Al anochecer tenía pensado dirigirme a los cuartos prohibidos a ver sí encontraba información útil, pero terminé en otra circunstancia muy diferente y que no podía rechazar.
Respiré la exquisita escencia de Soran, mientras mis dedos trazaban caminos bajo su ropa. Mi lengua se dejó engatusar por aquella piel suave y sabrosa. Mi alpha gritaba por morderlo y embarazarlo.
¿Cómo terminamos en esta situación?
Debido a una coordinación extraña, Soran y yo salimos a la vez de nuestras habitaciones. Estaban una enfrente de la otra. —¿A dónde ibas?— Le pregunté.
—No podía dormir, así que decidí pasear. El jardín es muy lindo— Aseguró sonriendo. —¿A dónde ibas tú?—
—Oh, bueno, lo mismo— Mentí, no podía decirle que iba a ir a hacer mis investigaciones para convertirme en el demonio que aniquile a las hadas.
—¿Quieres ver el claro de Luna conmigo?—
Ambos caminamos hasta las preciosas fuentes de agua. —Es tranquilo aquí— Se sentó cerrando los ojos.
Ya que estábamos aquí, en un escenario tan romántico podría hacer alguna clase de acercamiento. Acaricié su pierna sutilmente, él dió un respingo. —N-no hagas eso— Mi toque fue menos gentil.
—Parece que tus muslos son tu punto débil— Con mi lengua acaricié su clavícula y oreja.
—Ahm...— Mi mano se movió hacia su parte íntima. —Nhg...— Se aferró a mi pecho, ocultando su rostro.
—Me gusta ver tu cara— Alcé su mentón. Sus ojos me veían con pasión y estaba totalmente sonrojado. Soran no es alguien a quien llamaría sumiso, ya que sabe ponerme en mi lugar. Sin embargo, cuando lo toco él me deja ir más allá, como si me invitara. Bueno, no sé cómo sea en su cultura, supongo que realmente se entregaría por completo a mí. Él dió su vida en ese evento para salvarme, a alguien tan miserable como yo. Sí no fuera por esa extraña voz no quiero imaginar qué hubiera pasado.
Quiero protegerlo y para eso necesito hacerme más fuerte y ganar el poder para mantenerlo a salvo. Esa es la labor de un alpha, o eso me han dicho.
Besé su labios con dulzura, él me abrazó envolviendo su lengua con la mía. Se sentía bien hacer contacto con alguien así. Aunque era dolorosa la erección que anhelaba explorar al rubio que tanto apreciaba.
Ambos respiramos jadeantes, estaba sobre él en el pavimento de la fuente. —Si nos movemos mucho podemos caer al agua— Sonrió travieso.
—Aún podemos continuar en el agua—
—¿Quieres que nos descubran?— Di besos en su cuello.
—Puedo tomarte en la habitación para que estés cómodo— Él se ruborizó tanto que cubrió su rostro. —Estoy molestándote— Sonreí. Tal vez aún es muy pronto...
¿Por qué me pongo a pensar en ello? Puedo solo follarlo y ya, pero siento que sí lo hago dañaré su pureza. Al final sigue siendo prohibido todo lo que hacemos, y que un hada tenga relaciones sexuales con un demonio es el peor tabú.
—Mejor ve a dormir, Soran—
—Es lindo ver cómo me cuidas— Él sonrió besándome. —Estás pensando si estoy listo o no, a pesar de que estás reteniendote—
—¿Lees la mente o algo raro?—
—No, pero eso supuse— Soran es demasiado astuto, apuesto que hasta sabe que mentí. —¿Por qué saliste en la noche?— Lo sabe.
—No puedo decirte...—
—Mhm... Mientras no estés saliendo para verte con alguien más está bien— Me reí.
—No tengo con quién engañarte—
—¿Así? ¿Qué me dices de tu querida prometida?—
—¿Celoso?— Él hizo un puchero ante mi interrogante.
—Sí, ojalá estar en el lugar de ella... Si fuera el príncipe de Edela estaría destinado a casarme contigo, pero nací siendo un pobre campesino—
—Tú siempre serás mi elección, Soran— Acaricié su rostro. —Lo juro—
—Me haces tan feliz— No se necesita mucho para verlo sonreír, pero eso es lo encantador de él. A diferencia de mí que estoy de mal humor todo el tiempo, él me trasmite su inmensa alegría. —Bien, entonces, ten cuidado— Me besó antes de despedirse. —Sí necesitas una cuartada, diré que tuvimos sexo— Hizo un gesto gracioso por lo que no evité reírme.
