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COMO AVE EN LIBERTAD - (Novela Corta)

COMO AVE EN LIBERTAD - (Novela Corta)

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Contratadas / Completas
Popularitas:559.5k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Mariana Durán T.

Alessandra Rossi, una joven italiana de veintidós años que tras conocer la verdadera historia de su vida, decide tomarse un tiempo lejos de todo lo que le recuerda su triste existencia y de las personas que la han lastimado; sin imaginar que ese cambio de rumbo, la llevaría a conocer a la persona que le enseñaría lo que es el amor verdadero.

NovelToon tiene autorización de Mariana Durán T. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11. Despedida

Capítulo 11. Despedida

 

 

Matías me llevó hasta la oficina del Sr. Leblanc en el último piso del edificio, presentía algo, aunque no sabía qué, estaba segura de que algo había pasado pues no dejaban de observarme durante el camino.

 

- La Srita. Rossi está aquí\, puede informarle al Sr. Leblanc. – Le dijo Matías a Diana\, la asistente del director.

 

- La chica me observaba de pies a cabeza mientras esperaba en la línea. – Puedes pasar. Me dijo acompañándome a la puerta de la oficina.

 

Dentro de la oficina, estaba el Sr. Leblanc sentado tras su escritorio, y las sillas de frente se encontraban ocupadas por el Sr. Mauricio Evans y la Lic. Sophie Bratxon.

 

- ¡Buenas tardes! – Saludé al entrar. El Sr. Evans asintió con la cabeza mientras los otros dos permanecieron sin expresión.

 

- Bien\, iré directo al punto. Me puede explicar esto – dijo mientras ponía frente a mis ojos mi currículum.

 

- No entiendo… - al notar la expresión gélida en el rostro del Sr. Leblanc\, respondí lo que era obvio. – Es mi currículo\, ¿qué tiene de malo?

 

- Srita. Rossi – lo vi sonreír cínicamente – basta ya de sus juegos, no le bastó con entrar a mi empresa, también se ha acercado a mi hijo y todo para obtener un estúpido contrato. - No tenía idea de qué estaba hablando, me quedé pasmada frente a él, sin saber qué responder. – Si es lo que quiere, aquí tiene – dijo aventando la carpeta a mis pies - Puede decirle a su padre que no necesita hacer todos estos juegos sucios solo para asegurarse el ganador del negocio.

 

El Sr. Leblanc se puso de pie, empujando bruscamente su silla hacia atrás, mientras pasaba una mano sobre su cabello.

 

- No sé de qué me está hablando. – Dije molesta.

 

- El me observó\, manteniendo una expresión intimidante en su rostro. – Que se le ha caído el teatrito Srita. Rossi. Ahora\, tome esa carpeta\, sería una pena salir de la empresa después de haberse esforzado tanto por obtenerla. No la quiero volver a ver\, ni en la empresa\, ni cerca de mi hijo. Sophie\, puedes encargarte del procedimiento. Usted\, salga de mi oficina ahora mismo. – Gritó furioso.

 

- Sígueme – dijo la Lic. Sophie\, inclinándose para tomar la carpeta y la puso en mis manos.

 

Sentía un nudo en la garganta, las lágrimas estaban a punto de salir, acababa de ser despedida y aún no entendía por qué. Caminé tras la licenciada Sophie, sin pronunciar una sola palabra. Me llevó directo a la oficina de recursos humanos donde me hicieron firmar mi carta de renuncia y me entregaron un cheque como finiquito.

 

Después, la Lic. Sophie me acompañó hasta la oficina para verificar que tomara únicamente mis cosas, mis compañeros me observaban curiosos, Leonor me hacía señas con los ojos, pero no sabía qué decirle.

 

- Toma tus cosas y ven a mi oficina. – Dijo dándose la vuelta para ir hacia su oficina.

 

- Licenciada\, no tengo idea de qué está pasando. – Dije sollozando.

 

- La vi burlarse frente a mí\, cínicamente\, sin importarle que yo la estuviese observando. - ¿Qué relación hay entre tú y Carlo Rossi? – Preguntó\, haciendo que frunciera el ceño\, no entendía qué tenía que ver eso en todo lo que me acababa de pasar.

 

- Es mi padre. – Respondí.

