¿Pueden dos personas que se buscan una y otra vez encontrarse?
Ella es Katiuska Velázquez una mujer divorciada y madre de una adolescente de 13 años de edad cuya vida ha estado llena de dificultades debido a sus malas decisiones.
Él es Alexander González, un viudo de 38 años y padre soltero cuyo único objetivo en la vida es criar a su hijo y administrar su empresa.
NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo II: El Reencuentro parte 2
Durante los últimos meses, Katy había estado sometida a una presión insoportable porque no quería que ese hombre infame, que tanto daño le había hecho a ella y a su hija, regresara a sus vidas, lo peor era que Roger jamás reconocería sus malas acciones del pasado.
Katy nunca le contó a Tamara el verdadero motivo del divorcio ni la razón de su odio hacia su padre porque no quería que su hija supiera lo tóxica que había sido aquella relación, ahora, sin embargo, Tamara estaría expuesta a esa realidad, y era inevitable.
Katy revisó su equipaje y verificó que toda su documentación estuviera en orden, y el día anterior a su viaje fue a un spa junto a Aura porque se sentía muy ansiosa.
—¿Crees que me lo encuentre mientras estoy en Miami? —preguntó Katy, con curiosidad.
—No lo sé, Katy, es una ciudad muy grande —respondió Aura con sinceridad.
—Tienes razón, no es probable —dijo Katy, con tristeza.
—¿Pero quieres verlo? —preguntó Aura, con una sonrisa cómplice.
Katy prefirió no responderle a su amiga porque pensar en él la entristecía mucho y era muy evidente, Aura sabía que sí quería verlo, aunque no lo admitiera y por eso se le ocurrió una gran idea, y pensaba que Katy merecía ser feliz y en cuánto regresó a su casa buscó su nombre en su lista de contactos y envió un mensaje a ese hombre, aunque ella no fue la única que lo hizo porque Tamara también le escribió desde el mismo momento en el cual su mamá aceptó hacer ese viaje.
El día siguiente Katy y Tammy subieron a un avión, no había vuelos directos desde su país hasta la ciudad de Miami, por eso debían hacerlo con escalas, Tamara estaba muy emocionada, Katy, en cambio, sentía ansiedad porque desde niña le tenía miedo a los aviones, pero haría cualquier cosa por la felicidad de su hija.
En el Aeropuerto Internacional de la ciudad de Miami, eran las dos de la tarde, y Roger Espinoza de 38 años se encontraba esperando desde hace cuatro horas el vuelo en el cual llegaría su hija Tamara, sonó su teléfono y al ver el nombre en la pantalla sintió molestia porque era la décima llamada que había recibido desde
que llegó al aeropuerto.
—¿Ya llegó el vuelo? —preguntó Oneida, con insistencia.
—Tiene un par de horas de retraso —respondió Roger, cansado.
—¡Ya tienes demasiado tiempo esperando! —se quejó ella.
—¿Qué quieres que haga, Oneida? No puedo irme hasta que llegue el vuelo.
—Esa mujer puede tomar un taxi hasta la casa —sugirió Oneida.
—Por favor, ya tengo demasiado tiempo sin ver a mi hija. Deja de ser tan dramática —respondió Roger, con hastío.
—¿A quién extrañas más, a tu hija o a tu ex? —preguntó ella, con sarcasmo venenoso.
Roger suspiró con resignación porque amaba a Oneida, pero en ocasiones ella resultaba muy asfixiante, y no comprendía por qué lo presionaba de esa manera, debido a que se mudó hace 10 años de su país natal y su hija aún era muy pequeña.
—Cariño, extraño mucho a mi hija, no la veo desde que era pequeña. Sé más comprensiva.
—¿Por qué no quisiste que fuera contigo al aeropuerto? —preguntó Oneida, con tono acusador.
Roger le explicó pacientemente el motivo, aunque la verdadera razón era que quería retrasar el encuentro entre su esposa y su ex debido a que ambas mujeres se odiaban, además su hija tampoco quería a Oneida, pero si le decía esas palabras, de seguro ella armaría todo un escándalo.
—Ya te lo expliqué, Oneida. No íbamos a entrar todos en el auto.
—¡No quiero que esa mujer se suba a nuestro auto!
—Está bien, ella no lo hará.
—No entiendo por qué tenía que viajar con Tamara.
—Tamara es menor de edad, no puede viajar sola. ¿Hasta cuándo tengo que repetírtelo? —dijo Roger, frustrado.
—Esa arrastrada viajó porque quiere seducirte. Te recuerdo que ahora yo soy tu esposa.
—¡Ya basta, Oneida! Katy va a quedarse en la casa, así que compórtate.
—Ni modo… supongo que tendré que soportar a esa miserable en mi casa.
Roger había esperado este momento durante años, cuando se mudó a Estados Unidos, nunca imaginó que tardaría tanto en volver a ver a su hija, sabía que se había perdido momentos valiosos de su crecimiento, pero ahora, con su residencia finalmente obtenida, Tamara podía visitarlo.
Roger Espinoza, un talentoso diseñador gráfico, había levantado su propio estudio y poco a poco se ganó una sólida reputación dentro de la comunidad latina, con un pequeño capital y un portafolio valioso, logró ofrecerse un buen nivel de vida, el único problema era su exesposa, Katiuska Velázquez, a quien odiaba con intensidad y culpaba de todo lo malo que le había ocurrido, para él, ella era la razón de su separación de Tamara, pues la niña se negaba a convivir con su esposa Oneida y sus hermanos menores y no quería volver a ver a esa mujer nunca más, pero Tamara, aún menor de edad, y debía viajar acompañada de su madre.
Por los altavoces anunciaron la llegada del vuelo de Tammy y Roger que siempre fue una persona impaciente, ya estaba al borde, pero cuando vio a una adolescente caminar en su dirección, se emocionó mucho, porque era muy alta y estilizada, la abrazó y ambos comenzaron a llorar.
—¡Qué grande estás, Tamara! —dijo con un nudo en la garganta.
—Papi… quería conocerte —respondió ella, con lágrimas en los ojos.
Luego de un par de minutos en los cuales padre e hija se abrazaron emocionados, Roger fijó su atención en la persona parada a un lado, la cual venía cargando con todas las maletas, y se trataba de Katiuska, aunque a él
ya no le agradaba esta mujer, debía admitir que su ex debió haber hecho un pacto con el diablo porque se veía muy hermosa y le quitó el aliento.
—Katiuska —saludó con desdén.
—Roger —respondió ella, mirándolo con altivez, sin disimular el profundo odio que sentía.
—Veo que no has cambiado ni un poco —dijo él, con sarcasmo.
Katiuska lo observó con desprecio, pero no le respondió y simplemente, puso sus ojos en blanco, hubo un tiempo en el cual le afectaba su odio, pero ahora le era muy indiferente la actitud desdeñosa de su exesposo.
—Tamara, aquí tienes tu maleta —dijo Katy, entregándosela a su hija.
—Sí, mamá, disculpa por olvidarla —respondió Tamara, apenada.
—No te preocupes, mi niña —dijo Katy, sonriéndole con amabilidad.
Roger la observaba con rencor mientras pensaba que Katy era muy falsa y cualquiera viéndola actuar de esa manera podría pensar que era una buena madre.
Katy tiene conocimiento de que estuvo expuesta a Clamidia. ¿Como es posible que no se haya realizado examen formal y exponga a Alex a contagio? (Ni recuerdo cuánto tiempo ha pasado)