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El Fantasma 2

El Fantasma 2

Status: Terminada
Genre:Romance / Omegaverse / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🚫Un nuevo "asesino perfecto" aparece en la ciudad. No usa feromonas, usa tácticas militares que Ben reconoce. Y ese es solo el inicio de los problemas de la familia Volkov Masson. 🚫⚠️ 💡Estilo staempunk💡

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La sangre era el único contrato que nadie podía romper

El Sector Industrial de Puerto Gris era un cementerio de hierro oxidado y promesas rotas. Las viejas refinerías de opio, restos de la época en que la Hermandad Roja operaba bajo la protección de Miller, se alzaban como esqueletos gigantes bajo la neblina. El aire aquí no solo era denso por el vapor; tenía un regusto amargo, un residuo químico que a Sage le hacía arder los pulmones y le traía recuerdos de las minas del Norte que creía haber enterrado.

La camioneta médica blindada se detuvo en un callejón a trescientos metros del objetivo. Dentro, la luz roja de emergencia iluminaba los rostros tensos. Jasper estaba sentado en la camilla, apretando los dientes mientras Sage terminaba de inyectarle un estimulante para contrarrestar el dardo tranquilizante de Ashlord.

—Tu ritmo cardíaco está estabilizándose, Jasper —dijo Sage, su voz sonaba extrañamente calmada, una calma que Ben reconoció como el preludio de la tormenta—. Pero tu hombro sigue sangrando. Tienes que quedarte aquí.

Jasper tomó a Sage por la muñeca, sus ojos dorados brillando con una terquedad feroz.

—Ni en el infierno, Sage. No voy a dejar que ese bastardo te respire cerca otra vez. Puedo disparar con la derecha, y eso es todo lo que necesito.

Ben, que estaba revisando su MP5 con silenciador en el asiento delantero, se giró hacia ellos. Su mirada de Capitán era gélida.

—Voss tiene razón, Sage. No podemos dejar a nadie atrás. Valerius ya está en posición con el equipo pesado en la puerta sur. Nosotros entraremos por los túneles de drenaje.

—Papá —la voz de Leo por el intercomunicador desde el techo de la camioneta rompió la tensión—. Las cámaras térmicas detectan doce objetivos en la planta principal. Y hay uno más... en la oficina superior. Es Ashlord. Tiene a dos guardias con él.

—Entendido, cachorro —respondió Ben, ajustando su máscara de filtro—. Vlad, mantén la posición en el conducto de ventilación C. No dispares a menos que sea necesario. Eres nuestro ojo en el cielo.

—Copiado, Capitán —respondió Vladislav con una frialdad que a Ben le seguía erizando la piel.

La infiltración fue un ejercicio de disciplina técnica. Ben lideraba el camino por los túneles inundados de agua aceitosa. El aroma a ozono de su propia dominancia omega se filtraba por la máscara, mezclándose con el olor a óxido. Al llegar a la rejilla de entrada, Ben hizo una señal.

¡ZAS! ¡ZAS!

Dos disparos de Ben neutralizaron a los guardias de la entrada antes de que pudieran soltar sus linternas. El grupo avanzó hacia el corazón de la refinería. El sonido de las calderas de vapor era un rugido constante que ocultaba sus pasos.

—¡Fuego libre! —rugió la voz de Valerius por el canal general.

En ese momento, la puerta sur de la refinería voló en pedazos. El Lobo había llegado. Valerius entró caminando entre las llamas de la explosión, usando su escopeta de repetición para desatar un infierno de plomo sobre los mercenarios de Draven. El combate se volvió un caos de gritos y vapor.

Ben y Jasper subieron por las escaleras de caracol hacia la oficina de Draven, mientras Sage cubría su retaguardia. Pero Draven Ashlord no era un tonto. Sabía que los Volkov vendrían con todo.

Al llegar al nivel superior, una serie de granadas de humo estallaron frente a ellos. No era humo común; era un aerosol cargado de una variante del opio, diseñada para atacar directamente el sistema nervioso de los omegas.

—¡Sage! —gritó Ben, pero el humo era demasiado denso.

Ben sintió una ráfaga de movimiento a su derecha. Un mercenario masivo se lanzó sobre él, derribándolo por la barandilla hacia el nivel inferior. Jasper, afectado por el gas y su propia herida, se tambaleó, disparando a ciegas antes de ser golpeado por la culata de un rifle.

