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EL CONTRATO

EL CONTRATO

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / CEO
Popularitas:33.3k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Genesis YEPES

Bienvenido a EL CONTRATO, una historia donde el poder, el dolor y el deseo se entrelazan en una lucha constante entre la supervivencia y el amor. Esta novela no habla solo de contratos ni de dominación, sino de heridas invisibles, decisiones imposibles y del precio que algunas personas deben pagar para proteger a quienes aman. Aquí conocerás a Monserrat Villarreal y Alexander Montenegro, dos almas marcadas por el pasado que deberán enfrentarse no solo entre sí, sino también a sus propios demonios. Prepárate para un viaje intenso, oscuro y emocional donde cada elección cambia destinos y donde el corazón siempre exige su verdad.

NovelToon tiene autorización de Genesis YEPES para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CONDICIONES

El martes comenzó como cualquier otro día.

Reuniones tras reuniones, reuniones programadas, llamadas internacionales, contratos por revisar.

El ritmo dentro de Montenegro Imobiliary no disminuía nunca, y Monserrat se movía por la oficina con la misma precisión que había aprendido a dominar desde hacía meses.

Por fuera, todo parecía igual.

Por dentro, nada lo era.

Ahora cada palabra entre ella y Alexander tenía un peso diferente.

Cada silencio parecía cargado de algo invisible.

—Señor Montenegro.

dijo ella al entrar a su oficina con una carpeta.

—le recuerdo que al final de la semana debe viajar a París para cerrar los contratos con Dubois Holdings.

Alexander levantó la mirada lentamente.

Monserrat seguía leyendo el itinerario como si nada más existiera en esa oficina.

Su voz era clara, profesional, marcada por esa concentración que siempre tenía cuando trabajaba.

Pero él apenas escuchaba las palabras.

Su atención estaba puesta en otra cosa.

La observaba moverse.

El nuevo uniforme, más recatado, no lograba ocultar la forma natural de su cuerpo

. Cada gesto parecía cuidadosamente contenido, aunque ella no fuera consciente de ello.

La tela seguía la línea de su cintura, la caída suave de sus caderas, el equilibrio exacto entre elegancia y simpleza.

Alexander notó cómo el cabello cobrizo caía sobre uno de sus hombros cada vez que inclinaba la cabeza para leer. Los reflejos anaranjados atrapaban la luz de la oficina, convirtiéndose en un contraste inevitable contra su piel clara.

Sus ojos verdes se movían rápidamente de línea en línea, concentrados, ajenos a la forma en que él la estaba mirando.

Eran ojos intensos, demasiado expresivos para alguien que intentaba mantener distancia.

Había algo en esa mirada que siempre parecía a punto de revelar más de lo que ella quería mostrar.

Alexander se sorprendió pensando en lo fácil que sería romper esa concentración.

Bastaría una palabra, un gesto, para hacer que esos ojos dejaran el papel y buscaran los suyos.

Sus labios se movían mientras hablaba, suaves, definidos, sin esfuerzo.

No había exageración en ellos, solo naturalidad.

Y quizás era eso lo que más lo desconcertaba: Monserrat no intentaba llamar la atención, y aun así lo hacía.

Cada movimiento era discreto, pero su presencia llenaba el espacio.

Era la combinación lo que lo inquietaba.

El contraste entre la imagen profesional y la feminidad evidente que parecía escapar incluso cuando ella trataba de mantener todo bajo control.

Alexander apoyó los dedos sobre el escritorio, obligándose a mantener la distancia.

Había aprendido a esperar.

Había esperado meses.

Y ahora que ella estaba allí, tan cerca, podía sentir la tensión creciendo como una cuerda demasiado estirada.

No era solo deseo. Era curiosidad. Era la necesidad de descubrir qué había debajo de esa apariencia firme, qué pasaría si dejaba de actuar como su asistente y lo miraba como mujer.

Pensó en lo fácil que sería distraerla.

En lo rápido que cambiaría la atmósfera si él decidía romper esa línea invisible entre ambos.

