"Luna murió en las calles para que Rose pudiera reinar en las sombras."
Mi madre me llamó Luna Mongoberry al nacer, esperando quizás que fuera una luz suave en medio de la miseria. Pero la luz no te alimenta cuando tienes hambre, ni te protege cuando el mundo decide convertir tu vida en un infierno. Mi infancia no fue un cuento; fue una guerra de supervivencia que consumió cada rastro de nobleza y amabilidad que alguna vez tuve.
Decidí dejar atrás a la niña débil. Me convertí en Rose Mongoberry, conservando el apellido que es sagrado para mí porque le perteneció a ella, pero transformando mi alma en algo mucho más letal. Rose tiene espinas, Rose quema, y Rose no perdona.
En el mundo de la mafia, donde los hombres creen que las mujeres son solo trofeos, yo he venido a demostrar que soy el verdugo.
Bienvenidos a mi reino. Aquí, las rosas no huelen a perfume; huelen a pólvora y victoria.
NovelToon tiene autorización de rosse 345 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 21: El regreso y el rastro perdido
El uniforme se sentía extraño sobre mi piel, casi como un disfraz. No tenía miedo ni nervios; lo único que ocupaba mi mente era Hanna. Si me veía, me acribillaría a preguntas, porque para preguntona, ella se ganaba el premio.
Me miré al espejo una última vez con la mochila al hombro. Recordé la voz de mi madre, dulce y llena de esperanza: "Te ves hermosa, hija. Vas a ser una excelente abogada cuando te gradúes".
Miré hacia la vajilla donde descansaba su recuerdo y susurré:
—Sé que quisiste que fuera abogada, mamá, y lo seré... pero solo para mis negocios. Espero que no te molestes, pero a la gente mala la voy a hacer pagar de una forma no tan buena. No me odies por el monstruo en el que me he convertido.
—¡Reina! —el grito de Tumba me sacó de mis pensamientos.
Bajé las escaleras y me detuve en seco. Tumba llevaba unos jeans azul oscuro, camisa blanca impecable y zapatos deportivos. Se veía... normal.
—Wow, ¿y a ti qué te pasó? —pregunté arqueando una ceja.
—Bueno, como ahora soy "el tío", tengo que verme como uno, no como un señor —dijo con una sonrisa de suficiencia—. Vámonos.
Al salir, me encontré con un Yaris de dos puertas estacionado frente a la casa.
—¿Cambiaste de carro también?
—Claro, hay que meterse en el papel —respondió él mientras abría la puerta—. Además, soy un tío sexy, ¿no? Ah, por cierto, ni se te ocurra decirme "Tumba" frente a tus compañeros. Soy Simón. El tío Simón, el más atractivo que vas a tener.
—Iluso —mascullé, pero no pude evitar una pequeña sonrisa antes de subir.
El reencuentro con los "patanes"
Al llegar al colegio, la atmósfera cambió. Caminé por el pasillo directo a mi salón y, como era de esperarse, el comité de bienvenida me estaba esperando. El grupito de Jordan.
—Vaya, vaya... miren quién volvió. La piojosa —soltó Jordan. Me miró de arriba abajo con esa sonrisa que pronto le borraría—. Había escuchado rumores, pero no sabía que era verdad. ¿Vienes por otro "round" para pasarla rico?
No le respondí. Seguí caminando y, al pasar por su lado, le golpeé el hombro con fuerza. Entré al salón con un solo pensamiento: "Ríete ahora, imbécil. Después te veré pidiendo clemencia".
Me senté en un pupitre central. Jordan y sus amigos entraron poco después, rodeándome. La profesora entró poco después.
—Buenos días, chicos. Denle la bienvenida a Luna, que está de vuelta con nosotros.
Giré la cabeza buscando una melena familiar, pero el asiento de Hanna estaba vacío. ¿Dónde estaba?
El rastro de Hanna
Las horas pasaron lentas hasta el receso. Salí al patio y busqué a una de las chicas menos problemáticas.
—Oye, Valentina, ¿sabes algo de Hanna?
—No, Luna. Tiene tiempo sin venir —respondió con tono preocupado—. Antes de desaparecer estaba muy rara. El grupo de Jordan se metía mucho con ella. Un día simplemente dejó de hablar y se fue apurada porque venían esos patanes.
No terminó de hablar cuando uno de los amigos de Jordan apareció detrás de mí.
—¿Buscas a tu amiguita? —me agarró bruscamente del cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás—. Qué lástima que ya no tienes quién te defienda.
En lugar de gritar, sonreí. En un movimiento rápido, apliqué una llave de defensa personal que lo dejó estampado contra el suelo en un segundo. El estruendo llamó la atención de todos.
—¡Wow, wow! —Jordan se acercó, riendo entre dientes pero con la mirada alerta—. ¿Ahora sabes pelear? Qué lástima que eso no te va a servir de mucho.
Le sostuve la mirada con una sonrisa de medio lado.
—Ya veremos, Jordan.
Me di la vuelta y me alejé. Valentina me alcanzó, impresionada.
—¡Eso fue genial!
—Esos abusadores me las van a pagar —le dije con voz gélida—. Y si le hicieron algo a Hanna, va a ser mucho peor.
La búsqueda comienza
Al salir, Simón ya me esperaba en el Yaris. Antes de llegar al auto, Jordan pasó por mi lado y me susurró un insulto antes de alejarse riendo con su banda.
—¿Qué te dijeron esos? —preguntó Simón al ver mi cara—. Si te molestaron, bajo y los plomeo aquí mismo.
—Tranquilo, "tío Simón". A ese grupo los vamos a ver luego... pero cortaditos en la bodega. Ahora llévame al club, necesito ver si una amiga todavía trabaja ahí.
En el club, la encargada me recibió con un gesto triste. Me confirmó lo que temía: Hanna no había vuelto a trabajar ni se había reportado. Entré de nuevo al carro, sintiendo un nudo de rabia en el estómago.
—Simón, vamos a donde esté el Pistolero. Necesito un favor de él.
—¿Qué pasa, Reina? —preguntó él, detectando el cambio en mi tono.
—Algo me preocupa —dije mirando por la ventana—. Y necesito saber la verdad.