—Ahaja, está bien, eres el mejor—
—Y Kentin, en realidad no es como si hubiera una circunstancia para estar listo... La próxima vez no tienes que detenerte—
—Créeme, te haré el amor dónde sea mientras tenga las ganas— Él me regaló una dulce sonrisa antes de volver a su habitación con cautela.
Más calmado y contento podía dirigirme a la zona imperial. Sin hacer ruido caminé por los pasillos iluminados por la Luna.
«Está aquí» Habló Leviatán.
¿Dónde?
«Lejos, quizás abajo»
Debe haber un subterráneo escondido. Será difícil llegar ahí, los pasillos más adelante están custodiados.
«Sí me das el control podré pasar»
¿Y qué dejes un tiradero de sangre? No, no debemos levantar sospechas. Es mejor no matar a nadie por ahora y no tenemos idea cómo se lo tomaría Soran sí matamos a alguien.
«Sí se lo toma mal ahí no es»
En serio, me gustaría golpearte. Me dirigí a la fuente de antes, estoy seguro que el desagüe me llevará al subterráneo. Me metí en el agua buscando la rejilla, así que una vez la encontré aguanté la respiración dejando que la corriente hiciera su trabajo.
Caí hacia una fuente mucho más grande, extrañamente el lugar al que llegué parecía ser un jardín subterráneo. Las paredes estaban llena de musgo y había caminos de pasto junto a unas mariposas blancas. En el centro yacía una pequeña columna y un prisma flotaba sobre ella.
Era un romboide singular, curioso traté de tocarlo, pero lo sentí tan caliente como un fierro al fuego vivo. Esa cosa debe estar bendecida. Mis dedos quedaron levemente rojos.
Avancé sin querer tocar nada más, incluso las míseras mariposas me daban mala espina. Subí unas escaleras hasta un pasillo con diferentes puertas. La que me llamo la atención era la que estaba sellada por cadenas y misteriosos acertijos.
—Lenguaje antiguo— Junté las runas formando las palabras “ᚨᚲᚢᛁ ᚾᚨᚲᛖ ᛖᛚ ᛈᚱᛁᚾᚲᛁᛈᛁᛟ ᛞᛖ ᛚᚨ ᛊᚨᛒᛁᛞᚢᚱᛁᚨ” La traducción era “Aquí nace el principio de la sabiduría”. El problema era el candado, pensé en algún embrujo de debilitamiento de magia.
Con mis garras rompí toda la seguridad y las puertas se abrieron.
Una biblioteca, con libros que cambiaban de lugar y volaban hacia los diferentes estantes. Como si tuvieran vida propia, éstos empezaron a girar al igual que los pájaros en lo alto, y uno de ellos se dirigió hacia mí. Un libro azul con hermosa decoración y encuadernación antigua.
Era el grimorio del Rey Azul, en la portada se divisaba ese nombre y en pequeño decía Leviatán Sylvanford. Tomé entre mis manos aquel libro y se abrió, dejando ver un montón de páginas en blanco.
—Está en blanco...— Una luz junto a unos hilos rojos salieron de entre las páginas.
Al pestañear me vi en otro lugar, en un recuerdo del Rey Azul. Exactamente en el día de la boda de Circe y Leviatán.
—Nos reunimos en conmemoración de unir a estas dos almas opuestas en sagrado matrimonio—
Era un día de invierno, la nieve cubría a los presentes. Y el arco nupcial fue decorado por muérdago y pino.
—Intercambien las coronas— Una pequeña niña igualita a Circe se acercó con una pequeña canaste que tenía las coronas de muérdago. Supongo que esa niña debe ser Amber, la hija de Circe con Telemaco.
Los novios se colocaron las coronas y con cintas rojas, empezaron a trenzar sus votos.
—Prometo acompañarte por la eternidad—
—Con nuestra unión, bajo el muérdago que representa la paz y prosperidad, le entregamos esperanzas a nuestras razas— Hablo Circe, haciendo sonriente el nudo.
—Y consumando nuestro amor bajo el muérdago, les demostramos que no importa quiénes seamos, mientras exista el amor, ni siquiera la diferencia de nuestras razas se interpondrá— Leviatán tiró de la cinta roja al mismo tiempo que Circe formando una preciosa rosa.
—Por último, los anillos que representan el control de las dos mitades. El oro fue hecho por Circe, en representación de las hadas y la plata por Leviatán, en representación de los demonios— Leviatán colocó el anillo de plata con una piedra azul en el dedo de Circe y ella colocó el de oro en el de Leviatán. —Ambos anillos tienen una piedra sacada del cristal que nos mantiene con vida a todos. Tales anillos los convierte en los reyes de Ibrazel— Los dos se dieron un beso bajo el muérdago.