Pero no lo hizo.

Todavía no...

Porque Alexander Montenegro sabía que el verdadero poder no estaba en tomar algo rápido, sino en esperar el momento exacto… cuando ya no hubiera vuelta atrás.

Y al verla frente a él, leyendo con toda esa calma fingida, tuvo la certeza silenciosa de que ese momento estaba           cada vez más cerca.

Pero ahora… la espera comenzaba a sentirse demasiado larga.

—¿Señor?

preguntó Monserrat al notar su silencio.

Alexander parpadeó, regresando al presente.

—Continúe.

dijo con voz baja.

Ella terminó de explicar el itinerario y dejó la carpeta sobre el escritorio.

Cuando se giró para salir, él la detuvo.

—Monserrat.

Ella se volvió.

Alexander abrió un cajón y sacó otra carpeta más delgada.

La colocó frente a ella.

—Esto también debes revisarlo.

Monserrat frunció ligeramente el ceño y abrió el documento.

Sus ojos se movieron rápidamente por las líneas.

Era… otro itinerario.

Pero no profesional.

Era personal.

El encabezado decía:

Condiciones de Disponibilidad Personal—Acuerdo Privacidad

El aire pareció detenerse.

—¿Qué es esto?

preguntó en voz baja.

Alexander se apoyó en el respaldo de la silla, observándola cuidadosamente.

—Es la parte práctica del contrato.

dijo con calma.

—Quiero evitar malentendidos.

Monserrat siguió leyendo.

El documento era claro.

 4 días a la semana.

Martes, jueves, Viernes y domingos.

Disponibilidad completa si él la requería fuera del horario laboral.

Sin excusas.

Sin discusiones.

Sintió un nudo en el estómago.

No eran palabras románticas ni insinuaciones suaves.

Era frío.

Metódico.

Como un acuerdo empresarial más.

—Esto es… muy específico.

murmuró.

—Prefiero las reglas claras.

respondió él.

Ella levantó la mirada.

Por un segundo, sus ojos se encontraron.

Monserrat sintió algo entre miedo y resignación.

—Entiendo.

dijo finalmente.

Alexander asintió.

Había algo en ella que aún luchaba contra lo inevitable, y él lo veía.

Pero también sabía que había aceptado.

Y eso cambiaba todo.

Cuando ella salió de la oficina, Alexander abrió el sobre que había llegado esa mañana.

Informe médico.

El de la doctora.

Lo abrió distraídamente, revisando solo los primeros párrafos.

Todo parecía en orden.

Aprobación médica general.

Sin problemas de salud relevantes.

Sus ojos recorrieron la hoja rápidamente antes de dejarla a un lado.

No terminó de leerlo completo.

Tenía reuniones pendientes.

El detalle más importante quedó sin notar.

Esa tarde, cuando Monserrat regresó con unos documentos firmados, Alexander le extendió una caja pequeña.

Ella lo miró confundida.

—¿Qué es?

—Un teléfono nuevo.

respondió.

—Sólo para comunicación privada.

Ella lo tomó con cuidado.

—Ahí tienes mi número directo.

añadió.

—Y el contacto de tu chofer.

—¿Chofer?

—Te recogerá en casa, en la oficina o en el hospital si lo necesitas.

Monserrat lo miró sorprendida.

—No era necesario…

—Ahora lo es.

dijo él con firmeza.

No había espacio para discutir.

Ella asintió.

El resto del día transcurrió normal.

Demasiado normal para todo lo que había cambiado.

Al final de la jornada, Monserrat salió del edificio con el nuevo teléfono en el bolso y una sensación extraña en el pecho.

El cielo empezaba a oscurecer cuando llegó a su apartamento.

Por primera vez en mucho tiempo, el lugar se sintió distinto.

Silencioso.

Extraño.

Se sentó en el borde de la cama y miró los papeles sobre la mesa.

El contrato había comenzado oficialmente.

El hospital estaba cubierto.

La búsqueda de su hermano financiada.

