Promesa

...Capítulo XIII...

Pasaron meses y Frank venía a verme cada semana y sí, me enamoré y no supe cuando lo hice, aunque yo sabía que ese amor no era sano, mi corazón no lo vio de esa manera, dale a un cachorrito de la calle un poco de atención y verás como te persigue a donde quiera que vayas. En ese momento yo era ese cachorrito.

Se supone que lo que hace que te valores y respetes es tu autoestima, incluyendo el valor y respeto de las relaciones, en donde respecto al amor que te tengas a ti misma, es el grado de valoración que le darás tanto a tu pareja como a la relación en sí.

Por ejemplo; supongamos que a tu pareja le gusta tener relaciones sexuales al aire libre, pero a ti no te agrada la idea, si posees buena autoestima te negarás por el simple hecho de no sentirte cómoda, te quieres, te valoras, te respetas, por ende; puedes negarte libremente sin tener miedo a que eso afecte tu relación.

Pero si tú posees una autoestima baja, accederás a cualquier petición que tu pareja haga, así no te guste, porque en ese momento el amor propio es más bajo que el amor que sientes por esa otra persona y valorarás más tu relación que a ti mismo, por consiguiente; aceptarías cualquier locura, por miedo a perder a tu pareja. Créeme así muchas personas han caído en drogas, alcohol, prostitución, robo y hasta homicidios.

En mi caso, Frank y yo no éramos pareja en sí, sin embargo; para mí era lo más relacionado a una, por otro lado; en un ambiente como ese, mi autoestima era caótica, 0% diría yo.

Como ya les había contado a él le gustaba el sexo sadomasoquista, en ocasiones el dolor era soportable, pero en otras no, sobre todo, cuando venía de mal humor, a veces pedía hacerme cosas que en lo particular yo detestaba, por ejemplo; siempre odié el sexo an*l, nunca le encontré gusto, por más lubricante, dildo o vibradores que usara, nunca me gustó, no obstante; aunque él pedía mi permiso, yo nunca me negaba, tenía miedo a que si lo hacía, se aburriría de mí y no me buscaría más.

Empecé a desarrollar cierta dependencia, cuando no venia a verme lo extrañaba y quería que llegara el día en que él fuera a mí, casi siempre me visitaba, pero en ocasiones pasaba semanas e incluso hasta meses sin verme, cuando volvía, me decía que andaba de viaje, en ese momento, yo no sabía de que trataba su trabajo, una vez se lo pregunté, pero no me dio ninguna respuesta y luego entendí el porqué.

La relación se fue volviendo más y más íntima, hasta que un día me propuso sacarme de ahí, acepté sin pensarlo dos veces, sin embargo; el como lo haría, siempre me ponía nerviosa.

Por supuesto, hice las preguntas correspondientes, — ¿Como lo vas a hacer?, ¿por qué no traes a la policía?, ¿qué pasa si el Dios del Edén se entera?, ¿quién más sabe que quiere hacer esto?—. Pregunta tras preguntas salieron de mi boca como una ráfaga de viento.

— Tranquila, ya tengo todo planeado, solo debes prometer que te quedarás conmigo—. Me Ordenó con firmeza.

Obviamente acepte sin pensarlo dos veces, tenía la mínima posibilidad de salir de ese infierno, por supuesto no me iba a negar, además; a pesar de todo me gustaba estar con Frank.

Él estuvo satisfecho con mi respuesta y comenzó a trazar el plan para sacarme de ese maldito lugar, salir de ahí no era para nada fácil, los únicos que conocían el paradero del Edén, ere el Dios, el jefe y creador de todo este infierno.

La segunda persona que conocía su ubicación, se llamaba Cerbero, quien era la mano derecha del Dios del Edén, llamado así en honor al perro mitológico de hades, que se encargaba de vigilar las puertas del inframundo para que nadie se escapara, ¡ja, ja, ja!, es muy irónico, lo sé, no hay que negar que el Dios, tenía mucha creatividad al momento de darle nombre a ese maldito lugar y sus lacayos.

Nadie más sabía del paradero del Edén, porque aunque tenía muchos clientes, estos eran recogidos en un lugar específico, sus rostros eran cubiertos por una capucha negra y luego eran llevados al lugar, el Dios del Edén jamás se iba a arriesgar tan fácilmente, supongo que por esta misma razón fue que su imperio maldito duro décadas.

La persona que se encargaba de buscar a los clientes y a las nuevas víctimas era cerbero, junto a varios guardias de seguridad, sin embargo; estos guardias también eran encapuchados durante todo el viaje, el Dios, sabía que el dinero no tiene amigos y que cualquier persona soltaria el paradero del lugar sin pensarlo dos veces si le ofrecían una buena cantidad o podrían intercambiar su dirección por cualquier otro tipo de beneficio, por lo tanto, resguardar la privacidad del lugar, era lo primordial.

Sin embargo; hay un dicho muy conocido en mi ciudad natal: a dinero en mano, el monte se hace llano, eso significa que, el dinero, elimina los mayores obstáculos y Frank por lo poco que había notado en ese momento, tenía mucho dinero.

Había gastado miles de millones de dólares sobornando a los guardias de seguridad para mantenerme lejos de los demás clientes, era más que evidente que no se le iba a hacer difícil, pagar para conseguir lo que quería y en ese entonces el me quería a mí.

No era que los demás clientes no tenían dinero, claro que tenían, los servicios en el Edén eran muy costosos, para estar ahí, si o si, debías tener una buena economía, no obstante; a la mayoría no le convenía acabar con ese lugar, quien en su sano juicio va a acabar con el lugar que le permite sacar todas sus perversiones libremente, sin ningún miedo a ser arrestado, descubierto, juzgado por la sociedad y miles de cosas más.

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Comments

Farfan Vallejos Elizabeth Gloria

Farfan Vallejos Elizabeth Gloria

una hermosa novela con hechos reales

2022-02-15

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