Premisa: Él es un hombre de negocios muy exitoso pero solitario, que necesita una pareja para cumplir con las expectativas familiares y cerrar un trato importante. Le propone a ella, una chica creativa y libre, fingir que sean esposos por un año a cambio de resolverle todos sus problemas económicos.
El problema: Las reglas eran claras: "prohibido enamorarse". Pero cuanto más fingen, más real se siente.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20: Esta vez me elegí a mí (Narra Katerine)
Había pasado un mes desde que me enfermé.
Un mes en el que pensé que las cosas iban a cambiar… pero no.
Sí, él estuvo pendiente mientras estuve mal, no lo niego. Me cuidó, estuvo ahí, no se despegó. Pero apenas me recuperé… todo volvió a lo mismo.
El silencio.
La distancia.
Las peleas.
Como si nada hubiera pasado.
Como si lo que yo sentía… no importara.
Esa mañana estaba en la habitación, parada frente al espejo. Ya no me veía igual. No era la misma de antes… pero tampoco era feliz.
—¿Hasta cuándo…? —murmuré.
Escuché la puerta abrirse.
Era Benjamín.
—Tenemos reunión hoy —dijo—. alístese.
Cerré los ojos un segundo.
—No voy a ir —respondí.
Silencio.
—¿Otra vez con eso? —dijo.
Me giré para mirarlo.
—No… esta vez es diferente.
Frunció el ceño.
—¿Qué quiere decir?
Respiré profundo.
—Que ya no aguanto más.
El ambiente cambió de inmediato.
—¿Cómo así?
—Así —le dije—. no aguanto más esta vida… este juego… este contrato.
Se quedó mirándome fijo.
—No empiece otra vez con lo mismo.
—No, Benjamín… —dije más firme—. esto no es lo mismo.
Caminé un poco por la habitación.
—Me cansé de fingir… de callarme… de sentir sola.
—Nadie le está pidiendo que finja —respondió.
Solté una risa amarga.
—¿Ah no? ¿Entonces qué hemos hecho todo este tiempo?
Se quedó en silencio.
—Mire… —continué—. yo intenté… de verdad que sí… pero esto no es lo que quiero.
—¿Y qué es lo que quiere entonces? —preguntó.
Lo miré directo.
—Irme.
El silencio fue pesado.
—No puede —dijo seco.
Sentí algo dentro de mí romperse… pero ya no me iba a detener.
—Sí puedo.
—No —respondió—. usted firmó un contrato.
—Un contrato que ya no significa nada para mí.
—Para mí sí —dijo firme.
Caminé hacia la mesa… donde estaba ese papel.
Ese bendito papel que había empezado todo.
Lo tomé en mis manos.
—Esto… —dije—. esto fue un error.
—Katherine… —advirtió.
Lo miré.
—No me llame así como si nada.
—Baje ese tono.
—No —respondí—. hoy no.
Sentí las manos temblar… pero no de miedo.
De decisión.
—Ya no soy la misma que llegó aquí —le dije—. ya no me voy a quedar por obligación.
—Está actuando por impulso.
—No… estoy actuando por primera vez por mí.
Levanté el papel.
—Esto… se acabó.
—No lo haga —dijo más serio.
Lo miré a los ojos.
—Ya se acabó desde hace rato… solo que yo no quería verlo.
Y sin pensarlo más…
Lo rompí.
En dos.
El sonido fue seco… definitivo.
El silencio después… más fuerte que cualquier grito.
Él me miró… serio, tenso.
—No sabe lo que acaba de hacer —dijo.
—Sí sé —respondí—. me estoy liberando.
Dejé los pedazos sobre la mesa.
—No se puede ir así —añadió.
—Sí puedo —dije.
Caminé hacia el clóset… pero me detuve.
Lo miré otra vez.
—¿Sabe qué? —dije—. ni siquiera me voy a llevar nada.
Frunció el ceño.
—¿Qué está haciendo?
—Lo mismo que hice cuando llegué —respondí—. irme sin nada.
Caminé hacia la puerta.
—Katherine —dijo, más fuerte.
Me detuve… pero no me giré.
—No haga esto.
Cerré los ojos un segundo.
—Ya lo hice —respondí.
Abrí la puerta.
—Esto no termina así —dijo.
—Para mí sí —le dije.
Y salí.
Bajé las escaleras con el corazón latiendo fuerte… pero por primera vez, no era miedo.
Era decisión.
Salí de la casa… sin mirar atrás.
Sin maletas.
Sin lujos.
Sin nada.
Tal y como llegué.
Pero con algo que antes no tenía.
Valor.
Porque esta vez…
No me fui por necesidad.
Me fui porque me elegí a mí.