Tanto demonios como hadas aplaudieron y se abrazaron. Sin embargo el avivar de un incendio los puso intranquilos.
—¡Fuego!— Los testigos comenzaron a huir ocasionando un desastre.
Los novios trataron de escapar, sin embargo ya estaban rodeados e incluso habían tomado de Rehén a Amber.
—¡Mamá!— Gritó la niña.
—¡Sueltenla, ella es inocente!—
—¿Inocente? ¡Ella es la horrible bruja de la profecía! La persona que dijo que el mundo sería destruido— El filo de la espada de Ulysses amenazaba con rebanar el cuello de Amber.
—¡Es por gente como ustedes que se dió a conocer tal profecía!— Le increpó Circe.
Leviatán movilizó sus sombras, para moverse entre ellas y golpear al pelirrojo que sostenía a la niña y ponerla a salvo.
—¡Tú! ¡Maldito seas, Leviatán!— Se ocasionó una lucha totalmente injusta de un ejército de fénix contra solo 2 personas.
Los soldados de Ulysses ganaron en aquella batalla sangrienta.
—¡Éste será tu fin!— La espada del pelirrojo atravesaría a Leviatán, que trataba de proteger a su hijastra, Pero Circe logró con sus hechizos escapar de los que la retenía y utilizó su última fuerza para detener a Ulysses.
El filo desgarró el estómago de la muchacha. —¡CIRCE!— Ese fue el instante preciso en el que Leviatán se corrompió. Sacó a la luz su parte más malévola y mató a cada uno de los traidores.
Amber lloraba sobre su madre y Leviatán no fue la excepción al ver a su amada en tal estado. La pequeña con sus poderes trataba de curar la herida de su madre, pero no tenía el maana suficiente.
—¿Qué puedo hacer? ¡Dime qué hago para salvarte!— Gritó desesperado el demonio.
—No puedes, Levi— Sonrió tristemente.
—¡Mamá, vas a estar bien!— Acarició el cabello rubio de su hija.
—Lo siento, Amber, no pude darte la vida que merecías...—
—No hables, Circe... No hables— Lloró apretando la mano de ella.
—Algún día se encontrará la paz para ambas razas— Decretó observando el cielo. —En un día de invierno, bajo el rojizo muérdago se formará una alianza, que conectará ambos mundos que debían coexistir. Del amor de aquel fruto de pasión, nacerá el mensajero de la paz. Un puente entre los demonios y hadas, que traerá la armonía con sus excéntricas alas— Fueron sus últimas palabras antes de fallecer.
El cabello de Leviatán se volvió negro junto al alarido que emergió. Un negro que significaba el luto por su mujer. Un color que sería despreciado, cuando solamente significaba el dolor del viejo Rey Azul.
Volví a mi presente con lágrimas en mis ojos. Ya nunca más quiero hacer las cosas solo, no quiero volver a saborear el desamor y menos la muerte de la persona que amo. Esta vez, le enseñaría el camino.
Salí del subtarreo por donde vine con ayuda de mis alas, y todo empapado corrí hacia la habitación de Soran.
—¡Soran!— Él estaba dormido en su cama. —Despierta, apúrate— Lo zarandé con fuerza.
—¿Qué pasa, Kentinito?— Se frotó su ojito.
—Soran, ven conmigo, hay algo que tienes que ver— Lo tomé de la mano y él me siguió flojamente.
—Tengo sueño...— Bostezó.
—Métete en la alcantarilla—
—Claro... mhm... Espera ¿Qué?— Procesó mi orden.
—En la fuente, necesito que te metas ahí—
—Pero, está fría— Vió dudoso el agua, por lo que lo empujé. —¡Ah, está helada!— Su pijama se transparentaba.
—Rápido o te voy a meter mano en la fuente— Él me hizo caso algo molesto por haberle empujado. Se dejó llevar por el agua hasta abajo y yo le seguí.
—Este lugar es muy hermoso, Kentin— Sonrió una vez ahí. —Ya veo porque me trajiste aquí ¡Eres muy romántico!— Soran piensa demasiado bien de mí. ¿Cómo no se me ocurrió? ¡Esta clase de lugar es excelente para una cita! Démosle una cálido momento por ahora.
—Sí, pensé que te gustaría...— Traté de sonreír, pero sentí un tic en mi sonrisa.
—¡Pff!— Él se rió de mi mueca. —¡Ahaja! Hay veces que sonríes, pero no es lo tuyo— Dió vueltas por el césped y se quitó los zapatos. —¿No es genial? Cuando piso el pasto así, me siento conectado con la naturaleza por algún motivo— Una de las mariposas se posó en su nariz y él se petrificó por un momento.
