capitulo 16

Vladimir sostuvo la mirada de Elda con ternura, comprendiendo la angustia que la consumía por dentro. Con una calma serena, acarició suavemente su cabello y la atrajo aún más cerca de él, envolviéndola en un abrazo reconfortante.

—"No has perdido nada, Elda", susurró Vladimir con voz suave pero firme. —"No eres mala. Eres una persona maravillosa, llena de amor y compasión. Estoy aquí para ayudarte, para apoyarte en todo lo que necesites".

Elda se aferró a él con desesperación, buscando consuelo en sus palabras reconfortantes. Sus temblores comenzaron a disminuir lentamente, mientras el calor reconfortante de Vladimir la envolvía como un manto protector.

—"No estás sola, Elda", continuó Vladimir, su voz resonando con una promesa de apoyo inquebrantable. —"Estoy aquí contigo, y juntos superaremos cualquier obstáculo que se interponga en nuestro camino. Confía en mí".

Sergei estaba cerca con la linterna iluminando más el camino. Elda, entre sollozos, miró a Vladimir con ojos que reflejaban una infinita tristeza y solo pudo articular las palabras: —"Ahora tendría meses de nacido". Las palabras resonaron en el aire, llenas de un dolor insondable y un peso inmenso. Vladimir la abrazó con más fuerza, sintiendo el peso de sus palabras y la magnitud de su pérdida. Era un momento de profunda conmoción y pesar mientras permanecía en el arcén de la carretera, enfrentando una realidad desgarradora y compartiendo el peso de la carga emocional que conllevaba.

Con una ternura infinita, Vladimir continuó abrazando a Elda mientras le hacía la pregunta con una voz suave y compasiva: —"¿Era tu bebé, linda?" Su mirada reflejaba preocupación y empatía, comprendiendo la profundidad del dolor que Elda estaba experimentando en ese momento. Con un tono calmado y comprensivo, Vladimir repitió su pregunta, asegurándole a Elda que podía confiar en él: —"¿Sabes que puedes confiar en mí, cierto? No te juzgaré si es lo que piensas." Sus palabras buscaban brindarle consuelo y mostrarle que estaba ahí para apoyarla en cualquier situación, sin importar qué.

Elda, con la voz entrecortada por el llanto, recordó aquel doloroso suceso que había marcado su vida. —"Por querer encajar en la sociedad y evitar las burlas de mis compañeros, y que mi novio no me dejara comencé a pasar horas en el gimnasio", dijo entre sollozos. "En el último mes, me esforcé aún más, porque en lugar de bajar de peso, comencé a subir y no entendía por qué". Con la voz cargada de infinita tristeza, continuó: "Un día, un dolor intenso me invadió y empecé a sangrar profusamente. Después en el hospital supe que había perdido a mi bebé". Las palabras de Elda resonaron en el aire, cargadas de dolor y arrepentimiento, mientras Vladimir la escuchaba en silencio, sintiendo el peso de su angustia y compartiendo su dolor en aquel momento desgarrador.

El corazón de Vladimir se encogió al escuchar las palabras de Elda, y su abrazo se volvió aún más reconfortante mientras ella narraba con angustia lo que había pasado. Las lágrimas de Elda y sus gritos de dolor resonaban en el silencio de la noche, llenando el aire con una profunda tristeza. Sergei, testigo de la escena, sentía un nudo en la garganta al presenciar el sufrimiento de Elda. Vladimir permaneció en silencio, sin pronunciar una palabra, pero su abrazo era un refugio seguro en medio de la tormenta emocional de Elda. Aunque el miedo y la confusión todavía la acosaban, sabía que tenía a alguien a su lado en quien podía confiar, alguien que la sostendría cuando todo pareciera desmoronarse a su alrededor.

Vladimir, con la delicadeza que le caracterizaba, cargó a Elda en sus brazos y la llevó de vuelta a la camioneta. Mientras conducían hacia la villa de Ras, Elda se sumió en un sueño reparador, exhausta por la carga emocional de lo sucedido. En el silencio del vehículo, Sergei rompió la quietud, todavía sorprendido por lo que había escuchado.

