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Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Dragones
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos

NovelToon tiene autorización de Uma campo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

IV. El despertar de la tormenta

Kaelthoryn Dravenkael:

Se suponía que hoy era nuestro día de "descanso" oficial en la Academia, pero el sol apenas empezaba a teñir el cielo de un naranja pálido y yo ya tenía los nervios de punta. El enano, las bayas de luna, los orcos... y ese estúpido comentario que solté ayer. Necesitaba moverme. Necesitaba que Zhaeryntha me viera con las provisiones antes de que ella pudiera restregarme en la cara su "superioridad moral".

Llegué a las puertas de sus aposentos en el ala norte del castillo Vaelkríass. Los guardias me dejaron pasar con una mezcla de respeto y miedo; después de todo, las casas Dravenkael y Vaelkríass compartían pasillos desde hacía siglos, aunque fuera para vigilarse mutuamente.

—¡Vaelkríass! ¡Muévete! ¡Llegaremos tarde para ver al enanito de porquería y no pienso esperarte bajo la lluvia! —grité mientras empujaba las pesadas puertas dobles sin molestarme en tocar.

Entré como un torbellino, con las botas resonando contra el suelo de piedra, listo para lanzarle algún sarcasmo sobre su falta de puntualidad. Pero las palabras se me atascaron en la garganta y el aire se me escapó de los pulmones en un suspiro entrecortado.

Me detuve en seco. El silencio en la habitación era absoluto, solo roto por una respiración suave y acompasada.

Zhaeryntha estaba dormida.

No estaba la guerrera de armadura oscura y mirada gélida. Sobre la inmensa cama de sábanas de seda negra, ella descansaba boca abajo, sumergida en un sueño profundo que rara vez parecía permitirse. Llevaba un pijama de seda plateada tan diminuto que apenas cubría lo indispensable, dejando a la vista una extensión de piel pálida y suave que brillaba bajo la primera luz de la mañana.

Mis ojos, traidores y hambrientos de detalles, recorrieron la curva perfecta de su espalda, donde los músculos finos de una jinete se relajaban por fin. La seda se ceñía a sus caderas con una precisión que me hizo tragar saliva. Sus piernas largas y tonificadas se enredaban perezosamente entre las mantas, revelando la fuerza que escondía bajo esa apariencia de porcelana.

Tenía el cabello negro derramado sobre la almohada como una mancha de tinta, con esos mechones plateados brillando como hilos de luna. Desde mi posición, podía ver el perfil de su rostro: la pequeña cicatriz de su ceja izquierda parecía más suave ahora, y sus labios, esos que siempre estaban apretados en una línea de desprecio, estaban entreabiertos y relajados.

Era... hermosa. No de la forma fría e imponente de siempre, sino de una manera vulnerable que me golpeó con más fuerza que cualquiera de sus puñetazos. El contraste entre su ferocidad en el campo de batalla y la delicadeza de sus curvas bajo esa prenda mínima me dejó completamente desarmado.

Sentí que la sangre me subía a la cara con una violencia incontrolable. En un segundo, pasé de ser el estratega arrogante a ser un tomate humano. El calor en mis mejillas era tan intenso que juraría que Rhyx podría haberlo sentido desde las caballerizas.

—Maldita sea... —susurré, retrocediendo un paso, con el corazón martilleando contra mis costillas como un tambor de guerra.

Me obligué a apartar la mirada, fijándola en una alfombra aburrida en la esquina de la habitación, pero la imagen de su cuerpo relajado y la suavidad de su piel seguían grabadas a fuego en mi mente. ¿Cómo se suponía que iba a pelear con ella hoy? ¿Cómo iba a mirarla a los ojos después de verla así?

—Zhaeryntha... —llamé, esta vez con una voz que apenas era un hilo, mucho menos heroica de lo que pretendía—. Despierta. Tenemos... tenemos un enano que alimentar.

Me quedé allí, congelado como un idiota, debatiéndome entre salir corriendo o seguir admirando la curva de su cadera, cuando el desastre ocurrió.

Zhaeryntha soltó un suspiro profundo, se desperezó con una lentitud tortuosa que hizo que la seda de su pijama se tensara aún más, y abrió los ojos. Sus pupilas grises tardaron exactamente dos segundos en enfocarse y encontrarme a los pies de su cama.

—¡¡¡AHHHH!!! —El grito que soltó no fue el de una dama en apuros, sino el rugido de una guerrera que acaba de encontrar a un trasgo en su letrina.

En un movimiento que desafió las leyes de la física, se sentó de golpe, agarrando la manta de piel de lobo para cubrirse hasta la barbilla, pero no antes de que yo viera —otra vez— el destello de su piel pálida.

—¡¡DRAVENKAEL, MALDITO HIJO DE UN ORCO TUERTO!! —rugió, y su rostro pasó de la palidez de la porcelana a un rojo tan intenso como el mío.

Antes de que pudiera articular una sola excusa, una almohada de plumas de ganso impactó directamente en mi cara con la fuerza de un mazo de guerra.

—¡¿QUÉ DEMONIOS HACES AQUÍ?! ¡¿ACASO NO TE ENSEÑARON A TOCAR, ANIMAL SALVAJE?! —seguía gritando, mientras otra almohada, esta vez más pequeña pero más dura, me golpeaba en el hombro.

Me cubrí la cara con los brazos, retrocediendo hacia la puerta mientras tropezaba con mis propias botas. El corazón me iba a mil por hora, y no solo por el susto.