Me reí levemente y al acercarme la mariposa se espantó. —Parece que le gustas—
—A mí no...— Confesó temeroso.
—¿No? Creí que a todos les gustaba las mariposas—
—Son diabólicas— Me reí por su ilógico comentario. —Me gusta cuando ríes así, naturalmente—
—Es porque tú eres muy gracioso— Besé la punta de su fina nariz. Luego, me apoderé de sus labios y deslicé mi mano por su cintura. Él me abrazó profundizando el beso.
—Podría besarte toda la noche—
—Y yo cada segundo de mi vida— Él sonrió dándome consecutivos besos en mis labios.
—Ahaja... ¿Qué haces?— Traté de detenerlo, pero atacó mi mejilla.
—Te doy amor~—
—Sí, ya veo que eres muy bueno en eso— Volví a besarle, pero esta vez nuestras escencias aumentaron. Mi manos se pasearon por las caderas del rubio hasta su trasero.
—Kentin...— Se sonrojó afirmandose en mí nervioso.
—Soran, dame todo tu amor— Susurré en su oído y él me sonrió tímido.
—Sí tú me das todo de tí, tendrás todo de mí— Dijo suavemente a lo que contesté con un honesto “Sí, te daré todo”.
Apegué su cuerpo al mío, besando su cuello y suavemente fui bajandolo, hasta que su cuerpo topó el césped. Estábamos a la sombra de unos verdes árboles que se mecían, a la luz de las luciérnagas y mariposas que iluminaban la cámara.
Saqué los tres botones que afirmaban la camisa de su pijama y bajé sus pantalones sin prisas. La primera vez es importante, más que tu primer beso. Puedes olvidar tu primer beso o a la persona que besaste, pero el acto de cómo se sintió tu primera vez se quedará ahí en tu cabeza.
No soy un experto en el sexo, incluso creo que soy de lo peor, porque en mis anteriores vidas algunas de las personas con las que salí me engañaron con otro hombre. —No sé sí sea lo suficiente bueno, pero trataré de hacerte sentir bien—
—¿Vamos a hacer niños?— Preguntó con un inocente acento sureño.
—Somos muy jóvenes para ser padres— Sonreí dejando mi abrigo y polera a un lado. —¿Ya te llegó tu primer celo?— Él asintió. —No te embarazaré tan pronto... ¿O acaso quieres?—
—No lo sé... Es solo que mis padres siempre decían que esta clase de acto, era para formar una familia—
—También es para unirte por amor con tu pareja— Besé su cuello y mis dedos analizaron su amplio pecho.
Mi lengua se deslizó por su abdomen, mientras tocaba sus grandes pezones. Él se retorció bajo de mí sacando pequeños ruiditos de su boca. Y retiré su ropa interior sin dejarle nada. Fui besando sus piernas hasta sus muslos.
—¿Q-qué haces?— Abrí sus piernas cerciorando que estuviese lubricado. Estaba tan mojado que el líquido fluía despacio desde su entrada. Sus piernas sufrían leves espamos y me observaba sollozando. —Es vergonzoso... No mires...—
—Está bien, Soran... Esto significa que me aceptas— Me posicioné entre sus piernas bajando mis pantalones. Él se tapó los ojos cuando mostré mi miembro viril, pero entre sus dedos aún podía ver todo. —¿Quieres tocarlo?— Él se sentó, pero detuve su mano al verle los guantes. —¿Acaso tienes pegado los guantes? Los usas incluso durmiendo— Indiqué. —Déjame quitarlos—
—No— Se opuso y levanté mi ceja. ¿Qué puede estar escondiendo? —No quiero que veas mis manos— Habló con tristeza.
—Soran, sea cómo seas, o cómo te veas, me importa solo el cómo eres—
—Son horribles, te parecerá asqueroso— Se quitó los guantes mostrando unas manos llenas de heridas, ampollas y quemaduras. Tomé sus manos con delicadeza y las besé.
—No son horribles, Soran... Estas cicatrices representan todo tu esfuerzo... Quemaduras por el frío, por levantar por horas una pesada azada, una oz, todo tu trabajo está impreso en tus manos. No te avergüences de ello— Él me miró sorprendido con un pequeño rubor y se lanzó a besarme.
—Te quiero, Kentin—
—Yo también— Lo besé y de repente alzó la vista y señaló.
—¡Mira, muérdago!— Vi aquella planta que se aferraba al árbol para continuar viviendo. Él tenía razón, estábamos bajo el muérdago.
Esa noche perdimos la virginidad bajo el pacífico y letal muérdago.
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Comments
Sora☀
Hasta el frutifantastico fue tierno 😊
2021-07-06
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