El mundo terminó en menos de un mes.
Primero fueron los rumores: personas enfermas, ataques violentos, ciudades enteras aisladas.
Después llegó el silencio.
Las calles se llenaron de cadáveres caminando bajo la lluvia, las comunicaciones desaparecieron, y sobrevivir un día más se volvió un milagro.
Charlie nunca creyó necesitar a nadie. Fría, impulsiva y acostumbrada a huir de todo, aprendió rápido que el nuevo mundo solo recompensa a quienes son capaces de abandonar sentimientos.
Hasta que conoce a Tamara.
Tamara es completamente diferente: amable, inteligente, demasiado humana para un mundo muerto.
Y aun así… sobrevive.
Juntas atraviesan ciudades destruidas, hospitales infestados, carreteras cubiertas de sangre y grupos humanos mucho más peligrosos que los zombis.
Pero mientras el horror crece, también crece algo peor:
el amor.
Porque enamorarse en el fin del mundo significa descubrir un miedo nuevo.
No perder la vida.
Perder a la única persona que hace que todavía valga la pena vivi
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Hasta el Último Latido
Capítulo 19: El símbolo rojo
La lluvia seguía cayendo sobre la ciudad destruida.
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Las luces del convoy militar atravesaban la oscuridad lentamente.
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Tamara se acercó a la ventana.
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—¿Quiénes son…?
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Charlie no respondió enseguida.
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Porque el símbolo rojo pintado en el vehículo le había helado la sangre.
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El círculo atravesado por una línea negra.
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Lo recordaba demasiado bien.
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Y eso era imposible.
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Tamara notó inmediatamente el cambio en su expresión.
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—Charlie.
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Ella dio un paso atrás de la ventana.
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—Tenemos que irnos.
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La voz salió seca.
Tensa.
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Tamara frunció el ceño.
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—¿Por qué?
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Charlie agarró rápidamente su mochila ignorando el dolor.
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—Porque si nos encuentran estamos muertas.
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Eso hizo que el pecho de Tamara se apretara.
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Nunca la había visto así.
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Asustada.
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Abajo, los vehículos se detuvieron frente al edificio.
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Las puertas comenzaron a abrirse.
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Hombres armados descendieron bajo la lluvia.
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Uniformes negros. Máscaras tácticas. Linternas.
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Y todos llevaban el mismo símbolo rojo en el brazo.
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Charlie maldijo por lo bajo.
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—Mierda.
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Tamara se acercó más.
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—¿Quiénes son ellos?
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Silencio.
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Charlie bajó apenas la mirada.
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Y finalmente respondió.
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—La División Noctis.
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El nombre cayó pesado en la habitación.
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Tamara nunca lo había escuchado antes.
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Pero la forma en que Charlie lo dijo…
sonaba como una pesadilla.
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Abajo se escuchó una voz por megáfono.
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—Edificio asegurado. Revisen cada piso.
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Charlie reaccionó inmediatamente.
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—Nos encontraron.
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Tamara sintió el corazón acelerarse.
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—¿Cómo?
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Charlie miró rápidamente hacia el piso inferior.
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La criatura.
Los disparos. La explosión eléctrica.
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Demasiado ruido.
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Uno de los soldados levantó algo parecido a un detector extraño.
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El aparato comenzó a emitir una luz roja intermitente.
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Charlie sintió el miedo crecer dentro suyo.
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Porque conocía esa tecnología también.
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Y eso significaba algo todavía peor.
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Tamara tomó su brazo suavemente.
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—Charlie… ¿qué está pasando?
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Ella cerró los ojos apenas un segundo.
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Recuerdos.
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Laboratorios. Gritos. Sangre.
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No.
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No ahora.
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—Después te explico.
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Charlie comenzó a caminar hacia la salida trasera de la oficina.
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Pero entonces—
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Una voz resonó desde abajo.
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—Piso catorce asegurado.
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Silencio.
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Muy cerca.
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Demasiado cerca.
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Tamara respiró agitadamente.
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—Nos van a encontrar.
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Charlie observó rápidamente la oficina.
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No había salida clara.
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Solo ventanas.
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Y un edificio cercano separado por varios metros.
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Demasiado lejos para saltar.
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Mierda.
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Pasos comenzaron a acercarse por el pasillo exterior.
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Lentos.
Precisos.
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Militares entrenados.
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Charlie agarró la mano de Tamara y la llevó detrás de unos escritorios volcados.
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—No hagas ruido.
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Tamara asintió nerviosa.
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Las luces de las linternas comenzaron a atravesar las rendijas de la puerta.
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Charlie podía escuchar voces afuera.
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—Detecto movimiento aquí.
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El corazón de Tamara latía tan fuerte que sentía que todos podían escucharlo.
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Charlie observó su miedo.
Y sin pensarlo demasiado…
apretó suavemente su mano.
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Tamara levantó la mirada sorprendida.
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Charlie habló muy bajo.
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—Estoy contigo.
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Esas palabras golpearon más fuerte de lo que deberían.
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Porque en medio del horror…
eran lo único que todavía se sentía seguro.
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La puerta comenzó a abrirse lentamente.
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Linternas iluminaron la oficina.
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Tres soldados entraron apuntando con rifles.
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Charlie reconoció inmediatamente sus movimientos.
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Demasiado organizados.
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No estaban buscando sobrevivientes.
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Estaban cazando.
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Uno de los soldados habló por radio.
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—Hay rastros recientes de sangre.
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Otro levantó el detector rojo.
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El aparato comenzó a sonar más rápido.
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BIP. BIP. BIP.
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Charlie sintió hielo recorrerle el cuerpo.
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Porque el detector apuntaba directamente hacia ellas.
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El soldado giró lentamente la cabeza.
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Y entonces—
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sus ojos se encontraron con los de Charlie entre los escritorios.
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Silencio.
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El hombre abrió los ojos sorprendido.
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—…No puede ser.
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Charlie dejó de respirar.
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Porque ella también lo reconocía.