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Protocolo: Ejecutar

Protocolo: Ejecutar

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Mafia / Enfermizo
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

⚠️ por favor no denunciar y no apto para sensibles ⚠️🙏🏻
Ella es de un grupo rebelde pero es capturada en una misión el está encargado de hacerla hablar y luego ejecutarla Pero se obsesiona locamente por ella

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Capitulo 20

—Maldito Killa —murmuró la Teniente Vera mientras caminaba por los pasillos del cuartel, con los puños apretados y la mandíbula tensa.

Sabía que cuando algo se le metía a la cabeza, nadie se lo quitaba.

Y Nox se le había metido como una bala.

No como una idea. Como una obsesión. Como un veneno que le recorría las venas y le nublaba el juicio.

Vera había visto a Killa matar con sus propias manos. Lo había visto torturar, ejecutar, desaparecer personas sin pestañear. Nunca le había importado.

Pero esto era distinto.

Esto era personal.

Y eso, en un hombre como Killa, era más peligroso que cualquier arma.

 

La reunión – Días después

Killa consiguió una reunión con la élite.

Los más poderosos. Los más importantes. Los dueños reales de la dictadura.

Hombres y mujeres de trajes caros, anillos de oro, miradas vacías. Los que daban las órdenes que otros ejecutaban. Los que nunca ensuciaban sus manos.

Killa entró con paso firme. Uniforme impecable. Gorra bajo el brazo. El rostro serio, pero con un brillo en los ojos que solo él conocía.

Se paró frente a la mesa larga. Los miembros de la élite lo miraron con curiosidad. Algunos con desprecio. Killa era útil, pero no era de ellos. No del todo.

—Quiero hablar sobre algo importante —dijo Killa, sin preámbulos.

Un viejo de bigote canoso alzó una ceja.

—Habla, coronel.

Killa sacó una fotografía del bolsillo interior de su chaqueta. La puso sobre la mesa.

Nox.

Su rostro. Sus ojos oscuros. Su boca apretada.

—Tenemos a alguien muy importante —dijo Killa, señalando la foto.

Los miembros de la élite se inclinaron a mirar. Algunos no la reconocieron. Otros...

—Esa es la hija de los… —murmuró una mujer de cabello engominado.

—Sí —la interrumpió Killa—. Ella es hija de la familia que fue ejecutada por el estado. Su madre fue una actriz muy amada en el país.

Hizo una pausa. Dejó que el silencio hiciera su trabajo.

—Su muerte —continuó— dividió el país.

La sala enmudeció.

Todos recordaban. Las protestas. Las calles llenas de gente. Los titulares internacionales. La presión de afuera. El Régimen tambaleándose por semanas.

—Si Nox es ejecutada —dijo Killa, clavando los ojos en el viejo de bigote canoso—, será malo para la imagen de la militancia.

El viejo frunció el ceño.

—¿Entonces qué sugieres?

Killa sonrió.

Esa sonrisa ladeada. Esa sonrisa que nunca llegaba a los ojos.

—Reclutarla a nuestro bando.

Los miembros de la élite intercambiaron miradas.

—Eso sería lo mejor —continuó Killa, con voz calmada, segura—. Si las personas ven que la hija de los ejecutados está de nuestro lado… si la ven con uniforme, luchando por el Régimen…

Hizo una pausa.

—Será beneficioso para nosotros.

El silencio se alargó.

El viejo de bigote canoso se reclinó en su silla. Miró a sus colegas. Algunos asentían. Otros dudaban.

—Es una buena idea —dijo otro miembro de la élite, un hombre calvo de traje azul—. La imagen lo es todo.

—Sí —secundó una mujer—. Mejor tenerla de nuestro lado que hacerla mártir.

El viejo asintió lentamente.

—Preparen los documentos —dijo, mirando a Killa—. Que firme su incorporación al ejército.

Killa mantuvo la cara seria. No sonrió. No se le notó el triunfo.

Pero por dentro, el fuego le quemaba las entrañas.

