A pesar de que Vladimir no era aficionado a las fiestas y los eventos sociales, comprendía la importancia de aceptar la invitación de Giuseppe, considerando el considerable monto que Rossi Industriale estaba dispuesto a pagar por el servicio de seguridad satelital. La cantidad exorbitante de dinero acordada en el contrato reflejaba la confianza y la inversión que Giuseppe estaba dispuesto a realizar para proteger los activos de su empresa, lo cual implicaba una suma significativa que superaba los millones de euros.
Tras concluir la reunión en la empresa Rossi Industriale, Vladimir y su leal guardaespaldas, Sergei, se dirigieron hacia la villa, pero antes hicieron una parada para comprar comida para llevarle a Elda. Vladimir optó por una selección de exquisiteces italianas, incluyendo pasta fresca con salsa de tomate casera, deliciosas bruschettas de pan tostado con tomate y albahaca, y una variedad de antipasti con aceitunas marinadas, queso parmesano y embutidos selectos. Además, no faltaron postres típicos italianos como el tiramisú y el cannoli, así como una botella de vino tinto de la región para acompañar la comida.
Con la comida cuidadosamente seleccionada y empacada, Vladimir y Sergei continuaron su camino hacia la villa, conscientes del reconfortante banquete que les esperaba a ellos y a Elda.
Sergei, con la confianza que siempre había caracterizado su relación con Vladimir, no pudo evitar preguntarle si Elda había dormido bien después de lo sucedido la noche anterior y si habían tenido alguna conversación adicional. Sin embargo, la expresión seria y penetrante de Vladimir al escuchar la pregunta hizo que Sergei sintiera un leve escalofrío. La mirada intensa de Vladimir parecía decir: "¿Por qué te importa tanto la vida de Elda?"
Consciente de la reacción de Vladimir, Sergei rápidamente aclaró que no estaba insinuando nada más allá de su preocupación genuina por el bienestar de Elda. Aseguró a Vladimir que no se formara ideas descabelladas y que simplemente el había notado que Elda se veía vulnerable y quería asegurarse de que todo estuviera bien.
Vladimir, relajando sus hombros ante la explicación de Sergei, respondió que Elda había dormido sin interrupciones la mayor parte de la noche, aunque en ocasiones se quejaba ligeramente. Sin embargo, al despertarse por la mañana, él la encontró tranquila y solo había dejado una nota para ella antes de partir, y así siguieron en silencio hasta llegar a la villa.
Por otro lado en la villa Elda se despertó con los ojos hinchados por el llanto, sintiendo un peso abrumador en el pecho al recordar los eventos de la noche anterior. Cada detalle del traumático episodio en la carretera se reprodujo vívidamente en su mente, llenándola de una profunda sensación de desesperación y autoincriminación. Se reprochaba a sí misma por no darse cuenta de su embarazo, por haberse dejado llevar por las expectativas sociales y por haber perdido a su bebé sin siquiera saber que lo llevaba dentro. Se sentía estúpida y vulnerable, como si hubiera fallado en lo más básico como mujer y como madre.
La idea de enfrentarse a Vladimir después de aquello le resultaba abrumadora. Temía que él la juzgara por su debilidad, que la rechazara por no haber sido capaz de identificar su embarazo y por tal perdiera a su bebé. ¿Cómo podría mirarlo a los ojos después de eso? ¿Cómo podría soportar la idea de que la mirara con desprecio o compasión? Con un suspiro resignado, Elda se recostó nuevamente en la cama, dejando que el agotamiento y la angustia la envolvieran. Se sentía agotada, tanto física como emocionalmente, y la idea de enfrentarse a otro día lleno de incertidumbre y dolor era simplemente demasiado para soportar en ese momento. El mundo exterior quedó suspendido mientras Elda se sumergía en un sueño intranquilo, acosada por los fantasmas de su pasado, y la incertidumbre del futuro.
Vladimir, en pleno viaje en la Suburban, mientras Sergei manejaba rápidamente, el silencio se vio interrumpido por el sonido del teléfono de Vladimir, contestó la llamada dándose cuenta que era el doctor Antonov, con un tono que denotaba respeto pero también camaradería, hablo Vladimir.
—" Antonov, ¿cómo estás hoy, negro?" -saludó Vladimir con un leve tono de complicidad, reconociendo su vínculo compartido en la mafia.
—"Vladimir, siempre un placer escucharte. Estoy bien, gracias por preguntar. ¿Y tú? ¿Cómo van los asuntos por tu lado?" -respondió el doctor Antonov, mostrando su complicidad con un tono similar.
-"Todo en orden, negro. ¿Cuál es la razón de tu llamada?" -preguntó Vladimir con seriedad, consciente que pronto llegaría a la villa.
—"Entiendo, que siempre estás ocupado Vladimir. Quería saber cómo está Elda, mi amigo. Cuando la vine a ver a la mansión de tus padres, me enteré que se fue contigo -expresó el doctor Antonov con preocupación, mostrando su interés en el bienestar de Elda.
Vladimir, compartió los detalles del encuentro en la carretera y cómo había dejado a Elda descansando en la villa. El doctor Antonov, basado en la información proporcionada, tanto de la familia como de Vladimir compartió con él, el diagnóstico de Elda, explicando que sufre de un cuadro depresivo severo, caracterizado por una profunda tristeza, falta de interés en actividades cotidianas, cambios en el apetito y el sueño, sentimientos de desesperanza y culpa, y pensamientos suicidas. Describir este cuadro incluiría detalles como la pérdida de energía y motivación, dificultad para concentrarse, irritabilidad, y un sentimiento abrumador de desesperanza y vacío.
El doctor Antonov, reconociendo el vínculo entre Vladimir y Elda, desde la mansión de Aleksander le pidió a Vladimir que fuera un apoyo crucial para ella en este momento difícil. Entonces, de manera directa y sin rodeos, el doctor le preguntó a Vladimir si tenía sentimientos por Elda. Vladimir, después de un breve momento de reflexión, admitió que sí, que estaba enamorado de ella.
El doctor Antonov, al escuchar la respuesta de Vladimir, sonrió del otro lado de la línea y le instó a que fuera ese apoyo que Elda necesitaba desesperadamente. Le pidió que la ayudara a enfrentar sus demonios internos, incluidos los recuerdos dolorosos de su exnovio, las imágenes traumáticas y los pensamientos suicidas. Reconoció que Vladimir podría ser la clave para ayudarla a superar este difícil momento en su vida, a parte de las terapias.
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Comments
Lorena Larios
siempre he pensado y e dicho que para la persona que te quieres siempre vas hacer la mujer perfecta
2024-06-17
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