CAPÍTULO XIII SOMBRAS DE LA NOCHE

La academia Himmlisch brillaba bajo la luz de la luna, mientras la música resonaba en la fiesta de bienvenida.

Ethan —¿Bailamos, mi querida Astartea?— extendió su mano mientras sentía la mirada sombría de algunos presentes.

«A soportar otro baile con Ethansito» se quejaba Astartea en su mente.

Astaroth observó desde la distancia, una sombra de preocupación cruzando su rostro. Cassiel, aún pensativo tras la conversación con Aamon, observaba la escena con una mezcla de curiosidad.

En ese momento, Cassiel decidió acercarse a Astartea. Sin embargo, Ethan ya la tenía en sus brazos, moviéndose al ritmo de la música. Cassiel se quedó a unos metros, sintiendo una punzada de celos.

Cassiel susurrando para sí mismo —Debería haberle pedido bailar antes.

Aamon notó que el aura de su acompañante había cambiado —¿Pasa algo, Cassiel?

Con un deje de disgusto respondió —No, solo pensaba en lo rápido que se movió Ethan.

Sin mucha importancia respondió —Ethan es así, siempre buscando destacar. Pero no creo que debas preocuparte.

En respuesta, Castiel sonrió tristemente —Tienes razón. Debería intentar disfrutar de la fiesta.

Mientras tanto, Astaroth, quien vigilaba cada movimiento de su hermana, decidió intervenir. Se acercó a Ethan y Astartea, interrumpiendo su baile.

—¿Puedo robarte a mi hermana por un momento, Ethan?— Sin siquiera esperar la respuesta del otro Mantícora, Astaroth tomó la mano de su hermana.

Ethan sonríe forzadamente mientras lo mira frío —Claro, hermano mayor. La entrego en tus manos.

Astartea, aunque sorprendida, siguió a Astaroth mientras se alejaban del centro de la pista de baile.

—¿Te encuentras bien, Astartea? Solo quiero asegurarme de que estés cómoda. Ethan es... entusiasta.

Astartea miró a su hermano con una sonrisa mientras abrazaba su brazo —Lo sé, pero puedo cuidar de mí misma.

Mientras tanto, Cassiel observó a Astaroth llevándose a su hermana y reflexionó sobre sus propios sentimientos.

—Necesito tomar aire, te alcanzo en un momento— musitó Astartea para ver a su hermano asentir comprendiendo que necesitaba un momento a solas.

Cassiel, notando la partida de Astartea, decide seguir sus pasos, manteniéndose oculto de los hermanos Mudruk y de Sabriel. Se desliza entre las sombras del jardín, siguiendo la tenue luz que revela la silueta de Astartea entre las plantas.

Cassiel, cuidadosamente, la llama para no asustarla. Y en ese momento, influenciado por los efectos del alcohol y la atmósfera embriagadora del jardín, se sincera con Astartea sobre sus sentimientos y la profunda atracción que siente hacia ella.

Bajo la suave luz lunar y el susurro de las hojas, Cassiel se acerca a Astartea con mirada sincera.

—Cada vez que te veo, siento una conexión más allá de lo celestial. Tu presencia ilumina mi existencia, Astartea. No puedo evitar ser atraído por la magia que emanas. Eres mi luz en esta academia llena de sombras. ¿Puedes entender lo que siento por ti?— confesó casi sufriendo.

Astartea, con un brillo de melancolía en sus ojos, responde suavemente —Cassiel, nuestras realidades son como diferentes dimensiones que intentan tocarse. Aprecio tus palabras, pero soy un ser destinado a habitar un mundo separado. La mezcla de nuestras raleas es un abismo que no puedo cruzar. Comprendo tus sentimientos, pero mi destino es otro.

Cassiel, con la mirada fija en Astartea, confiesa con voz apasionada —Astartea, cuando te vi por primera vez, algo en mí cambió. Tu presencia ilumina mi existencia. Eres como un faro en la oscuridad, y no puedo dejar de sentirme atraído por la magia que emanas. No sé cómo explicarlo, pero quiero descubrir más sobre ti, superar las barreras que nos dividen y explorar este sentimiento que crece dentro de mí.

Astartea, entre risas —¿Estás sugiriendo una relación clandestina entre un ángel y una Manticora, Cassiel? Eso suena como el comienzo de un intrigante drama sobrenatural.

Cassiel se acerca a Astartea lentamente, como si cada paso estuviera marcado por la cadencia de su propia emoción. Su mirada, llena de deseo contenido, se encuentra con la de Astartea. En un gesto suave, coloca una mano en la mejilla de ella, acariciando con ternura antes de sellar el momento con un beso que parece romper las barreras entre sus razas.

Astartea, sorprendida pero no descontenta, responde al beso de Cassiel con un susurro

—Quizás el drama sobrenatural no suene tan mal después de todo.

Cassiel se acerca a Astartea lentamente, como si cada paso estuviera marcado por la cadencia de su propia emoción. Su mirada, llena de deseo contenido, se encuentra con la de Astartea. En un gesto suave, coloca una mano en la mejilla de ella, acariciando con ternura antes de sellar el momento con un beso que parece romper las barreras entre sus razas.

En ese momento, mientras los labios de Cassiel se encuentran con los suyos, Astartea retrocede en el tiempo, recordando cada detalle y conversación que compartió con él desde que lo conoció. Rememora sus interacciones, desde la primera mirada en la academia hasta las pláticas que, de alguna manera, habían dejado una huella en su memoria. Cada sonrisa, cada gesto amable, y cada momento compartido se despliegan en su mente, revelando una conexión que había crecido de manera silenciosa pero constante. Entre besos, Astartea se sumerge en el recuerdo de cómo Cassiel había logrado conquistar no solo su atención, sino también su corazón.

Mientras los labios de Cassiel se fusionan con los suyos, Astartea, inmersa en sus recuerdos, se da cuenta de que, aunque no se siente enamorada de Cassiel, sí experimenta una atracción intensa hacia él. Las emociones se entrelazan en su mente, formando un nexo confuso pero indiscutiblemente presente. Entre los suspiros y las risas compartidas, Astartea se encuentra en un dilema interno, consciente de la conexión especial que comparte con Cassiel, pero sin estar segura de hasta dónde la llevarán esos sentimientos.

Tras ese momento íntimo, Astartea y Cassiel se despidieron a regañadientes, conscientes de que sus respectivas alas esperaban por ellos. Aunque el jardín se volvía su refugio secreto, debían enfrentar las expectativas de sus propias raleas. Con una promesa tácita de encontrarse de nuevo en la penumbra del escondite, se separaron para sumergirse en los compromisos de sus respectivas vidas sobrenaturales.

Cassiel, con el corazón latiendo aceleradamente, se retiró del jardín llevando consigo la euforia de aquel beso. Una sonrisa iluminaba su rostro, y su mente estaba repleta de pensamientos de Astartea. Cada paso resonaba con el eco de la emoción, mientras la sensación de enamoramiento se afianzaba en su ser. Estaba decidido a enfrentar cualquier obstáculo para seguir compartiendo esos momentos clandestinos con la fascinante Manticora que había capturado su corazón.

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