Lo logré.

Se queda.

Es mía.

Salió de la reunión con los papeles bajo el brazo. Documentos oficiales. Firmas. Sellos. La orden de reclutamiento de Nox al ejército.

No la iban a ejecutar.

No la iban a soltar.

Iba a ser soldado.

Iba a ser suya para siempre.

Killa – En el pasillo

Caminó solo por el pasillo vacío.

Las botas resonaban en el mármol.

Se detuvo frente a una ventana. Miró el patio. Los soldados entrenando. Las banderas ondeando.

Y sonrió.

Amplio.

Sincero.

Por primera vez en años.

Se había salido con la suya.

Mantener a Nox con vida. Mantenerla cerca. Mantenerla en su bando. En su cuartel. En su cama si él quería.

Y todo con una sonrisa y un discurso bien armado.

—Te tengo —susurró a la ventana, como si ella pudiera oírlo—. No te voy a soltar nunca.

Guardó los papeles en el bolsillo interior de su chaqueta.

Junto a la cinta negra de Nox.

Junto a todo lo que la volvía real.

Y siguió caminando.

La noticia llegó como un puñetazo.

Vera estaba en su despacho, repasando informes, cuando un subordinado entró con paso tembloroso.

—Teniente —dijo, tragando saliva—. Tengo información.

—Habla.

—El coronel Killa consiguió una reunión con la élite. Propuso reclutar a la prisionera Nox. Argumentó beneficios de imagen por su linaje.

Vera sintió cómo la sangre se le helaba.

—¿Y? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

—Fue aprobado. Los documentos ya están firmados. Nox será reclutada al ejército.

El silencio que siguió fue de hielo.

Vera no gritó. No al principio.

Se quedó sentada, con los puños apretados sobre la mesa, la mirada clavada en un punto fijo de la pared. La respiración se le hizo lenta. Profunda. Peligrosa.

Luego explotó.

—¡MALDITO IMBÉCIL! —gritó, levantándose de un salto.

Agarró el primer objeto que encontró —una taza de café— y la estrelló contra la pared. Los fragmentos volaron por todas partes. Luego un pisapapeles. Luego un marco con una foto que ni siquiera recordaba.

—¡ÉL NO PUEDE HACER ESTO! —gritó, mientras rompía todo lo que encontraba a su paso—. ¡ESA PERRA DEBE MORIR!

Sus hombres, afuera, escuchaban en silencio. Nadie se atrevía a entrar.

Vera jadeaba. El pecho le subía y bajaba. Los fragmentos de cerámica y vidrio cubrían el suelo. La rabia le quemaba las entrañas como ácido.

Pero entonces, algo cambió.

La furia se fue enfriando. Se transformó en algo más letal.

Determinación.

—No —dijo, en voz baja, casi un susurro—. No vas a salirte con la tuya, Killa.

Se enderezó. Ajustó su uniforme. Se pasó una mano por el cabello desordenado.

Y salió del despacho con paso firme.

Vera caminó por los pasillos del cuartel como una tormenta.

Los soldados se apartaban a su paso. Nadie la miraba a los ojos. Sabían lo que pasaba cuando la teniente estaba furiosa. Pero esto era peor que furia. Esto era venganza.

Llegó a la oficina de protocolo militar. Una sala pequeña, con archivadores metálicos, luces blancas, y un único oficial encargado de los procedimientos de ejecución.

—Necesito el protocolo Ejecución —dijo Vera, plantándose frente a su escritorio.

El oficial levantó la vista. Era un hombre delgado, de gafas, con cara de no haber dormido en días.

—Coronel Vera —dijo, confundido—. ¿Para qué prisionero?

—Para Nox. La rebelde.

El oficial frunció el ceño. Consultó su computadora.

—Pero… tengo aquí una orden de reclutamiento recién firmada por la élite. Nox ya no es prisionera. Es soldado.

Vera apoyó las manos en el escritorio. Se inclinó hacia él.

