capitulo 6

Los dos se miráron a los ojos uno al otro, el médico anailsando el comportamiento de Elda y ella pensando por dentro como esquivar las preguntas que la pusieran en aprientos, el médico la invitó a sentirse cómoda.

— Por favor, siéntete cómoda, Elda. Quisiera saber cómo te sientes hoy, especialmente después de lo que ocurrió ayer en el jardín. —preguntó el Dr. Antonov, mostrando empatía en su mirada.

Elda, aún procesando los eventos del día anterior, se acomodó en la banca y suspiró antes de responder.

— Estoy un poco abrumada, doctor. No entiendo por qué suceden ciertas cosas aquí, y hay tantos secretos que me siento perdida. —confesó Elda, llevando consigo la carga emocional de sus experiencias, que no quería expresar todavía.

El Dr. Antonov asintió con comprensión, reconociendo nuevamente la evasión de Elda por abordar las preocupaciones más profundas.

— Comprendo que este lugar puede resultar desconcertante. Mi intención como ya te comenté es ayudarte a enfrentar y superar las dificultades que has experimentado. Cuéntame más sobre tus pensamientos y emociones, Elda. —instó el Dr. Antonov, creando un espacio seguro para que ella compartiera sus preocupaciones más íntimas.

El Dr. Antonov, percibiendo la evasión de Elda respecto a su intento de suicidio, decidió abordar la cuestión de una manera más directa.

— Entiendo que deseas saber lo que sucede en la Mansión Tarásov, Elda. Pero para ayudarte de la mejor manera, necesito que hablemos también sobre tu pasado, sobre lo que llevó a ese momento en Rumania. ¿Puedes contarme más sobre eso? —preguntó el médico, buscando abrir un espacio para que Elda compartiera sus experiencias más dolorosas.

Elda, sintiéndose aún reticente, le respondió con determinación:

— Quiero saber qué pasa aquí porque siento que estoy rodeada de secretos. No entiendo por qué mi tío permitió que nos quedaremos en esta mansión y qué relación tiene con los Tarásov, porqué solo de trabajo no es. Necesito respuestas. —expresó Elda, revelando su deseo de desentrañar los misterios que la envolvían en la mansión Tarásov.

El Dr. Antonov, notando la persistencia de Elda en obtener respuestas sobre la familia Tarásov, decidió abordar la situación con honestidad. Sacó su libreta y le ofreció a Elda una explicación más detallada.

— Elda, entiendo que tengas preguntas sobre la familia Tarásov. Mi papel aquí es ayudarte a enfrentar tus propios demonios y encontrar la paz interior. No obstante, hay aspectos de la vida de los demás que deben permanecer confidenciales por respeto a su privacidad. Mi principal preocupación es tu bienestar y tu recuperación. —explicó el Dr. Antonov, reconociendo la astucia y la inteligencia de Elda.

Elda, aunque aún insatisfecha con las respuestas, comprendió la posición del médico. Sin embargo, su curiosidad persistente dejó en claro que la mansión Tarásov seguiría siendo un enigma que ella estaba decidida a descifrar, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la pregunta del dr Antonov con respecto a su niñez.

— Elda, cuéntame más sobre tu niñez. ¿Tienes recuerdos especiales que te hagan sentir feliz y amada? —preguntó el Dr. Antonov, buscando abrir un espacio donde Elda pudiera explorar los aspectos positivos de su pasado.

Elda, con una sonrisa en el rostro al recordar momentos felices, comenzó a relatar anécdotas de su infancia. Habló de días jugando en la nieve con sus hermanos gemelos, la participación activa de sus padres y el constante amor que recibía en su hogar. A medida que compartía estos recuerdos, Elda experimentaba una mezcla de nostalgia y alegría, reconociendo la importancia de esos momentos en su formación como individuo. El Dr. Antonov, al notar la conexión que Elda tenía con sus hermanos, decidió explorar más a fondo su relación con ellos.

— Elda, ¿alguna vez sentiste que tus hermanos se burlaban de ti o te hacían sentir incómoda debido a ser la más pequeña? —preguntó el Dr. Antonov, buscando entender la dinámica de su familia y cómo podía afectar su estado emocional.

Elda, con sinceridad, compartió sus experiencias. Expresó que, a pesar de ser la más pequeña, siempre se sintió amada y protegida por sus hermanos. Especialmente, destacó la relación cercana que tenía con su hermano Edmundo, recordando momentos de risas y confidencias. Elda afirmó que nunca se sintió objeto de burlas por parte de ellos; al contrario, siempre contó con su apoyo y defensa, lo cual había fortalecido los lazos familiares.

