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Lazos De Sangre Y Luna

Lazos De Sangre Y Luna

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Vampiro / Yuri
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: El Sonido de Tu Corazón

Después de un largo rato, cuando los espasmos del celo se calmaron y el cuerpo de Bella dejó de arder, cuando el corazón de Alice ya latía con un ritmo constante y cálido, la vampira se incorporó en la cama destrozada y miró a su omega con una sonrisa que prometía travesuras.

—Estás sudada —murmuró Alice, deslizando un dedo frío, aunque ya no tanto como antes, por la frente de Bella.

Bella soltó una pequeña risa cansada. —Hoy sentí que me incendiaba por dentro. Supongo que es normal.

Alice sonrió apenas, observándola con esos ojos intensos que parecían verlo todo.—Hueles a sudor, a jazmín… y a algo peligrosamente tentador. Pero también hueles a que necesitas una ducha caliente urgente.

Bella levantó una ceja, divertida a pesar del agotamiento.—¿Los vampiros ahora se preocupan por la higiene ajena?

—Claro que nos bañamos. ¿Quién te dijo que no? Esa es una tontería humana. Nos gusta el agua. Nos gusta el vapor. Y nos gusta… —Alice se inclinó despacio y rozó con los dientes el lóbulo de la oreja de Bella— …compartirlo con alguien especial.

Bella sintió el calor subirle al rostro de inmediato. No era el celo esta vez. Era Alice. La manera en que la miraba, con esos ojos rojizos que ya no parecían tan fríos, sino llenos de algo suave, intenso… casi humano.

—¿Me estás invitando a bañarme contigo? —preguntó Bella, intentando sonar tranquila, aunque la voz le tembló un poco.

Alice sonrió de lado.

—No te estoy invitando, mi omega. Te lo estoy diciendo. Estás despeinada, sudada y agotada… y quiero verte relajarte. Quiero verte con el cabello mojado, las mejillas calientes y esa mirada feliz que pones cuando te sientes segura.

Luego se puso de pie y le tendió la mano.

—Además… mi corazón volvió a latir. Quiero sentirlo bajo el agua. Quiero que tú también lo escuches.

Bella tomó su mano sin apartar la mirada. La piel de Alice seguía siendo fresca, pero ahora tenía una tibieza nueva, pequeña y constante, como si algo dentro de ella hubiera despertado después de mucho tiempo.

—Está bien —susurró Bella mientras se levantaba con cierta dificultad. Sus piernas aún temblaban por todo lo que habían vivido—. Pero si te ríes de mí, te voy a empapar.

Alice soltó una risa baja y cálida.

—Me encanta cuando te sonrojas. Creo que podría mirarte así toda la eternidad.

El baño de la mansión era enorme. Las paredes de mármol negro tenían vetas doradas que brillaban con la luz tenue, y el suelo oscuro contrastaba con una alfombra de bambú suave bajo los pies. En el centro había una bañera redonda gigantesca, más parecida a una pequeña piscina termal.

Alice abrió los grifos y el agua caliente comenzó a caer lentamente, llenando el ambiente de vapor. Después añadió sales aromáticas de jazmín y lavanda con movimientos tranquilos, casi delicados.

—¿Siempre tienes sales de baño? —preguntó Bella, observando cómo el agua se volvía blanquecina y perfumada.

—Siempre. Es uno de mis pocos gustos humanos. Bueno… eso y las velas.

Alice hizo un pequeño gesto con la mano y las velas sobre la repisa de mármol se encendieron al instante. La luz danzó suavemente sobre las paredes oscuras.

—Los vampiros no necesitamos luz para ver —dijo con una sonrisa tranquila—, pero tú sí. Y además… las velas hacen todo más bonito.

Bella negó con la cabeza, divertida.

—Eres increíblemente cursi para ser una vampiresa.

Alice se acercó un poco más.

—Soy tu vampiresa cursi. Ahora entra antes de que el agua se enfríe.

Bella metió un pie primero. El agua estaba perfecta: cálida, relajante, envolvente. Las sales acariciaron su piel cansada y un suspiro escapó de sus labios cuando se hundió hasta los hombros.

—Esto se siente demasiado bien…

Alice la observó con una expresión suave, casi enamorada.

—Y apenas está comenzando.

Después entró con ella en el agua.

