En los corredores de la academia Himmlisch, el bullicio de las diferentes razas se mezclaba con la tensión que flotaba en el aire. Astartea Mudruk caminaba entre los estudiantes, despertando miradas curiosas y respetuosas. Fue el momento en el que aquel humano llamado Ethan se destacaba entre la multitud, aquel que hacía unos días había captado la atención de todos.
Ethan, con valentía y determinación, se acercó a Astartea, quien se detuvo al sentir su presencia. Sus ojos se encontraron, y un destello de reconocimiento iluminó el rostro de Ethan.
—Astartea, ¿verdad? —preguntó con una sonrisa amigable.
Ella asintió, observándolo con curiosidad. La diferencia entre sus razas no pasaba desapercibida, pero Ethan parecía no perturbarse.
—Soy Ethan. Escuché mucho sobre ti, sobre tu poder —dijo, manteniendo la calma a pesar del aura sobrenatural que la rodeaba.
Astartea arqueó una ceja, intrigada por su audacia. Ethan continuó, intentando conquistar su atención.
—He oído que eres una Mantícora excepcional. Y aunque soy humano, no puedo evitar sentirme atraído por tu fuerza y belleza. Pero vamos, ahora también soy un Mantícora —confesó con sinceridad y un toque presuntuoso al final.
Astartea, acostumbrada a la admiración, no pudo evitar sentir cierta curiosidad por él. Sus ojos se encontraron de nuevo, pero de los labios de la Mantícora no salió ningún sonido.
La tensión en los pasillos de la academia Himmlisch creció aún más cuando Cassiel observó desde la distancia la interacción entre Astartea y Ethan. Un deje de celos se apoderó de él, sintiendo una punzada en su corazón.
Ethan, ajeno a la mirada furiosa de Cassiel, continuó su cortejo hacia Astartea. Sus palabras resonaron en el aire, tejiendo una narrativa de admiración y atracción que, aunque dirigida a Astartea, no pasó desapercibida para los demás.
A pesar de los esfuerzos de Ethan por cortejar a Astartea, ella mostraba un desinterés evidente. Su mirada, aunque educadamente atenta, no reflejaba la chispa de reciprocidad que Ethan buscaba.
Mientras Cassiel observaba desde la distancia, notó el desencanto en los ojos de Ethan al percatarse del desinterés de Astartea.
Astartea no se dejaba impresionar fácilmente, incluso por los encantos de alguien de su propia ralea. Sus hermanos, Aamon y Astaroth quienes apenas habían llegado, observaban la situación con atención.
Mientras el cortejo continuaba con una Astartea indiferente, los pasillos resonaban con la mezcla de emociones que amenazaba con desbordarse en un conflicto más profundo entre los seres sobrenaturales.
Habían algunos seres que soltaban risas sin disimulo, otros que susurraban pequeños “pobrecito” u otros “ella merece más que un convertido”.
Ante la persistencia de Ethan, Astaroth, con su seriedad característica, intervino —Ethan, es evidente que Astartea no está interesada. Será mejor que dejes de insistir antes de crear más tensiones innecesarias—
Aamon, por otro lado, adoptó un enfoque más ligero y divertido —Hermano, deberías aprender a leer las señales. Astartea es como un libro cerrado, y en este momento, parece que no estás en la lista de lecturas obligatorias— básicamente se reía en la cara de Ethan.
Decidiendo poner fin al cortejo infructuoso, los hermanos Mudruk tomaron a Astartea y la llevaron hacia las clases que compartían con los demonios. Mientras tanto, en el aire quedaba la promesa de un persistente Ethan, decidido a desafiar las expectativas y conquistar el corazón de la imponente Manticora.
Sabriel, el ángel amigo de Cassiel, notó la tormenta emocional que se gestaba en su compañero.
Se acercó con cautela y susurró —Cassiel, ten cuidado. No debes involucrarte en asuntos de otras razas. Recuerda las reglas—
Cassiel, con los ojos fijos en Astartea y Ethan, asintió pero no pudo ocultar la incomodidad que sentía. El cortejo de Ethan resonaba como un eco doloroso en su interior, despertando una batalla entre su deber celestial y los sentimientos terrenales.
Mientras tanto, Astartea continuaba su camino, ajena a la tormenta de emociones que desataba con su presencia. Pero vamos, ¿quién en su sano juicio no se sentiría atraído a su poder y su sola presencia imponente?
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