— "No puedo creer que estuviera embarazada y por querer cumplir con esteritipos lo perdiera", comentó en un tono molesto.

Vladimir, con su característica serenidad, respondió con una confesión inesperada: "Ni yo me lo imaginaba, pero no fue culpa de ella que lo perdiera, lo que si es que ella debe de amarse a sí misma sin importar lo que los demás piensen o no". Sus palabras resonaron en el interior del automóvil, reflejando una pequeña parte del peso emocional que Elda llevaba sobre sus hombros.

Vladimir salió muy temprano a la mañana siguiente para reunirse con el distinguido Giuseppe Rossi, dueño de la prominente empresa Rossi Industriale, especializada en la fabricación de equipos de alta tecnología para la industria automotriz. La sala de conferencias reflejaba la seriedad y la elegancia característica de las empresas italianas de renombre, con muebles de madera oscura y una iluminación tenue que confería un aire de solemnidad al ambiente. Giuseppe Rossi, un hombre de mediana edad con una mirada penetrante y una puerta imponente, recibió a Vladimir con una calidez medida y una seriedad que denotaba su vasta experiencia en el mundo de los negocios. Su traje oscuro perfectamente ajustado y su corbata de seda realzaban su figura de autoridad, mientras que su firme presión de manos transmitía confianza y determinación.

Vladimir, por su parte, vestía un impecable traje negro a medida, combinado con una camisa blanca y una corbata de seda azul oscuro. Su presencia era la de un hombre de negocios consumado, con una expresión seria pero segura que inspiraba respeto y admiración. Durante la reunión, Vladimir destacó los beneficios del sistema de seguridad vía satélite que su empresa ofrecía, resaltando su eficacia y fiabilidad para proteger los activos más valiosos de Rossi Industriale. Con gráficos y datos precisos, presentó las ventajas de esta tecnología avanzada, destacando su capacidad para monitorear y responder a cualquier amenaza en tiempo real, desde cualquier lugar del mundo.

Giuseppe escuchó atentamente la propuesta de Vladimir, mostrando un interés evidente en las posibilidades que ofrecía el sistema de seguridad. Su expresión seria se suavizó ligeramente mientras evaluaba la información proporcionada por Vladimir, reconociendo el valor que esta tecnología podría aportar a su empresa.

Al finalizar la presentación, Vladimir extendió la mano para sellar el acuerdo, mostrando una confianza tranquila en el éxito de la negociación. Giuseppe correspondió al gesto con un apretón de manos firme, expresando su satisfacción por la colaboración futura entre ambas empresas. Con la firma del contrato, el pacto estaba sellado, y Vladimir se retiró de la reunión con la certeza de que había logrado asegurar una asociación beneficiosa para ambas partes. Su imponente figura y su determinación habían dejado una impresión duradera en Giuseppe y en todos los presentes, consolidando su reputación como un hombre de negocios respetado y admirado en el mundo empresarial italiano.

Giuseppe Rossi, para sellar el contrato de manera más íntima y personal, decidió invitar a Vladimir a la fiesta de compromiso que se estaría celebrando en dos días de su hijo, Marco Rossi, un joven de 26 años, heredero de la fortuna y el legado empresarial de su padre, era conocido por su encanto y su ambición sin importar las consecuencias para llevar la empresa familiar hacia nuevos horizontes. Con su porte distinguido, Marco representaba la juventud y el sinismo enmascarado con con una sonrisa cautivadora y caballerosidad.

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Comments

Wendy López

Wendy López

Mi comentario anterior, fuera de lugar.

2024-08-04

1

Lorena Larios

Lorena Larios

Elda con razón está así

2024-06-17

0

Agueda Monroy

Agueda Monroy

Que triste probre de elda 💔😭😭😡

2024-04-16

1

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