Mehmet sabe que alguien dentro de su propia familia quiere verlo muerto. Mahidevran ha decidido eliminar al príncipe para abrirle el camino a su hijo Mustafa, mientras la corte comienza a elegir bandos. Pero Mehmet no piensa convertirse en otra víctima de las intrigas del palacio.
En secreto, prepara su propia muerte.
Durante una cacería, una flecha lo hiere y cae por un barranco. Todos creen que el príncipe ha muerto. Mientras sus enemigos celebran, Mehmet desaparece para preparar su regreso y descubrir quiénes participaron en la conspiración.
Con Hürrem, su hermana y su padre, el sultán Süleyman, como sus aliados, Mehmet comenzará una partida donde cada movimiento tendrá consecuencias.
Pero también encontrará aliados inesperados, incluso en lugares donde nadie los buscaría.
Porque Mehmet ya no quiere sobrevivir.
Quiere el trono.
Y esta vez, no vendrá a pedir permiso.
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EL DÍA QUE REGRESO
El sol se ocultaba tras las montañas, tiñendo el cielo de un rojo intenso, como si el destino mismo anunciara que esta historia no terminaría donde otros querían que terminara. Desde la ventana de aquella fortaleza oculta entre bosques y riscos, yo observaba a lo lejos cómo se encendían las luces del palacio de Manisa. Allá abajo, todos vivían en la ignorancia, creyendo que el futuro ya estaba escrito. Pero yo sabía algo que ellos aún no sospechaban: el libro no estaba cerrado. Solo había comenzado el capítulo más peligroso de todos.
Hoy es exactamente siete días antes de mi muerte. O mejor dicho, antes de que todos crean que he muerto. He contado cada hora, cada minuto, porque no hay margen para el error. Si fallo una sola vez, entonces sí habré perdido todo. Pero no voy a fallar. No cuando hay tanto en juego. No cuando hay personas que amo y que también estarían en peligro si caigo. He visto lo que ocurre cuando uno confía demasiado, cuando cree que la sangre es suficiente garantía de lealtad. Ya no soy ese príncipe ingenuo que subestimaba la maldad que puede crecer dentro de los muros de un palacio. He aprendido a leer entre líneas, a distinguir las sonrisas sinceras de las que ocultan puñales. Y esa sabiduría me ha costado más de lo que cualquiera podría imaginar.
Miro mis manos. Son las mismas que alguna vez sostuvieron libros, que acariciaron la cabeza de mi hermana cuando éramos pequeños, que repartieron pan entre los que menos tenían. Pero pronto, esas mismas manos sostendrán el destino de un imperio. No porque lo busqué, sino porque me lo obligaron. Y cuando lo haga, no estaré solo. Sé quiénes son mis verdaderos aliados. Mi madre, Hürrem… ella no es perfecta, tiene sus sombras y sus batallas, pero sé que su fuerza será mi mayor apoyo. No nos necesitamos para estar de acuerdo en todo, sino para sostenernos cuando el mundo se nos venga encima. Y mi hermana, mi compañera de risas y secretos… ella tiene una inteligencia aguda y un corazón valiente. Juntos formaremos un equilibrio que este imperio necesita. Ellas son mi refugio, no mi carga. Por ellas debo ser fuerte. Por ellas debo ganar.
Pero no todos merecen esa confianza. Muy lejos de aquí, en otra residencia, está él: Mustafa, el hermano mayor. Siempre tan seguro de sí mismo, tan convencido de que el trono le pertenece por derecho de nacimiento. No le faltan cualidades, pero le falta algo esencial: la visión de que un imperio no se sostiene solo con el nombre que llevas, sino con la justicia que repartes. Y detrás de él, como una sombra venenosa, está su madre. Ella es quien ha movido cada hilo. Quien ha visto en mí un obstáculo que debe desaparecer. No sé qué le hice para merecer su odio, pero sé exactamente lo que planea hacerme. Y no lo permitiré. No me quedaré esperando a que su veneno me alcance. Si quiere guerra, la tendrá. Pero que sepa esto: yo no inicié este conflicto. Sin embargo, lo terminaré. Y cuando termine, ella habrá sufrido cien veces más de lo que jamás soñó hacerme sufrir a mí. No por venganza ciega, sino porque entienda que cada acción tiene su consecuencia, y que quien juega con fuego termina quemándose.
Me duele que sea nuestra propia sangre quien nos ponga en esta posición. Hay días en que desearía que las cosas fueran diferentes, que pudiéramos convivir como hermanos. Pero Mahidevran no me ha dado opción. Ella ha decidido que solo uno de nosotros puede quedar en pie. Y yo he decidido que ese no seré yo quien caiga. No por orgullo, sino porque sé lo que le espera a este pueblo si gobiernan con miedo en lugar de con esperanza. Mustafa cree que ser fuerte significa imponerse. Yo creo que ser fuerte significa proteger. Y hay una diferencia enorme entre ambas cosas.
He enviado mensajes en clave a quienes confío. No les he dicho mi plan completo, solo que estén preparados. Hürrem entenderá cuando llegue el momento. Ella siempre entiende antes que los demás. Sabrá que si desaparezco, no es por derrota, sino por estrategia. Mi hermana llorará, pero cuando me vea regresar, comprenderá que lo hice para mantenernos a salvo. Ellas no deben preocuparse. Cuando regrese, seré su escudo. Nadie podrá tocarlas mientras yo respire. Nadie.
La cacería está preparada. La flecha llegará, pero no será mortal. Caeré por el barranco, y todos creerán que he muerto. Será el momento más doloroso para quienes me aman, y el más feliz para quienes me odian. Pero esa alegría durará poco. Porque mientras ellos celebran, yo estaré aquí, esperando, observando, tejiendo la red que los atrapará a todos. No actuaré con prisa. La prisa revela debilidad. Esperaré el momento exacto en que Mahidevran crea que ha ganado, en que se sienta segura… y entonces, golpearé. No la mataré de inmediato. Eso sería demasiado fácil. Ella necesita entender lo que es perderlo todo. Necesita sentir el frío del abandono, la incertidumbre de no saber qué ocurrirá mañana, el terror de ver cómo cada plan que construyó se desmorona ante sus ojos. Sufrirá cien veces. Y entonces, solo entonces, recibirá el juicio que merece.
Y Mustafa… si se mantiene al margen, si no se deja arrastrar por la ambición de su madre, entonces no tendré nada contra él. Pero si elige su camino, si se convierte en su espada, entonces deberá aceptar que yo seré su justicia. No quiero dañarlo. Pero no dudaré si me veo obligado a elegir entre él y el futuro de este imperio que mi padre ha construido con tanto esfuerzo. Que elija sabiamente. Su vida depende de ello.
Me levanto y camino hacia la mesa donde Hasan, mi hombre de confianza, espera con el mapa de la ruta de cacería extendido. Lo miro a los ojos.
—Todo está listo, Príncipe —dice con voz solemne—. Nadie sospecha. La ruta, los caballos, el refugio abajo del barranco. Todo saldrá como lo planeaste.
Asiento, sintiendo el peso de mi decisión. No hay vuelta atrás.
—Bien —respondo con firmeza—. Que lleguen esos siete días. Que lloren mi partida. Pero cuando regrese, no vendré a pedir permiso. Vendré a tomar lo mío. Y quien se interponga… que sepa por qué lo hace. Mahidevran creyó que esta batalla terminaba con mi muerte. No sabe que apenas está comenzando.
Cierro el pergamino con mi sello. El destino está en marcha. Y esta vez, Mehmet el Astuto no será la víctima. Será el dueño del juego.