Cyara había solicitado un cambio de habitación, estaría solo hasta nuevo aviso. Sí pudiera la haría desaparecer completamente. Suspiré por el temor que le tengo a Maximus, aunque más que nada es un profundo respeto que no puedo negar.
Hace más de 30 años atrás, dió lugar la última profecía en Edela. En ese tiempo yo no tenía el mismo cuerpo que hoy, mi recipiente no era tan poderoso. Y estaba cegado por Erika. Los dragones solíamos ocultarnos en el mundo humano, pero yo perseguí a Erika hasta Aldona.
Edela estaba siendo atacada por los drows y otros demonios. Desde la muerte de Circe los demonios y hadas han vivido en guerra. Pero, esa era se llenó de tempestad.
Max era un hada de especie desconocida y el capitán de la armada de Edela. Erika se enamoró de él cuando fue devuelta a Aldona. Sus padres la ocultaron debido a la guerra oscura, así que vivió gran tiempo en el mundo humano.
Aún recuerdo el día de mi muerte, fue una de las tantas veces que tuve que olvidar que Max era mi rival amoroso y cooperar con él.
Uno de los enemigos había raptado a Erika, pero nos vimos en problemas, porque no estábamos enfrentando a un demonio. Entre las hadas hubieron traidores, por lo que para Max era difícil enfrentar a su misma especie.
Me ofrecí para combatir con el enemigo, ya que yo era un demonio. La memoria de nuestra conversación era clara como el agua.
—Yo lo detendré, así que tú llevate a Erika— Era un plan lógico y así él podría por fin estar con su amada. Ya no sería más un estorbo para ellos dos.
—¿Estás loco?— Me preguntó ofendido. No entendí su actitud, le ofrecí llevarse a su amada y yo ya estaba cansado de no aceptar que Erika no me amara. —¡Te ayudaré!— Me dijo tan seriamente con su carita pecosa que me reí en ese instante.
—¿Qué podría hacer un hada contra otra hada?— Él fijó sus ojos dorados en mí.
—No te dejaré solo— Sentí algo extraño en ese momento. Un calor emanó de mi corazón. Tal vez porque fue el primero en decirme algo así.
Miré al pequeño. Era bastante bajito para ser un alpha, y podías comparar su cara con la de una mujer.
Asentí firmemente ante su mirada. Al mismo tiempo desenvainamos nuestras espadas. Yo desde el lado izquierdo y él desde la derecha. Entramos al lugar en que aguardaba la gigante hada. Era como la gran estatua de un dios.
Coordinamos nuestros ataques y por primera vez sentí que tenía al compañero ideal a mi lado. Vencimos juntos y al final nos sonreímos. Nos convertimos en aliados y probablemente hubieramos sido buenos amigos sí no fuera porque una flecha sagrada se clavó en mi espalda.
Max lanzó la Calibur contra el arquero. —¡Kenneth!— Gritó mi nombre de ese entonces. Observó mi herida que se iba volviendo negra. —¿Hay forma de curarte?— Yo negué.
Iba perdiendo mis fuerzas, por lo que me senté en el suelo esperando mi muerte. La sangre corría de mi boca y la bendición de la flecha me quemaba. —No puedes morirte... ¡No puedes!— Se agitó y comenzó a llorar frente a mí.
—¿Estás llorando?— No le entendía, él es el sujeto más raro que he conocido.
Continuó desperdiciando su tiempo en llorar, cuando debería ir a buscar a Erika. —Mírame— Dije y acerqué su rostro. —Pensaba que no había ninguna falla en tí, pero aquí estás, llorando por un demonio. Por la raza que tanto aborreces— Sonreí.
—No aborrezco a los demonios, son solo tratados diferentes por su manera de actuar. Aveces las hadas son mucho más crueles— Inhalé para reírme ¿Qué tontería me decía mi enemigo? —Ahora me doy cuenta que los demonios son tan frágiles como las hadas—
—Nadie es invencible, por eso su temor hacia nosotros es estúpido— Hablé sarcástico.