El agua no le hacía daño. Al contrario. El vapor se pegaba a su piel clara como si quisiera abrazarla, dejando pequeñas gotas que resbalaban lentamente por sus hombros, su pecho y sus brazos. Bella se giró para mirarla y se quedó sin palabras. Alice bajo el agua caliente, con el cabello húmedo pegado a las sienes y el corazón latiendo tan fuerte que podía notarse el pulso en su cuello, era lo más hermoso que Bella había visto en toda su vida.

—¿Qué pasa? —preguntó Alice, sonriendo con esa expresión traviesa que siempre lograba desarmarla.

Bella negó apenas con la cabeza.

—Nada… es solo que te ves tan… humana.

La sonrisa de Alice se suavizó.

—Y me siento humana. Gracias a ti.

Alice se acomodó frente a Bella, dejando que el agua le cubriera los hombros. Las burbujas aromáticas explotaban suavemente contra sus pieles. Había espacio suficiente entre ellas, pero Alice deslizó las piernas despacio hasta que sus rodillas tocaron las caderas de Bella.

—Ven acá —murmuró con esa voz suave y firme al mismo tiempo, imposible de ignorar.

Bella obedeció sin pensar demasiado. Se acercó flotando lentamente hasta quedar entre las piernas de Alice, apoyando las manos a ambos lados de la bañera. Desde tan cerca podía notar cada detalle: sus pestañas húmedas, el brillo cálido de sus labios y ese pequeño latido constante en su cuello.

—Puedo sentir tu corazón —susurró Bella mientras apoyaba la mano sobre el pecho de Alice.

Thump. Thump.

Alice soltó una pequeña risa.

—Está acelerado.

—¿Por el agua caliente?

—No, tontita. Es por ti. Porque estás demasiado cerca y me vuelves loca.

Bella sintió cómo el calor le subía otra vez al rostro.

—Ya me marcaste. Creo que eso es suficiente.

—Esa fue una marca de alfa —dijo Alice, acercándose apenas—. Esto es diferente.

Bella se sonrojó todavía más.

—Alice…

Alice soltó una carcajada suave.

—No puedo evitarlo. Me encanta verte así. Toda roja y nerviosa.

—Eres imposible.

—No. Solo me gusta molestarte.

Bella intentó apartar la mirada, pero Alice tomó la esponja y la llenó de jabón con aroma a sándalo.

—Cierra los ojos —le pidió esta vez con más dulzura.

—¿Por qué?

—Porque quiero que te relajes. Confía en mí.

Bella obedeció lentamente. La esponja recorrió sus hombros con movimientos suaves, después su nuca y su espalda. El jabón olía a lluvia y madera húmeda. Cada roce sobre la marca de su cuello le provocaba pequeños escalofríos que le recorrían el cuerpo entero.

—Así… tranquila —murmuró Alice cerca de su oído—. Me gusta verte relajada.

—No estoy relajada —protestó Bella bajito, aunque apenas podía contener la sonrisa.

—Claro que sí. Tu cuerpo literalmente se derrite conmigo.

Bella abrió los ojos de golpe, avergonzada y divertida al mismo tiempo.

—Eres terrible.

—Y aun así me quieres.

Alice le entregó la esponja después de unos segundos. Bella la tomó con cuidado y comenzó a limpiar lentamente el pecho de Alice. Bajo sus dedos, el corazón seguía latiendo con fuerza, cálido y constante.

—¿Te gusta? —preguntó Bella en voz baja.

Alice cerró los ojos apenas.

—Mucho.

Bella bajó la esponja despacio por el abdomen de Alice, siguiendo las líneas suaves de sus músculos hasta detenerse en sus caderas.

Alice la miró divertida.

—¿Te da pena?

—Un poco…

La expresión de Alice cambió por algo más suave, más tierno.

—No tienes que sentir vergüenza conmigo.

Bella soltó una pequeña risa nerviosa y terminó salpicándola sin querer. Alice respondió de inmediato, lanzándole agua de vuelta. En segundos ambas estaban riendo entre chapoteos y pequeñas guerras acuáticas dentro de la bañera.

—¡Ya, tregua! —gritó Bella entre risas, levantando las manos.

—Solo si dices algo lindo.

Bella la miró durante unos segundos, todavía sonriendo.

—Tu corazón suena bonito. Como una canción tranquila.

Alice hizo una mueca divertida.

