capitulo 13

Entonces, entre susurros en ruso, Vladimir comenzó a cantarle una canción tranquila, como si las palabras en un idioma desconocido fueran capaces de tejer un manto reconfortante alrededor de Elda. Sus caricias, suaves y reconfortantes, acariciaban el cabello de Elda y descendían por su espalda, trazando líneas de alivio.

Poco a poco, las lágrimas de Elda se fueron apaciguando, su respiración volvió a la normalidad y, con la melodía suave y las caricias de Vladimir, el dolor que la atormentaba pareció disolverse. Elda se sumió en un sueño reparador, y Vladimir, cansado pero sereno, la abrazó con delicadeza quedándose también dormido mientras la habitación se llenaba de una quietud reconfortante. El vínculo entre ellos se fortalecía en la calma de la noche.

Por otro lado el doctor Antonov, observando la escena entre Vladimir y Elda, caminó detrás de ellos hacia la casa. Al entrar, se encontró con Eleonora y Aleksander, quienes también presenciaban la escena con expresiones consternadas. Curioso, el doctor les preguntó si sabían qué estaba sucediendo.

Eleonora, con una sonrisa orgullosa, respondió que su hijo finalmente había encontrado el amor. La revelación dejó al doctor Antonov sorprendido, pero rápidamente comprendió la dinámica entre Elda y Vladimir. Reconociendo la conexión entre ambos, el doctor vio una oportunidad para utilizar este vínculo en beneficio del tratamiento de Elda.

El doctor Antonov se despidió de Eleonora y su amigo Aleksander, saliendo de aquella mansión. Mientras se alejaba, Eleonora rodeó el cuello de su esposo con un abrazo y, con curiosidad, le preguntó qué opinaba sobre las posibles intenciones de Antonov. Con confianza, su esposo respondió que lo más probable es que Antonov aprovecharia la conexión entre Elda y Vladimir para ayudarla a salir adelante. Eleonora, con una sonrisa encantadora, selló sus palabras con un beso y expresó su creencia en que el amor tiene el poder de hacer milagros. Aleksander, cargando a su esposa entre risas, compartió un gesto juguetón con ella y no dudo en darle una nalgadas que éxito a Eleonora. Ambos se dirigieron a su recámara, para poder hacer el amor una y otra vez, dejando una estela de risas y amor en el aire. La mansión Tarásov, llena de misterios se convirtió en el testigo silencioso de la esperanza y el afecto que rodeaban a la familia. Sin embargo no contaban con el cambio de actitud de Ras.

Ras había llegado de hacer algunas compras, uno de sus hombres de confianza le contó lo que había pasado con Elda así que entró apresuradamente en la habitación, llevando consigo una selección de vestidos y ropa para Elda. Al percatarse de la escena con Vladimir y Elda profundamente dormidos, estaba más que molesto, pero cerró la puerta con cuidado, suspirando en sintonía con los demás que se encontraban ya afuera de la habitación de Elda. Sin embargo, la expresión de Ras reflejaba un descontento evidente.

Se dirigió directamente a Aleksander, sus palabras resonando con autoridad propia de un exintegrante de la mafia italiana —"Aleksander, no puedes permitir que Vladimir se acerque tanto a Elda. Esto no es un juego. Si no quieres complicar las cosas, dile a Vladimir que se mantenga alejado de Elda, advirtió Ras con un tono serio, subrayando la naturaleza implacable de sus vidas en la mafia.

Los dos hombres se enfrentaron, sus miradas chocando con intensidad. En el tenso silencio, Aleksander expresó su descontento: —"Ras, ya no eres parte de la mafia, pero nuestra amistad te permite intervenir en ciertos asuntos. Sin embargo, más vale que cambies el tono al hablar de Vladimir como si no mereciera ser parte de la vida de Elda".

Ras, con firmeza en sus palabras, le contestó a Aleksander: —"Elda merece un hombre que no la ponga en riesgos innecesarios, alguien que le ofrezca estabilidad y seguridad. Vladimir, con todo respeto, no parece ser la elección más acertada para ella". La tensión en el ambiente creció mientras ambos hombres sostenían sus opiniones con convicción.

Antes de que Aleksander pudiera responder, Eleonora decidió intervenir, consciente de que la situación podría terminar afectando años de amistad. Con voz calmada pero firme, se dirigió a ambos hombres: —"Chicos, por favor, entiendo que ambos tienen opiniones diferentes sobre este asunto, pero no podemos dejar que eso afecte nuestra relación. Ras, sé que estás preocupado por Elda, pero confía en que Vladimir la cuidará. Y Aleksander, sé que defiendes a tu hijo, pero también entiende las preocupaciones de Ras. Necesitamos encontrar un equilibrio y apoyarnos mutuamente". Su intervención hizo que ambos hombres reflexionaran sobre sus posturas, aunque la tensión aún se podía sentir en el aire.

