EDÉN

...Capítulo III...

— Bienvenidas al Edén—. Dijo el hombre, mientras alzaba los brazos y giraba de un lado a otro en señal de poder.

La verdad, el nombre del lugar, era un poco paradójico, ya que, según la Biblia, el Edén era considerado el paraíso terrenal habitado por el primer hombre y la primera mujer, la mayoría los conocemos con el nombre de Adán y Eva.

Sin embargo; a pesar de que el lugar era realmente hermoso, de paraíso no tenía nada, o bueno, para nosotras no era ningún paraíso, para nosotras, ese lugar tan hermoso y lleno de vegetación, iba a ser el propio infierno.

Lo más curioso de todo, es que el señor del antifaz se presentó como el Dios del Edén, sus palabras exactas fueron — Yo soy el Dios de este lugar, todo lo veo, todo lo escucho, todo lo sé, nadie sale ni entra sin mi permiso, aquí mando yo—. Al escuchar esa voz, sentí un horrible escalofrío en mi cuerpo, esa era la bienvenida a nuestro sufrimiento.

Luego de que el hombre dijera esas palabras, nos llevaron a una habitación, el lugar era amplio, pero no era una habitación común, las paredes y el piso estaban acolchados, era como estar en una habitación psiquiatría de esas que salen en las películas.

Cada vez, yo estaba más y más confundida, no entendía el porqué la habitación era así, no entendía el porqué estaba con esas mujeres en específico, definitivamente no era la edad, ni la etnia, todas éramos totalmente diferentes.

Cuando nos quedamos solas, una de las chicas habló, sin embargo; no le entendí nada, ya que hablaba francés, yo me sentía frustrada, pero más frustrada se sentía ella, ya que era la única que hablaba ese idioma en la habitación, por lo que quería expresarse, pero nadie le entendía.

Yo me liberé de mis temores y pregunté —¿Alguien más habla Inglés o español?—. De las 15 mujeres que estaban en la habitación, 7 hablaban Inglés y 3 hablaban español.

Cuando supe que me podían entender, expresé mis dudas: — No entiendo que pasa, creo que nos quieren prostituir, pero no sé por qué estamos juntas, no tenemos nada en común—.

Una de las chicas, que era una de las mayores me miró con lástima y me preguntó. — ¿Eres virgen?—.

Automáticamente yo respondí que sí, a lo que ella me dijo: —Ahí está tu respuesta—.

Yo quedé en shock por un largo tiempo y luego caí en cuenta, todas las fuerzas que había aguantado para no llorar, se desvanecieron, me cubrí el rostro y comencé a llorar desconsoladamente, en ese instante mi fe, ya había bajado un 90 por ciento.

El Edén estaba cuidado y resguardado por innumerables hombres armados, levanté mi rostro para lograr calmar mi llanto y noté una cámara en la esquina de la habitación, por lo que recordé las palabras del hombre de hace unos minutos atrás, ' todo lo veo, todo lo escucho, todo lo sé, nadie sale ni entra sin mi permiso'.

— Estamos jodidas, estamos muy jodidas—. Dije entre sollozos, mientras miraba fijamente la cámara.

En esa habitación nos tuvieron varios días, ahí dormíamos, comíamos y íbamos al baño, el baño no era común, no tenía inodoro, solo había un hueco en donde se hacían todas las necesidades, para ducharnos, nos llevaban a un cuarto cubierto de cerámica y varias duchas, ahí nos bañamos, mientras nos vigilaban dos hombres armados.

Las habitaciones se dividían por letras, de la A1 hasta la A10 y así con las siguientes habitaciones, B, C, D y así sucesivamente hasta llegar a la Z, no todas las habitaciones eran para las chicas, a partir de la habitación L, esas áreas eran ambientadas para el goce y disfrute de los clientes.

El día que más temía había llegado, varios hombres entraron a buscarnos, nos llevaron a bañar y luego nos pusieron un vestido verde de seda con tirantes, pegados al cuerpo, nos maquillaron e hicieron una cola alta en el cabello, cualquiera pensaría que iríamos a nuestra fiesta de graduación, pero la verdad era, que nos estaban llevando directo al matadero.