—¡Yo... yo grité desde afuera! —mentí descaradamente, aunque mi voz salió quebrada y aguda—. ¡Dije que llegaríamos tarde! ¡La puerta estaba abierta, Vaelkríass! ¡No es mi culpa que duermas como un tronco!

—¡MENTIROSO! —Me lanzó un jarrón vacío que estaba en la mesa de noche. Pasó zumbando a escasos centímetros de mi oreja y se hizo añicos contra la puerta—. ¡Lárgate de aquí ahora mismo antes de que llame a Vharok para que te use de juguete masticable! ¡PERVERTIDO! ¡IDIOTA! ¡ENGREÍDO!

—¡Está bien, está bien! —exclamé, alcanzando finalmente el picaporte de la puerta mientras sentía que mis orejas iban a echar humo de lo calientes que estaban—. ¡Te espero en las caballerizas! ¡Y por todos los dioses, ponte algo de ropa, que pareces un fideo de seda!

Cerré la puerta de un golpe justo antes de que un zapato impactara contra la madera. Me apoyé contra la pared del pasillo, jadeando, con la imagen de su cuerpo bajo la luz matutina quemándome las pupilas.

—Estamos muertos, Rhyx —susurré para mí mismo, tapándome la cara con las manos—. Me va a matar. Me va a degollar en cuanto me vea y, honestamente... creo que me lo merezco.

Me puse en marcha hacia las caballerizas, tratando de ignorar el hecho de que, a pesar de los insultos y los almohadazos, esa era la visión más hermosa que había tenido en toda mi miserable y arrogante vida. Pero si quería sobrevivir al día, tendría que actuar como si nada hubiera pasado. Aunque sabía que, con Zhaeryntha, "nada" nunca era una opción. Ella no olvidaba, y yo... yo tampoco iba a poder olvidar ese pijama plateado.

Zhaeryntha:

Mi corazón martilleaba contra mis costillas con una violencia que me resultaba humillante. Me quedé sentada en la cama, apretando la manta contra mi pecho hasta que mis nudillos se pusieron blancos, escuchando cómo los pasos de ese idiota se alejaban por el pasillo.

—¡Maldito seas, Kaelthoryn Dravenkael! —rugí en el silencio de mi habitación, aunque mi voz sonó más quebrada de lo que pretendía—. ¡Te juro que te daré de comer a los Wyverns por esto!

Sentía las mejillas arder, un calor que no tenía nada que ver con la ira y todo que ver con la invasión de mi privacidad. Me puse de pie de un salto, ignorando el temblor de mis manos, y me dirigí al armario. No podía ponerme la armadura; hoy era un día de "descanso" y, además, el roce del metal contra mi piel me resultaba insoportable con los nervios tan alterados.

Rebusqué entre mis túnicas y sedas hasta que encontré algo que no gritaba "guerra" pero que tampoco me hacía sentir indefensa. Me puse un **vestido suelto de un color lavanda sutil**, casi grisáceo, decorado con pequeñas flores bordadas que apenas se notaban. Tenía un **escote sutil pero pronunciado**, lo suficiente para dejarme respirar después del sofoco de hace un momento, pero lo suficientemente firme para no estorbarme si tenía que moverme rápido.

Por supuesto, no era una tonta. Debajo del vestido me puse unos **shorts de cuero fino**, ajustados y cómodos; una Vaelkríass nunca sale desprotegida, ni siquiera en un día de campo.

Me solté el cabello, dejando que las ondas negras y los mechones plateados cayeran libremente sobre mis hombros y espalda. No me molesté en trenzarlo; quería sentir el aire. Me miré al espejo una última vez, retocando la pequeña cicatriz de mi ceja con el dedo. Mis ojos grises seguían encendidos, pero ya no solo por la sorpresa, sino por una determinación peligrosa.

—Si cree que puede entrar así y dejarme desarmada, está muy equivocado —susurré a mi reflejo.

Agarré una bolsa de cuero con las provisiones que había preparado anoche en secreto: pan de miel, carne curada y unas mantas de lana para Grog. Salí de mi habitación con la cabeza en alto, aunque cada vez que recordaba la mirada de Kaelthoryn sobre mí mientras dormía, sentía un vuelco en el estómago que me daban ganas de golpearlo... o de salir corriendo en dirección contraria.

Bajé hacia las caballerizas. Sabía que él estaría allí, probablemente tratando de recuperar su estúpida máscara de galán engreído después de haberme visto en mi estado más vulnerable.

"Tu mujer", había dicho ayer. Y hoy me había visto así.

Apreté el paso. No iba a dejar que ganara esta ronda. Si quería jugar con fuego entrando en mi alcoba, yo le recordaría que soy la maldita dueña del incendio.

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Cliente anónimo
hay pobreeee😔😭🥺
Cliente anónimo
🥺😔😭
Cliente anónimo
no, 🥺 😔 ese no es cansancio, niño... eso se llama dolor pero tú terquedad y orgullo no lo haces que se deje ver 🥺🥺🥺
Cliente anónimo
pobres! 🥹😭 sufren muchísimo 🥺
Cliente anónimo
me encantó /Drool//Drool/
Adeilis
Me fascina, más capítulo por favor
Adeilis
La historia es muy interesante
Uma campo
🤣🤣🤣🤣 AMO A LA NARRADORA
Cliente anónimo
me va encantando. donde narra la narradora me hizo reir mucho 🥹💗🐉 además, me encanta como se desarrolla la historia
Uma campo
😂😂😂😂
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