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ENAMORADO DEL AMANTE.

ENAMORADO DEL AMANTE.

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado / Triángulo amoroso / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Bai Qi

Me contrato para traducir el corazón de su amante.

Terminé enamorándome de él.

Azren solo quería ayudar a Caeleen Valkrum —dios del baloncesto, multimillonario, el hombre más guapo que había visto nunca— a entender al hombre que le rompió el alma.

Pero cada palabra que analizaba, cada secreto que descifraba sobre Darius, lo acercaba más al abismo de caer por Caeleen.

Cuando sus familias pactan su matrimonio, Azren acepta convertirse en el esposo legal del hombre que ama en secreto. Una alianza sellada con papeles, con anillos, con un "sí, quiero" que Caeleen pronunció mirando a otro.

Porque prefiere quemarse en su tormenta a no tener nada de él.

Aunque sabe que, cuando el fuego se apague...

Caeleen seguirá amando a otro.

Y él habrá perdido todo.

NovelToon tiene autorización de Bai Qi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HOMBRE DE LA PANTALLA.

Mi muñeca dolía. Me la había torcido cayendo de una escalera en la biblioteca. Patético. Un accidente tonto para un tipo común.

"Te lo advertí, poeta" la voz de Leo llegó desde el fondo del pasillo, entre burlona y resignada. "Los libros son lo tuyo, no escalar estanterías. Yo te curo, tú te accidentas. Así funciona."

"No todos podemos ser atletas frustrados con vocación de santo" entré a la clínica y me dejé caer en una silla con más teatro del necesario.

"Santo, no. Realista" me guió hacia la sala de evaluación con una mano en el hombro. "Y tú necesitas un poco de realidad. Siéntate."

"¿Realidad?" suspiré, dejándome manipular como un muñeco. "La realidad es que tengo veinticinco pilas de exámenes y un sueldo que apenas llega para fin de mes. No necesito más realidad, gracias."

Leo arqueó una ceja mientras sus dedos examinaban mi muñeca. Conocía esa mirada. Era la que ponía cada vez que el tema de mi trabajo salía a relucir. La misma que había visto en mi padre la última vez que hablamos, hacía ya tres meses.

"Podrías estar en otro lado, ¿sabes?" dijo, con esa cautela fingida de quien sabe que pisa terreno minado. "En una oficina. Con un sueldo decente. En lugar de…"

"¿En lugar de hacer lo que me gusta?" lo interrumpí, más brusco de lo que quería.

"En lugar de vivir en un estudio de cuarenta metros y preocuparte por llegar a fin de mes." completó él, sin inmutarse. Quince años de amistad le daban derecho a ignorar mis cambios de humor. "Solo digo que tus padres…"

"Mis padres" corté, y la palabra todavía escocía "tienen una empresa textil que factura millones, una casa enorme y un cuadro en la pared que vale más que este edificio. Y yo elegí esto. ¿Sabes qué? No me arrepiento."

Leo soltó un suspiro. De esos largos, de rendición.

"Ya, ya. El hijo pródigo que prefirió la poesía a los números. Lo sé, Azren. Llevo años escuchándolo. Pero a veces me pregunto si no elegiste esta vida también por… ya sabes."

"¿Por qué?"

"Porque es lo contrario de lo que ellos esperan. Porque así marcas distancia. Porque duele menos fracasar en algo que elegiste que tener éxito en algo que te impusieron."

Abrí la boca para responder, pero no encontré las palabras. Maldito Leo y su manía de dar justo en el clavo.

"Relájate" dijo, cambiando de tema con la naturalidad de quien sabe cuándo soltar. "El esguince es leve. Hielo, reposo, y por favor, quédate en el suelo un rato. Ahora, ¿en qué mundo andas?"

Pero yo ya no estaba en la sala.

Mi mirada se había escapado por el ventanal que daba a las canchas. Y allí, en la penumbra de la tarde, estaba él.

Alto. Espalda ancha. Una camiseta negra de tirantes, pegada al cuerpo por el sudor, marcando cada músculo como si alguien lo hubiera esculpido. Lanzaba tiros libres. Swish. Swish. Swish. Puro poder contenido. Hipnótico.

Pero no fue eso lo que me atrapó.

Fue que de repente falló.

El balón dio en el aro y salió rebotado. Caeleen se quedó quieto un momento, mirando el tablero. Y entonces, como si algo le pesara más que el partido, se giró hacia el edificio.

Hacia la ventana.

Hacia mí.

Nuestras miradas se encontraron a través del cristal. Y fue como si el mundo entero se detuviera.

No sé cuánto duró. Segundos, quizá. Pero en ese tiempo, vi algo en sus ojos que no esperaba. No era la mirada de una estrella, ni de un atleta, ni de nadie acostumbrado a que lo miraran. Era otra cosa. Era el cansancio de alguien que lleva años cargando algo muy pesado y de repente se encuentra con un testigo inesperado. Como si por un instante se hubiera olvidado de fingir.

Sus ojos eran de un color ámbar claro, casi dorado con la luz de la tarde. Y me miraron como si pudieran verme de verdad. Como si yo no fuera un extraño cualquiera detrás de un vidrio, sino alguien que acababa de presenciar algo que no debía.

Luego parpadeó. La máscara volvió a su lugar. Se dio la vuelta, recogió el balón y siguió entrenando. Como si nada hubiera pasado.

Pero para mí, todo había pasado.

"Azren" la voz de Leo llegó como desde muy lejos. "¿Me escuchas o te dio algo?"

Tardé en responder. Mi corazón latía demasiado rápido.

"¿Quién es?" pregunté, señalando hacia la cancha.

