Vladimir ayudó a Elda a acomodarse en la cama, y ella, entre la confusión y el desconcierto, empezó a sentir una extraña conexión con ese hombre misterioso. Mientras él permanecía a su lado, la habitación se llenó de una quietud reconfortante.
Mientras Elda se acomodaba en la cama, la figura de Vladimir revelaba detalles de su atractivo que no pasaron desapercibidos para ella. Observó su piel aterciopelada, inhalar el sutil aroma masculino que emanaba, y notó sus cautivadores ojos azules, el mismo color que siempre había sido su favorito.
Sin embargo, a pesar de la atracción que despertaba en Elda, el eco del pasado resonó en su mente. Recordó las crueles palabras que alguna vez le dijeron, la etiqueta de "fea" y "gorda" que parecía tatuada en su autoimagen. Aunque Vladimir encarnaba lo que muchas considerarían un "macho alfa", la sombra de la inseguridad se cernía sobre Elda.
Elda, sintiendo la presencia reconfortante de Vladimir, se sumió en sus pensamientos mientras él continuaba a su lado. Aunque Elda reconocía la belleza y la gentileza de Vladimir, la sombra de su pasado la envolvía.
—"¿Por qué estás aquí?" preguntó Elda con una mezcla de curiosidad y vulnerabilidad en su voz.
Vladimir, ajeno a las batallas internas de Elda, mantuvo su atención en brindarle apoyo. —"No te preocupes, Elda. Estoy aquí para protegerte y ayudarte en lo que necesites", dijo con sinceridad.
La habitación quedó sumida en un silencio momentáneo, interrumpido solo por la suave respiración de Elda. En ese instante, ella se debatía entre la aceptación de la ayuda de Vladimir y los recuerdos dolorosos que la atormentaban.
Vladimir, notando la quietud de Elda, decidió romper el silencio. —"¿Hay algo en particular en lo que pueda ayudarte ahora mismo?" preguntó con amabilidad.
Elda, titubeante, respondió, —"Solo necesito descansar, me siento con sueño. Tiempo para entender todo lo que pasó en la tarde". Aquellas palabras expresaban vulnerabilidad, y mucha tristeza.
Con un gesto de comprensión, Vladimir se acercó aún más a Elda, ayudándola a acomodarse en la cama. A medida que la noche avanzaba, él comprendía que las heridas que marcaban a Elda iban más allá de las físicas; residían en las cicatrices emocionales que la atormentaban. Con suavidad, le sugirió a Elda que descansara, asegurándole que en la mañana su tío estaría allí para ponerla al día. Elda, confiando en las palabras de Vladimir, aceptó la sugerencia y se dejó llevar por la fatiga acumulada. La tranquilidad de la noche finalmente la envolvió, y rápidamente se sumió en un sueño reparador.
Elda, finalmente despertando a las 11 de la mañana, se encontró con la presencia reconfortante de su tío Ras junto a ella. Aunque le costó trabajo abrir los ojos, la calidez de su tío la envolvía. Ras, con cariño, acariciaba su cabellera, y Elda respondió con una leve sonrisa, agradecida por la cercanía familiar en ese momento delicado.
Elda, con sinceridad en su voz, se disculpó con su tío Ras por haber abierto sus heridas frente a los amigos de él. —"Lo siento mucho, tío. No debería haber expuesto todo eso delante de tus amigos. Fue un error", expresó, con la mirada apenada.
Ras, respondiendo con comprensión, colocó una mano suavemente sobre la cabeza de Elda. —"No tienes que disculparte, Elda. Recuerda que estamos aquí para apoyarte en los momentos difíciles. Ahora, lo importante es que te recuperes y que estemos juntos como familia", dijo con ternura, transmitiéndole la tranquilidad de que su bienestar era lo prioritario.
Elda se sumergió en el baño, con pensamientos inquietos sobre el enigmático Vladimir. Aunque la luz del ambiente era tenue, recordaba claramente esos ojos tan hermosos, tan profundos como el mismo cielo. El baño, un santuario de relajación en la mansión rusa, estaba decorado con azulejos blancos y detalles dorados que reflejaban la elegancia característica del lugar. La bañera, espaciosa y acogedora, estaba rodeada de velas que iluminaban delicadamente la estancia, creando un ambiente sereno.
Al salir del baño, Elda se encontró con una enfermera lista para curar sus heridas. Con un gesto amable, la enfermera le indicó que la señora Eleonora le había enviado algunas prendas. Elda se vistió con un conjunto proporcionado por Eleonora: un pantalón y una playera de manga larga en tonos suaves, combinando comodidad y estilo, salió de aquella habitación y Elda avanzaba con lentitud por los pasillos de la imponente mansión, en busca de la escalera. En la distancia, divisó a un hombre de espaldas, y al acercarse, descubre que es Vladimir. Al percatarse de la presencia de Elda, él se gira para mirarla, y ambos se sumergen en un intercambio de miradas profundo.
Después de ese momento de silenciosa conexión, Vladimir decide romper el mutismo. —"¿Amaneciste bien?" pregunta con suavidad. Elda, sintiéndose nerviosa, asiente afirmativamente.
