Después de sobrevivir a la masacre de Buena Suerte, Lía y Dikeet intentan encontrar un lugar en un mundo que las teme y las necesita al mismo tiempo. Pero cuando una nueva amenaza surge de las sombras de BioKal —más antigua, más poderosa y capaz de desafiar al cielo mismo—, las hermanas se ven obligadas a salir de las sombras.
Junto a antiguas enemigas y aliados inesperados, deberán enfrentar una fuerza que no solo quiere destruirlas, sino reescribir lo que significa ser humana… o algo más.
En una carrera contra el tiempo, entre selvas que devoran y ciudades que se apagan, descubrirán que la verdadera batalla no es contra una empresa cruel, sino contra lo que el poder hace con quienes lo persiguen… y con quienes lo rechazan.
Una historia de hermanas, traiciones, rabia y la pregunta que nunca desaparece:
¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para proteger lo que cres que es tuyo?
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Capitulo 3. La fuerza de caza
Dikeet, con una mezcla de preocupación y determinación, trataba de calmar a su hermana. Lía, con sus nuevas orejas puntiagudas y la cola peluda que apenas podía controlar, daba vueltas sobre sí misma desesperada.
-No sé qué pasa -decía Lía, casi al borde de las lágrimas-, ¡esto no es normal! ¿Por qué yo? ¿Qué me está pasando?
-Tranquila -susurró Dikeet, intentando sonar más confiada de lo que se sentía-. Seguro es algo temporal... algún efecto extraño. No podemos perder la calma.
Pero antes de que pudieran seguir, un golpe seco resonó en la puerta. Las dos se congelaron. Un segundo toque, más fuerte, hizo eco por la casa.
-¿Ahora qué? -dijo Lía, susurrando mientras miraba hacia la entrada.
-¡Escóndete! -ordenó Dikeet, tirando de la cola de su hermana hacia un costado.
Afuera, un hombre golpeaba la puerta con suavidad, mientras su familia lo esperaba inquieta dentro del auto. La esposa miraba con nerviosismo hacia la casa iluminada por la luz de la luna.
-Cariño, vámonos. Este lugar parece sacado de una película de terror -susurró ella, tirando de la manga del esposo.
-Tranquila, solo estamos perdidos. Voy a preguntar -repuso él, con una sonrisa confiada, y volvió a golpear.
Lía respiró hondo, colocándose un gorro improvisado para ocultar sus orejas y una mascarilla que cubría la mitad inferior de su rostro. Con Dikeet detrás de la puerta sujetándole la cola, abrió apenas un resquicio.
-¿Sí?
-Buenas noches. Disculpe, nos perdimos buscando el camino a la ciudad y terminamos aquí. ¿Podría indicarnos la dirección? -preguntó el hombre, amablemente.
Lía, nerviosa, señaló un sendero. -Eh... sí, sigan derecho por ese camino. La ciudad queda a unos kilómetros.
El hombre sonrió agradecido, pero antes de marcharse, la observó más detenidamente.
-¿Se encuentra bien? ¿Necesita ayuda? Podríamos llevarla al hospital si quiere.
El corazón de Lía se detuvo un instante. "Hospital"... solo de pensarlo, imágenes de médicos fríos, bisturís y agujas le invadieron la mente.
-¡No! -saltó Dikeet detrás de la puerta, apretando la cola de Lía para hacerla reaccionar.
-¡N-no, gracias! Estoy bien... -dijo Lía, nerviosa.
-No sería molestia, estamos aquí para ayudar... -insistió el hombre.
Lía se puso roja como un tomate, y susurró algo al oído del hombre. Él parpadeó, sorprendido, y luego se echó a reír mientras regresaba al auto con su esposa.
-¿Qué te dijo? -preguntó su esposa, confundida.
-Dice que está... probando cosas con su novio -explicó él, divertido-. Algo del... Kamasutra, creo.
-¿El... qué? -exclamó ella, escandalizada.
-Tranquila, cariño. Lo intentaremos esta noche -le guiñó, arrancando el auto y alejándose por el camino.
Lía cerró la puerta de golpe y se recostó contra ella, jadeando.
-¡¿En serio?! -exclamó Dikeet, entre sonrojada y divertida-. ¿No podías decir otra cosa?
-Funcionó, ¿no? -bufó Lía.
En ese instante, los ojos de Lía brillaron intensamente, y su cuerpo desapareció de un parpadeo.
-¡Lía! -gritó Dikeet, corriendo tras ella.
Desde lo alto de los árboles, pudo ver la silueta de su hermana acechando el auto que se alejaba. Los ojos de Lía eran de un verde fosforescente, y su saliva caía en hilos mientras se abalanzaba como una fiera, con garras más largas y afiladas que nunca.
-¡Lía, no! -gritó Dikeet, saltando tras ella.
Lía, ajena a todo, escuchaba solo el latido acelerado de los corazones dentro del coche. Saltó sobre el capó del auto, con los colmillos brillando bajo la luz de la luna.
