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El Omega Que Amo Al Villano

El Omega Que Amo Al Villano

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / BL / Completas
Popularitas:14.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Elías era un estudiante de arquitectura solitario, tímido y sensible. Vivía para dibujar, cantar en silencio y refugiarse en novelas románticas donde el amor era intenso y absoluto. Tras la muerte de su abuela —la única persona que lo comprendía—, su mundo quedó vacío… hasta que una historia BL cambió su destino.
En aquella novela, el villano llamó su atención más que nadie:
un alfa poderoso, frío y temido, el gran duque del norte.
Un hombre incomprendido, marcado por una infancia cruel y condenado a morir solo entre el hielo.
Elías lo entendió.
Y lo amó… aun sin existir.
Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Tras perder la vida en un accidente, Elías despierta reencarnado en un mundo de fantasía, convertido en un omega masculino, de belleza delicada y mirada tierna. El mundo de la novela es ahora real… y el duque del norte también.
Esta vez, Elías no piensa ser un espectador.
Esta vez, no permitirá que el villano muera solo.
Entre jerarquías alfa–omega, heridas del pasado y

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1:El chico que soñaba con otros mundos

Elías siempre había sentido que existía ligeramente fuera de lugar, como si su presencia no terminara de encajar en el mundo que lo rodeaba. Caminaba por los pasillos de la universidad con la mirada baja, cargando tubos de planos y cuadernos gastados, invisible entre risas ajenas y conversaciones que parecían pertenecer a otra realidad. Estaba en segundo año de Arquitectura, y aunque pocos conocían su nombre, muchos profesores sabían quién era: el chico que dibuja demasiado bien.

Sus manos tenían un don especial. Cuando sostenía un lápiz, el mundo se ordenaba. Las líneas surgían suaves, precisas, cargadas de intención. No dibujaba solo estructuras; dibujaba refugios, espacios donde alguien podría sentirse seguro. Quizás porque, en el fondo, eso era lo que él siempre había buscado.

Vivía solo en un departamento pequeño, de paredes claras y ventanas altas que dejaban entrar una luz fría por las mañanas. Hasta hacía poco, no estaba solo. Su abuela había vivido con él desde que comenzó la universidad. Ella llenaba el espacio con gestos simples: el sonido de la tetera, una manta acomodada sobre el sillón, preguntas suaves sobre si había comido bien.

Su muerte fue silenciosa, como ella misma.

No hubo grandes despedidas ni palabras finales. Solo un vacío que se instaló en cada rincón del departamento. Elías aún se sorprendía girando la cabeza cuando creía escuchar sus pasos, o guardándole una taza de té por costumbre. En las noches, el silencio pesaba tanto que a veces le costaba respirar.

No tenía amigos. Nunca los tuvo realmente. Siempre fue demasiado tímido, demasiado callado, demasiado… sensible. Mientras otros reían sin pensar, él analizaba cada palabra antes de decirla, temiendo equivocarse, temiendo no ser suficiente. Así que aprendió a estar solo. A no necesitar a nadie. O eso se decía.

Había algo que sí compartía con el mundo, aunque nadie lo supiera: cantaba.

Solo cuando estaba completamente solo.

Su voz era cálida, profunda, cargada de una emoción difícil de explicar. No cantaba para ser escuchado; cantaba para sobrevivir. Cada nota era una forma de liberar aquello que no podía decir en voz alta. A veces imaginaba que alguien lo escuchaba desde lejos y entendía todo sin necesidad de palabras.

Pero cuando terminaba, el silencio regresaba.

Las noches eran su refugio. Se acomodaba en la cama, rodeado de libros y novelas románticas. Mundos lejanos, historias donde el amor era intenso, casi doloroso, pero real. Allí nadie dudaba, nadie se quedaba solo para siempre. Elías leía con el corazón apretado, soñando despierto con pertenecer a uno de esos universos.

Soñaba con ser elegido.

Una tarde gris, mientras vagaba sin rumbo por una librería para escapar de la soledad del departamento, una vendedora lo observó durante largo rato. Él recorría los estantes de siempre, dudando, sin decidirse.

—Creo que esta podría gustarte —dijo ella finalmente, extendiéndole un libro.

Elías tomó la novela con cuidado. Era BL. Dudó. Nunca había leído algo así, pero algo en la portada lo llamó. Asintió en silencio y la compró.

Esa noche, no pudo soltarla.

Leyó página tras página, absorbido por la historia, por los conflictos, por la intensidad de los sentimientos. Sin embargo, no fue el protagonista quien se quedó con su corazón.

Fue el villano.

El gran duque del norte.

Un alfa temido, frío, poderoso. Retratado como cruel, distante, casi inhumano. Pero Elías veía algo que el resto del mundo parecía ignorar. Entre líneas, entre escenas de dureza, él percibía el abandono, la soledad, la infancia rota.

Un niño criado sin afecto.

Un joven que aprendió a sobrevivir solo.

Un hombre que jamás fue amado como merecía.

Elías entendía ese dolor. Lo reconocía.

Cuando llegó al final y leyó que el duque moría solo, rodeado de hielo, sin nadie que pronunciara su nombre con cariño, algo se quebró dentro de él. Cerró el libro lentamente, las manos temblando.

—No era malo… —susurró, con la voz rota—. Solo estaba solo.

Las lágrimas cayeron sin que pudiera detenerlas. Pensó en su abuela. En cómo algunas personas viven toda su vida sin ser comprendidas. En cómo el mundo decide quién merece amor… y quién no.

Esa noche, el cansancio lo venció rápidamente. Se acostó con el libro aún cerca del pecho, como si quisiera proteger a ese duque olvidado incluso en sueños.

Durmió profundamente.

Despertó sobresaltado.

El reloj marcaba una hora imposible. Llegaba tarde. Demasiado tarde. Elías se levantó de un salto, se vistió a toda prisa y salió corriendo del departamento, el corazón golpeándole con fuerza en el pecho. Su mente aún estaba nublada, atrapada entre el sueño y la realidad.

No escuchó el motor.

No vio las luces.

Solo sintió el impacto.

El mundo giró, el aire se le escapó de los pulmones y, por un instante, pensó en su abuela. En el duque. En el deseo silencioso de no estar solo nunca más.

Luego, nada.

La oscuridad lo envolvió por completo.

Y con ella, el final…

o quizás, el comienzo de algo completamente distinto.

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Yudiela Arboleda
tienes que ser más original cariño por qué no hay problema en que sigas un patrón en tus historias pero los personajes no pueden ser iguales usa más tu imaginación al nombrar a tus personajes ya que tienes tanta audacia para escribir algo tan creativo tienes el talento pero no repitas siempre lo mismo no los personajes o nombres cuando la historia están buena no se es solo mi punto de vista
Yudiela Arboleda: si públicas tus historias es para que leamos nos y comentemos ya mi me gusta leer y exponer mi punto de vista solo eso ☺️
total 2 replies
Franeisi Tarazona
su nombre no era Kael Frostgrave🤔
ANA INOSTROZA: o si gracias es uno de los capitulos q falto corregir
total 2 replies
Jeon Ari
leer esto con cinnamon girl, se siente como flotar jsjsjjss
Pirupiupiu
Muy bonito la narración (⁠´⁠∩⁠。⁠•⁠ ⁠ᵕ⁠ ⁠•⁠。⁠∩⁠`⁠)
ANA INOSTROZA: gracias me alegra que te halla gustados 🥰cariños
total 1 replies
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