, y en ellos había una mezcla de sorpresa y determinación.

La joven no se acercó de inmediato. Observó la escena con la serenidad de quien evalúa un tablero de ajedrez. Edran, con la boca seca y la garganta ardiendo, intentó hablar, pero las palabras se le quedaron atascadas. Quiso pedir ayuda, explicar quién era, suplicar por su vida; en cambio, soltó un gemido que se perdió entre las piedras. La joven dio un paso, y algo en el aire cambió: una tensión eléctrica que hizo vibrar las antorchas y levantó un olor a ozono.

Antes de que pudiera comprender lo que sucedía, una explosión sacudió la cámara. No fue un estruendo sordo, sino una detonación que partió el silencio en dos, seguida de una luz tan intensa que Edran creyó que el sol había descendido al corazón de la mazmorra. La claridad le cegó por un instante; todo se volvió blanco y caliente, y la sensación de caída se transformó en un vacío absoluto. La última imagen que retuvo fue la de la joven extendiendo una mano hacia él, como si intentara alcanzarlo a través de la luz.

El mundo se desvaneció.

Cuando la inconsciencia lo reclamó, Edran no supo cuánto tiempo pasó. En ese limbo entre la vida y la muerte, tuvo visiones fragmentadas: el brillo del símbolo en la daga, el diente dentro de la bolsa que parecía latir, la figura de su madre susurrando advertencias que no alcanzó a entender. Sintió, también, una presencia cálida que no era la de Bhermut, una fuerza que lo empujaba hacia la superficie de la conciencia. No era sólo la magia de la bolsa; había algo más, algo que parecía responder a la explosión y a la joven que la había provocado.

La mazmorra, por su parte, quedó en silencio tras la detonación. El rugido de Bhermut se apagó en un eco lejano, y por un momento la cámara pareció contener la respiración. Piedras cayeron, polvo flotó en el aire y la luz se fue desvaneciendo hasta dejar sólo sombras temblorosas. Nadie gritó, nadie celebró; la escena quedó suspendida, como si el tiempo mismo hubiera decidido tomar un respiro.

Edran yacía en el suelo, envuelto en sangre y en un silencio que olía a metal y a magia. La bolsa mágica, cerrada y tibia, reposaba a su lado. Dentro, el diente de Bhermut brillaba con un fulgor débil, como si guardara en su esmalte la memoria de la bestia. La daga, por su parte, había perdido parte de su brillo, pero el símbolo seguía latiendo con una luz apenas perceptible.

La historia, pensó una voz lejana en su mente, no terminaba con una venta de orejas ni con una muerte rápida. Había algo más en juego: un poder antiguo, una joven misteriosa y una bestia que no se rendía. Y mientras la oscuridad lo envolvía por completo, Edran supo, con una certeza que no era miedo sino aceptación, que su vida había cambiado para siempre.

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AJRR
la aventura en ese bosque está a tope. Veamos que siguie.
AJRR
Ese bosque es una gran idea en la creación de la historia, me gustó mucho. También me encantó la zalamander. Esa espada suena a una carta de Yu Gi Oh. jajajaja
yua megumi
La terminé dn dos dias necesito maaaas
AJRR
Revelación reveladora me quede como wou owu wou.
GS Universe: de verdad, muchas gracias
total 3 replies
AJRR
Gran propuesta la tuya en este novela muy bien hecho compañero escritor.
GS Universe: muchas graciass
total 3 replies
M.F. Lawren
me gustó mucho sigue así
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