Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
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RENUNCIAS BAJO EL MISMO SOL.
Era un día normal.
El sol brillaba para todos, sin distinción. No importaba si eras rico o pobre, si trabajabas o eras desempleado. Todos vivían bajo el mismo cielo… aunque algunos lo hacían encadenados a la rutina de las grandes corporaciones.
Empresas gigantescas donde miles competían entre sí, buscando sobresalir, esperando un ascenso que casi nunca llegaba… o al menos un aumento que hiciera el esfuerzo un poco más soportable.
Había una frase que ambos conocían bien:
"El rico es rico porque nunca gasta."
O al menos eso era lo que Jinxiao Gu y Lin Hao pensaban.
Ellos eran chicos sobresalientes. Se conocieron cuando eran niños, en una etapa difícil para uno de ellos. La madre de Lin había escapado con su amante, dejando atrás a su hijo y a su esposo. En ese momento, la madre de Jinxiao, al ver la situación, no dudó en acercarse, brindar apoyo y acompañarlos en esos días oscuros.
Con el tiempo, ese apoyo se convirtió en algo más.
Años después, sus padres terminaron casándose cuando ambos alcanzaron la mayoría de edad.
Desde entonces, no solo eran mejores amigos.
Eran familia.
Hermanos.
—Estoy cansado, el jefe me va a causar una úlcera estomacal —murmuró Lin Gao, apoyando ambas manos en el lavabo mientras se miraba al espejo con ojeras marcadas.
—Ni que lo digas —respondió Jinxiao, cruzado de brazos, apoyado contra la pared—. ¿No escuchaste que despidió a dos nuevos solo porque excluyeron su nombre de un proyecto?
Lin soltó una risa amarga.
—¿Cómo no? Si prácticamente gritó en toda la oficina. Ese hombre necesita terapia… o un golpe de realidad.
Ambos estaban en el baño de la empresa, aprovechando ese pequeño refugio para quejarse de su jefe explotador.
Llevaban tres años trabajando ahí.
Tres años con el mismo salario.
Tres años en los mismos escritorios.
Tres años de promesas vacías.
—¿Y qué es lo peor? —continuó Lin, girándose hacia Jinxiao—. Que lo hemos intentado. Una y otra vez.
Jinxiao suspiró con pesadez.
—“No están listos para el puesto” —repitió con voz monótona, imitando a su jefe—. Siempre dice lo mismo.
—Claro, porque “listos” significa ser su lamebotas personal —bufó Lin.
El silencio cayó por un momento.
Un silencio pesado.
Cansado.
—Oye… —dijo Lin de pronto, con una media sonrisa—. ¿Crees que algún día podamos vivir rodeados de lujos sin tener que trabajar?
Jinxiao alzó una ceja.
—¿Sin trabajar? Eso suena más a fantasía que a meta.
—Déjame soñar, ¿sí? —respondió Lin, rodando los ojos—. Ya suficiente tengo con esta vida.
Jinxiao sonrió levemente, pero sus ojos no reflejaban humor.
—Seamos positivos —dijo finalmente—. Si nos vuelve a rechazar, le contamos a su esposa que lo vimos en el estacionamiento con su secretaria.
Lin soltó una carcajada.
—Eso sí sería entretenimiento de calidad.
Ambos rieron, sin imaginar que esas palabras no quedarían solo entre ellos.
No sabían que, del otro lado de la puerta…
Alguien había escuchado todo.
La esposa de su jefe.
Y no tardó en actuar.
Minutos después, la empresa entera se convirtió en un campo de batalla.
—¡Eres un infiel! —se escuchó gritar desde el pasillo principal.
—¡Cálmate! ¡Esto no es lo que parece! —respondía una voz masculina desesperada.
—¡¿No es lo que parece?! ¡Te vi, maldito! ¡Y no solo eso, también sé lo del dinero!
Los empleados salían de sus cubículos, murmurando, observando el espectáculo con sorpresa y morbo.
Lin y Jinxiao intercambiaron miradas.
—…Creo que alguien nos escuchó —susurró Lin.
—Definitivamente alguien nos escuchó —respondió Jinxiao, llevándose una mano a la frente.
El caos duró un buen rato.
Gritos.
Acusaciones.
Amenazas.
Hasta que finalmente… silencio.
Un silencio incómodo.
Pesado.
Y entonces…
Fueron llamados.
Ambos entraron a la oficina con una sensación clara de que nada bueno les esperaba.
Su jefe los miraba con el ceño fruncido, el rostro enrojecido de ira.
—¿Es que acaso ustedes no saben cerrar la boca? —escupió con evidente molestia.
—Nosotros no… —intentó Jinxiao.
—¡No digan que no fueron ustedes! —lo interrumpió, golpeando el escritorio—. Las cámaras los vieron salir del baño.
Encendió la pantalla, mostrando el video de seguridad.
Ambos guardaron silencio.
—…Lo sentimos —dijeron al unísono.
El sermón fue largo.
Tedioso.
Humillante.
Cada palabra parecía diseñada para aplastarlos más.
Hasta que…
—Es por eso que una y otra vez he rechazado sus solicitudes de ascenso —dijo su jefe, acomodándose en su silla con superioridad.
Algo en Lin se rompió.
—¡Es el colmo! —gritó, dando un paso al frente—. ¡No nos asciende porque solo le da esos puestos a sus estúpidos lamebotas!
El aire se volvió denso.
—¡Eso basta para despedirlos! —rugió el jefe.
Jinxiao reaccionó de inmediato, intentando calmar a su amigo.
—Lin, espera—
—¿Pues sabe qué? —lo interrumpió, con la respiración agitada—. ¡RENUNCIO!
Se giró para salir, pero Jinxiao lo sujetó del brazo.
—Espera.
El silencio volvió a caer.
—Más le vale pagarnos el finiquito —dijo Jinxiao con voz firme—. Yo también renuncio… pero antes de irme, déjeme decirle algo.
Soltó a Lin y caminó lentamente hacia el escritorio.
Cada paso era calculado.
Cada mirada… fría.
Se detuvo frente a él.
—Es un bueno para nada —dijo con calma, pero con un filo que cortaba—. Su empresa no logrará mantenerse en pie cuando Hacienda descubra que es un imbécil para malversar fondos… de la empresa de su propia esposa.
El rostro del jefe palideció.
—Y me encargaré de que ella lo sepa todo —continuó—. Así que le sugiero algo…
Se inclinó ligeramente hacia él.
—Si algo nos ocurre… dejaré toda la información en manos de alguien de confianza.
Se enderezó.
—Que tenga linda tarde.
El silencio fue absoluto.
Sin esperar respuesta, Jinxiao se dio la vuelta.
Lin lo miró, sorprendido… y luego sonrió.
—…Eso fue hermoso.
Ambos salieron de la oficina.
Recogieron sus cosas.
Caminando por los pasillos donde habían dejado tanto tiempo de sus vidas… sin mirar atrás.
Y al cruzar la puerta de la empresa…
Por primera vez en años…
Sintieron algo parecido a la libertad.
Sin saber…
Que ese era solo el inicio de su verdadera historia.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