— No, para nada. Amo a mis hermanos. A pesar de ser la más pequeña, siempre me sentí parte del equipo. Pero recuerdo especialmente a Edmundo. Siempre nos llevamos muy bien. Hacíamos bromas, compartíamos confidencias más que con Velkan, el siempre fue más centrado, si participaba en las bromas pero siempre era más sensato. Elda reflexionó con una sonrisa que ilumino su rostro por un momento, llevando su mente a los recuerdos de la infancia.

Dr. Antonov: ¿Cómo era esa conexión especial con Edmundo?

Elda se sumergió en sus recuerdos, recreando aquellos momentos entrañables. —Éramos como cómplices. Aunque fuera la hermana pequeña, nunca me trataron de manera diferente. Siempre me sentí aceptada y querida por ellos. Nunca hubo burlas ni menosprecio. Era una infancia llena de amor y apoyo incondicional. Elda siguió con su narracion: —Recuerdo un día en la escuela, vi a Edmundo con una mujer mayor que él. Estaban besándose y comportándose de una manera... muy amorosa, o inapropiada para mi inexperiencia diría yo. Desde ese momento, nos volvimos más cómplices. Edmundo me confesó que amaba a esa mujer y que experimentaba emociones que algún día comprendería.

El Dr. Antonov escuchaba atentamente, buscando entender cómo estas experiencias podrían haber afectado la perspectiva de Elda sobre el amor y las relaciones.

—En ese entonces, yo era bastante inocente e ingenua. No entendía completamente lo que Edmundo quería decir con esas cosas, pero notaba que estaba feliz con esa mujer. En mi tonta inexperiencia, nunca lo vi como algo malo. La narración de Elda revelaba la perspectiva de una joven que, a pesar de presenciar situaciones adultas, mantenía su inocencia y admiración por la felicidad de su hermano.

Con una voz serena y unos ojos que expresaban paciencia y comprensión, el Dr. Antonov formuló su pregunta cuidadosamente. — Elda, con el tiempo y las experiencias vividas, ¿sientes que ya no conservas esa inocencia e ingenuidad que tenías antes? ¿Ahora entiendes mejor lo que tu hermano quería expresar en aquel entonces?. Su tono reflejaba una disposición para escuchar y comprender, buscando abrir un espacio donde Elda pudiera expresar sus pensamientos con libertad.

Elda dudó por un momento, su mirada reflejaba un tumulto de emociones. Después de un buen rato, con un palpable sentimiento de odio y dolor, confesó: — Supongo que ya no soy la tonta e ingenua Elda de hace años.

El Dr. Antonov, agudo en su observación, notó que la mirada de Elda se transformó en una expresión de dolor y odio, aunque no derramara lágrimas. Con una perspicacia profesional, comprendió que su tarea era ayudar a Elda a liberar ese dolor que la consumía desde adentro.

Mientras discutían en el despacho, Vladimir y su hermano Alexei planificaban el próximo golpe contra la banda rival que había invadido su territorio. Vladimir, con la mirada fija en la fuente donde Elda se encontraba, apenas prestaba atención a la estrategia criminal que se desplegaba ante él. Sus pensamientos oscilaban entre el deber mafioso y la creciente inquietud por la joven.

Vladimir, ataviado con un impecable traje oscuro que resaltaba su figura, reflejaba en su rostro la dualidad de su papel como el segundo líder mafioso y la preocupación que Elda despertaba en él. Cada palabra de Alexei se desvanecía en el fondo mientras su mente se debatía entre la rigidez de su profesión y el deseo de acudir en ayuda de Elda.

En la reunión, Alexei, con su barba extensa y tatuajes llamativos, personificaba la imagen intimidante característica del jefe de la mafia. Mientras discutían estrategias, Vladimir no podía evitar apartar la mirada hacia la fuente, donde Elda experimentaba un cambio en su expresión facial, sumiéndose en una especie de vacío.

La lucha interna de Vladimir se manifestaba en su mirada perdida. La dualidad entre su papel de hombre implacable y la inquietud por Elda le planteaba un dilema constante. La reunión se estaba convertiendo en un escenario donde los límites entre la brutalidad de la mafia y la preocupación personal se desdibujaban, evidenciando la complejidad de la vida de Vladimir Tarásov por descubrirse enamorado.

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Comments

Myriam Del Carmen

Myriam Del Carmen

escritora. hasta el momento me gusta lo que he leído a seguir leyendo un saludo. a la distancia

2024-11-21

0

Sil Misaky Ibarra

Sil Misaky Ibarra

Que no era Emiliano

2024-05-19

0

Maria Hernandez

Maria Hernandez

jajaja jajaja jajaja jajaja 😅😅😅😅😅 pero la mamá ya lo descubrió

2024-02-02

2

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