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El Despertar Del Príncipe

El Despertar Del Príncipe

Status: En proceso
Genre:Romance / Mundo mágico / Fantasía LGBT
Popularitas:882
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️✅️Sam y Norman comienzan a saciar su sed de aventura, lejos de su amada familia. El camino comienza a dificultarse, pero cuatro almas sellan sus destinos.✅️⚠️

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Protección de dos mundos

Tres días habían pasado desde que el pacto de sangre y lealtad se sellara en aquel bosque. El grupo avanzaba ahora con una sincronía extraña: cinco cazadores de élite rodeando a un hechicero que tarareaba canciones y a un joven campesino que caminaba con la mirada perdida en el horizonte. Al caer la tarde del tercer día, decidieron acampar cerca de unas ruinas cubiertas de hiedra, un lugar que exhalaba una paz antigua.

Mientras los cazadores montaban las tiendas y Norman encendía el fuego, Sam sintió ese tirón familiar en el pecho. No era dolor, era una llamada. Sin decir una palabra, se alejó del grupo y se internó en la arboleda, donde las sombras se volvían más densas.

Alaric ya estaba allí, esperándolo, apoyado contra el tronco de un sauce.

-Sabía que vendrías.- Dijo el vampiro, con su voz suave y oscura.

Sam se detuvo a pocos pasos. Ya no sentía el miedo que un humano debería sentir ante el Rey de las Sombras. En su lugar, sentía una rabia contenida y una curiosidad que le quemaba las entrañas.

-He tenido visiones, Alaric.- Soltó Sam, sin rodeos -He visto un castillo de cristal oscuro. He visto a un hombre llamado Malric, alguien que se parece a mí pero que viste armaduras de príncipe. Lo he visto... contigo. ¿Fue mi vida pasada? ¿Es eso lo que escondes bajo esa capa?-

Alaric suspiró, y por un momento, sus hombros se hundieron bajo el peso de tres siglos. Se acercó a Sam, dejando que la luz de la luna revelara la melancolía de sus facciones.

-Sí, Sam. Malric Vexillarius fue tu nombre.- Confesó Alaric -Fuiste el único que no huyó de mi oscuridad. Fuiste el guerrero que me enseñó que un monstruo también puede ser amado. Lo que ves no son sueños, son los ecos de tu alma reclamando lo que le pertenece.-

Sam apretó los puños.

-Si me has buscado por trescientos años... si eres tan poderoso que acabaste con ejércitos tú solo... ¿por qué no me llevaste?- La voz de Sam subió de tono -Podrías haberme raptado esa primera noche en el bosque. Podrías haberme encerrado en tu castillo, lejos de los peligros y de los cazadores. ¿Por qué dejarme caminar por el barro y dormir a la intemperie?-

Alaric extendió una mano, pero no llegó a tocarlo.

-Porque te amo más de lo que amo mi propio deseo.- Respondió con una honestidad desgarradora -Sé que tu alma tiene sed de horizontes. Sé que soñabas con las Ciudades de Plata y el Mar de Cristal mucho antes de que yo despertara. Si te hubiera llevado por la fuerza, habría tenido tu cuerpo, pero habría matado el espíritu del hombre que amo. Jamás te obligaría a vivir en una jaula de oro, pequeño príncipe.-

Alaric guardó silencio un segundo y sus ojos brillaron con una intensidad nueva.

-Además, hay algo más. Tu sangre... huele a un linaje que creía extinto. Siento un poder dormido en ti, el de los Blackshield. Este viaje no es solo para ver paisajes, Sam. Es para que descubras tu verdadero propósito. Eres un rey sin corona, y necesitas este camino para encontrarla.-

Sam sintió un nudo en la garganta. La devoción de Alaric, esa paciencia eterna, lo desarmó por completo. Dio un paso rápido, acortando la distancia entre ambos. Con un movimiento decidido, Sam rodeó la nuca de Alaric con sus manos curtidas por el trabajo de campo y lo atrajo hacia sí con fuerza.

El beso no fue suave. Fue una explosión.

