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Mi Sexy Sensei

Mi Sexy Sensei

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Maestro-estudiante / Profesor particular
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Nanani fue plantada en el altar y causa de eso cayó en depresión su padre la obligará a tomar clases de arte marciales, Pero ella odia a su sensei o... eso cree

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Capitulo 1

La clase terminó y todos los alumnos se fueron dispersando, pero yo seguía en el suelo, desparramada como una medusa fuera del agua. Mi cuerpo gritaba, mis músculos lloraban y cada fibra de mi ser maldecía el momento en que mi padre tuvo esta brillante idea.

—¡Esto cuenta como intento de asesinato! —grité, sin fuerzas siquiera para levantar la cabeza del tatami—. ¡Me duele todo! ¡No me puedo mover!

Escuché un suspiro profundo a mis espaldas. Kai, el antitodo lo que me gusta, caminó hacia el almacén sin decir palabra. Regresó con un pequeño frasco en la mano y se arrodilló a mi lado.

—Ven, te voy a hacer un masaje —dijo, con un tono que intentaba sonar profesional pero que delataba cierto cansancio.

Mis oídos se aguzaron como los de un perro cuando escucha abrir una lata de comida.

¿Masaje?

El masaje es mi perdición. Mi vicio. Mi religión. Si hay algo que me saque una sonrisa en este mundo miserable, son unas manos expertas destrozando mis nudos musculares. Sin pensarlo dos veces —y olvidando por completo mi dignidad—, gateé como una bebé hasta donde él estaba.

Kai se arrodilló a mi lado y sus manos comenzaron a trabajar en mi espalda. Y Dios.

Dios bendito.

Resulta que el maldito Sabelotodo del karate también sabía de masajes. Sus dedos encontraron cada punto doloroso, cada contractura acumulada en meses de encierro y depresión. Presionaba con la fuerza justa, con una precisión que bordeaba lo quirúrgico.

—Duele —me quejé, aunque en realidad dolía y no dolía.

—Duele porque estás hecha un nudo —respondió sin detenerse—. ¿Cuándo fue la última vez que te hiciste un masaje?

Lo pensé. ¿Meses? ¿Un año? Desde que Leo se fue, apenas si me tocaba a mí misma para vestirme.

—No recuerdo —admití, enterrando la cara en mis brazos.

Kai no dijo nada, pero sus manos se suavizaron un poco. Como si entendiera. Como si supiera.

Afuera, Maya había llegado puntual para recogerme. Pero al asomarse por la ventana del dojo y verme recibiendo un masaje de Kai, sus ojos se abrieron como platos y una sonrisa enorme se dibujó en su rostro.

Sin hacer ruido, comenzó a retroceder paso a paso, alejándose sigilosamente.

—Son tan lindos —susurró para sí misma, llevándose las manos al pecho como si estuviera viendo el final de su drama favorito—. Esto es mejor que cualquier novela coreana.

Y se esfumó sin anunciar su presencia, dejándonos solos.

Cuando finalmente el masaje terminó, me levanté del suelo con una lentitud de anciana, pero con una sonrisa de satisfacción que no había lucido en meses. Mi espalda, aunque adolorida, se sentía mil veces mejor.

—Gracias —murmuré sin mirarlo, porque admitir gratitud hacia él me costaba.

—Nos vemos mañana —respondió Kai, recogiendo sus cosas.

Salí del dojo caminando casi normal, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que quizás —solo quizás— sobreviviría a esto.

Horas después, mi padre pidió reunirse con Kai.

—Es un honor, señor Joong —dijo Kai, haciendo una reverencia respetuosa.

Mi padre, el temido CEO del Grupo Joong, el hombre que maneja imperios con una mano, recibió a Kai en su oficina privada con té y toda la ceremonia. Eso, viniendo de él, significaba respeto.

—Eres mi mejor empleado —comenzó mi padre, sirviendo el té con movimientos pausados—. Por eso te confié a mi hija. Ella... está pasando por momentos complicados, Kai.

Kai asintió, esperando.

Mi padre suspiró, y por un instante, el poderoso empresario dejó ver al padre preocupado.

—Sé que no tengo derecho a pedirte esto —dijo, con una vulnerabilidad inusual en él—, pero por favor, cuídala mucho. Sé que es caprichosa y berrinchuda.

—Ni que lo diga —susurró Kai, apenas audible, escondiendo una sonrisa tras su taza de té.

Mi padre lo miró con una ceja levantada, pero no dijo nada. Continuó:

—Pasó por una depresión profunda, Kai. Mi niña... Ella fue abandonada en el altar. Fue noticia en todo el país. Pero más que la humillación pública, fue su corazón lo que no pudo soportar. La decisión de ese desgraciado la destruyó por dentro.

Kai dejó de sonreír.

—Ella estuvo con su prometido desde la escuela —exclamó mi padre, y en su pecho se notaba el peso del dolor de ver sufrir a una hija—. Crecieron juntos. Planearon una vida entera. Y un día, sin explicación, él desapareció.

El silencio se instaló entre ellos.

Kai recordó entonces los berrinches, las quejas, los "me caes mal" y las miradas desafiantes. De repente, todo cobró otro sentido. Los arranques de ira de Nanami no eran más que los gritos desesperados de un corazón roto. Una coraza. Una forma de protegerse.

—Yo la voy a cuidar —dijo Kai, después de dar un sorbo a su té—. No se preocupe, señor Joong.

Mi padre lo miró a los ojos, buscando la verdad en sus palabras. Y la encontró.

—Gracias, Kai.

