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El Contrato Del Despecho

El Contrato Del Despecho

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Venganza / Amor prohibido / Completas
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Margo siempre fue la mujer de los planes perfectos, hasta que su prometido la abandonó en el altar por su mejor amiga. Humillada y con la prensa social acechando, Margo decide que no será la víctima de esta historia. En un arrebato de orgullo y dolor, recurre a la única persona que odia tanto como a su ex: Lucas, el rival empresarial de su familia y el hombre que ha intentado hundir sus negocios por años.
​Lucas acepta la propuesta de un matrimonio por contrato, pero no por caridad. Él ve la oportunidad de finalmente entrar en el círculo de poder de los de Margo. Lo que comienza como una alianza gélida y transaccional, pronto se convierte en un campo de batalla emocional donde el odio se confunde con una atracción eléctrica. En un juego de apariencias, Margo y Lucas deberán decidir si su unión es la mejor venganza o la peor de sus derrotas.

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Capitulo 8

El restaurante L’Éclipse era el epicentro del poder corporativo, un lugar donde las alianzas se sellaban con caviar y las puñaladas se daban con sonrisas perfectamente blancas. Margo se sentía como una equilibrista sin red. La revelación de la noche anterior sobre el pasado de su padre y la sed de justicia de Lucas pesaba en su pecho como una losa de granito. Cada vez que miraba a Lucas, sentado frente a ella con su habitual máscara de mando, veía al niño que perdió a su padre por culpa de los Valente.

​La cena era crucial. Tres inversores clave, hombres que manejaban fondos soberanos y que olían la debilidad a kilómetros, estaban allí para evaluar si el matrimonio Thorne-Valente era un activo sólido o un barco hundiéndose.

​Margo cumplía su papel. Sonreía, hablaba de logística y mantenía su mano sobre la mesa, dejando que el diamante negro captara la luz de las velas. Pero por dentro, estaba vacía. Cada risa fingida le quemaba la garganta.

​—Debo admitir, Lucas —dijo Marcus Sterling, un hombre cuya fortuna solo era superada por su misoginia—, que tu velocidad para cerrar tratos es legendaria. Pero lo de este matrimonio… ha sido tu jugada más audaz. O la más caritativa.

​El tintineo de los cubiertos se detuvo. Margo sintió que la sangre se le congelaba.

​—¿Caritativa? —preguntó Lucas, dejando su copa de vino con una lentitud calculada.

​—Vamos, no nos engañemos —continuó Sterling, ignorando la señal de peligro en los ojos de Lucas—. Todos sabemos que Margo necesitaba un lugar donde esconderse después del espectáculo en la catedral. El despecho es una emoción costosa, y tú te ofreciste como el puerto seguro para una novia… usada. Es un movimiento brillante. Te quedas con los astilleros y con una mujer que, supongo, estará muy agradecida por haberle salvado la dignidad.

​Margo apretó los puños bajo la mesa. El insulto no era sutil. La palabra "usada" flotó en el aire como un gas tóxico. Sintió la mirada de los otros inversores sobre ella, algunos con lástima, otros con una curiosidad obscena. Por un segundo, volvió a ser la niña plantada en el altar. Bajó la vista, esperando que Lucas respondiera con alguna frase técnica sobre la fusión para desviar el tema. Después de todo, Sterling era el inversor principal de su nuevo proyecto. El contrato decía que la lealtad era pública, pero no obligaba a Lucas a arriesgar millones por su honor.

​—Sterling.

​La voz de Lucas no fue alta, pero tenía una vibración metálica que cortó la respiración de todos en la mesa. Lucas se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal del inversor.

​—Margo no es un puerto seguro, ni es una mujer agradecida. Es mi esposa y la socia más brillante que este sector ha visto en décadas —dijo Lucas. Sus ojos eran dos cuchillas de hielo fijas en el rostro de Sterling—. Y si crees que tu dinero te da derecho a hablar de ella como si fuera una mercancía de saldo, has cometido el error más caro de tu vida.

​—Lucas, no exageres, es solo una broma entre hombres de negocios… —intentó balbucear Sterling, cuya confianza empezaba a resquebrajarse ante la ferocidad en el rostro de Thorne.

​—No hay bromas cuando se trata de la Señora Thorne —replicó Lucas, levantándose de la silla con una elegancia letal—. Considera nuestra sociedad terminada. Retira tus fondos mañana por la mañana. No quiero el dinero de un hombre que no sabe distinguir entre una mujer de poder y su propia ignorancia.

