...Capítulo VI...
Luego de la muerte de Flor, mi vida se convirtió en una tortura mucho peor, me sentía muy miserable, antes me sentía abusada, triste, muchas veces quería morir, pero me consolaba que yo era la víctima y que no estaba haciendo nada malo, que solo estaba aguantando para sobrevivir, mi familia siempre fue católica y aunque como lo mencioné antes, yo no iba mucho a la iglesia, pero si tenía temor de Dios y uno de sus mandamientos es "No mataras".
¿Que va a suceder ahora?, sentí que de un momento a otro, pasé de víctima a victimario, como le decía a mi conciencia culpable que lo hice por mantenerme con vida, si existe una vida después de la muerte y hay un cielo, ¿cómo le explico a Dios que preferí matar que morir?.
Todos los días esos pensamientos rondaban mi cabeza, hasta llegar a pensar que todo mi comportamiento tenía justificación, ¿Quien en mi lugar no lo habría hecho?, ¿existe un verdadero Dios?, si es así, ¿por qué permite que pasen estas cosas?, ¿por qué permite que abusen de mujeres y niños?, si es todo poderoso, ¿por qué no hace nada?, acaso, ¿el Dios del Edén tiene más poder que él?.
Créanme cuando se tiene tanto tiempo para pensar, tu mente te juega muy malas pasadas, no hay cosa más traviesa que tu mente, ella lo maneja todo, ella puede hacerte sentir feliz o triste, así como también puede volverte loca o cuerda, la línea entre la locura y la cordura, es tan delgada, que cuando se experimentan situaciones que fracturan tu psique, la puedes cruzar sin darte cuenta.
En esos momentos yo había pasado esa línea, no podía dormir, tenía pesadillas con Flor todos los días, comencé a adelgazar y me amenazaban con que si mi cuerpo no era lo suficientemente atractivo para atraer clientela, que no iba a ser útil, en pocas palabras me iban a matar.
Cada vez que escuchaba que la puerta de la habitación se abría, mi cuerpo temblaba de miedo y me atacaba la ansiedad, siempre que esa puerta se abría, me imaginaba la escena del Dios del Edén entrando y obligándome a asesinar a Flor.
Un día como muchos otros, me llevaron a la sala de venta, me subí a la mesa y me puse en la posición correspondiente, aunque no lo crean, ya mi cuerpo hacía todo de modo automático, hasta la emoción de asco, humillación y repulsión, que sentía al principio, se había ido, puedo decir que ya habían pasado meses, aunque si les soy sincera, yo sentía que habían pasado años.
En ese instante y con lo que había pasado con Flor, puedo decir que ya no tenía esperanzas de nada, no tenía esperanza de salir ni de seguir viviendo y aunque en mi mente no había pasado la idea de acabar con mi vida, esta vez, creo que si alguien quisiera hacerlo por mi, no me molestaría.
Hay un fenómeno psicosocial, llamado, indefensión aprendida, en donde un animal o ser humano aprenden a comportarse pasivamente ante un estímulo, sin intentar cambiar su situación, esto se debe a que ya lo ha intentado antes, y pese a sus esfuerzos, siempre se obtuvo el mismo resultado, esto hace que el individuo desarrolle una pasividad hacia dicho estímulo y diga " Haga lo que haga, siempre será igual".
Uno de los más grandes ejemplos acerca de este fenómeno, es el del elefante del circo, un elefante del circo, es llevado a cautiverio cuando es pequeño y le amarran una de sus patas a una estaca, aunque el animal intenta por todos los medios zafarse, pues no lo logra, ya que en ese momento no tiene suficiente fuerza.
Cuando crece, el animal tiene la fuerza suficiente para escapar, debido a que sigue amarrado a la misma estaca y obviamente una estaca no es suficiente para detener a un elefante adulto, pero este no escapa, ya que lo intento tanto cuando era pequeño, que piensa que no vale la pena intentarlo más, debido a que en su mente, obtendrá el mismo resultado.
