Cuando la persona que dice amarte se convierte en un extraño y te abandona embarazada diciendo que solo eres un ancla y un lastre en su vida, solo te queda una cosa por hacer: "Convertirte en Reina"
NovelToon tiene autorización de Betsi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Promesas de papel
—Algún día, Isabella, este departamento será solo un mal recuerdo. Te voy a construir una casa donde el sol entre por cada ventana y no tengas que trabajar ni un solo día de tu vida.
Las palabras de Julián vibraban contra mi cuello mientras me abrazaba por la espalda. Estábamos en nuestra pequeña cocina, compartiendo una taza de café barato para engañar al frío de la República de Altea. En ese entonces, sus manos no vestían puños de seda, sino que estaban manchadas de grasa y tinta de los planos de ingeniería que estudiaba sin descanso.
—No me importa el lujo, Julián —le respondí aquella noche, apoyando mi cabeza en su hombro—. Me importa que estemos juntos. Con que logres graduarte y seas feliz, yo soy feliz.
Él me giró para mirarme a los ojos. En aquel tiempo, su mirada parecía cargada de una sinceridad absoluta, una que hoy me quema recordar.
—Lo voy a lograr por ti. Porque te convertiste en mi motor. Eres el ángel que me sostiene, Isabella. Sin tus turnos extra en la agencia de seguridad, yo no sería nada. Te prometo que te devolveré cada gota de sudor multiplicada por mil.
Esa promesa había sido mi alimento durante tres años. Había sido el abrigo que me cubría cuando caminaba bajo la lluvia hacia mi trabajo, el consuelo cuando mis pies hinchados no daban más. Yo no veía mis sacrificios como una carga; los veía como una inversión en nuestro amor. Él era el talento, y yo era la fuerza que permitía que ese talento brillara.
Presente.
El eco de aquellas promesas resonó en mi mente como una burla cruel mientras observaba la maleta de cuero negro junto a la puerta de nuestro departamento. El contraste era violento. Julián ya no era el joven soñador de ojos brillantes; era un hombre de facciones endurecidas, vestido con un traje que costaba más que tres meses de mi sueldo.
Había logrado su objetivo. Tenía el título, tenía las ofertas y, de repente, parecía que yo ya no formaba parte del paisaje de su éxito.
—¿Julián? —mi voz salió quebrada, rompiendo el silencio sepulcral—. ¿Qué significa esa maleta? ¿Es por el contrato que mencionaste ayer? Pensé que celebraríamos juntos que finalmente lo lograste.
Tenía el sobre del laboratorio escondido tras mi espalda. Un "positivo" que debía ser el broche de oro para nuestra lucha. Quería decirle que nuestras promesas ya no eran solo para nosotros dos, que ahora había una vida nueva creciendo en mi interior.
Él suspiró, un sonido cargado de impaciencia, como si mi presencia fuera un trámite molesto que debía resolver antes de marcharse.
—Se acabó, Isabella —dijo, sin un ápice de emoción—. Me voy a la capital del norte. He firmado con una firma automotriz de prestigio. Es el inicio de mi verdadera vida.
—¿Tu verdadera vida? —repetí, sintiendo un vacío frío expandirse en mi pecho—. ¿Y qué fue todo esto? ¿Los años de esfuerzo, las noches en vela, mi apoyo incondicional? Dijiste que lo hacías por nosotros.
Julián soltó una risa seca, desprovista de humor, mientras ajustaba el nudo de su corbata frente al espejo que yo misma había limpiado esa mañana.
—Eso fue lo que necesité decir para llegar hasta aquí. Fuiste un buen apoyo, no lo niego, pero seamos realistas: nuestras metas ya no coinciden. Yo voy hacia la cima, Isabella. Y tú... tú perteneces a este mundo de departamentos pequeños y empleos de vigilancia.
—No puedes estar hablando en serio —di un paso hacia él, con el sobre temblando en mi mano—. Julián, estoy embarazada. Esperamos un hijo.
El tiempo pareció congelarse. Por un segundo, esperé ver una grieta en su armadura de hielo. Pero lo que vi fue algo mucho peor: fastidio.
—¿Ahora? —preguntó con voz gélida—. Qué falta de oportunidad, Isabella. Si crees que un niño me va a encadenar a esta mediocridad, estás muy equivocada. Ese bebé es tu responsabilidad. Yo no puedo permitir que nada me detenga ahora. Eres un lastre, y un hijo solo sería un ancla más pesada.
Lastre. Ancla.
Las palabras que antes usaba para llamarme "motor" y "ángel" se habían transformado en insultos que buscaban hundirme.
—Vete —susurré, sintiendo cómo el amor que le tenía se convertía en cenizas calientes dentro de mi garganta—. Vete antes de que termine de darme asco el hombre que alguna vez creí que eras.
Él no esperó a que se lo dijera dos veces. Tomó su maleta, abrió la puerta y salió sin mirar atrás. El sonido del clic de la cerradura fue el disparo de salida de mi nueva realidad.
Me dejé caer al suelo, apretando el sobre contra mi pecho. El estofado seguía calentándose en la cocina, llenando el aire de una promesa de hogar que ahora era solo una mentira.
—Se equivocó, mi pequeño Ángel —murmuré entre lágrimas, mientras la rabia empezaba a ganarle terreno al dolor—. No somos un lastre. Somos el fuego que va a construir algo que él nunca podrá alcanzar.
Esa noche, en la oscuridad de un departamento que se sentía más pequeño que nunca, Isabella Santoro dejó de ser la sombra de un hombre para empezar a ser la arquitecta de su propio destino.
Autora dramatisas mucho en cada capítulo y describes demasiado cosas que no son tan importantes y esto evita que avances con la historia y aclares lo verdaderamente importante
ósea marido y mujer
necesito claridad en esa relación
gracias autora activa 🎁👍
y todavía no entiendo esa relación
de Facundo y Elena🤔🤔