Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 1: Despertar en problemas
Takumi abrió los ojos con un dolor punzante en la cabeza, como si alguien golpeara su cráneo desde dentro con un martillo invisible. Tardó unos segundos en enfocar la vista. El techo que tenía sobre él era alto, adornado con relieves dorados y telas finas que caían en suaves pliegues. No reconocía nada.
El aire olía distinto. A flores dulces y a algo más… antiguo.
—¿Dónde… estoy? —murmuró, llevando una mano a la sien.
Cada movimiento le provocaba una punzada aguda. Cuando intentó incorporarse, el mareo lo obligó a detenerse. Fue entonces cuando notó que no estaba solo.
Una joven vestida con el uniforme de sirvienta lo observaba con los ojos muy abiertos, como si hubiera visto un fantasma.
—¿Quién… eres tú? —preguntó Takumi, genuinamente confundido.
La reacción fue inmediata.
—¡Mi señor! —gritó ella, llevándose las manos al pecho.
Luego salió corriendo sin mirar atrás, tropezó con su propia falda y cayó de bruces al suelo. Se levantó a toda prisa, murmurando nerviosa, y desapareció por la puerta.
Takumi se quedó mirándola, atónito.
—¿Qué… acaba de pasar…?
Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, la puerta volvió a abrirse. Esta vez entraron dos figuras imponentes. Un hombre alto, de presencia firme, y a su lado un omega masculino de expresión suave pero profundamente angustiada.
—¡Takumi! —exclamó el omega, corriendo hacia él y abrazándolo con fuerza—. Gracias a los cielos… despertaste…
Takumi se quedó completamente rígido.
—¿Takumi…? —repitió—. ¿Me conoce?
El abrazo se tensó.
El hombre alfa dio un paso al frente, observándolo con atención.
—Soy el rey Leonard Darlight —dijo con voz grave—. Y él es Elias Darlight, tu padre.
El mundo de Takumi se inclinó peligrosamente.
—¿Padres…? —susurró.
El dolor en su cabeza se intensificó de golpe, como si algo intentara forzarlo a recordar. Imágenes confusas cruzaron su mente: un castillo, gritos, miradas de desprecio, decisiones erradas… escenas sueltas de un libro que había leído en otra vida.
Un juego otome.
Y entonces, el recuerdo que no pertenecía a ese mundo lo golpeó con claridad brutal.
Un niño llorando.
Un grupo de matones.
Él corriendo sin pensar.
El impacto.
La oscuridad.
Takumi había muerto salvando a alguien.
El pecho le dolió.
—Me duele… —murmuró, apretando la sábana—. La cabeza…
—¡Llamen al médico! —ordenó Leonard de inmediato.
El médico real llegó poco después. Revisó sus pupilas, tomó su pulso, hizo preguntas simples. Takumi respondió como pudo, cada palabra aumentando la presión en su mente.
Finalmente, el médico se incorporó.
—Su Alteza sufrió una fuerte caída de caballo —explicó—. El golpe provocó amnesia temporal. No recuerda personas, lugares ni eventos recientes. Forzarlo a recordar podría empeorar su estado.
Elias llevó ambas manos a la boca, conteniendo un sollozo.
—Takumi… —susurró—. ¿No me recuerdas?
La pregunta fue como un peso insoportable.
Takumi intentó buscar algo dentro de sí. Un recuerdo, una emoción, cualquier cosa que conectara con ese rostro lleno de amor. Pero lo único que encontró fue dolor.
—Lo siento… —dijo con dificultad—. No recuerdo nada…
El mareo regresó con violencia. Las voces a su alrededor se mezclaron. Elias comenzó a hablar apresuradamente, tratando de ayudarlo a ubicarse.
—Eres el príncipe heredero del reino de Darlight —decía—. Un omega masculino… amado por tu pueblo… por nosotros…
Demasiada información.
Demasiada presión.
El dolor se volvió insoportable.
—No puedo… —susurró Takumi—. No puedo procesar todo…
Su visión se oscureció. El último que sintió fue cómo su cuerpo caía de nuevo sobre la cama, mientras escuchaba voces alarmadas a lo lejos.
Cuando perdió el conocimiento, una idea se formó con claridad absoluta en su mente:
Este cuerpo estaba destinado a un final trágico.
Y si quería sobrevivir…
Tendría que empezar desde cero.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