En ese momento yo era el elefante, había intentado tantas veces pedir ayuda, oponerme, rogar, rechazar, negociar y miles de cosas más, para poder salir de ahí, pero ninguna había dado resultado, luego de lo de Flor, mi mente cayó en cuenta que hiciera lo que hiciera, pidiera lo que pidiera, rogara a quien le rogara, nunca iba a salir de ahí, o al menos, no viva, esa era mi destino y debía aceptarlo.
A la sala de venta entró un hombre con su hijo, el señor se veía mayor, cabello blanco, alto, Delgado, de piel Blanca, el hijo, si se veía muy joven, cabello castaño claro, alto y Delgado como el papá, ambos tenían sus respectivas máscaras como siempre.
Con el rabillo de mi ojo, vi como el padre tocaba a las chicas y miraba al hijo preguntándole algo, sin embargo; aún estaba muy lejos para yo poder escuchar, fue pasando de mujer en mujer hasta que llegaron a mí.
El padre tocó mi glúteos, mis senos, mi vagina y por último; me levantó el rostro para mirarlo. — Esta se ve bien hijo, se ve joven y poco usada, ¿que opinas?, ¿Te gusta?—. Preguntó el hombre mayor con acento británico, aunque yo no podía saber donde estaba, ya sospechaba que debía ser en Inglaterra o algún lugar aledaño, ya que mucho de los clientes tenían ese acento.
El Chico me miró a los ojos y pude notar sus ojos verdes, él no me tocó en ese momento, solo me miró, volteó a ver a su padre y le susurró —¿Estás seguro que esta es la mejor manera papá?—. Aunque el chico trató de hablar muy bajo, el lugar hacía mucho eco, por lo que yo pude escuchar.
— No seas cobarde, esta es la mejor manera, luego de que termines con ella, podrás seguir viniendo, elegir a la mujer que mejor te parezca, la que más te guste, sino eres tú, será otro, este es su trabajo—. Respondió el padre con un tono impotente.
En mi cerebro no pude evitar refutar. ' Malditos desgraciados violadores, esto no es un trabajo, si estuviera trabajando, sería por cuenta propia y estaría ganando dinero, aqui el único que gana dinero es el maldito bastardo dueño de este lugar'.
El chico accedió a irse conmigo, nos llevaron a una habitación con paredes de espejos, una cama y un sillón tantra, suspiré aliviada cuando me di cuenta que era una habitación común.
Las habitaciones comunes eran como la que acabo de describir, las otras habitaciones iban a depender de la perversión del cliente, unas tenían cadenas en el techo, otras tubos de baile, otras todo tipo de objetos imaginables e inimaginables que pudieran introducir, habían otras que no tenían cama, sino jacuzzis, en fin, cada habitación iba a depender de lo que el cliente pedía y por supuesto, por lo que pagaba.
Yo me quedé un rato parada en medio de la habitación y él solo me miraba, sin decir ni hacer nada, por lo que decidí quitarme la bata blanca, la tela cayó al suelo, dejando mi cuerpo al descubierto, él se quedó viendo mi cuerpo desnudo de arriba a abajo, se veía nervioso y eso hizo que yo también me pusiera nerviosa, por lo general, yo no tenía que quitarme la bata, los hombres me la arrancaban antes de que siquiera pudiera caminar al centro de la habitación, pero él era diferente.
—¿Quieres que te ayude a desvestirte o algo?—. Pregunté incrédula, de verdad no entendía que estaba pasando, no sabía por qué no actuaba.
—No tranquila, yo lo hago—. Me respondió, desabrochandose su camisa, luego pasó al cinturón, se quitó los zapatos y por último el pantalón, solo se quedó en ropa interior, aunque no lo crean, esas palabras que me dijo, fue lo más amable que había escuchado en ese lugar.
—¿Donde lo quieres hacer?—. Pregunté nuevamente, mientras le echaba un vistazo a la cámara, no era que yo estaba loca por hacerlo, pero si veían que solo estábamos parados sin hacer nada, entrarían en la habitación.
