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Marcas De La Infancia

Marcas De La Infancia

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Centrado emocionalmente / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Heimy Zuñiga

No todas las cicatrices se ven en la piel. Algunas habitan en la memoria, en las emociones y en los recuerdos que tratamos de callar. La historia de Liam es un testimonio vivo de esas cicatrices invisibles y de la valentía de ponerlas en palabras.

NovelToon tiene autorización de Heimy Zuñiga para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Cuando aún me sentía a salvo

⚠️Atención: Esta historia aborda temas de trauma infantil y abuso emocional. Se recomienda discreción.⚠️

¿Cómo alguien puede actuar como si nada hubiera pasado?

¿Cómo se puede vivir en paz después de hacerle tanto daño a un niño?

Durante mucho tiempo me hice esas preguntas sin encontrar respuesta. Hoy sé que, cuando el dolor ocurre en silencio, el mundo sigue girando como si nada. Pero para quien lo vive, todo se detiene.

Mi nombre es Liam Lennox Chester.

Antes de que el miedo existiera en mi cuerpo, antes de que aprendiera a callar, fui un niño feliz. De esos que corren sin pensar, que ríen fuerte y creen que el mundo es un lugar seguro.

Crecí en una familia numerosa. Éramos cinco hermanos: Lucas, el mayor, serio y protector; Daniel y Rebeca, los mellizos inseparables; Lucía, la más pequeña; y yo. Vivíamos en una casa grande, tipo finca, rodeada de árboles y espacios abiertos. Allí aprendí lo que era jugar hasta caer rendido, ensuciarme las manos y volver a casa con las rodillas raspadas y el corazón tranquilo.

En la escuela era sociable. Tenía amigos, me gustaba participar, y me destacaba en matemáticas. Los profesores decían que era inteligente; mis compañeros, que era divertido. Yo solo sabía que me gustaba aprender y sentir que pertenecía.

Mi madre, Elizabeth, estaba siempre presente. Se ocupaba de nosotros con dedicación y cuidaba cada detalle del hogar. Mi padre trabajaba largas jornadas, pero cuando estaba en casa imponía orden y disciplina. No éramos una familia perfecta, pero éramos una familia normal. Y para un niño, eso era suficiente.

Los domingos solían ser mis favoritos. A veces venían tíos, tías o vecinos. Mi madre era generosa, siempre dispuesta a ayudar. Preparaba comida de más "por si acaso", decía. Yo la miraba moverse por la cocina con naturalidad, segura de que nada malo podía ocurrir bajo su cuidado.

Nuestra vecina, la señora Margarita, solía decir que yo era bonito. Comentaba mi cabello rubio, mis ojos azules, mi piel clara. A veces decía que parecía una niña. Mi madre siempre respondía de inmediato, con una sonrisa tensa:

—Mi hijo es un niño fuerte. Será un buen hombre.

Yo no entendía por qué ese comentario la incomodaba. Solo sabía que me sentía protegido cuando ella hablaba así.

El día que cumplí siete años, mi madre organizó una pequeña fiesta en casa. No fue grande ni lujosa, pero fue cálida. Hizo una torta de chocolate que aún recuerdo por su sabor. Cantamos, reímos, jugamos. Ese día me sentí querido. Seguro. Feliz.

Entonces llegó el tío Robert.

Dijo que estaba pasando por un mal momento, que no tenía trabajo. Mi madre no lo dudó. Le abrió la puerta de nuestra casa con la misma facilidad con la que siempre abría su corazón.

Al principio no pasó nada que pudiera nombrar. Solo una sensación extraña. Algo que no sabía explicar. Robert me observaba demasiado. A veces, mientras jugaba en el suelo, sentía su mirada pesada en la espalda. Cuando me giraba, él ya estaba sonriendo, como si llevara rato mirándome. Me decía que siguiera jugando, pero algo en su voz hacía que mis manos se quedaran quietas sobre los juguetes.

Intenté decirlo una vez.

—Mamá... el tío Robert me hace sentir raro.

Ella se molestó.

—No inventes cosas, Liam. Es tu tío. Solo quiere jugar contigo.

Aprendí algo importante ese día: había cosas que no se decían.

Poco a poco dejé de jugar como antes. Sonreía menos. Prefería quedarme solo. En la escuela seguía cumpliendo, pero algo se apagaba lentamente dentro de mí. Nadie parecía notarlo. O tal vez era más fácil no hacerlo.

Mi madre eligió no ver. No por maldad, sino por miedo. Miedo al escándalo. A lo que dirían. A romper la imagen de familia correcta que tanto cuidaba.

Yo, en cambio, comencé a cargar un peso que no entendía.

Todavía no sabía qué era el dolor.

Pero ya había dejado de sentirme a salvo.

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señorita_cash
.
señorita_cash
que personal..
Yorjany González Rodríguez
bien sigue haci pero trata de que cuando termines un capitulo el siguiente lo continue desde donde se quedo /Slight/
Heimy Zuñiga: Jaja muchas gracias... lo tendré en cuenta de ahora en adelante 👏
total 1 replies
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