El fin de semana llegó y Cassiel y Astartea se encontraron en la entrada del Bosque Encantado, listos para embarcarse en su aventura. La luz del sol se filtraba entre las ramas de los árboles, creando un ambiente mágico y acogedor a su alrededor.
—¿Estás lista para explorar, Astartea? —preguntó Cassiel con entusiasmo mientras miraba alrededor del frondoso bosque.
Astartea asintió con una sonrisa, sintiéndose emocionada por lo que les esperaba en aquel lugar misterioso. Juntos, se adentraron en el bosque, maravillándose ante la diversidad de flora y fauna que encontraban a su paso.
Durante su exploración, Cassiel compartió con Astartea su conocimiento sobre las diferentes plantas mágicas y criaturas que habitaban el bosque. Astartea escuchaba con atención, fascinada por cada detalle que aprendía. Aunque en realidad, Astartea tenía mucho conocimiento sobre esos temas, ya que tomaba clases con todas las raleas, excepto con los Sirens. Sin embargo, no le dijo a Cassiel lo mucho que sabía al respecto, encontrando encantador que él le explicara todo.
De repente, se toparon con un claro en el bosque, donde el sol brillaba con más intensidad y las flores desprendían un aroma embriagador. Cassiel invitó a Astartea a sentarse en el suelo cubierto de musgo, y juntos disfrutaron de un pequeño picnic improvisado.
—Es increíble cómo un lugar tan mágico puede hacerte sentir tan tranquilo y en paz —comentó Astartea, observando maravillada el paisaje que los rodeaba.
Cassiel asintió con una sonrisa, compartiendo el sentimiento de su amiga. Durante ese momento de tranquilidad, los dos jóvenes se sintieron más cerca que nunca, o bueno, eso quería pensar Cassiel.
—Cassiel, ¿cómo te sientes siendo parte de la ralea de los ángeles después de haber sido humano? —preguntó con delicadeza.
Cassiel se tomó un momento para reflexionar antes de responder.
—Es un cambio drástico, eso seguro —comenzó, buscando las palabras adecuadas—. Pero al mismo tiempo, siento que he encontrado mi verdadero hogar aquí. Ser un ángel me ha dado una nueva perspectiva sobre la vida y un propósito que antes no tenía. Estoy agradecido por la oportunidad de ser parte de esta comunidad, incluso si al principio fue difícil adaptarme.
Astartea asintió, comprendiendo mejor su situación.
Cassiel, intrigado por la vida de Astartea más allá de la academia, decidió preguntar —Astartea, ¿puedo preguntarte sobre tu familia? —inquirió con delicadeza.
Astartea miró a Cassiel, sorprendida por la pregunta, pero luego asintió con una sonrisa.
—Por supuesto, Cassiel. ¿Qué te gustaría saber? —respondió con curiosidad.
Cassiel se acomodó en el suelo, pensando en cómo formular su pregunta.
—Bueno, ¿tienes hermanos o hermanas? ¿Cómo es tu relación con ellos? —inquirió con interés genuino.
Astartea reflexionó por un momento antes de responder, recordando a su familia y los lazos que los unían.
—Sí, tengo dos hermanos, Aamon y Astaroth. Nuestra relación es muy cercana; nos apoyamos y protegemos mutuamente, incluso en los momentos más difíciles —explicó con afecto.
Cassiel asintió, absorbiendo la información con atención.
—Suena como una relación sólida y amorosa —comentó, admirando la conexión entre los hermanos.
Astartea sonrió, agradecida por tener a Aamon y Astaroth en su vida.
—Sí, lo es. ¿Tú tienes hermanos o hermanas, Cassiel? —preguntó, devolviendo la pregunta con curiosidad.
Cassiel asintió, pensativo.
—No tengo hermanos biológicos, pero considero a muchos de mis compañeros de la academia como hermanos y hermanas. Lazos de amistad que son igual de fuertes que los de sangre —respondió con sinceridad.
Astartea asintió, entendiendo la importancia de las relaciones cercanas en la vida de Cassiel.
—Es maravilloso tener amigos que se convierten en familia —comentó con una sonrisa cálida.
Cassiel asintió, compartiendo la misma sonrisa.
—Sí, lo es. Y me siento afortunado de tener amigos como tú, Astartea —respondió con gratitud.
Cassiel, interesado en conocer más sobre el círculo social de Astartea, decide indagar sobre sus amistades en las distintas raleas.
—Astartea, ¿tienes más amigos en las otras raleas además de los ángeles? —pregunta con curiosidad.
Astartea reflexiona por un momento, recordando las relaciones que ha cultivado con otros estudiantes.
—Sí, tengo amigos en varias raleas. He tenido la oportunidad de interactuar con muchos compañeros de diferentes orígenes aquí en la academia —responde con una sonrisa.
Cassiel asiente, interesado en escuchar más.
—¿Puedes contarme más sobre ellos? —pregunta con interés.
Astartea asiente, comenzando a describir a sus amigos en las distintas raleas.
—Bueno, tengo amigos dragones, demonios, vampirs, brujos, y algunos humanos también —explica con entusiasmo.
Cassiel escucha atentamente, fascinado por la diversidad de amigos de Astartea.
—Suena como un grupo muy diverso e interesante. Debe ser emocionante aprender y crecer juntos en este entorno —comenta con admiración.
Astartea asiente, compartiendo el sentimiento de Cassiel.
—Definitivamente lo es. Todos aportan algo único a nuestra comunidad aquí en la academia —concluye con una sonrisa.
Cassiel sonríe, agradecido por la oportunidad de conocer más sobre la vida de Astartea más allá de su propia ralea.
Astartea reflexiona sobre sus relaciones con las diferentes raleas y comparte sus pensamientos con Cassiel.
—Los Dragones, los Brujos y los Demonios me aprecian mucho. Tenemos una relación de respeto mutuo y hemos compartido experiencias en el pasado que han fortalecido nuestros lazos —comenta Astartea.
Cassiel asiente, interesado en escuchar más sobre la dinámica entre las diferentes raleas.
—Pero, con las otras raleas, la situación es un poco más complicada. Algunas tienen líderes o figuras de autoridad que ven mi influencia como una amenaza para su propio poder. Eso dificulta un poco las cosas y requiere un equilibrio delicado en nuestras interacciones —explica Astartea con sinceridad.
Cassiel asiente, comprendiendo mejor los desafíos que enfrenta Astartea en su relación con las demás raleas.
—Debe ser difícil navegar por esas relaciones complicadas, pero es impresionante cómo has logrado ganarte el respeto de tus compañeros de diferentes orígenes —comenta Cassiel con admiración.
Astartea sonríe, agradecida por el apoyo de Cassiel y la oportunidad de compartir sus pensamientos con él, hacía mucho que no hablaba tanto con una persona que no fuera alguno de sus hermanos.
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