El jardín estaba de fiesta, habían miles de personas, mesoneros, hombres con trajes, mujeres elegantes con vestidos largos, todos usaban máscara que les cubrían el rostro, en el salón, había una gran tarima y un hombre animaba el evento.

El Dios del Edén anunció el inicio de la fiesta, a simple vista, parecía un evento común y corriente, el animador comenzó con una subasta, en el lugar habían varios objetos como: cuadros, cofres, tiara, collares, entre otras cosas.

Las personas comenzaron a pujar por los objetos que le gustaban, miles y miles de dólares ofrecían por esos objetos, no entendía como es que las personas podían dar tanto dinero por ese tipo de cosas.

Luego de subastar los objetos vino lo peor, en ese instante entendí, el porqué nos habían arreglado tanto, la subasta de los objetos solo era una apertura, la mayoría de las personas estaban ahí, era para comprarnos a nosotras, las vírgenes.

Jamás pensé que mi virginidad iba a costar tanto dinero, empezaron a subir a la tarima de 5 en 5, las personas que pujaban por las chicas eran realmente desagradable, viejos, gordos, se veían demasiado asquerosos.

Muchas de las chicas lloraron y rogaron, pero eso no valió de nada, de igual manera fueron entregadas a esos hombres asquerosos, por un momento pensé, que a lo mejor si corrían con suerte, podían rogar en privado y alguno de esos hombres la ayudarían.

En mi pequeña mente inocente aún pensaba que esos hombres tenían sentimientos, en mi mente inocente pensé, que como ya habían pagado un alto precio por la persona, se la podían llevar y si eso pasaba, al salir de ese lugar era más fácil escapar, pero luego entendí, que nosotras perteneciamos al Dios del Edén, éramos una mercancía en alquiler, esas personas solo estaban pagando por nuestra virginidad, al terminar su trabajo, nos desecharian para seguir siendo usadas por otros.

Cuando tocó mi turno de subir a la tarima, todo mi cuerpo temblaba, quería llorar, pero no les iba a dar el gusto, ya bastante me estaban humillando, así que no iba a dejar que me vieran llorar.

En mi grupo de 5 mujeres, habían dos rubias, una Morena cabello negro, una blanca cabello castaño y yo, que era trigueña con el cabello castaño oscuro, lacio y ojos color café, mis labios eran gruesos, eso lo heredé de la familia de mi madre y mi cuerpo a pesar de tener 17 años era bastante formado, siempre pensaban que ya era mayor de edad, tenía pechos promedio, no muy grandes ni muy pequeños, era delgada con una buena cintura y mis caderas y glúteos eran bien pronunciados, al igual que mis piernas gruesas, que siempre llamaron la atención de las personas, en ese momento, estaba arrepentida de haber heredado esos atributos, aunque con ellos o no, eso no iba a cambiar mi fortuna.

La subasta de mi grupo comenzó, mi corazón latía a mil por segundos, estaba muy asustada, poco a poco fueron comprando a las chicas, hasta que llegó mi turno.

Recuerdo muy bien lo que dijo el animador de la subasta, — Chica de 17 años de edad, latina, con medidas 93, 68, 106, estatura 1.65 metros, piel trigueña, ojos café oscuro y cabello castaño oscuro, comenzamos con 1 millón de dólares—.

Luego de que el animador terminó, comenzaron los hombres asqueroso a pujar.

— 1 millón quinientos—. Dijo un hombre gordo que me miraba fijamente con ojos de lujuria.

— 1 millón ochocientos—. Pujo un viejo que no estaba muy lejos de la tarima.

— 2 millones—. Se escuchó una fuerte voz desde la esquina del salón, aunque yo no lo podía ver con claridad, porque estaba lejos, no se veía ni gordo, ni viejo, sin embargo; solo con la voz, se sentía que era una persona despreciable.

La subasta siguió y siguió subiendo, hasta llegar a 22 millones de dólares, yo nunca me imaginé que alguien pudiera pagar esa cantidad de dinero, por la virginidad de una mujer, ¿qué ganan con eso?, que placer tan enfermo.

El ganador de mi virginidad, era el hombre de la esquina, cuando lo vi de cerca, pude notar su contextura robusta, pero no podía ver su rostro.