Trescientos años de soledad, de espera, de sangre y de promesas rotas estallaron en ese contacto. Sam besó a Alaric con una ferocidad que reclamaba su pasado y su presente. Alaric, el soberano de las sombras, soltó un gemido ahogado y se entregó por completo, dejando que sus manos se perdieran en el cabello negro de Sam. Sus lenguas se encontraron en una batalla de deseo acumulado que amenazaba con consumir el bosque entero.

Las manos de Sam bajaron por la espalda de Alaric, presionándolo contra su cuerpo, sintiendo la dureza del vampiro y su entrega absoluta. Alaric temblaba bajo su toque. El hombre que podía destruir ciudades era, en los brazos de Sam, un ser vulnerable que solo buscaba refugio. El deseo por consumar ese amor, por fundirse en la cama como en las visiones de Sam, era casi insoportable. Ambos jadeaban, sus respiraciones mezclándose en el aire frío.

Sin embargo, Sam se detuvo a un milímetro de sus labios, con la frente apoyada en la de Alaric. Sus corazones, uno latiendo frenético y el otro vibrando con magia antigua, buscaban el mismo ritmo.

-Todavía no.- susurró Sam, con la voz rota por la pasión -No aquí. No así.-

Alaric asintió, cerrando los ojos para saborear el rastro del beso.

-Esperaré otros trescientos años si es necesario, mientras seas tú quien lo pida.-

Mientras tanto, en el campamento, la atmósfera era muy diferente. Norman estaba sentado frente al fuego, con los ojos brillantes por la luz de las llamas y la emoción de sus propias historias.

-¡Y entonces, Sam se quedó atascado en el árbol del viejo Thompson!- Decía Norman, gesticulando con las manos mientras los cazadores lo escuchaban embobados -Teníamos apenas ocho años. Queríamos ver si era cierto que las hadas vivían en la copa. Sam, que siempre ha sido un impulsivo, subió primero. Pero cuando quiso bajar, se le engancharon los pantalones. Se quedó allí colgado, gritando que los duendes lo estaban secuestrando.-

Los cazadores soltaron una carcajada. Lin, que estaba sentado justo frente a Norman, no reía, pero su mirada era fija y profunda. No podía apartar los ojos del chico rubio.

-Me escapé de casa para buscar una escalera.- Continuó Norman, sonriendo al recordar la travesura -Mi madre casi me mata cuando nos encontró, pero Sam... él solo se reía. Decía que al menos desde arriba el mundo se veía más grande. Siempre ha sido así, buscando algo más allá de la valla.-

Norman se detuvo al notar la intensidad de la mirada de Lin. El capitán de los cazadores parecía haber olvidado que era un guerrero. En ese momento, Lin solo era un hombre perdido en el brillo de los ojos de Norman y en la calidez de su voz.

-Eres increíble, Norman.- Dijo Lin en voz baja, ignorando por completo a sus hombres -Tienes el don de hacer que incluso el recuerdo más simple se sienta como una aventura legendaria.-

Norman se sonrojó, algo que rara vez le pasaba.

-Bueno... supongo que la vida es mejor si la cuentas con un poco de color, ¿no?-

Lin asintió lentamente, sintiendo que su lealtad a la Orden se desvanecía un poco más con cada segundo que pasaba cerca del hechicero. Para él, proteger a Norman ya no era un deber, era la única forma en que su vida tenía sentido ahora.

Sam regresó al campamento poco después, con los labios un poco hinchados y la mirada más segura que nunca. Miró a Norman, que seguía charlando con Lin, y luego miró hacia la oscuridad del bosque, donde sabía que Alaric seguía velando por él.

La noche avanzó y, por primera vez, el grupo durmió bajo la protección de dos mundos: la espada de los cazadores y la sombra del Rey Vampiro. El viaje continuaba, y con cada paso, la verdad sobre el Reino de los Blackshield y el destino de Malric estaba más cerca de ser revelada.

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Maru19 Sevilla
Empezamos con esta nueva historia, inicia muy bien 👏👏👏
Skay P.: ¡Gracias cielo!😍
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