Cuando el humo se disipó un poco, Sage se encontró solo en la pasarela de metal. Su visión estaba borrosa. El olor... ese maldito olor a nogal y opio sintético.

—¿Recuerdas este aroma, pequeño pájaro? —la voz de Draven Ashlord surgió de las sombras.

Draven caminó por la pasarela con una elegancia psicópata. En su mano sostenía un inyector de plata cargado de un líquido oscuro.

—Valtor era un animal. Te trataba como carne. Pero yo... yo sé lo que vales, Sage. Conozco tu resistencia. Sé que bajo este disfraz de "soldado" que tu hermano te puso, sigue estando el omega que no puede evitar arrodillarse ante su dueño.

Sage retrocedió hasta chocar con el tanque de presión. Sus manos temblaban, pero no era por el opio; era el eco del trauma gritando en su cabeza. Draven se acercó, su aroma a nogal volviéndose asfixiante, una presión de alfa que buscaba someterlo por instinto.

—Mírame —ordenó Draven, usando su voz de mando—. Arrodíllate. Regresa a la jaula. Si lo haces, dejaré que tu hermano y su perro protector vivan.

Sage sintió que sus rodillas flaqueaban. Su mente regresó a las minas, al frío, a la sensación de ser un objeto vacío. Pero entonces, vio a Jasper en el suelo, a pocos metros, tratando de arrastrarse hacia él con el brazo ensangrentado, gritando su nombre sin voz.

"La fuerza no viene de los músculos, viene de la intención", resonó la voz de Ben en su memoria. "Ya no hueles a miedo, Sage. Hueles a guardia".

Draven extendió la mano para tocarle el rostro.

—Eso es... buen chico...

En ese segundo, Sage dejó de retroceder. Sus ojos se enfocaron con claridad. No gritó. No lloró. Con un movimiento que Ben le había enseñado en el patio, Sage atrapó la muñeca de Draven.

¡CRACK!

El sonido del hueso rompiéndose fue seco y satisfactorio. Sage no esperó. Usó su otra mano para sacar un bisturí químico que llevaba oculto en su manga, un instrumento que él mismo había diseñado para emergencias. Con una precisión que habría enorgullecido al mejor cirujano de la Unidad de Élite, Sage hundió el bisturí en la unión de la armadura de Draven, justo en la arteria femoral de su pierna izquierda.

Draven soltó un alarido de agonía, un sonido humano que rompió su fachada de perfección gélida. Cayó de rodillas, soltando el inyector.

—¡Tú... maldita mercancía! —rugió Draven, tratando de presionar su herida, pero la sangre brotaba en pulsos calientes que teñían el metal de la pasarela de un rojo oscuro.

Sage se mantuvo sobre él, su aroma a manzanilla volviéndose agrio y metálico. Ya no era una presa.

—Mi nombre es Sage Masson —dijo el omega, su voz vibrando con una autoridad que hizo que Draven retrocediera arrastrándose—. Y yo no pertenezco a nadie.

Ben apareció en la pasarela, con el uniforme desgarrado y el rostro manchado de sangre tras su pelea abajo. Se detuvo en seco al ver a su hermano de pie sobre el notario desangrado. Jasper, sosteniéndose en la barandilla, miraba a Sage con una mezcla de shock y una devoción absoluta.

Draven, viendo que su vida se escapaba, intentó alcanzar un detonador en su cinturón.

—¡Si yo muero... esta refinería vuela con todos nosotros!

¡BANG!

Un disparo desde lo alto del conducto de ventilación le voló la mano a Draven antes de que pudiera tocar el botón. Vladislav, con su rifle de precisión, no había fallado. Leo saltó desde la viga superior, aterrizando junto a Ben con su navaja desenfundada.

—¿Papá? —preguntó Leo, mirando el cuerpo de Draven—. ¿Terminamos el trabajo?

Ben caminó hacia Draven. El alfa del Norte estaba pálido, boqueando como un pez fuera del agua, rodeado de un charco de su propia sangre que se mezclaba con el aceite del suelo. El Capitán miró a Sage. Sabía que si mataba a Draven allí, legalmente sería un problema, pero después de ver el terror en los ojos de su hermano, la ley se sintió como una cáscara vacía.

—Jasper —llamó Ben—. Él es tuyo.

Jasper Voss se acercó a Draven. El jefe de seguridad no usó su arma. Tomó a Draven por el cuello de su traje caro bajo su armadura y lo levantó, obligándolo a mirar a Sage por última vez.

