Aún no olvido como me sentí la primera vez que visité su aldea. Los campos rubios se alzaban junto al aire. Éstos acompañaban la dorada cabellera de Soran. Él estaba tan alegre de estar ahí, iba dando saltos, acoplandose al mar amarillo que absorbía mi visión. Aquel paisaje te llenaba de positivismo.
Era notable que Soran creció ahí, junto a los libres millares. Él ya era parte del terreno, girando como un girasol alzado por el Sol.
—Hemos llegado, lamento lo rústico que es— Sus padres abrieron la puerta de madera de la pequeña casa de adobe.
—¡Soren!— Abrazó a su hijo el omega, y detrás salió su padre adoptivo.
—¡Ma! ¡Pa! Lo'e extrañado— Dijo en su lengua.
Su madre me observó curioso. —Ahre, tú er'e su amiore— No entendí lo que me decía.
—Ma, Pa, él e'Kentin— Su padre resopló al igual que un toro, mientras su madre se me acercó.
—Soren me he hab'o de tí— Habían algunas palabras que relacioné con el idioma cotidiano, así que supongo que dijo «Soran me habló de tí».
—Es un gusto conocerle— Tomé la mano del omega y la besé con elegancia. —Soy Kentin Dracon el príncipe de la Nueva Nación— Él observó encantado mi acto.
—¡Hyaa!— Gritó. —E'e lendo— Bien, me gané a la madre de Soran, pero no parecía tener la misma suerte con su padre. Me vió con disgusto y en cualquier momento parecía querer aplastarme con sus grandes manos. Ese alpha era enorme.
—Un alfa e'mide por el valoe de u manoe— Habló con voz rígida.
—¡Pa, Kentin e'príncipe!— Soran pareció regañarlo. El alpha se rindió ante el montón de cosas que le dijo, que en su mayoría no entendí.
—Ellos te dan la bienvenida, puedes pasar— Me invitó Soran adentro. —¿Te apetece comer?— Indicó la mesa bajita. —Siento no ofrecerte mucho, nosotros no nos sentamos sobre asientos— Colocó un cojín en mi lugar. —Pero, espero que la almohada te haga sentir mínimamente cómodo— Nervioso se sentó a mi lado.
Sus padres sirvieron en platos hondos diversas ensaladas, y como plato principal había empanadas de horno.
—Puedes sacar la cantidad de ensalada que desees— Él sacó de todas las ensaladas, mezclandolas en un mismo plato. No era la primera vez que lo veía hacerlo, pero estaba acostumbrado a comer todo por separado. —Cierto, te traeré otro plato— Me pasó otro de greda para que comiera aparte la ensalada. Así que me eché un poco de lechuga. Los cubiertos eran de madera. Todo lo de la casa me llamaba la atención. No tenían decoraciones, ni nada fino, pero extrañamente me sentía cómodo en ese ambiente. No tenía que preocuparme por las apariencias.
Poco a poco su familia fue acostumbrándose a mi presencia. Entablaron una conversación de la que me hicieron parte. Soran traducía absolutamente todo. Sus padres adoptivos realmente son buenas personas. Supongo que hay más hadas bondadosas de las que creí. No discriminaron mi procedencia, aunque el padre de Soran no estaba de acuerdo en que su hijo saliera con alguien, pero terminó aceptando.
En hogares pequeños puedes encontrar personas con grandes corazones.
Fuera de la casita el viento movía el trigo. Mecía enormes olas doradas al atardecer.
Soran veía a su familiar que había amarrado a una valla.
—¿Debería soltarla?— Me preguntó.
—Déjala disfrutar— La pequeña cabrita fue directo a embestir mis zapatos. —¡Auch!— Tomé al familiar y esté me miraba tranquilo. Pero, se lanzó a mi cara y me llenó de su baba.
—¡Inferno!— Me lo sacó de encima. —Al final te quedarás amarrado—
—Dicen que los familiares son un reflejo del alma de su dueño—
—¿Qué quieres decir?—
—Parece ser que para ambos es inevitable besar mi bello rostro— Él lanzó una carcajada.
—¡Eres muy divertido!— ¿Acaso no cree que soy atractivo? Mi mente indagó sobre cómo me vería Soran. —Bueno, después de lavarte ve a la parte de atrás de la casa—
Con el agua del pozo me lavé la cara y cepillé mis dientes. Luego me encaminé al lugar acordado. El rubio preparaba una cama sobre la paja.
—Ehm, solo hay una cama aparte, pero es muy pequeña para los dos... Así que sí quieres estar más cómodo puedes dormir en mi cama.— Habló intranquilo. —Aunque no hace frío, la paja puede ser más confortable...— Hizo una mueca.
—¡Me gusta dormir mirando las estrellas!— Me eché sobre la cama. —¿Qué hay de tí? ¿Hay suficiente espacio para ambos?— El rubio sonrió y se acostó a mi lado.
—Suelo dormir aquí, me hace sentir tranquilo.— Habló apreciando el cálido viento que corría.