— Mira, yo sé que debes estar confundida, la verdad es que, hoy es mi cumpleaños número 18 y mi padre me trajo aquí como regalo, para que me hiciera hombre, aunque puede parecer extraño, nunca he estado con una mujer, he estado estudiando en un internado para hombres, así que no había mucho contacto con chicas, lo cierto es, que estoy un poco nervioso y no estoy seguro de hacer esto—. El chico habló y habló sin parar, yo solo abrí mis ojos de par en par, no caía en cuenta de todo lo que me estaba diciendo.
Yo estaba muy sorprendida, no por que él fuera virgen, sino porque era la única persona de corazón noble que había visto en ese lugar, el único que habló conmigo, el único que no me veía solo como un objeto sexual, yo debía hacer algo, porque si él se iba sin tener sexo, yo la iba a pasar muy mal, solo Dios sabría como me iban a castigar por eso.
Así que tomé valor y le dije: — Tranquilo, no importa si eres virgen, yo te ayudaré, ¿de acuerdo?—. Ni yo misma me creía lo que estaba diciendo, por otro lado; él me miró a los ojos y solo asintió.
Yo me acerqué a él y lo besé, me sentía muy nerviosa, porque era la primera vez que yo tenía que llevar las riendas y el hecho de haber sido violada muchas veces, no quería decir que fuera una experta en el sexo.
Él me regresó el beso y pude sentir sus labios temblorosos, de verdad estaba muy nervioso, yo ingresé mi lengua poco a poco a su boca, aunque les parezca extraño, era la primera vez que me gustaba estar besando a un hombre en ese lugar, no sé, si era porque yo era la que lideraba que me sentía poderosa o era porque el chico no me trataba con dureza, el hecho era que lo estaba disfrutando.
Él también ingresó su lengua y en pocos segundos, ambos estábamos inmerso en un apasionado beso, al principio el beso fue algo torpe, pero con el pasar de los segundos, sé fue haciendo cada vez mejor.
El puso las manos en mi cintura y me preguntó: — Puedo tocarte—. A la vez que miraba mis senos.
De verdad, ese hombre iba a hacer que me pusiera a llorar ahí mismo, era tan tierno y educado, que jamás pensé encontrar a un hombre así en ese infierno, aunque yo trataba de parecer impasible y experta, por dentro estaba muy nerviosa, por lo que solo asentí con mi cabeza, dándole permiso de tocarme.
El chico toco mis senos y siguió besándome, su erección era notable, yo toqué su pene y pude sentir lo duro que estaba, ¿qué se sentirá estar con una persona que no te trate mal?, ¿qué se sentirá tener relaciones sin dolor?, ¿qué se sentirá tener un orgasm*?, me pregunté mentalmente, mientras acariciaba su miembro.
En todo el tiempo que tenía en ese lugar, era la primera vez que mi vagin* estaba lubricando, los besos y los toques eran con suavidad y ternura, no dolían, no habían apretones, ni mordiscos, ni cachetadas.
Le quité la ropa interior y lo llevé a la cama, lo acosté sobre ella y le coloqué el preservativo, él solo miraba lo que yo hacía, en todo ese tiempo no emitió ninguna palabra, solo se escuchaba la respiración pesada, debido a la excitación.
Por otro lado; yo quería experimentar que se sentía tener sexo por cuenta propia, no por imposición, sino por deseo, aunque a ciencia cierta, era algo impuesto, porque él estaba pagando por mí, la manera en que se estaban desarrollando las cosas, era lo más cercano que yo podía tener de un sexo consensuado.
Era la primera vez que sentía gusto y excitación por los besos de un hombre, además, me trataba con ternura y respeto, eso me hacía sentir algo más que una mercancía.
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Updated 35 Episodes
Comments
Sara Sierra C
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2022-04-11
1
Farfan Vallejos Elizabeth Gloria
siempre que ves todo oscuro Hai una Luz de esperanza
2022-02-15
3