—Dijiste que bajo el olivo nada malo pasaba —gruñó Jasper—. Y hoy, el olivo va a enterrar a la víbora.

Con un movimiento brutal de su brazo sano, Jasper lanzó a Draven Ashlord sobre la barandilla abierta. El cuerpo del notario cayó doce metros hacia abajo, directo al tanque de ácido abierto que se usaba para limpiar las tuberías. No hubo un segundo grito, solo el siseo del químico disolviendo el cuerpo de Draven en una nube de vapor tóxico.

El silencio volvió a la refinería, solo roto por los disparos lejanos de Valerius terminando con los últimos mercenarios fuera.

Ben se acercó a Sage y lo envolvió en un abrazo feroz. Sage se aferró a su hermano, temblando por fin, dejando que la adrenalina se disolviera en lágrimas.

—Lo hiciste, Sage. Lo hiciste —susurró Ben.

Jasper se unió al abrazo, rodeando a ambos con su brazo ileso, su aroma a olivo envolviéndolos como un manto de paz definitiva.

Treinta minutos después, las sirenas de la policía de Vane resonaron en la distancia. El convoy de los Volkov ya estaba saliendo del sector, dejando atrás una refinería en llamas que borraría cualquier rastro de Draven Ashlord y sus documentos legales.

Vane llegó a la escena, bajando de su auto con el brazo en el cabestrillo. Miró el incendio y luego a Ben, que lo esperaba recargado en su vehículo blindado, limpiándose la sangre de la cara.

—Informó de un enfrentamiento de bandas externas del Norte, Ben —dijo Vane, con una mirada que decía que sabía exactamente lo que había pasado—. No hay supervivientes que identifiquen a nadie. Draven Ashlord nunca llegó a Puerto Gris según mis registros.

Ben asintió, estrechando la mano de su amigo.

—Gracias, Vane. Mañana la ciudad despertará un poco más limpia.

—Y un poco más peligrosa —respondió Vane con una sonrisa amarga—. Cuida a esos niños, Ben. Vi cómo Leo y Vlad salían de ahí. Ya no son solo tus hijos; son la ley de esta ciudad.

Ben miró hacia la camioneta médica, donde Sage curaba la herida de Jasper mientras Vlad y Leo observaban desde el estribo con una calma inquietante. El Fantasma de Puerto Gris se subió al auto al lado de Valerius, quien le tomó la mano con una fuerza posesiva.

—¿A casa? —preguntó Valerius.

—A casa —respondió Ben.

Mientras el convoy se perdía en la neblina, Ben Connors cerró los ojos por un segundo. El pasado de Sage había muerto en ese tanque de ácido, pero sabía que la dinastía Volkov acababa de cruzar una línea de la que no habría retorno. En Puerto Gris, la sangre era el único contrato que nadie podía romper.

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Maru19 Sevilla
Me encantó la saga, espero çon mucho gusto la continuación /Heart//Heart//Heart//Heart/
Skay P.: Claro que sí bebé 🤎🤎
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Yo si quiero el siguiente volumen de la familia Volcov, te leo desde la ciudad de México . Me encantan tus historias 💖💖💖💖💖💖
Skay P.: Autora👠✨️
total 5 replies
Maru19 Sevilla
Ya mero iban a dejar solo a Sage
Maru19 Sevilla
Malditos mafiosos /Smug/
Maru19 Sevilla
Se podrá embarazar Sage?
Maru19 Sevilla
💖💖💖💖
Maru19 Sevilla
Cuidado con los chiquillos 🤭🤭🤭
Maru19 Sevilla
Ya quiero leer la caída de Miller🤭
Maru19 Sevilla
Los chamaquitos en todo están 🤭
Maru19 Sevilla
Muy bien 👏
Maru19 Sevilla
😱
Maru19 Sevilla
Muy emocionante 👏👏😱
Maru19 Sevilla
Muy bien!!!👏👏👏
Maru19 Sevilla
Que miedo, que sus hijos entren en la batalla 😱
Skay P.: La sangre estira, cielito😘
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Se pone más emocionante la historia 👏👏👏
Maru19 Sevilla
Lo hubieran noqueado!
Maru19 Sevilla
Será que se vuelvan a embarazar?
Skay P.: Jajaja el Capitán tiene pánico ⚠️
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Muy buena obra también " Hielo y alquitrán" 💖
Skay P.: Gracias 😘😘😘😘
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Inicia muy bien👏👏
Maru19 Sevilla
Que emoción 👏👏👏
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