VI. Caricia al viento

Sentada de piernas cruzadas sobre la silla y con una taza de café en las manos; Emma contemplaba la fría mañana desde la ventana. Todo le parecía sacado de una película, en la cual, mágicamente el protagonista se curaba de la nada y su amor sería para siempre. Ese no era el caso de ella, sin embargo, notaba cierta distancia de Gregory con ella y no entendía el porque.

Bufó, para ser una escritora de versos románticos, le parecía tan cursi algunas películas sacadas de la ficción; sabiendo que la realidad era otra. En primer lugar, una pérdida de memoria podría durar años, días, meses e incluso toda la vida, y Gregory no estaba mostrando mejoría alguna.

Un mes había pasado y sus recuerdos seguían sin aparecer, por más terapia que hiciera, sentía que retrocedía en el tiempo y se estaban quedando ahí estancados. Lo que no sabía Emma, eran de los fugaces recuerdos en los sueños de Greg, cuya protagonista era ella.

La principal razón de no decirle sobre sus sueños es que eran sumamente vergonzosos, ¿Cómo era posible que sus constantes sueños solo tratarán de hacer el amor con una mujer la cual no reconocía? Aunque había tratado de decirle muchas veces a Emma, ese impulso se apagaba cuando los recreaba con ella, estando a escasos centímetros. Entonces tomó la decisión de alejarse un poco de ella, sabía que estaba haciendo mal y no quería seguir lastimando a su esposa. Aunque la convivencia era sana, lo que menos quería era discutir por no ser ella quien estaba constantemente en sus sueños.

— Buenos días, ¿Dormiste bien? — preguntó Gregory sentándose en la silla de al lado. Emma viajó la vista despreocupadamente hacia él y con una vaga sonrisa contestó:

— Buenos días. Sí, dormí bien — volvió a fijar la vista en la ventana, dándole un sorbo a la taza de café—. Hoy volveré al periódico, debo hacerme cargo de varias cosas allí. No sé si gustes acompañarme, de paso, creo que te vendría bien tomar un poco de aire. La mañana puede estar algo fría, pero será acogedor tenerte de nuevo ahí...

Gregory sonrió. Durante el mes que llevaba viviendo con Emma, había memorizado cada uno de sus gestos y sabía que algo le atormentaba, pues ella era demasiado alegre para tener tal cara de seriedad reflejada en su rostro.

— ¿Estás bien? — preguntó realmente preocupado—. Te noto algo...

— Estoy bien — contestó dejando la taza a un lado—. Estoy en esos días en que las mujeres se vuelven más sensibles de lo normal. Es todo.

Bromeó, disipando un poco la carga de tristeza. Gregory sonrió.

— Oh, ya veo — dijo encogiéndose de hombros—. Me gustaría ir contigo al periódico, Emma.

— Entonces no se diga más, iremos al periódico — contestó poniendo una sonrisa feliz en sus labios—. Iré por las llaves del auto, puedes esperarme en el garaje...

— La verdad me gustaría caminar un poco — dijo él, Emma asintió levantándose de la silla.

— Por supuesto, no tengo problema con ello — caminó hacia el perchero, agarró el gorro y la chaqueta. El invierno estaba a pocos días de azotar el pequeño pueblo—. Estoy lista, vamos.

— Estás hermosa — susurró él colocándose su chaqueta, Emma se sonrojó. Dos palabras tan simples, pero para ella eran subir un escalón. Nunca le había dicho tal cosa durante el mes viviendo juntos. Su corazón latía con fuerza desviando la mirada hacia la puerta de la casa—. Todo te queda muy bien.

Reparó de inmediato también sintiendo vergüenza.

— Gracias — dijo ella verdaderamente apenada—. Bueno ¿Vamos?.

Gregory asintió con una sonrisa en sus labios, al ver el rostro sonrojado de ella. Hasta él mismo se sorprendió haber dicho esas dos palabras; aunque las pensó, no creyó que se las diría. Pero el subconsciente le falló y terminó pensando en voz alta.

En un silencio algo incómodo salieron de la casa. Emma recordó las muchas veces que agarrados de la mano caminaban hacia el periódico. Cerró la puerta y emprendieron camino.