Vladimir, en un gesto caballeroso, le extiende la mano para ayudarla a bajar las escaleras. Sin embargo, de repente, su mano se desliza a la zona de la cintura de Elda, brindándole un apoyo adicional mientras descienden lentamente. En ese instante, las miradas y gestos silenciosos tejían un hilo sutil entre ellos, marcando el inicio de una conexión que iba más allá de las palabras.
El tío Ras, al ver a Elda entrar acompañada por Vladimir, se levantó rápidamente para cederle el lugar junto a ella. La acción no pasó desapercibida para los Tarásov presentes, quienes miraron con extrañeza a Vladimir, sorprendidos por su comportamiento atento y distinto al que estaban acostumbrados.
En la mirada de Vladimir se reflejaba una atención especial hacia Elda, algo que no habían presenciado en muchos años. La madre de Vladimir, captando la situación, lo miró con amor, entendiendo que su hijo podría haber encontrado finalmente a la mujer por la que tanto había rezado y esperado. La mansión rusa, testigo de secretos y emociones entrelazadas, se preparaba para un nuevo capítulo en la vida de Elda y Vladimir.
Una vez sentados, Ras procedió a presentar a su amigo Aleksander y a sus hijos a Elda. Cada miembro de la familia se puso de pie, uno por uno, para saludarla, revelando una mezcla intrigante de apariencias y personalidades.
Aleksander, el líder imponente de la familia, destacaba por su apuesto aspecto. Tatuajes adornaban su piel, pero su vestimenta casual añadía un toque de informalidad. Su presencia imponía respeto, y sus ojos reflejaban una mezcla de experiencia y misterio.
Luego, se presentó Alexei, el hijo mayor, con una barba extensa y numerosos tatuajes que marcaban su piel de manera prominente. Aunque transmitía una aura intimidante que causaba cierto temor en Elda, la fuerza en su presencia era innegable, revelando un individuo que llevaba consigo la marca de su posición en la mafia rusa.
Finalmente, Vladimir, el hijo menor, se puso de pie. Con menos tatuajes que los demás, sus ojos azules captaron la atención de Elda de inmediato. Aunque emanaba una presencia más suave en comparación con su familia, su mirada tenía un encanto único que cautivó a Elda.
La mesa del comedor se convirtió en el escenario donde se entrelazaban las distintas personalidades de los Tarásov, y Elda, en medio de aquel encuentro.Antes de que Elda pudiera indagar más, Eleonora intervino en la conversación. Explicó que se sentía responsable por lo ocurrido en el jardín y afirmó que no aceptaría un no por respuesta. Sus palabras resonaron con determinación, dejando claro que la decisión de que Elda permaneciera en la mansión estaba basada en el deseo sincero de ayudar y cuidar de ella.
Elda, una vez más, expresó su agradecimiento, y fue Vladimir quien tomó la palabra en la mesa. Preguntó directamente a Elda a qué se dedicaba en Rumania, sumergiendo la atmósfera en un momento de curiosidad y expectativa. La sorpresa se reflejó en los rostros de los Tarásov, especialmente en el de su hermano, quien compartía con Vladimir una reputación de frialdad y falta de interés en los asuntos ajenos.
En la mafia, la indiferencia y la ausencia de emociones eran una armadura esencial. Sin embargo, en ese instante, Vladimir parecía dispuesto a quebrantar esas normas por el bien de Elda. Sus ojos, usualmente impasibles, ahora mostraban un brillo distinto, revelando una conexión que trascendía las frías reglas de la mafia.
Elda, después de una pausa reflexiva, compartió con sinceridad su respuesta a Vladimir. —"Estudié para ser maestra", dijo, revelando un aspecto de su vida que había dedicado a la enseñanza. —"Estaba haciendo una especialidad para trabajar con niños de educación inicial en Rumania".
Todos elogiaron la carrera de Elda, haciendo comentarios de ánimo, Elda asintió en forma de agradecimiento y continuaron comiendo y platicando, sin embargo, Vladimir de vez en cuanto miraba profundamente a Elda y para su madre fue más que obvio lo que estaba pasando con su hijo.
El médico llegó justo cuando estaban terminando de comer. Elda, entre los invitados, notó la reverencia que el médico hizo a Aleksander, un gesto que no pasó desapercibido para ella. Mientras Elda continuaba reflexionando sobre la inusual reverencia hacia Aleksander, sus pensamientos fueron interrumpidos por su tío Ras, quien le presentó al médico que la ayudaría. El médico, de cabello cano y ojos verdes, se presentó como el Dr. Antonov. Con una sonrisa amable, saludó a Elda y le propuso salir a caminar por el jardín de Eleonora. Sin tener más opciones, Elda siguió al Dr. Antonov.
El Dr. Antonov condujo a Elda hacia una tranquila banca cerca de una fuente sombreada en el pintoresco jardín de Eleonora. Con amabilidad en su voz, el médico, especializado en psiquiatría, invitó a Elda a sentarse, creando un ambiente más relajado para la conversación que se avecinaba.
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Comments
Lorena Larios
Elda pobre
2024-06-15
0
Maria Hernandez
pobre chica
2024-02-02
1