Después de un día duro de trabajo como pasante pero entra en su apartamento se desmaya luego de tropezar y de quejarse por las horas extras desearía no tener horas laborales desearía ser una holgazán y que me adorarán, cae inconsciente se oye una voz dentro de su mente iniciándo el sistema de la Diosa iniciando viaje desea comenzar...
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Una realidad de sueño Hermoso
Emmanuel:
"Hoy me despierto y el primer recuerdo que invade mi mente no es el campo de batalla, ni las órdenes que debo dar, sino su rostro. Anoche fue algo que jamás imaginé vivir, algo que rompió por completo todas las barreras que yo mismo había construido alrededor de mi corazón. Estábamos celebrando, el ambiente era cálido, el vino fluía y entonces... ella habló. Pearl, nuestra diosa, se puso de pie y con esa voz que me estremece dijo que los tres éramos importantes para ella.
En ese momento, algo se despertó en mí que no puedo controlar. No podía aceptar simplemente ser "uno más". Sentí la necesidad urgente, casi desesperada, de hacerle entender que mi amor no es igual al de los demás. Comenzamos a discutir. Recuerdo mi voz elevándose, rompiendo mi propia disciplina. Le recordé a Kyros que, aunque él sea el dueño del palacio y le haya dado ese anillo precioso, soy yo quien tiene la fuerza para protegerla de cualquier amenaza, soy yo quien daría su vida sin dudarlo un segundo. Y a Ian, le dije que su alegría es hermosa, pero que mi protección es eterna, que la daga que le entregué es un juramento de sangre y honor.
La discusión se puso acalorada, cada uno queriendo ganar su afecto, queriendo ser el favorito, el más necesario en su vida. Yo sentía celos, sí, celos de ver que ellos también la deseaban con la misma intensidad. Pero entonces, en medio de los gritos y las palabras airadas, la miré. La vi ahí, hermosa, poderosa, y entendí que pelear no era la forma. La forma era demostrarle.
Y lo hicimos. La rodeamos, la acorralamos con nuestro amor y deseo. Yo tomé su cintura con fuerza, besé su cuello con hambre, necesitaba marcarla, necesitaba que sintiera mi fuego. Ver cómo Kyros y Ian también se entregaban, cómo los tres nos fundimos en un solo deseo hacia ella... fue indescriptible. Competimos en caricias, en besos, en hacerla sentir única. Quise demostrarle que mi amor es fuerte, protector y apasionado.
Al final, cuando la pasión se apagó y solo quedó el cansancio y la satisfacción, nos quedamos ahí. No hubo vergüenza, no hubo protocolos militares ni títulos reales. Solo cuatro cuerpos entrelazados, buscando calor. Dormí abrazándola por la espalda, sintiendo su respiración, sabiendo que estaba segura entre mis brazos y entre nosotros. Dormimos de acuerdo, en paz, porque al final comprendimos que ninguno tenía que elegir, porque ella nos llena a los tres por igual. Anoche fui más que un general, fui su hombre, y eso lo guardaré en mi alma para siempre."
Kyros:
"El silencio del palacio esta mañana es diferente al de siempre. Ahora hay una paz que antes no existía, una satisfacción profunda que recorre cada rincón de mi ser. Anoche reviví, anoche me sentí verdaderamente humano y dueño de mi destino. Todo comenzó cuando ella, Pearl, con esa elegancia que la caracteriza y el efecto del vino en su mirada, nos dijo que éramos importantes para ella.
Eso detonó todo. No podía permitir que mi hermano y mi general pensaran que su cariño es algo que se reparte por igual como monedas. Yo soy quien la trajo a mi vida, quien le abrió las puertas de mi mundo y le puse el anillo en el dedo, símbolo de que ella es mi reina. La discusión estalló. Le hice ver a Ian que su alegría es bienvenida, pero que soy yo quien ofrece estabilidad y un futuro. Le recordé a Emmanuel que, aunque su espada sea poderosa, es mi voluntad la que gobierna y mi amor el que primero la reclamó.
Quería ganar, quería que ella me mirara y supiera que soy su destino. La tensión era tan fuerte que podía cortarse con un cuchillo, pero fue ella, con su sola presencia, quien transformó esa riña de celos en pura pasión. Ya no hicieron falta palabras. La tomé entre mis brazos, la besé con toda la intensidad que había guardado durante tanto tiempo, reclamando sus labios, su cuerpo, su alma.
Fue una locura hermosa. Los tres sobre ella, adorándola, demostrándole cada uno desde su estilo por qué merecíamos su amor. Yo con mi fuego controlado pero arrollador. Verla responder a mis caricias, escuchar sus gemidos... fue el mayor de los triunfos. No me importó compartirla con ellos, porque sabía que en el fondo, ella me pertenece a mí tanto como yo a ella.
La noche terminó como tenía que terminar: rendidos, exhaustos y felices. Nos quedamos dormidos ahí mismo, en el suelo, donde el cansancio nos encontró. Sin ninguna pena, sin ningún remordimiento. La tenía en medio, Ian a un lado, Emmanuel protegiendo por detrás, y yo sosteniéndola. Dormimos en total armonía, de acuerdo, sabiendo que habíamos formado un lazo que nada ni nadie podrá romper jamás. Hoy la miro y sé que soy el hombre más afortunado del mundo."
Ian:
"¡Ay Dios mío, qué noche tan increíble! ¡No me lo creo ni yo mismo! Jajaja, me duele un poquito la cabeza de tanto vino y de tanto gritar y reír, pero vale la pena, vale absolutamente todo. Anoche fue mágico, fue lo más loco y hermoso que me ha pasado en la vida.
Todo empezó cuando nuestra diosa Pearl dijo que nos quería a los tres y que éramos importantes. ¡Y yo dije NO! ¡Yo tengo que ser el más importante! ¡No podía dejar que Kyros con su cara de serio o Emmanuel con sus músculos se quedaran con todo el cariño! ¡Yo soy el divertido! ¡Yo soy el que la hace reír! Así que armamos la discusión buena, eh. Cada uno defendiendo su lugar, queriendo ganar puntos con ella, queriendo ser el favorito de su corazón.
Le gritaba a Kyros que él es muy aburrido y que yo le doy vida a todo, y le decía a Emmanuel que él es muy duro y que yo soy el cariñoso. ¡Quería que ella me mirara solo a mí! Pero luego... luego todo se puso tan caliente y bonito que se me olvidó enojarme. La vimos y nos lanzamos todos a la vez.
¡Fue lo máximo! Poder besarla, tocarla, sentir que nos amábamos los cuatro juntos. Competíamos a ver quién la hacía sentir mejor, quién le daba más placer, quién le robaba más sonrisas. Yo me puse bien pegadito a ella, queriendo demostrarle que mi amor es puro y loco y verdadero. Me sentí en el cielo, me sentí el chico más afortunado.
Y al final... ¡nos quedamos dormidos ahí mismo! Jajaja, sin vergüenza ninguna. Todos revueltos, calientitos, felices. Me dormí abrazado de ella y de ellos, sin importarme nada más que estar ahí. Dormimos de acuerdo, en paz, porque al final nos dimos cuenta que los tres somos necesarios para hacerla feliz. ¡Ojalá todas las noches fueran así! Te amo mi Pearl, mi diosa, eres lo más bonito que tengo.