—Eso fue demasiado romántico.

—Pero te gustó.

—Muchísimo.

Alice se acercó lentamente y la besó. El beso fue cálido, húmedo y suave, con sabor a vapor, jabón y jazmín. Cuando se separaron, ambas tenían gotas de agua resbalando por el rostro.

—Te quiero —susurró Alice, apoyando la frente contra la de Bella.

El corazón en su pecho seguía latiendo rápido.

Bella sonrió esta vez sin esconderse ni sonrojarse tanto.

—Yo también te quiero.

Se quedaron abrazadas dentro del agua caliente durante largo rato, escuchando la lluvia apagarse afuera. El corazón de Alice terminó acompasándose al de Bella, tranquilo y constante, mientras el vapor llenaba el baño de una calma extraña y perfecta.

Y cuando finalmente salieron de la bañera, envueltas en toallas enormes y dejando pequeñas huellas mojadas sobre el mármol oscuro, la tormenta ya había desaparecido.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Ya en la habitación, la cama había quedado completamente destruida. Las sábanas estaban rotas, las almohadas abiertas y los espejos plateados cubiertos por una fina capa de vapor. La marca en el cuello de Bella ya no parecía una simple cicatriz blanca. Ahora era un tatuaje oscuro, delicado y profundo, con forma de ala de murciélago.

Alice la rozó con la punta de los dedos, con una suavidad casi reverente.

—Te queda preciosa —murmuró.

Bella hizo una mueca divertida mientras intentaba mirarse.

—Parece que me atacó un pulpo enfadado.

Alice soltó una risa baja.

—Un pulpo muy sexy.

Bella terminó riendo también. Y al hacerlo, sintió algo extraño y hermoso: todo su cuerpo vibraba en la misma frecuencia que Alice. Sus latidos parecían acompasados. Incluso sus respiraciones —la de Bella cálida y acelerada, la de Alice innecesaria pero tranquila— encontraban el mismo ritmo.

—¿Crees que Charlie haya escuchado los gritos? —preguntó Bella de pronto, todavía colorada.

Alice arqueó una ceja con diversión.

—Creo que todo Forks los escuchó.

Bella dejó caer la cabeza hacia atrás.

—Dios mío…

—Relájate. Tu padre ya viene de camino. Y los lobos también. Ah… y probablemente los bomberos.

Bella levantó la cabeza de golpe.

—¿Bomberos?

—El roble del jardín se incendió con el rayo.

Bella se incorporó rápidamente y miró hacia la ventana. Afuera, el enorme árbol ardía bajo la lluvia con una belleza inquietante. Las llamas iluminaban la oscuridad del bosque, y entre ellas distinguió dos figuras inmóviles: Edward y Jacob, observándose fijamente como si el mundo entero hubiera desaparecido alrededor.

Bella entrecerró los ojos.

—¿Crees que ellos también…?

Alice siguió su mirada.

—Todavía no. Pero falta poco.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

Alice apoyó la cabeza contra el respaldo de la cama, pensativa.

—Porque en mis visiones siempre aparece fuego cuando dos almas destinadas a chocar se encuentran. Edward y Jacob son exactamente eso. Vampiro y lobo. Hielo y fuego. Dos extremos imposibles de ignorar.

Bella giró el rostro lentamente hacia ella.

—Como nosotras.

Alice sonrió apenas.

—Exactamente como nosotras.

Bella apoyó la cabeza sobre el hombro de Alice y cerró los ojos. El corazón de la vampira seguía latiendo bajo su mejilla. Cálido. Vivo. Real.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó en voz baja.

Alice besó suavemente su cabello húmedo.

—Esperar. Los Volturi van a venir. Y cuando lleguen… tendremos que pelear.

Bella tragó saliva.

—¿Y si perdemos?

Alice levantó una mano y acarició su mejilla con ternura. Luego dejó un beso en su frente. Ya no era un beso frío como antes. Ahora tenía calor.

—Entonces habremos vivido de verdad. Y eso… es algo que muy pocos vampiros pueden decir.

El silencio que siguió no fue incómodo. Se quedaron juntas escuchando la lluvia caer y el crujido lejano del roble incendiándose bajo la tormenta.

Y por primera vez desde que había llegado a Forks, Bella ya no sintió miedo.

Sintió que estaba en casa.

Continuará 🔥

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