​El silencio que siguió fue absoluto. Retirar los fondos de Sterling significaba un agujero de cincuenta millones de dólares. Era un suicidio financiero. Margo miró a Lucas, estupefacta. Esto no estaba en el manual. Esto no era una jugada de ajedrez. No había lógica empresarial en quemar un puente de ese calibre por un comentario despectivo.

​Lucas extendió su mano hacia Margo.

​—Vámonos, cariño. Este lugar de repente huele a basura.

​Margo caminó hacia el coche en un estado de trance. Una vez dentro del vehículo, el conductor cerró la puerta y el penthouse rodante comenzó a deslizarse por las calles lluviosas.

​El silencio era denso, casi sólido. Margo miraba a Lucas de reojo. Él se había aflojado la corbata y miraba por la ventana, con la mandíbula todavía tensa. Había una energía residual en él, una vibración de combate que no se disipaba.

​Margo comprendió entonces que lo que acababa de presenciar no había sido una actuación. En la gala, Lucas había sido un actor magistral; en el restaurante, había sido un hombre defendiendo algo suyo. No por el contrato, no por las acciones, sino por un instinto visceral de protección que no encajaba con el hombre que planeaba destruir a su familia.

​—¿Por qué lo hiciste? —preguntó ella al fin, su voz apenas un susurro en la oscuridad del coche—. Sterling era fundamental para la expansión del norte. Has perdido millones, Lucas.

​Lucas no se giró de inmediato. Pasaron varios segundos antes de que su voz llenara el espacio, más baja y ronca de lo habitual.

​—Hay cosas que no tienen precio, Margo.

​—El contrato no te pedía eso —insistió ella, buscando sus ojos—. Podrías haberlo ignorado. Podrías haber dejado que yo me defendiera sola.

​Lucas se giró entonces. La luz de las farolas pasaba sobre su rostro en ráfagas de luz y sombra. Por primera vez, Margo vio una grieta real en su armadura de hierro. No era la mirada del estratega, ni la del hijo vengativo. Era algo mucho más humano y, por lo tanto, mucho más peligroso.

​—Nadie habla así de ti —dijo él. Su mano se movió sobre el asiento, deteniéndose a milímetros de la de ella—. No me importa el dinero. Sterling te miró como si fueras pequeña, y tú no eres pequeña. Eres la única persona en esta ciudad que ha tenido el valor de mirarme a los ojos y decirme que me arrastraría a las cenizas contigo.

​Margo sintió un nudo en la garganta. La vulnerabilidad que Lucas acababa de mostrar la desarmaba más que cualquiera de sus amenazas. Ver que él era capaz de una lealtad que iba más allá del papel la hacía cuestionar todo de nuevo. ¿Cómo podía ser el hombre que quería arruinar a su padre y, al mismo tiempo, el único que la defendía con una ferocidad casi primitiva?

​—Me has salvado —dijo ella, y la palabra sonó pesada entre los dos.

​—No te he salvado, Margo. Solo he recordado a un idiota cuál es su lugar.

​Él no retiró la mano. Ella tampoco lo hizo. La tensión en el auto cambió de forma; ya no era el odio gélido de los primeros días, ni la desconfianza del despacho. Era algo eléctrico, una atracción prohibida que nacía de las cenizas de sus respectivas guerras.

​Al llegar al edificio, Lucas bajó del coche y, por primera vez, no esperó a que el chofer lo hiciera; él mismo abrió la puerta de Margo y le ofreció la mano. Sus dedos se cerraron sobre los de ella con una fuerza que no era necesaria para la etiqueta, sino para confirmar que estaban allí, juntos, contra el resto del mundo.

​Margo subió en el ascensor sintiendo el calor de su mano todavía en la suya. Sabía que esa noche algo había cambiado irrevocablemente. Lucas Thorne ya no era solo el enemigo con el que se había casado. Era el escudo que no sabía que necesitaba, y eso, más que cualquier traición de Mateo, era lo que realmente amenazaba con destruirla.

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Graciela Barragan Piedra
Me encantó! Nada de mafias, matanzas, secuestros, erotismo explícito.
Genial la novela! Gracias por compartir tu talento!
Graciela Barragan Piedra
El destino jugó a su favor! Ambos son únicos!
Daiana Martínez
muy buena novela!!
Lobe ❣️: muchas gracias ☺️
total 1 replies
Yolanda milagros Cardona
me encantó la novela
Yolanda milagros Cardona
me encantó la novela 👏
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