—Ken...— Dijo y le vi limpiarse sus lágrimas. —Algún día volveremos a vernos y espero que para entonces no seas mi rival—
—Dudo mucho que pasen ambas cosas— Comenté. —Pero, mi muerte no es tan mala... Me gustaría decir que morí calidamente en los brazos de un omega, pero eres un alpha— Me burlé.
—En serio, estoy que me levanto y te dejo aquí—
—Ahaja, al menos tu cara lo compensa todo— Admití. —Eres demasiado hermoso para alguien como Erika— Él empezó a llorar de nuevo.
El dolor se agrandó y pronto sentí frío, mientras un profundo sueño me abordó. —¡Kenneth! ¡Kenneth!— Gritaba.
—Max... Tal vez si nos hubieramos conocido en otras circunstancias no te hubiera odiado—
—¡No, Kenneth! ¡Deja de hablar!—
—Pero, ahora no te odio... Gracias, Max, por no dejarme solo— Sonreí sinceramente y desde ahí se tornó todo oscuro.
Había olvidado ese momento, mejor dicho el yo actual nació lleno de resentimiento. Y no quería confesar mi admiración por Max. Tal vez no sea tan malo tener este sentimiento.
Un crujido se oyó en la habitación desviando mis pensamientos. El huevo de la incubadora se rompía. —Así que estás despertando pequeño demonio— Dije viendo a la criatura en forma de serpiente y la metí en la pecera que había preparado con anticipación. —Bienvenido al mundo— Tenía una expresión amargada. —Sí, bueno, nacer nunca es una buena bienvenida—
La puerta de la habitación se abrió de golpe. —¡Kentin! ¡Ya nacieron nuestros familiares!— Corrió en círculos Soran, con una pequeña cabra que lo perseguía igual de contento.
—¿En Aldona nadie toca la puerta?—
—¡Lo siento, lo olvidé! Estaba muy emocionado— Dejó de correr y la cabrita se dirigió a comer su capa. —Eso no se come, Inferno—
—¿Inferno?—
—Ese es su nombre, ya que es una cabra del infierno me pareció sencillo— Explicó. —¿Cómo se llama el tuyo?—
—¿Por qué le daría nombre a esta cosa?— Apunté a la pecera.
—¡Es lindo! ¿Qué tal...?— Colocó su dedo en sus labios pensante, acto que flechó mi corazón. —¿Liw?—
—¿Liw?—
—Sí, ya que es una especie de Leviatán, en uno de los lenguajes antiguos el nombre es Liwyatan— Es cierto, así es en hebreo.
—¿Cómo sabes eso, Soran?—
—Estuve algo curioso por el nombre Leviatán, ya que el demonio que te posee tiene tal nombre— Acaricié su cabeza con ternura.
—Piensas mucho en mí—
—E-es porque te quiero demasiado— Dijo intranquilo. ¿Cómo es posible que alguien sea tan adorable? Desordené su cabello. —¡Mi pelo!— Se quejó peinándose. —Paso un buen tiempo peinándome... Eres cruel, Kentin—.
—¡Ahajaja!— Mi risa fue malévola.
La campana interrumpió nuestra cháchara. —¡Hay que ir a clases!— Tironeó de mí, hasta llevarme al salón.
El clima había cambiado, pronto comenzarían las vacaciones de verano, y con ello un nuevo semestre.
Los estudiantes deseaban volver a sus casas, pero nos retenían los últimos exámenes. Yo nunca estudiaba, así que estaba relajado. No obstante, mi novio sí estudiaba, así que decidí ayudarlo para no aburrirme. Porque no hay nada que me divierta más que Soran, por lo que estaba maldiciendo a los profesores de arruinar mis momentos con él.
—¡Me rindo! No entiendo nada— Se desplomó sobre el escritorio.
—Mira, no es tan difícil una vez sigues el abecedario— La clase de dialectos no era la favorita de Soran.