 

- ¡Vaya cinismo el tuyo! – Se burló -  Nuestra empresa está compitiendo con tu padre para obtener la antigua estación de trenes de Vancouver, justo unos días antes de que se concluya el trato, nos enteramos que la hija del gran Carlo Rossi está trabajando aquí. Es obvio lo que ambos intentan hacer, te ha pedido que entraras a trabajar para obtener información sobre nuestra propuesta de inversión. Ya no es necesario que sigas fingiendo Alessandra, deja atrás todo este numerito. Ahora toma tus cosas y sal de esta oficina, haz oído al director.

 

Salí de Leblanc Enterprise Holdings, con una pequeña caja de cartón con algunas de mis pertenencias. A la salida me encontré con el Sr. Matías, quien bajó la cabeza, probablemente le daba pena mi situación, así de lamentable me veía.

 

- Sr. Matías\, ¿puedo pedirle un último favor? – Le pregunté cuando estaba cerca de él. Una vez que lo vi asentir con la cabeza le entregué la carpeta que el Sr. Leblanc me había tirado a los pies y el cheque. - ¿Puede entregarle esto a su jefe? No necesito ninguno de los dos. Él pago el hospital\, no es justo que yo tome este dinero.

 

Me puse en marcha sin darle oportunidad de refutar, me alejé de ese edificio lo más que pude, intentando contenerme, no quería andar llorando por la calle, despertando la curiosidad de las personas a mí paso. Tomé un taxi de regreso al departamento, no quería sentirme de nuevo derrotada, estaba harta de ser vulnerable, de ser la que siempre perdía, la que salía lastimada. Pero la realidad me golpeaba de nuevo en el rostro, estaba sola en esta ciudad, sin trabajo ni ahorros, con una pila de facturas por pagar.

 

Dejé las llaves y la caja sobre la mesa, caminaba perezosamente por mi pequeño departamento, aventé el vestido sobre la cama y me metí a tomar una ducha, pensando que eso me ayudaría a relajarme. Había dos cosas que debía hacer, la primera, era salir a comprar algo de comida y la segunda, llamar a la doctora Morin, necesitaba urgentemente hablar con alguien antes de caer en un abismo de depresión del que me costaría salir dada mis circunstancias.

 

En el restaurante que estaba bajo el departamento, pedí una orden de pechuga de pollo con verduras al vapor, hubiese estado mejor con una sopa, pero prepararla les tomaría algunos minutos más que ya no podía esperar. La doctora Morin había salido de emergencia de la ciudad y estaría hasta la siguiente semana, me había pedido que habláramos a través de la línea telefónica pero no quise interrumpir con sus propios problemas personales. Ya que ella no estaba disponible, buscaría ayuda de mi segunda opción, la mejor terapia que había encontrado. Era jueves, día de correr en el malecón de Vancouver, pero temía que tras ser hospitalizada mi organismo no estuviera al cien por ciento. No tenía otra opción que descansar, mañana sería otro día, un día más con nuevos retos y problemas que enfrentar.

 

Mientras estaba recostada en la cama, sonó el timbre de la entrada, asomé la cabeza por la ventana y alcancé a ver a Leonor.

 

- ¡Hola! ¿Qué haces aquí? – Le dije cuando bajé la escalera para abrir la reja.

 

- No tuvimos oportunidad de despedirnos, ni siquiera supe por qué razón te despidieron. – Me dijo con una expresión de genuina preocupación.

 

La dejé pasar a mi departamento, todo parecía llamarle la atención, mi departamento era una gran caja con tres amplias ventanas que apenas empezaba a tener forma, la encontré a un buen precio por que estaba en la parte alta de un local de comida rápida. Fue en lo menos que me fijé, después de ver la espectacular vista que tenía, firmé el contrato con el arrendatario de inmediato.

 

Quería un estilo industrial, las renovaciones las iba haciendo yo misma, poco a poco, en mi tiempo libre. Utilizaba armazones de madera que encontraba a buen precio en una empresa de carga. Solo necesitaban alguna pequeña restauración y se le podía dar un gran uso. Al final de la gran habitación estaba el pequeño baño, así es que fue ahí donde instalé mi recamara, la base la hice con los armazones de madera y algunas repisas para colocar mis pertenencias personales. Una cortina separaba mi recámara del resto de la habitación. En la primera ventana instalé los armazones de madera en forma de L con algunos cojines y una pequeña mesa de centro con algunos libros y adornos. Nunca antes había hecho algo así, todo lo tuve a la mano, pero ahora estaba sola y era momento de demostrar que podía vivir sola y ser una chica independiente.