—¿Debería dejar que tengas una pacífica noche?— Pregunté con segundas intenciones.
—Contigo las noches nunca son pacíficas— Admiramos nuestros iris e iba a besarle cuando él se subió encima.
—Digo lo mismo— Sonreí divertido. Su atrevimiento me excitaba. Me encantaba el que hubiera agarrado confianza tan rápido, porque probarlo sería delicioso.
Sus caderas se movieron lentamente, así que sujeté sus nalgas con entusiasmo. El roce sobre nuestras ropas me volvía loco.
Soran fue sacándose la polera con paciencia. Me mordí el labio al contemplar su encantadora estructura y me moría por saborear sus pechos, que a pesar de su firmeza tenían una suavidad exquisita. Aunque es un chico, su musculatura levantaba sus pectorales, así que su volumen no era plano. No obstante, sus pezones eran aún más sabrosos. Eran grandes y rosados. Cada vez que los molestaba con mis dientes se hinchaban temporalmente. Su forma estimulada me sacaban de control.
Mis manos subieron acariciando su espalda y torso hasta sus ya reiterados pectorales. Me senté con él aún frotándose. Lamí sus pezones atento a los gestos que ejecutaba. Separó sus labios para botar el aire de manera seductora. Y viéndome deseoso me besó con su disparatada lengua. La mía envolvió la suya, ya que era un dragón era más larga que la de las hadas corrientes.
Nos daba igual que cayera la saliva de nuestras bocas, porque el complot de lenguas nos tenía calentando el ambiente. Incluso nuestros movimientos fueron más salvajes y no evité venirme con la ropa encima.
¿Acaso soy precoz? Tenía que tener un orgasmo justo ahora. —Puedes venirte más de una vez ¿No?— Él me sonrió lascivo.
—Tú sabes que podría llenarte de mi leche hasta estallar tu vientre— Aquella frase descolocó al omega.
—Kentin, eres demasiado...— Su sonrojo llegó hasta sus orejas. —Me gustaría que me llenaras...— La pregunta aquí es quién está más loco. —Y así tener a tus hijos, pero es muy pronto— Atisbó una felicidad lejana.
—Te en cuenta el montón que tendrás que parir— Susurré a su oído y sus manos se aferraron a mi ropa.
—Ya no puedo esperar más... Hazme el amor— Pidió.
Ambos nos quitamos la ropa por completo. En la misma posición que antes fui embistiendo a Soran. Mi miembro viril obtenía el placer de sentir el húmedo trasero de mi chico. Y mi novio tenía talento para tomar el control en la cama. Se movía tan bien, que no era necesario que yo lo hiciera.
—¡Ah! ¡Se siente bien!— Se recargó en mi cuerpo, profundizando las estocadas. —¡Ah~! ¡Kentin! ¡Kentin!— Llamaba a mi nombre. —Mhm... Voy a venirme— Esta vez sujeté sus caderas para inyectar más fuerte mi verga. —¡AH!— Sus fluidos mojaron más su interior.
Cuando no separamos se escurrió de sobremanera. Él se posicionó en la cama levantando su trasero para que lo metiera por detrás.
—¿Qué esperas?—
—¿Estás seguro que no eres un diablillo?— Él se rió ligeramente.
—¿Estás seguro que no te apoderas de mi cuerpo?— Masajeando sus nalgas me dispuse a entrar sin cuidado. No necesitábamos aflojar nada.
—Muy seguro, porque tú eres quien me succiona— Entré sin piedad, sus gemidos se volvieron gritos y con la manos agarraba la manta.
—¡AH~!— Su voz seguía teniendo un timbre suave. —¡Más fuerte!— Jalé de su cintura obedeciendo a su pedido. —¡Ah~♡! ¡Sí, así!—
Jadeaba con rudeza. Hacerle el amor a Soran era de lo mejor, mi mente quedaba en blanco, cuando es casi imposible lograrlo con alguien como yo.
Tomé de su cuello sutilmente dándole la vuelta. —¿Vas a ahorcarme?— Sonrió.
—¿No es excitante?— Él tomó la mano que apretó su cuello, metiendo mis dedos dentro de su boca.
—Lo es— Contestó sin dejar su sonrojada sonrisa, la cual no era nada tímida. Me mostró un lado completamente lanzado y travieso hoy.
—Me encantas— Admití al ver su hermoso rostro y aquella actitud que adoraba. Deseaba saber aún más. Inmiscuirme en su mente hasta probar cada parte de su ser.
Llendo a una velocidad animal, entre medio de sonoros gemidos y penetraciones nos vinimos al mismo tiempo.
—Soran...— Acaricié su rostro, exactamente sobre el lunar bajo su ojos. Y dibujé el hechizo en su vientre.
Él me besó con pasión. Un beso que significaba lo a gusto que estaba. —Esperemos no hayan escuchado mis padres— Se burló de mí.
—Oh, diablos...— Su risa resonó alegre.
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Comments
Sora☀
pero que calientes salieron owo
2021-07-09
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