Charlotte Ricci, huérfana criada en un orfanato de monjas, sale al mundo a los 18 años para trabajar 6 meses —si no encuentra su lugar, se convertirá en monja. Sin saberlo, se hace asistente de Marcelo Romano, CEO cuyo imperio es fachada de la mafia.
Marcelo siente una obsesión por la inocente Charlotte, pero su interés despierta enemigos que buscan destruirlo usando ella como arma. Cuando comienzan las amenazas, descubren que su orfanato guarda secretos antiguos ligados a la mafia y que Charlotte es heredera de un legado peligroso.
Ahora deberán enfrentar traiciones y el peso de un destino escrito en sangre, mientras ella decide entre su antiguo hogar y el hombre que ha robado su corazón.
NovelToon tiene autorización de Guadalupe Garza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Regresó
10 Años Después
Charlotte había concluido sus estudios en el instituto con excelentes notas y el primer lugar, recibiendo su reconocimiento, estaba feliz y las monjas junto a la madre superiora se sentían orgullosas de ella, pero el día que no esperaban que llegara estaba a la vuelta de la esquina, Charlotte estaba por cumplir 18 años y era momento que ella saliera al mundo.
—Pero Isabella por qué debo irme, no quiero, este es el único hogar que conozco —le decía Charlotte a una de las monjas que se había vuelto más que una amiga ahí dentro.
—Haber princesa no es tan malo salir a conocer, solo serán unos meses, tampoco te dijeron que no podías visitarnos —le intentaba decir ella para calmarla un poco, y dejara el miedo y los nervios a un lado, Charlotte algo resignada seguía haciendo sus maletas para estar lista para cuando tuviera que irse.
Los días pasaban con normalidad hasta que llegó el día que la mayoría esperaba no llegara, el último día de Charlotte en el orfanato, los niños que la adoraban y querían la abrazaban con fuerza, y lloraban ya que no querían que se fuera
Unas monjas igual la abarzaban con fuerza, Charlotte sentía nostalgia ante ese afecto que por un tiempo no tendría de nuevo.
—Hija, Charlotte solo son 6 meses si, si sientes que no es para ti, sabes que serás recibida aquí y podrás hacer tus votos —le decía la madre superior tomando sus manos, Charlotte asentía con una sonrisa
—Lo se madre, pero entiéndame por 10 años este fue mi hogar, mi familia son ustedes, después de perder a mis padres, solo ustedes fueron mi familia —un auto se paraba frente a la entrada principal, Charlotte miraba el auto, esperando que alguien se bajará de él, la puerta del piloto se abrió despacio y poco a poco dejo ver a un hombre de cabello canoso, arrugas no tan pronunciadas, un cuerpo muy bien cuidado y una sonrisa que Charlotte jamás olvido —¿Joaquín? —le dijo ella viendolo caminar hasta ella con los brazos abiertos, ella se lanzó a sus brazos para dejarse abrazar por el hombre que de niña fue capaz de dar su vida por ella, y apartir de ese día también lo haría
—Princesa, mírate estás hermosa y enorme —le decía mientras se alejaba del abrazo
—Si, y que haces aquí, dijo me alegra verte después de años, pero creí que jamás te vería nuevamente —decia ella con emoción
—Vine a entregarte algo que tus padres dejaron para ti, esperaba que llegarás a los 18 para poder dártelo —ella lo miraba curiosa, mientras el le daba unas llaves y dos tarjetas
—¿Esto que es? —pregunto mirando lo que tenía en la mano
—Tu padre compro un piso para ti, el te lo daría como regalo de cumpleaños a los 18, pero ya no pudo y me encargo que te lo entregará yo, y bueno estás tarjetas tienen lo que tus padres lograron guardar para ti, antes de toda la desgracia que cayó sobre los Ricci —le explicaba, y ella solo asentía.
—¿Me llevarás a mi nuevo hogar? —le preguntaba y Joaquín asentía, Charlotte terminaba de despedirse de todos y todas mientras Joaquín está vez tomaba las maletas para volver a subirlas al auto, y llevársela de ahi para que ella no volviera ahí jamás... después de una hora de Camino llegaban al piso, que estaba ubicado en el centro de Florencia, Italia, en un edificio lujoso, con ventanales enormes que el sol refleja en ellos, subían al piso 38 dónde estaba su nuevo hogar, un piso solo para ella, no compartía con vecinos, era de 4 habitaciones, cocina, salón, pasillo, baño en cada habitación y uno de invitados, balcón con vista a todo Florencia, y una oficina
—¿Te gusta princesa? —preguntaba Joaquín al ver el rostro de felicidad de Charlotte
—Me encanta, mi padre siempre pensando en mi —decia con nostalgia, después de ayudarla a desempacar, e ir con ella por despensa, la dejo sola en su nuevo hogar, lo único que a Joaquín no le gustaba era que ella fuera a trabajar, sabía que no tenía la necesidad de trabajar, pero ella aún era inocente a todo el mal del mundo, al exterior necesitaba que ella poco a poco se diera cuenta y se fuera haciendo a la idea de que no todo es color de rosa en el mundo, el estaría ahí para ella, y siempre estaría alguien desde las sombras para cuidarla, sin que ella supiera