 

- Los rumores en la empresa no han parado desde que saliste\, pero el que más ha llamado mi atención es que tu apellido está relacionado con el de la familia Italiana dueña de una gran empresa ferroviaria.

 

- Lo soy Leonor\, soy Alessandra Rossi\, hija del gran Carlo Rossi\, pero no entré a la empresa con esas intenciones.

 

- Bueno Alessandra\, yo no vine a juzgarte\, en verdad te creo. Pero\, me parece extraño. Lo de la vieja estación de tren se ha estado trabajando desde hace dos semanas y a ese tipo de negocios e inversiones\, solo los directivos tienen acceso.

 

- ¿Qué intentas decirme Leonor? – Pregunté intrigada.

 

- Amiga\, ayer durante el evento de aniversario de la empresa\, te vi platicando con el Sr. Leblanc y parece que le caes muy bien a su hermana y a su hijo\, pero… algo que probablemente nadie notó\, es que la Lic. Bratxon estuvo muy pendiente de todo. Alessandra\, todos en la oficina saben del interés que ella tiene por nuestro CEO\, aunque parece que el único que no lo nota es él. Creo que todo esto tiene que ver con ella.

 

- Puede ser Leonor\, pero la verdad es que ya no importa\, la forma en que me gritó y me sacó de la empresa fue de lo más denigrante.

 

- Lo sé amiga y me da mucha pena. ¿Qué piensas hacer ahora? – Preguntó Leonor.

 

- La verdad\, no lo sé. Por lo pronto\, mañana comenzaré a buscar trabajo.

 

- Si necesitas algo\, puedes contar conmigo. – Me dijo Leonor apretando ligeramente mi brazo.

 

- Gracias Leonor\, lo tomaré en cuenta\, aunque espero no molestarte muy pronto. – Sonreí fingidamente.

 

Después de que Leonor se fuera, me metí de nuevo a la cama, aunque intentaba cerrar los ojos y conciliar el sueño, me estaba costando sacar de mi mente todo lo que me había pasado durante los últimos dos días.

 

 

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Thiago Leblanc

 

Estaba furioso, después de que Sophie saliera con esa chica tenía unas enorme ganas de romper algo, pero la mirada de Mauricio me detuvo, sabía que tenía algo que decir.

 

- ¿Qué? – Le dije al notar su mirada inquisitiva en mí.

 

- Nada. – Dijo poniéndose de pie con las manos dentro de los bolsillos. – Es solo que… no sé por qué siento que nada de esto está bien\, espero que no estemos equivocados. – Mientras terminaba de hablar\, avanzó hacia la salida.

 

- ¿A qué te refieres? ¿No es más que obvio lo que intentaban hacer? – Cuestioné molesto.

 

- Creo que hay algo que no estamos viendo\, solo te has dejado llevar por las palabras de Bratxon. Después de todo Thiago\, esa chica entró hace dos meses y para entonces\, ni siquiera estaba en venta la vieja estación de tren de Vancouver. Yo… como sea amigo\, ya está hecho. Nos vemos mañana. – Dijo Mauricio despidiéndose con un movimiento de su mano.

 

Sus palabras me dejaron pensando, pero… ¿qué otras razones podría tener Sophie? Confío en ella, mi padre la contrató unos años antes de su muerte y ha sido una persona de fiar, trabajadora y siempre dispuesta en el trabajo. Es una mujer exigente en su trabajo, puedo meter las manos al fuego por ella, pero nunca por una mujer a la que solo he visto unas cuantas veces.

 

Salí del trabajo más temprano, me sentía agotado después de haber pasado la noche en el hospital, no sabía cómo le iba a decir a mi hijo sobre quién era realmente Alessandra y las verdaderas intenciones por las que se acercó a nosotros. Cuando llegué a casa, mi madre estaba en la sala tomando una taza de café, le di un beso en la frente y subí a la habitación de Diego, él estaba tomando su siesta, parecía haber estado dibujando antes de quedarse dormido, me senté en su escritorio para recoger las crayolas que había usado y acomodar los papeles que dejó regados sobre la mesa.

 

Todos eran dibujos de nosotros dos, pero llamaba mi atención la tercera figura que dibujó, una mujer con cabello rubio y ojos color verde. Aunque era el dibujo de un niño, claramente sabía de quien se trataba. Sentí un ligero tirón en mi pecho, mi hijo estaba haciéndose ciertas ideas sobre la Srita. Rossi y esto debía parar.