Los dos hombres se miraron nuevamente, comprendiendo las palabras de Eleonora y esta vez, la tensión parecía disiparse. Aleksander, adoptando un tono más tranquilo, dirigió sus palabras a Ras: —"Ras, sabes que te aprecio, pero si mi hijo se enamora de Elda y ella le corresponde, los apoyaré en todo momento, incluso si eso significa tener que pasar por encima de ti o de cualquier otra cosa". La firmeza en sus palabras dejó claro que la decisión de Aleksander estaba tomada.

Ras también respondió también — "Entiendo, Aleksander. Si Elda le corresponde a tu hijo, no intervendré. La decisión de ellos está por encima de cualquier lealtad y como olvidar que la amistad prevalece.

Ras respondió con comprensión mutua y entre ambos hombres se reflejaba en sus palabras, marcando un acuerdo tácito.

Mientras tanto en la habitación, el movimiento suave de Vladimir al separarse de Elda fue apenas perceptible, tratando de no perturbar su sueño. Sin embargo, Elda, sintiendo la ausencia del calor reconfortante de su abrazo, se despertó instantáneamente. Sus ojos se abrieron con sorpresa al encontrarse con Vladimir de pie junto a la cama. La confusión y el temor se reflejaron en la mirada de Elda mientras observaba a Vladimir, quien la miraba con preocupación. Sin perder tiempo, él le preguntó directamente si recordaba algo de lo que había ocurrido durante su encuentro con el Dr. Antonov esa tarde, entonces Elda recordó la plática en el jardín, su expresión se torna aún más angustiada. Los recuerdos de su conversación con el médico inundan su mente, trayendo consigo una mezcla de emociones que luchan por encontrar claridad.

—"Sí, recuerdo", admitió Elda con voz temblorosa, sus ojos fijos en algún punto más allá de la habitación. La sensación de vulnerabilidad que había experimentado durante aquella sesión de terapia en el jardín regresaba con fuerza, haciéndola sentirse expuesta y frágil.

Vladimir observó atentamente a Elda, notando el cambio en su expresión y sintiendo una oleada de preocupación por ella. Se acercó a ella con cautela, consciente de su estado emocional. —"¿Qué te dijo el doctor?" preguntó con suavidad, extendiendo su mano hacia ella en un gesto de apoyo.

Elda se tomó un momento para aclarar sus pensamientos antes de responder. Las palabras del Dr. Antonov resonaban en su mente, evocando sentimientos de dolor y desesperación. —"El doctor... hablamos sobre... cosas difíciles", murmuró, luchando por encontrar las palabras adecuadas para no decir lo que realmente había pasado y que ese hombre describiera la profundidad de sus emociones.

Vladimir asintió comprensivamente, reconociendo la dificultad de enfrentar los traumas del pasado. Sabía que Elda estaba lidiando con heridas profundas y que el proceso de curación sería largo y doloroso. Sin embargo, estaba determinado a estar a su lado en cada paso del camino. Con su característica calma, trató de tranquilizarla, asegurándole que estaría allí para ayudarla a través de todo. Vladimir se acercó a ella y apretó con más fuerza las manos de Elda, transmitiendo así su apoyo incondicional. —"Entiendo si no quieres contarme nada", comenzó con voz suave, sus ojos reflejando una mezcla de preocupación y afecto. —"Pero quiero que sepas que estoy aquí para ti, siempre. No importa lo que pase, puedes contar conmigo", aseguró con determinación.

Elda sintió un reconfortante calor inundar su corazón al escuchar las palabras de Vladimir. A pesar de las sombras que acechaban en su pasado, se sentía reconfortada la solidaridad que emanaba de él. Con un ligero asentimiento, agradeció silenciosamente su comprensión y promesa de apoyo.

—"Gracias", susurró Elda, su voz apenas un susurro en la quietud de la habitación. Se aferró a las manos de Vladimir como si fueran su ancla en un mar de emociones turbulentas. En ese momento, sintió una profunda conexion, como ese hombre que apenas y conocía le decía esas palabras, y estar dispuesto a ser su roca en medio de su tormenta.

Vladimir le devolvió una cálida sonrisa, transmitiendo a través de sus ojos el amor y la determinación que sentía por ella aunque ella no sientiera lo mismo, o eso es lo el pensaba. Juntos, se quedaron en silencio, encontrando consuelo en la presencia del otro y fortaleciendo así el inicio de ese vínculo que los uniria. Elda se sentía alagada, y más porque también sentía algo por Vladimir, pero como tener algo con un hombre cuando salió de Rumania por culpa de uno y otros problemas más. Así que le dijo también con sinceridad a Vladimir que como podía él decir esas palabras si ella era una mujer fea y gorda, sin ningún chiste y el era un hombre sumamente sexy, guapo, muy rico y muchos cosas más.

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