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EL CONTRATO

EL CONTRATO

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / CEO
Popularitas:9.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Genesis YEPES

Bienvenido a EL CONTRATO, una historia donde el poder, el dolor y el deseo se entrelazan en una lucha constante entre la supervivencia y el amor. Esta novela no habla solo de contratos ni de dominación, sino de heridas invisibles, decisiones imposibles y del precio que algunas personas deben pagar para proteger a quienes aman. Aquí conocerás a Monserrat Villarreal y Alexander Montenegro, dos almas marcadas por el pasado que deberán enfrentarse no solo entre sí, sino también a sus propios demonios. Prepárate para un viaje intenso, oscuro y emocional donde cada elección cambia destinos y donde el corazón siempre exige su verdad.

NovelToon tiene autorización de Genesis YEPES para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CONDICIONES

El martes comenzó como cualquier otro día.

Reuniones tras reuniones, reuniones programadas, llamadas internacionales, contratos por revisar.

El ritmo dentro de Montenegro Imobiliary no disminuía nunca, y Monserrat se movía por la oficina con la misma precisión que había aprendido a dominar desde hacía meses.

Por fuera, todo parecía igual.

Por dentro, nada lo era.

Ahora cada palabra entre ella y Alexander tenía un peso diferente.

Cada silencio parecía cargado de algo invisible.

—Señor Montenegro.

dijo ella al entrar a su oficina con una carpeta.

—le recuerdo que al final de la semana debe viajar a París para cerrar los contratos con Dubois Holdings.

Alexander levantó la mirada lentamente.

Monserrat seguía leyendo el itinerario como si nada más existiera en esa oficina.

Su voz era clara, profesional, marcada por esa concentración que siempre tenía cuando trabajaba.

Pero él apenas escuchaba las palabras.

Su atención estaba puesta en otra cosa.

La observaba moverse.

El nuevo uniforme, más recatado, no lograba ocultar la forma natural de su cuerpo

. Cada gesto parecía cuidadosamente contenido, aunque ella no fuera consciente de ello.

La tela seguía la línea de su cintura, la caída suave de sus caderas, el equilibrio exacto entre elegancia y simpleza.

Alexander notó cómo el cabello cobrizo caía sobre uno de sus hombros cada vez que inclinaba la cabeza para leer. Los reflejos anaranjados atrapaban la luz de la oficina, convirtiéndose en un contraste inevitable contra su piel clara.

Sus ojos verdes se movían rápidamente de línea en línea, concentrados, ajenos a la forma en que él la estaba mirando.

Eran ojos intensos, demasiado expresivos para alguien que intentaba mantener distancia.

Había algo en esa mirada que siempre parecía a punto de revelar más de lo que ella quería mostrar.

Alexander se sorprendió pensando en lo fácil que sería romper esa concentración.

Bastaría una palabra, un gesto, para hacer que esos ojos dejaran el papel y buscaran los suyos.

Sus labios se movían mientras hablaba, suaves, definidos, sin esfuerzo.

No había exageración en ellos, solo naturalidad.

Y quizás era eso lo que más lo desconcertaba: Monserrat no intentaba llamar la atención, y aun así lo hacía.

Cada movimiento era discreto, pero su presencia llenaba el espacio.

Era la combinación lo que lo inquietaba.

El contraste entre la imagen profesional y la feminidad evidente que parecía escapar incluso cuando ella trataba de mantener todo bajo control.

Alexander apoyó los dedos sobre el escritorio, obligándose a mantener la distancia.

Había aprendido a esperar.

Había esperado meses.

Y ahora que ella estaba allí, tan cerca, podía sentir la tensión creciendo como una cuerda demasiado estirada.

No era solo deseo. Era curiosidad. Era la necesidad de descubrir qué había debajo de esa apariencia firme, qué pasaría si dejaba de actuar como su asistente y lo miraba como mujer.

Pensó en lo fácil que sería distraerla.

En lo rápido que cambiaría la atmósfera si él decidía romper esa línea invisible entre ambos.

Pero no lo hizo.

Todavía no...

Porque Alexander Montenegro sabía que el verdadero poder no estaba en tomar algo rápido, sino en esperar el momento exacto… cuando ya no hubiera vuelta atrás.

Y al verla frente a él, leyendo con toda esa calma fingida, tuvo la certeza silenciosa de que ese momento estaba           cada vez más cerca.

Pero ahora… la espera comenzaba a sentirse demasiado larga.

—¿Señor?

preguntó Monserrat al notar su silencio.

Alexander parpadeó, regresando al presente.

—Continúe.

dijo con voz baja.

Ella terminó de explicar el itinerario y dejó la carpeta sobre el escritorio.

Cuando se giró para salir, él la detuvo.

—Monserrat.

Ella se volvió.

Alexander abrió un cajón y sacó otra carpeta más delgada.

La colocó frente a ella.

—Esto también debes revisarlo.

Monserrat frunció ligeramente el ceño y abrió el documento.

Sus ojos se movieron rápidamente por las líneas.

Era… otro itinerario.

Pero no profesional.

Era personal.

El encabezado decía:

Condiciones de Disponibilidad Personal—Acuerdo Privacidad

El aire pareció detenerse.

—¿Qué es esto?

preguntó en voz baja.