 

- Thiago\, ¿qué pasa hijo? – Preguntó mi mamá cuando me vio bajar a la sala un poco alterado.

 

- Mamá, ¿has visto los dibujos que ha hecho Diego?

 

- Sí cariño, pero no son los primero que ha hecho.

 

- ¿Por qué no me habías dicho nada antes?

 

- Thiago, muchas veces no entiendo lo que Diego intenta decirnos, pero creo que esos dibujos son obvios.

 

- Eso no es posible mamá, esa mujer no es lo que parece.

 

- ¿A qué te refieres? – Preguntó mi madre preocupada.

 

Dejé escapar un fuerte suspiro, el simple hecho de recordar me hacía hervir la sangre, terminé contándole todo a mi madre, pero al igual que Mauricio, parecía incrédula. ¿Qué carajos tenía Alessandra Rossi? Todos parecían ver algo completamente diferente a lo que yo veía, a mi madre le bastó verla una sola vez para estar encantada con ella.

 

- Escucha Thiago\, entiendo que tienes tus dudas y con justa razón\, pero creo que actuaste precipitadamente\, ni siquiera le diste oportunidad de explicarse y lo que más me molesta\, es que simplemente diste por hecho lo que Sophia Bratxon te dijo.

 

- Mamá\, es tan obvio que solo entró a la empresa para ayudar a su padre. – Repliqué.

 

- Eso no lo sabemos Thiago\, lo único que sé\, es que desde que esa chica apareció Diego es diferente. Hijo\, desde el accidente de Mía el niño dejó de hablar\, unas cuantas palabras al día era todo lo que teníamos\, y tras la muerte de tu padre las cosas empeoraron. ¿No te gustaría que eso cambiara?

 

- Eso cambiará con las terapias mamá\, ahora\, si me disculpas\, estaré en mi habitación.

 

Deje a mi madre en la sala, sin darle oportunidad de responder. Por supuesto que deseaba que Diego mejorara, pero no creía ni por un segundo que esa mujer lo ayudaría. Entré al baño para tomar una ducha, no podía sacar de mi mente las palabras de Mauricio y de mi madre y lo que más me intrigaba es que no podía apartar de mis pensamientos esa mirada triste, llena de impotencia y cargada de lágrimas a punto de salir. Debía mantenerme alejado de Alessandra Rossi, debía actuar ahora antes de fuera demasiado tarde.

 

 

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licenciada lilian rodriguez
no tiene sentido, como es q la ama tanto y la dejo sola y le soluciono la vida a otros mientras abandonaba a su esposa y según la mujer q ama .. no me gusta no tiene ningún sentido para q seguir leyendo
Adoración del Carmen Martinez sonni
Excelente historia 👌 felicitaciones Autora 👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯
Adoración del Carmen Martinez sonni
Ale lo perdonó muy pronto
Adoración del Carmen Martinez sonni
totalmente decepcionada de Thiago,,puras estupideces 😡
Adoración del Carmen Martinez sonni
merecido lo tienes Thiago
Adoración del Carmen Martinez sonni
te perdimos Thiago
Adoración del Carmen Martinez sonni
Diosssssss q triste 😢
Adoración del Carmen Martinez sonni
bien lo dije ,,algo iba a pasar ,,era demasiado hermoso 😡
Adoración del Carmen Martinez sonni
dicen q es de mala suerte,,será verdad,,ya veremos
Adoración del Carmen Martinez sonni
algo va a pasar con Ale antes de la boda 🫡
Adoración del Carmen Martinez sonni
será verdad lo q dice Brenda 🤔🤔🤔
Adoración del Carmen Martinez sonni
quien será 🤔🤔🤔🤔
Adoración del Carmen Martinez sonni
q bien ganaron 👏
Adoración del Carmen Martinez sonni
ya estoy más intrigada 🫡
Adoración del Carmen Martinez sonni
yo también tengo la intriga el porque el papá se separó de ella
Adoración del Carmen Martinez sonni
espero que en verdad si papá esté arrepentido
Adoración del Carmen Martinez sonni
ayyyyyy Thiago,,te vas a tragar tus palabras 😡
Adoración del Carmen Martinez sonni
siempre una estúpida putibruja tiene q arruinar 😡😡😡
Adoración del Carmen Martinez sonni
creo q cupido ya hizo de las suyas 🥰🥰🥰
Adoración del Carmen Martinez sonni
seguramente la tía de Alan es la mamá de Ale
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