La mañana en la academia comienza con una luz suave que se filtra por las ventanas, iluminando el amplio salón donde Cassiel se encuentra solo, concentrado en su práctica. A su alrededor, el aire parece vibrar con una energía tranquila y expectante mientras él se sumerge en la exploración de sus habilidades recién descubiertas.
Cassiel se sumerge en un profundo estado de meditación, centrando su atención en el resplandor dorado que emana de su ser angelical. Con cada respiración, siente la energía celestial fluir a través de él, alimentando sus poderes con una fuerza renovada.
Con gestos gráciles y precisos, Cassiel comienza a manipular la luz a su alrededor, creando formas brillantes y etéreas que danzan en el aire como estrellas fugaces. Experimenta con la intensidad y la dirección de su resplandor, descubriendo cómo puede controlarla para iluminar incluso los rincones más oscuros de la habitación.
A medida que continúa su práctica, Cassiel se aventura más allá de la mera manipulación de la luz. Con un toque delicado, experimenta con la curación, canalizando su energía angelical para aliviar el dolor y restaurar la vitalidad. Siente una conexión profunda con el poder sanador que reside dentro de él, reconociendo la responsabilidad que conlleva el uso de este don.
Mientras Cassiel se sumerge en su entrenamiento, se encuentra con otros estudiantes que también están explorando sus propios poderes sobrenaturales. Se maravilla ante la diversidad de habilidades que existen dentro de la academia, desde la telequinesis hasta la piroquinesis, cada una más fascinante que la anterior.
Después de su sesión de práctica, Cassiel se dirige hacia su próxima clase con una mezcla de emoción y curiosidad. Esta clase en particular es una de las más esperadas por él y sus compañeros, ya que se centrará en un aspecto fundamental de su ser: las alas.
Al llegar al aula, Cassiel se une al resto de los estudiantes, todos con expresiones expectantes en sus rostros mientras esperan al tutor. Pronto, el tutor entra en la habitación, un ser imponente con una presencia que irradia sabiduría y autoridad.
El tutor comienza la clase explicando la importancia de las alas para los seres celestiales, describiendo cómo son una manifestación física de su conexión con el reino celestial y su capacidad para volar entre los mundos. Con cada palabra, Cassiel siente su corazón palpitar con anticipación, ansioso por aprender más sobre este aspecto fundamental de su naturaleza angelical.
El tutor, con su voz profunda y resonante, les recuerda solemnemente a los estudiantes la importancia vital de sus alas. Explica que las alas no solo son símbolos de su herencia celestial, sino también fuentes de vitalidad y energía para sus cuerpos y almas. Sin ellas, les advierte, su conexión con el reino celestial se debilitará gradualmente, y eventualmente se desvanecerán en la oscuridad.
Cassiel escucha atentamente estas palabras, sintiendo una mezcla de reverencia y responsabilidad pesar sobre sus hombros. Comprende que sus alas no son simplemente apéndices físicos, sino manifestaciones de su identidad celestial y fuentes de poder y energía. Se compromete a honrar esta verdad y a cuidar de sus alas con todo su ser, reconociendo la profunda importancia que tienen para su existencia como ángel.
Una ángel levanta la mano con una expresión de curiosidad y preocupación en su rostro.
—¿Qué acciones podrían ser consideradas lo suficientemente malas como para que nos quiten nuestras alas?— pregunta con cautela, sus ojos buscando respuestas en el semblante serio del tutor.
El tutor contempla la pregunta por un momento antes de responder con voz grave y solemne. —Las acciones que podrían llevar a la pérdida de sus alas son aquellas que violan los principios fundamentales de la moralidad celestial—, explica. —El abuso de poder, la corrupción, la traición y la violencia injustificada son solo algunas de las transgresiones que podrían resultar en la pérdida de este regalo sagrado.
Cassiel absorbe estas palabras con seriedad, reflexionando sobre las implicaciones de sus propias acciones y decisiones. Comprende que el privilegio de poseer alas conlleva una gran responsabilidad, y se compromete a vivir de acuerdo con los más altos estándares de integridad y rectitud.
Finalmente, llega el momento culminante de la clase: el momento en que los estudiantes tendrán la oportunidad de desplegar sus alas físicas por primera vez. Con un latido acelerado, Cassiel se levanta de su asiento siguiendo las indicaciones del tutor, los estudiantes se dirigen al patio, un espacio especial reservado para los ángeles donde reciben instrucción sobre el arte de volar.
Las vastas extensiones de césped verde se extienden ante ellos, bordeadas por hermosos jardines llenos de flores brillantes que emiten un suave resplandor. En el centro del patio se encuentra un amplio espacio abierto, perfecto para la práctica de vuelo, con columnas de mármol blanco que se elevan hacia el cielo como testigos silenciosos de las hazañas aéreas que están por venir.
Los ángeles se reúnen en grupos pequeños alrededor de los instructores, quienes les brindan orientación sobre las técnicas adecuadas de vuelo y les muestran cómo desplegar y controlar sus alas con gracia y precisión. Cassiel observa con admiración mientras sus compañeros de clase realizan elegantes giros y acrobacias en el aire, deseando ansiosamente el momento en que pueda unirse a ellos y experimentar la libertad del vuelo por sí mismo.
Por un momento, se encuentra perdido en la maravilla de ver sus propias alas extendiéndose ante él, una manifestación tangible de su ser celestial.
Mientras observa las alas, Cassiel se siente abrumado por un sentido de asombro y gratitud. Ha descubierto una parte de sí mismo que nunca antes había conocido, y está emocionado por explorar todas las posibilidades que el vuelo le ofrece en su viaje como ángel.
Finalmente se lanza al aire con determinación y concentración. Aunque al principio sus movimientos son torpes y descoordinados, poco a poco comienza a ganar confianza y habilidad, sintiendo cómo el viento acaricia sus alas y lo impulsa hacia adelante.
Con cada intento, Cassiel se siente más ligero y libre, como si estuviera tocando el cielo con las manos. Su corazón se llena de alegría y emoción mientras se sumerge en la experiencia única de volar, dejando atrás todas las preocupaciones y temores del mundo terrenal.
Con una sonrisa en los labios y el corazón lleno de esperanza, deslizándose elegantemente por el firmamento, listo para explorar los límites de su capacidad y descubrir los secretos ocultos de su parte angelical.
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