Leo siguió mi mirada. Su expresión cambió al instante, como si hubiera visto una mala noticia con nombre propio.

"Ah, él" suspiró, frotándose el puente de la nariz. "Nuestro huracán de los martes y jueves. Caeleen Valkrum."

Caeleen. El nombre me golpeó el pecho de una forma que no supe explicar.

"¿Valkrum?" repetí. "¿Como la empresa de logística?"

"¿Lo conoces?" preguntó Leo, sorprendido.

"Mi padre…" empecé, y me detuve. "No. Me suena el apellido, nada más."

"Pues sí, de esa familia. El hijo pródigo, pero al revés que tú." Leo sonrió con ironía. "Él podría estar en un consejo de administración, con traje de miles de euros, firmando contratos. En lugar de eso, se dedica a romperse los huesos en una cancha y gana ochenta millones haciéndolo. Supongo que cada quien elige cómo decepcionar a sus padres."

La ironía no se me escapó. Dos hijos de familias poderosas, cada uno huyendo en direcciones opuestas. Pero yo ya no escuchaba a Leo. Solo podía pensar en esos segundos, en esa mirada que me había dejado sin aire.

"¿Tú lo conoces?" pregunté, tratando de sonar casual.

"Lo suficiente para darte un consejo gratis: aléjate." Leo terminó el vendaje con un tirón seco que me hizo parpadear. "Ese mundo es puro ego, contratos y presión. Tú eres de bibliotecas silenciosas y té frío. Él vive en un torbellino. Son líneas paralelas, Azren. Nunca se cruzan."

Terminó de vendarme y me sostuvo la mirada.

"Y aunque se cruzaran, tú no necesitas más tormentas. Ya bastante tienes con la tuya. ¿Listo?"

Asentí. Pero cuando salí al pasillo, me volví una última vez, contra mi propio juicio.

Caeleen ya se había puesto una sudadera. Recogía su bolsa con movimientos rápidos, eficientes. No me miró. Pero yo no podía dejar de mirarlo a él. Su perfil contra la luz fría de la tarde, la forma en que su presencia llenaba el espacio vacío de la cancha.

Y me fui de allí con una sensación extraña. Como si esa mirada me hubiera dejado una marca que no se ve, pero se siente.

...----------------...

Dos días después, no podía sacármelo de la cabeza.

No los tiros perfectos. No el físico. Esa mirada. Ese segundo en que se le cayó la máscara y me dejó ver algo que probablemente no muestra a nadie.

Necesitaba distraerme. Encendí el televisor sin mirar, solo por el ruido.

«…y sin duda, el MVP de la temporada, el hombre que está reinventando el juego…»

La pantalla lo devoró.

Allí estaba Caeleen, pero transformado. Bañado en sudor y flashes, con una sonrisa triunfal que no llegaba a sus ojos, alzando un trofeo enorme ante un mar de gente enloquecida. La voz del presentador tronaba:

<<¡Caeleen Valkrum! ¡El rey de la cancha! Contrato valuado en ochenta millones, patrocinadores a sus pies, ¡el futuro del baloncesto tiene nombre y apellido!>>

Ochenta millones.

Rey.

Leyenda.

Y yo me quedé mirando la pantalla, buscando en esa imagen al hombre que había visto dos días antes. Al que por un instante se le había escapado el cansancio en los ojos. Al que me había mirado como si yo pudiera entender algo que nadie más entiende.

No lo encontré.

Lo que vi fue un producto. Una máquina de ganar. Un dios del espectáculo.

Y entonces sentí algo que no esperaba. No era admiración. No era deseo. Era otra cosa. Más rara. Más peligrosa.

Era la certeza de que yo había visto algo que el resto del mundo no ve. Una grieta. Una falla. Un momento de humanidad en medio de tanta perfección.

¿Yo? ¿Azren Liáng? ¿El que dijo no a un imperio textil? ¿El que cambió un despacho con vistas por un aula con goteras?

¿Yo, el que vio esa grieta?

Apagué el televisor de un golpe. El silencio fue más ensordecedor que el rugido del estadio. En el reflejo negro de la pantalla, mi rostro me devolvió la mirada. Común. Pálido. Pero con algo nuevo en los ojos. Algo que no había estado antes.

Curiosidad.

Había visto un relámpago. No de lejos, como todo el mundo. Lo había visto de cerca, por un instante, cuando se le escapó un rayo. Y ese rayo me había alcanzado.

Lo más aterrador no era la distancia imposible.

Era que, a pesar de saberlo, a pesar de repetírmelo como un mantra, ya no podía dejar de preguntarme qué más escondía esa mirada.

Y la imagen de Caeleen Valkrum —la del hombre, no la del ídolo— se había grabado en mi cabeza.

Para siempre.

1
;; Aracnea ♡
Me enganché desde el principio. La historia de Azren y Caeleen me tuvo completamente atrapada, pero salí agotada de tanto drama. Azren me sacaba de quicio con lo sumiso que era, dejando que le pasaran por encima una y otra vez. Caeleen es de esos personajes que amas y odias al mismo tiempo: un imbécil con momentos de brillo. Darius me caía fatal al principio, pero terminé entendiéndolo e incluso sintiendo pena por él. Y León... pobre León, el único cuerdo de toda esta historia, merecía mucho más. 10/10
Fany Torres
excelente trabajo bellísima historia me encantó felicito al autor gracias por compartir su talento con nosotros siga así
Thalia
Me encantó, me llegue a enamorar de los personajes, de la trama, de todo. Recomendada 😭
Santy
Me gustó mucho. Disfrute la historia, los altos y bajos de emociones que me generó la trama. Recomendadisima!! /Heart/
Santy
El final que merecían 👏🥰..
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