Alexander se apoyó en el respaldo de la silla, observándola cuidadosamente.

—Es la parte práctica del contrato.

dijo con calma.

—Quiero evitar malentendidos.

Monserrat siguió leyendo.

El documento era claro.

 4 días a la semana.

Martes, jueves, Viernes y domingos.

Disponibilidad completa si él la requería fuera del horario laboral.

Sin excusas.

Sin discusiones.

Sintió un nudo en el estómago.

No eran palabras románticas ni insinuaciones suaves.

Era frío.

Metódico.

Como un acuerdo empresarial más.

—Esto es… muy específico.

murmuró.

—Prefiero las reglas claras.

respondió él.

Ella levantó la mirada.

Por un segundo, sus ojos se encontraron.

Monserrat sintió algo entre miedo y resignación.

—Entiendo.

dijo finalmente.

Alexander asintió.

Había algo en ella que aún luchaba contra lo inevitable, y él lo veía.

Pero también sabía que había aceptado.

Y eso cambiaba todo.

Cuando ella salió de la oficina, Alexander abrió el sobre que había llegado esa mañana.

Informe médico.

El de la doctora.

Lo abrió distraídamente, revisando solo los primeros párrafos.

Todo parecía en orden.

Aprobación médica general.

Sin problemas de salud relevantes.

Sus ojos recorrieron la hoja rápidamente antes de dejarla a un lado.

No terminó de leerlo completo.

Tenía reuniones pendientes.

El detalle más importante quedó sin notar.

Esa tarde, cuando Monserrat regresó con unos documentos firmados, Alexander le extendió una caja pequeña.

Ella lo miró confundida.

—¿Qué es?

—Un teléfono nuevo.

respondió.

—Sólo para comunicación privada.

Ella lo tomó con cuidado.

—Ahí tienes mi número directo.

añadió.

—Y el contacto de tu chofer.

—¿Chofer?

—Te recogerá en casa, en la oficina o en el hospital si lo necesitas.

Monserrat lo miró sorprendida.

—No era necesario…

—Ahora lo es.

dijo él con firmeza.

No había espacio para discutir.

Ella asintió.

El resto del día transcurrió normal.

Demasiado normal para todo lo que había cambiado.

Al final de la jornada, Monserrat salió del edificio con el nuevo teléfono en el bolso y una sensación extraña en el pecho.

El cielo empezaba a oscurecer cuando llegó a su apartamento.

Por primera vez en mucho tiempo, el lugar se sintió distinto.

Silencioso.

Extraño.

Se sentó en el borde de la cama y miró los papeles sobre la mesa.

El contrato había comenzado oficialmente.

El hospital estaba cubierto.

La búsqueda de su hermano financiada.

La universidad asegurada.

Todo estaba funcionando exactamente como decía el acuerdo.

Y eso la asustaba más de lo que quería admitir.

Porque significaba que ahora no tenía excusas.

Ya no era una lucha contra el mundo.

Ahora era una lucha contra ella misma.

Una hora después, el nuevo teléfono vibró.

Un mensaje.

Chofer:

-Señorita Monserrat, ya estoy abajo para cuando usted lo desee.

Ella miró la pantalla en silencio.

El peso de la decisión cayó sobre sus hombros nuevamente.

Sabía lo que significaba bajar.

Sabía lo que representaba subir a ese auto.

Era el primer paso real.

El inicio de algo que ya no podía detener.

Monserrat cerró los ojos, respirando lentamente.

El teléfono seguía brillando en sus manos.

Y el mundo parecía esperar su respuesta.

1
Martha Alvarez
sería bueno saber si vas a terminar de escribir la novela por respeto a los que la estábamos leyendo
GENESIS YEPES: la novela será escrita y termianada. Solo estoy esperando información de contrato de la aplicación.
gracias por la compresión🥰
total 2 replies
Abdona Ozuna
siempre lo mismo no hay nada completo en las publicaciones. una lástima
Abdona Ozuna
siempre lo mismo no hay nada completo en las publicaciones. una lástima
Edith Quintana
Y la actualización
Rosmery beltre
es muy buena
Rosalía Reyes
me encanta, es muy interesante
Rosalía Reyes
me encanta, es muy interesante
evangelina roger
me encanta❣️
Wendy Yasmin Garcia izquierdo
hermoso 😍
Linda Casalins
Hermoso !!!💕
Nefer Adriana Rodrìguez Soto
Me gusta como describe cada situación.
Nefer Adriana Rodrìguez Soto
Me gusta la historia, aún mucho por desarrollar; qué ocurrió con los padres, la fortuna; quién está detrás de toda esa desgracia de l familia Villarreal.
lisbeth mijares
ahí Monserrat tendrás que entregarte por tu familia 🥹
lisbeth mijares
🥹🥹🥹🥹
lisbeth mijares
pobre Monserrat 🥹🥹🥹🥹
lisbeth mijares
super guapo el protagonista 😍
lisbeth mijares
quieres rendirte a ese papacito 🤣🤭
lisbeth mijares
pobre Monserrat si que le ha tocado duro muy duro 🥹🥹🥹🥹
lisbeth mijares
interesante comienzo 👌
mitsuja
es hermosa está obra no la dejes de escribir yo te apoyo/Drool//Drool/
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