Le enseñé algunos trucos para aprender idiomas hasta la hora de almuerzo. Ahí nos separamos para ir con nuestras casas. Sin embargo, ocurrió algo que me puso de mal humor.
Apenas ibamos a nuestros puestos, cuando un estudiante omega de la casa Hydra le tiró la bandeja del almuerzo a Soran. —¡Eres una perra traicionera!— Le gritaron.
Muchos abuchearon el hecho de que se relacionara con demonios. Así que simplemente le di un puñetazo al hydra que habló mal de Soran primero.
—¿¡Qué fue lo que dijiste!?— La sombra bajo mis pies se movió hasta atrapar a los que se rieron. —Se atreven a tocarlo, y les juro que los mataré... Y sí vuelven a hablar mal de él... Esperen la peor pesadilla de su vida— Los liberé de mi embrujo.
Tuvimos que almorzar fuera. Astolfo y Franny nos acompañaron. —¡No entiendo que hay de malo en que un hada y un demonio se junten!—
—La mayoría de los nobles son muy discriminadores— Dijo Astolfo.
—Es cierto, y este lugar está lleno de esa basura— Comenté furioso.
—¿En serio estás bien?— Todos estábamos preocupados por Soran.
—Sí... Solo me sorprendió un poco— Su capa estaba toda manchada. Seguramente no podrá comprarse una nueva.
Antes de que las tiendas cerraran, le compré una nueva capa de grifo y me dirigí al anochecer a su habitación. A esa hora la torre de los grifos se sumía en un desolado silencio.
Toqué la puerta de la habitación más alta y entré sigilosamente. No se encontraba en su habitación. Su cama era lo único ordenado, habían libros esparcidos por el suelo, por lo que era difícil caminar. Su escritorio estaba lleno de frascos con hierbas distintas y habían instrumentos para moler y mezclar. Era como una hierberia y al mismo tiempo el sitio de un doctor.
En su mesita de noche había una libreta con la insignia de su casa. Curioso la tomé, pero en ello pasé a llevar unas cuantas cosas y ahí la hoja de sus notas. La mayoría eran excelentes, pero la de Arte de las armas apenas estaba aprobando. En dialectos tenía unas poquitas algo desvariadas, pero las finales fueron pasables.
Del otro lado de la hoja tenía anotado fechas y horas, que habían sido tachadas. La última tenía como lugar hoy a la media noche. Divisé el reloj del velador, eran las 12:05 AM. ¿Por qué saldría a esta hora a ver al profesor?
Un mal presentimiento me abordó. Tiré la capa sobre la cama y la libreta la guardé en uno de mis bolsillos sin darme a tiempo a pensar en lo que hacía. Corrí siguiendo su olor, al ser su novio me era fácil captarlo. Como un sabueso perseguí su rastro hasta llegar a la oficina del profesor. Y los gritos, junto al ruido de cosas rompiéndose me alarmó todavía más.
Mis poderes sacaron volando la puerta.
—¡Suéltame!— Soran le había tirado un florero del escritorio a la cabeza del profesor.
—Niñito, cómo te atreves...— Observé al omega siendo forzado por el alpha.
Mi sangre hirvió, y sacando mis garras las enterré en la espalda del profesor Vesta. Éste se defendió, pero estaba tan alterado, por no decir endemoniado, que me precipité a masacrarlo con mis propias manos. Mi fuego absorbió todos los hechizos que lanzó contra mí el adulto y mejor que las estúpidas clases que este tipo daba llené de orificios su cuerpo.
A pesar de que era obvio que lo había matado no me detuve hasta oír la voz afligida de mi amado.
—K-kentin...— Yo le gruñí guturalmente en respuesta y su cuerpo dió un pequeño salto mientras lloraba.
¿Qué había hecho? Me pregunté, viendo la sangre correr por mis horripilantes uñas largas. Y por último divisé el cuerpo del profesor tirado en el suelo.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 112 Episodes
Comments
Sora☀
Maldito hdp!! cómo te atreves a tocar a mi niño!!!
2021-07-09
2