El frío se caló en sus cuerpos. La temporada de invierno se aproximaba con rapidez. Seguramente iba a nevar con fuerza ese año. Caminaron unos cuantos pasos en silencio hasta que Gregory decidió romper el hielo.

— ¿Nunca consideramos mudarnos a otro lugar que no fuera tan frío? — tembló Gregory. El frío estaba penetrando sus huesos.

Emma rio y negó con la cabeza.

— No, nunca. Tu naciste en este lugar — él se sorprendió y frunció el ceño ligeramente.

— ¿Ah, sí? Entonces mi cuerpo porque no se acostumbra este terrible frío — Emma se encogió de hombros y puso sus manos en la boca para brindarles calor.

— Desde que te conozco siempre le has tendido tirria al frío. Lo que sucede es que te has acostumbrado al calor de la casa, entonces por eso salir al frío te resienta el cuerpo.

— ¿Tú también eres de acá? No te había preguntado antes ¿Yo tengo familia? Obviamente, diferente a ti. ¿Me hago entender? — detuvo sus pasos y Emma hizo lo mismo. Se giró hacia él y lo encaró.

— No, soy de Estados Unidos. En cuanto a tu familia. Sí, tus padres viven a las afueras del pueblo en una granja.

— Oh ¿Por qué no han venido a visitarme durante este mes? — preguntó confundido. Emma se quedó pensando y se debatió por dentro si sería conveniente decirle la verdadera relación que tenía con sus padres—. ¿Sabes la razón?.

En la insistencia del hombre decidió hablar. Aunque no conociera a fondo lo que había sucedido entre ellos. Solo recordó lo que él mismo le había mencionado una vez.

— Recuerdo que una vez te pregunté por ellos y tu respuesta fue; que ellos te habían sacado de casa por haberte inclinado por el periodismo. Desde entonces no tienes contacto con ellos. Pero el día de tu accidente yo misma me encargué de avisarles.

Gregory aguardó silencio viendo los ojos verdes de Emma. Entonces su única familia es la hermosa castaña que tiene en frente. De momento un fuerte viento azotó sus cuerpos lo que provocó que por instinto se acercaran mucho más. Sus rostros quedaron a pocos centímetros y sus alientos se fueron mezclando entre el frío. Ambos corazones empezaron a golpear fuerte sus pechos; la cercanía les estaba proporcionando ese calor que el frío les estaba robando.

— Estás congelada — susurró Gregory tocando ligeramente los dedos fríos y blancos de ella—. Ven, déjame darte un poco de calor.

— No, no hace... — no le permitió hablar más porque repentinamente agarró sus manos y se las llevó a su boca. Emma se congeló al sentir el aliento directamente sobre su piel, mientras el soplaba su cálido aliento en ellas—. Deberíamos irnos o nos vamos a congelar aquí.

Trató de decirle pero Gregory hizo caso omiso. Su mente ya estaba volando a los tantos sueños que tenía con esa mujer sin rostro, y le pareció que la piel de Emma era muy parecida a la de ella. Cerró los ojos y se dejó llevar por sus pensamientos y, sin darse cuenta; empezó a repartir besos húmedos sobre el dorso de ellas. Las separó ligeramente de sus labios y abrió los ojos para ver a una Emma con los cachetes rojos mordiendo su labio inferior, mientras temblaba por el frío ¿O por él? Se cuestionó al verla sonrojarse por su inesperada acción.

— Si, vamonos. Realmente nos vamos a congelar aquí — la soltó lentamente y Emma asintió. En completo silencio se dirigieron hacia el periódico donde una sorpresa aguardaba por ellos.

^^^Sentir tus labios sobre mi piel, aunque hayan sido escasos segundos. Fue sin duda alguna, la mejor caricia al viento que me hayas podido ofrecer.^^^

^^^Emma Lam^^^

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Comments

Lesly Argumelo

Lesly Argumelo

me encanta la historia

2024-02-14

5

Graciela Peralta

Graciela Peralta

que pasara ahora en el diario

2023-08-21

0

loli Gomez

loli Gomez

pero BUENO Emma que te pasa es tu esposo así el no se acuerde tienes que ser más zumbada

2023-08-09

0

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