—Esa orden —dijo despacio— no es válida hasta que ella firme los documentos.

El oficial titubeó.

—Sí, eso es cierto… pero…

—Entonces —lo interrumpió Vera—, mientras no haya firmado, sigue siendo prisionera. Y como prisionera, puede ser ejecutada.

El oficial palideció.

—Coronel, no creo que…

—NO TE ESTOY PIDIENDO QUE CREAS —gritó Vera, golpeando la mesa—. TE ESTOY DANDO UNA ORDEN.

El hombre bajó la mirada.

—Sí, mi coronel —dijo con voz temblorosa—. Prepararé el protocolo.

Vera sonrió.

No era una sonrisa de alegría. Era la sonrisa de una mujer que ha decidido quemarlo todo.

—Envía la orden ahora mismo —dijo—. Quiero ejecución en veinticuatro horas.

Salió de la oficina sin mirar atrás.

 

Killa – Sin saberlo

Killa estaba en su habitación.

Nox seguía sentada en la cama, con los documentos sobre su regazo, mirándolos como si fueran veneno.

—No te obligo a firmar ahora —dijo Killa, con una paciencia que no era típica de él—. Pero lo harás. Sabes que es lo mejor para ti y para Sofía.

Nox no respondió. Solo apretó los papeles en sus manos.

Killa se acercó. Le acarició el cabello.

—Eres mía —susurró—. Pronto también sobre el papel.

No sabía que, en otra ala del cuartel, la sombra de la muerte ya se cernía sobre ella.

No sabía que Vera le había declarado la guerra.

No sabía que las próximas horas serían las más peligrosas de todas.

1
Grecia Osorno
porfavor sube más capitulos pliss
😜 Betsy 🇻🇪
Carajo q pasará con la llegada de Ko 🤔🤔🤔🤔🤔
😜 Betsy 🇻🇪
Te quedaste con las ganas de matarla 🫪
Kris Rodriguez
y no que muy brava.?
Que saque la casta, porque esa fama que tiene y siendo sometida así...
Mariscal Morin
Es que no manches Killa, como se te ocurrió querer matar a Seven, si salvo a tu esposa, todo menso, 🥺🥺
Bunny 🐇: 😭 es que estaba celoso
total 1 replies
Mariscal Morin
Ahora que ira a pasar 💞💞💞💞💞💞😳😳😳😳😳
Mariscal Morin
🥺🥺🥺🥺🥺Estoy muy triste por ellos, escritora por fabor dales la libertad de quererse 🥺🥺🥺🥺
Mariscal Morin
Aaaaa, viejo perro, me dejo en sok es un jodido loco 😠😠😡😡😡😡
Mariscal Morin
Pinché viegillo desgraciado infeliz 🥺🥺🥺🥺🥺🥺🥺🥺Killa nesecita mucho amor 🥺🥺🥺🥺🥺
Mariscal Morin
Muy amada por un loco 💞💞💞💞💞💞💞
Mariscal Morin
Muy bien que huelen jajajaja 💞
Grecia Osorno
wow me encanta quiero saber más, porfa sube más capitulos
Mariscal Morin
Re loco ese hombre 😠😠😠😠
Mariscal Morin
Como que Killa si esta loco de verdad, bien desquiciado 🫨🫨🫨
Mariscal Morin
Jajajaja jajajaja jajajaja celosilla la guerquilla 😊😊😊💞💞💞
Mariscal Morin
Jajajaja jajajaja jajajaja, pinché vieja, se quedo con las ganas jajajaja 😠😠
Mariscal Morin
Ya valió bola de aprobechados montoneros 😊😊😊😊😊😊
Andrea González🇻🇪🇻🇪
más capítulo
Mariscal Morin
Por fabor dale felicidad a Luz escritora 😳😳
Bunny 🐇: ¡Espérate! Que Sofía entro al juego y la pequeña se carga a todos jajaja
total 1 replies
Mariscal Morin
Y ahora?? 😳😳😳😳😳😳😳😳
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