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El Lamento De Las Flores

El Lamento De Las Flores

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

La joven princesa olvidada, la marginada, la horrible y desgraciada hija de un duque a buscado liberarse de una familia que no la aprecia, se a enamorado, pero se han burlado de ella, la han humillado y cuando creyo que los afectos de un hombre que jamas imagino que la amaria le hizo cambiar de parecer, este la traiciona de la peor manera, rota, rota del corazon y humillada huye a los campos, donde buscareinventar a la mujer en ella, pero su mente piensa en el hombre que ama y que creyo que la amaba, pero había cometido un error.

Había cometido el terrible, el único error en toda su vida, confiar en el...

Novela romántica.

Novela extensa.

NovelToon tiene autorización de A.B.G.L para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Prólogo

...La flor que florece en adversidad es la más rara y hermosa de todas.—...

^^^Mulan.—^^^

La alta sociedad.

Debutantes.

Damas y caballeros.

Cortejos.

Matrimonios y negocios matrimoniales.

En los dominios de los antiguos linajes, donde los castillos se yerguen como colosos de piedra blanca y granito oscuro, tocando con sus torres las nubes que guardan secretos de siglos pasados, la alta sociedad —aquella casta de emperadores, reyes, gran duques, duques, condes y vizcondes— rige sus destinos por leyes no escritas en pergaminos, mas sí en el honor del linaje, la reputación del nombre y el peso de acuerdos sellados con sangre y oro.

Nada hay en este mundo más cargado de significación que la temporada del debut, cuando las jóvenes damas de linaje puro se presentan ante el mundo de la nobleza; dispuestas son a pasar horas enteras —días, quizás, si es menester— buscando el vestido que no solo luzea al candor de las velas, mas que hable por sí mismo de su estirpe: telas tejidas con hilos de plata que capturan la luz de las antorchas de ámbar, bordados de flores mágicas que florecen apenas el aire las acaricia con sus dedos etéreos, faldas tan anchas que parecen llevar consigo los propios campos de trigo dorado que circundan los palacios reales. Los zapatos, labrados en piel de ciervo celestial, ajustados a pies que apenas han pisado el suelo del mundo terrenal; los pendientes, perlas nacidas en las profundidades de lagos encantados, que tiemblan como lágrimas sagradas con cada leve movimiento de la cabeza; el maquillaje, compuesto con polvos de pétalos de rosa nocturna, que realza rasgos tallados por generaciones de belleza heredada; y el peinado, tejido con hilos de su propia cabellera y adornado con hiedra que nunca marchita, exhibiendo el cuello delicado —blanco como la nieve que cae sobre los bosques de haya centenario, puro como el manantial que nace bajo la sombra del trono ancestral.

Las jóvenes viven para tal instante —para aquel momento donde los halagos caen como rocío matutino sobre las hojas verdes, donde ellas son el centro de todas las miradas expectantes, donde el orgullo les eleva el pecho hasta tocar los cielos y presumir ser las más hermosas de toda la nobleza. Y la emoción de ser sacadas a bailar por un apuesto caballero —con sus espadas colgadas de cinturones de cuero curtido en brebajes mágicos, sus chaquetas bordadas con emblemas de casas que llevan siglos en poder— es cosa suprema: en ese roce de manos, en ese movimiento sincronizado de cuerpos unidos al compás de la música, late el corazón de un mundo donde el sentimiento debe ceder paso al deber consustancial del linaje.

Pues la joven dama que se presente en la estación propicia para el cortejo debe ser más que perfecta, más que hermosa. En estos reinos, para una doncella de linaje azul, nada es más preciado que su belleza —no por sí misma, mas porque es moneda de cambio entre casas poderosas, garantía de alianzas que mantienen la paz o alimentan la guerra en sombras. La alta realmensa clasifica con ojo escrupuloso, agudo como la punta de una lanza forjada en acero celestial, aquellos que son agraciados por los dioses y los menos afortunados, dejando un estándar tan alto como las torres de la Ciudad Imperial, y zapatos tan grandes que pocos pueden llenarlos ante la mirada vigilante de los ancianos del consejo de nobles.

Un baile —un gran baile en los salones de los palacios, donde los techos son pintados con escenas de héroes pasados y las paredes están revestidas de madera de nogal que retiene los ecos de mil promesas rotas— es lo suficientemente grande e ideal para que aquellas que se presentan logren captar la atención de nobles adinerados y de gran renombre: ya sea un duque cuyo territorio se extiende hasta los bosques encantados, un conde que posee minas de cristal mágico que brillan como estrellas, un vizconde al servicio del emperador mismo, o en la mínima de las posibilidades —y la más anhelada por las jóvenes— un príncipe azul, cuyo linaje desciende directamente de los fundadores del reino.

No cabía duda alguna de que un baile es el mejor momento para que un caballero comience con el cortejo. Allí, el lenguaje de los cuerpos al moverse al compás de melodías tocadas con instrumentos de madera y metal encantado emite toda emoción y todos los ideales que no pueden ser dichos en voz alta; allí, una conversación surge entre susurros y risas contenidas, y allí se conoce mejor a una dama —no por lo que dice con sus labios, mas por lo que calla en su corazón, por la forma en que su mano tiembla levemente al tomar la de su compañero, por la mirada que se pierde en las sombras del salón cuando alguien menciona el nombre de otra casa noble. Ciertamente, nada hay más romántico que un baile —ni nada más melancólico, pues cada giro, cada sonrisa, cada roce de mangas de seda puede ser el último antes de que los deberes del linaje los separen para siempre.

Porque en estos dominios, los romances libres no son permitidos: los matrimonios se cierran por conveniencia, por la necesidad de unir territorios, de sanar heridas de guerras pasadas, de proteger secretos que si salieran a la luz causarían escándalo capaz de derrumbar dinastías enteras. Y así, en medio del brillo de las velas y el murmullo de los invitados, late la angustia de quienes sienten algo más allá del deber, la ilusión de quienes se atreven a esperar que tal vez el destino tenga piedad de sus almas, y la sospecha de quienes saben que en la alta sociedad, nada es lo que parece —ni la belleza, ni la amabilidad, ni la mirada que se detiene un instante más de lo debido en los ojos de una dama o un caballero condenados a seguir otros caminos.

En la alta sociedad, cuando un caballero se presentaba en el hogar de aquella dama que busca cortejar, siempre llevaba consigo regalos de estima, mas había algo que nunca podía fallar en su proposición: un ramo de flores provenientes de tierras de su linaje, cultivadas bajo los auspicios de los antiguos hechizos que guardan la esencia de cada casa noble.

Flores hermosas.

Bellas jóvenes.

En un mundo tan romántico, la belleza lo es todo; mas aun en lo más recóndito de una sociedad llena de curiosidad y mal agüero, la flor más pequeña y sencilla es la más fácil de querer, de apreciar, de anhelar... de amar.

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A.B.G.L
estoy trabajando en los próximos capitulo para una publicación sin demora, gracias por tu apoyo y espera ☺️
Ichuu
cómo siempre muy buenas tus novelas, actualiza más seguido! ♥️
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