Siguieron platicando de temas triviales, de negocios, de karate. Pero Kai no podía dejar de pensar en Nanami. En sus ojos desafiantes. En su sonrisa traviesa cuando hacía alguna maldad. En la forma en que se había rendido bajo sus manos durante el masaje, vulnerable por un instante.

Pese a su mal carácter, ella era realmente encantadora.

Aunque malhumorada. Muy, muy malhumorada.

AL DÍA SIGUIENTE

Llegué al dojo con el ceño fruncido y la actitud de un toro furioso. No quería hacer ejercicio. No quería sudar. No quería mover un solo músculo que no fuera estrictamente necesario.

—Bien, espero que en la clase de hoy me den todo su potencial —anunció Kai frente al grupo.

Pero yo solo escuchaba "bla, bla, bla".

Cuando él se dio la vuelta para escribir algo en la pizarra, una idea maléfica cruzó por mi mente. Una sonrisa traviesa —y francamente diabólica— se dibujó en mis labios.

Me levanté sigilosamente y corrí hacia él con toda la velocidad que mis piernas adoloridas me permitían, dispuesta a derribarlo y demostrar que no era tan débil como parecía.

Error.

En un solo movimiento —UNO SOLO— Kai giró, esquivó mi ataque y me derribó con una técnica tan rápida que ni siquiera la vi venir. Terminé en el suelo, con la cintura protestando y el orgullo por los suelos.

—¡Eres un maleducado! —grité, sujetándome la cintura—. ¡Pudiste haberme matado!

Kai me miró desde arriba, y para mi absoluta indignación, soltó una carcajada. Una carcajada genuina, de esas que iluminan la cara.

—¿Te parece gracioso? —bufé.

—Un poco —admitió, y su sonrisa era tan irritante como atractiva.

—¡No sabes cuánto te odio! —exclamé, levantándome con dificultad para salir al jardín hecha una furia.

Me senté en el banco de siempre, crucé los brazos y comencé a quejarme sola. "Insoportable, creído, sabelotodo, mal educado, y encima se ríe..."

Kai me observaba desde la distancia. Veía mis gestos exagerados, mis quejidos teatrales, mi forma de hablar sola gesticulando con furia. Y no pudo evitarlo: le pareció adorable.

Absolutamente adorable.

—Vamos, la clase no terminó —dijo acercándose, y me tendió una botella de agua.

Aparté la cara con desdén.

—Yo no bebo agua. Dame un refresco.

Kai arqueó una ceja.

—¿Y así eres modelo? Debes cuidar tu salud. Toma agua.

Insistió, acercando la botella a mi rostro. Yo, digna, volví a apartar la cara.

—Qué infantil eres —resopló él, pero había un dejo de diversión en su voz.

—Tú eres un mandón —respondí, negándome rotundamente a aceptar el agua.

Kai suspiró, y por un momento pensé que ganaría la batalla. Pero entonces recordó su promesa a mi padre. Cuidarla. Incluso de ella misma, si era necesario.

—Está bien —cedió—. Tú ganas. Te voy a dar un refresco.

Mis ojos se iluminaron como los de una niña en Navidad.

—¿En serio?

—Sí, pero uno solo.

—¡Con mucho hielo, por favor! —exclamé, levantándome de un salto y corriendo tras él con una alegría infantil.

Maya, que me había ido a buscar nuevamente, observaba toda la escena desde la distancia. Sus ojos viajaban de Kai a mí, de mí a Kai, mientras una sonrisa de oreja a oreja se instalaba en su rostro.

—Dios santo —susurró, llevándose las manos al pecho—. El sensei es tan sexy. Espero que Nanami no lo deje ir. Esto parece un kdrama, estoy tan contenta. Necesito palomitas. Necesito una transmisión en vivo. Necesito que alguien esté grabando esto.

Detrás de ella, sin que nadie lo notara, mi padre también observaba desde la ventana de su auto. Vio a su hija corriendo detrás de Kai como una niña, con una sonrisa genuina en el rostro.

La primera sonrisa genuina en meses.

Y por primera vez en mucho tiempo, el poderoso CEO Joong sintió que quizás, solo quizás, había tomado la decisión correcta.

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Maribeth Minotta
sensei se astuto
Dark
que idiota Kai...Espero q cuando veas q alguien quiero algo serio,sufras.
Dark
"Que idiota eres Kai" Ya te veremos sufrir y espero no hagas algo q la lastime.
Ana Farias
poq no siguen publicando😭😭
RiYue87🇻🇪
pero quién te entiende niña, 🤷🤷🤷 primero lo alejas, y ahora con dudas 😅😅😅
RiYue87🇻🇪
hay mija eso ni tú te lo crees, me le vas a romper el corazón al sensei 😭😭😭
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
lo coreanos o japoneses no son morenos 🤔
Maribeth Minotta: yo lo vi también Moreno 🥰🥰🥰🥰👏
total 1 replies
Maribeth Minotta
y me gusta
Maribeth Minotta
papacito hay que ricooooooo🥰🥰🥰
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
mi niña acaso tu ex estaba más bueno que Kai, o que Henry Cavill, o Can Yaman no entonces. arriba ese ánimo la vida sigue dale gracias a Dios que se fue antes y no después de casado mira se que duele pero morir por un hombre no mija no vale la pena.
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
hasta yo pagaría brinquitos detrás de él 😁
🇻🇪🌹❤️‍🔥Yoleida🔥❤️🇻🇪🤩😍
Kai enséñame quiero que me des como saco de boxeo en la cama 😃
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