Uno de los hombres armados, me llevó a una de las habitaciones, recuerdo muy bien que arriba estaba escrito Q5.

Cuando entré a la habitación me quedé estupefacta, todas las paredes estaban cubiertas con espejos, la luz era de un tono rojizo, había un mueble parecido a un diván, que luego supe que era un sillón especial para tener relaciones sexuales, llamado sillón tantra, en el medio había una cama y una mesa con varios instrumentos sexuales, del techo caían dos cadenas de metal y dos muñequeras de cuero.

En cuanto escuché el sonido de la puerta cerrarce, quise salir corriendo, me dirigí hacia una de las puertas, que yo suponía que era el baño, pero estaba cerrada, en mi desesperación por querer salir de ahí, no me fijé que había un hombre parado en el umbral de la puerta principal viéndome fijamente.

Me di cuenta de que él estaba ahí, solo cuando escuché el sonido de la puerta cerrarce nuevamente. —¿Quieres huir?—. Me preguntó el hombre en un perfecto Inglés, por su acento, parecía ser un Inglés británico.

Mi última esperanza era rogar, así que le pedí con las manos entrelazadas en señal de súplica, que por favor me dejara ir, que no me hiciera nada, que me sacara de ahí, que yo no diría nada.

La única respuesta que escuché a mis ruegos fue —¡Que ingenua!—. Seguido de una carcajada.

Automáticamente mi rostro palideció, obviamente ese hombre, ni ningún hombre de los que ahí se encontraba, me iba a ayudar, todos eran unos desgraciados y pronto me iba a dar cuenta de eso.

El hombre se dirigió al baño y sacó una llave de su bolsillo, abrió la puerta y antes de entrar me advirtió, señalando a la cámara que se encontraba en la esquina . —No hagas nada estúpido—.

Yo miré a donde él me señalaba y me di cuenta de la cámara de video que no había visto antes, otra vez volvieron a mi mente las palabras del Dios del Edén. ' todo lo veo, todo lo escucho, todo lo sé, nadie sale ni entra sin mi permiso'.

Todas esas lágrimas que había contenido durante todo ese tiempo, estaban saliendo como una cascada por mis mejillas, el maquillaje se me empezó a correr y en mi interior comencé a rogarle a Dios.

A veces es cierto que cuando nos encontramos en peligro, es que nos acordamos de Dios, por eso dicen que metan a varios ateos en un avión y diles que se va a derrumbar, para que veas como se convierten en creyentes de Dios en cuestiones de segundos.

Yo no soy atea, mi religión es la católica, como la mayoría de mi familia, pero no era persona de asistir mucho a la iglesia, ni nada de esas cosas.

— Si supieras que mientras más lloras, más me exitas—. Se escuchó la voz gruesa del hombre que salía del baño, completamente desnudo, mis ojos se abrieron de par en par y volteé mi rostro, aunque yo sabía que no iba a funcionar, decidí rogarle por última vez, pero fue en vano, el que yo le rogara a él lo excitaba más, el tener el poder sobre la otra persona, lo llenaba de deseo, lo podía ver a través de sus ojos, aunque aún llévaba la máscara puesta.

El hombre se acercó a mí y yo retrocedí pegando mi espalda a la pared de espejos. —Por favor, por favor—. Recuerdo que sollocé y volteé mi rostro para no mirarlo, mi cuerpo temblaba sin parar.

Recuerdo que colocó sus manos en el escoté del vestido y le dio dos tirones con mucha fuerza, mi cuerpo se movió en las dos haladas, pero pude mantener el equilibrio y seguía aferrada a la pared, pero esta vez, solo estaba en ropa interior.

—¿Me tienes miedo?—. Susurró el hombre en mi oído.

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Comments

Eugenia Venegas Oyarzo

Eugenia Venegas Oyarzo

Si el rogar , suplicar, llorar, lo exitaba, debió no hacerlo entonces 🤷🏼‍♀️🤣

2023-05-03

1

𝄟⃝Mary𝄟⃝💞

𝄟⃝Mary𝄟⃝💞

a mi ya se me bajó a 0

2023-02-24

1

Martha Padilla

Martha Padilla

Maldito pervertido 😡😡😡

2022-03-16

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