Antes de que pudiera atacar, Dikeet la sujetó y la arrastró fuera de la carretera hacia el bosque. Lucharon brevemente, hasta que Dikeet logró inmovilizarla, sujetándole las muñecas con fuerza.
-¡Lía, por favor, vuelve en ti! ¡Soy yo, Dikeet!
Lía jadeaba, confusa, y poco a poco sus ojos recobraron la cordura. Se llevó las manos a la cabeza, tambaleándose.
-¿Qué... qué me pasa? -susurró, temblando.
-No lo sé -dijo Dikeet, pensativa, mientras se cortaba la palma de la mano con una de sus garras-. Pero tal vez esto...
Sin dudar, le ofreció su sangre a Lía, quien al principio trató de apartarse. Pero en cuanto la probó, algo dentro de ella se despertó. Instintivamente, hundió los colmillos con un gruñido bajo.
-Oh no... -susurró Dikeet, con los ojos entrecerrados.
El aire denso del bosque artificial vibraba con el zumbido del helicóptero, cuyas luces apenas iluminaban la espesura. Entre el follaje, una figura femenina preparaba su equipo tecnológico: una mujer de cabello largo y morado atado en una trenza apretada, con un traje oscuro adaptado a su cuerpo ágil.
-Objetivo avistado. Comienzo la infiltración -susurró a través de su transmisor, antes de saltar al vacío.
Sus botas rozaron las ramas mientras descendía, balanceándose como una sombra que danzaba entre los árboles. El helicóptero se alejó tras dejarla, y ella, sin perder tiempo, activó su habilidad. Su forma humana se distorsionó y se convirtió en un lobo ágil, cuyos ojos brillaban con inteligencia. Con movimientos rápidos y letales, borraba las cámaras de seguridad de un zarpazo. Las armas automáticas, colocadas como defensa en el bosque, eran arrancadas o dobladas por su fuerza y precisión.
-Área limpia -dijo entre dientes.
Al llegar a una cerca electrificada, la mujer volvió a su forma humana y deslizó un guante especial sobre su mano. Colocó la palma contra la reja, y una serie de chispas se disiparon antes de que la cerca cediera como si fuera papel con el guante también desechó.
-Estoy dentro -informó, atravesando el umbral.
-Continúa -le ordenó una voz autoritaria desde el comunicador.
La mujer avanzó, neutralizando a cada guardia con movimientos rápidos y silenciosos. Una cámara de vigilancia logró grabarla por unos segundos, pero un proyectil improvisado -una silla lanzada con fuerza- destruyó el lente. Puertas metálicas fueron dobladas con esfuerzo hasta que encontró lo que buscaba: un pequeño dispositivo de almacenamiento, una flash de memoria que guardaba información vital.
En el momento en que lo tomó, una alarma estridente rompió el silencio del complejo. Sin perder tiempo, salió de la habitación, enfrentándose a un contingente de soldados que intentaron detenerla. Sus movimientos eran precisos y brutales, pero sin intenciones letales; neutralizaba a cada oponente con fuerza controlada.
Finalmente, llegó a la puerta principal. Sin embargo, al abrirla, se encontró rodeada por docenas de soldados armados y vehículos blindados que bloqueaban su escape. Helicópteros militares sobrevolaban la zona, apuntando sus focos hacia ella.
La mujer respiró hondo.
-¿Quieren hacer esto?-
Comienza a prepararse para pelear hasta el final, cuando de repente, una fuerza invisible comenzó a desatar el caos. Uno por uno, los soldados caían derribados por golpes invisibles. Incluso los que estaban a distancia eran arrojados por una fuerza que no podían ver. Las torretas y los vehículos blindados fueron desactivados como si algo los hubiera desarmado desde adentro. El helicóptero militar más cercano se tambaleó y se precipitó a tierra, explotando en una llamarada.
Entre el silencio que siguió, se materializó una figura femenina pequeña, de cabello corto rubia, cubierta por una gabardina negra en la oscura noche que ondeaba al ritmo del viento. Con una camisa de cuello amarilla, Su presencia imponía respeto y misterio: era Kambrio, mostrando su nuevo estilo con un aire fresco y confiado.
-Bien, vámonos -dijo con una sonrisa ligera, observando cómo todos los enemigos yacían inconscientes a su alrededor.
-¿Porque eres tan chiquita?- dijo la mujer de cabello morado, viendo que la gabardina era mucho más grande que la usaría.
-¿¡Es un chiste!? ¡Te salve ese gordo trasero estupido perro!?
-¿Quien eres niña?- mientras guardó la memoria extraída. -¿Envían a mocosas a hacer el trabajo sucio así de mal están?-
- Kambrio- con una sonrisa de fastidió, antes de darle la espalda para guiarla entre los árboles, donde desaparece y con fuerza sigue el paso entre los árboles mientras llegaba un helicóptero.
-¿Tu lengua es verde?-
-Una más... Y te rapo el pelaje morado estúpido perro-