La universidad asegurada.

Todo estaba funcionando exactamente como decía el acuerdo.

Y eso la asustaba más de lo que quería admitir.

Porque significaba que ahora no tenía excusas.

Ya no era una lucha contra el mundo.

Ahora era una lucha contra ella misma.

Una hora después, el nuevo teléfono vibró.

Un mensaje.

Chofer:

-Señorita Monserrat, ya estoy abajo para cuando usted lo desee.

Ella miró la pantalla en silencio.

El peso de la decisión cayó sobre sus hombros nuevamente.

Sabía lo que significaba bajar.

Sabía lo que representaba subir a ese auto.

Era el primer paso real.

El inicio de algo que ya no podía detener.

Monserrat cerró los ojos, respirando lentamente.

El teléfono seguía brillando en sus manos.

Y el mundo parecía esperar su respuesta.

1
Kenyibel Carolina Ordoñes de castillo
Autora te olvidaste de nosotras ojalá subas hoy por favor ojalá suba varios ya nos tienes comiéndonos las uñas
Grciela Calanducci
QUE FALTA DE RESPETO A NOSOTRAS, LAS LECTORAS/Frown/
mitsuja
me emocioné tanto hayyyy que emoción 🥰🥰🥰 estoy inspirada querida felicidades por tu obra 🥰🥰me inspire está emocionante tu obra te apoyo🥰🥰
Yuleima Lucena
vamos Monserrat pídele ayuda a Alex para que vayas a buscar a tu hermano y yo no estés tan sola
Kenyibel Carolina Ordoñes de castillo
Hay dios mío ojalá sea rápido ese encuentro y que Alexander la ayude que Monserrat se deje ayudar para que no cargue tanto peso solita Autora sigue así y sube más capitulos por favor 🥹🥹🥹🙏🏽🙏🏽🙏🏽
Ana Lilia Rueda Jimenez: si xfaaaa
total 1 replies
Yuleima Lucena
mas capitulos porfis 😍
Monica Carmona
pensé que estaba completa
Monica Carmona
esta bien metida en la novela y que paso ya no hay más capítulos?
Yuleima Lucena
Que paso, si estaban bien Monserrat
Mony Hernández
excelente,muy buena historia
Linda Casalins
Encantada con la historia 💕
GENESIS YEPES
Si, te entiendo pero recuerda que somos humanos;no robo y si lo hago asi, descuido mi vida académica, social, sentimental y familiar.
Considero que realmente voy muy bien porque el libro no tiene ni uno mes de publicar y ya lleva 45 capítulos, y mas de 52800 palabras y eso mucho realmente.
y recuerden que la inspiración es calva y hay que agarrar con los pelo(para esto quiero decir que desde que le llega una escena, una inspiración de que agregarle y tengo el tiempo me pongo a escribirla).
tenga un poco de paciencia.
Yuleima Lucena: ojalá puedan reencontrarse los hermanos y los tíos para que vuelvan hacer una familia
total 2 replies
Georgina Muñoz
Muy buena historia, el problema es que, se tardan tanto entre un capítulo y otro que, se olvida un poco lo leído anteriormente.
Ojalá se pudiera leer de una o tal vez un corte en el medio.
yuyis: estoy confundida en la secuencia de la novela me perdí algo???
total 1 replies
Maria Can Canul
puera pendejadas que aburrida
Blancaluz Pechchan
😢
Blancaluz Pechchan
muy hermosa historia escritora. muchas gracias
Yuleima Lucena
está súper buenísima me tiene enganchada que quiero leer más y más, mas capitulos porfis
Yuleima Lucena
no puede ser ese desgraciado le hizo creer que Monserrat está muerta ojalá puedan reencontrarse
Kenyibel Carolina Ordoñes de castillo: autora sube más y trata de que los hermanos se encuentren 🥹
total 2 replies
Marina Mendoza
ella no se dió su puesto, cualquiera la besa
Marina Mendoza
y a mie parece ya fastidió la actitud de ella.
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