Los finos detalles de oro en los bordes de las columnas que adornaban el espacio eran tan atrayentes, que desde que los trillizos habían pisado esa habitación no quitaban los ojos de ahí.
Estaban en espera de sus exámenes sanguíneos para determinar con que Raleas compartirían clases en el recinto.
No pasó mucho tiempo cuando una ángel salió de aquella puerta blanca en compañía de una mujer pelirroja que pertenecía a la Ralea de Brujos. Con seriedad se acercó a los tres niños, quienes inclinaron la cabeza en modo de saludo.
—Jóvenes Mudruk, les presento a su tutora, la persona que los guiará en su estadía en la academia Himmlisch— comentó mientras daba un paso hacia atrás.
—Es un honor para mí ser su tutora. Soy la señorita Melandre— asintió mientras sonreía.
—El gusto es de nosotros, señorita. Soy Astaroth, ellos son Aamon y mi hermana menor, Astartea— dijo mientras los señalaba consecutivamente.
La tutora sonrió abiertamente cuando se dio cuenta de aquellos nombres imponentes, donde efectivamente se dio cuenta que eran los queridos hijos del poderoso Asmodeo.
El bisnieto mayor del gran Celestial, hijo de Mammón, quien a su vez era hijo de Mefisto; hijo del Celestial.
Justo en ese momento la puerta blanca fue nuevamente abierta mientras por ella se en caminaba un hombre joven de la Ralea de Hadas.
Se acerco a la ángel y le susurro unas palabras mientras le entregaba tres sobres de color dorado. Posteriormente se despidió inclinando la cabeza y se fue por el mismo lugar por el que llego.
—Esto ya no me corresponde a mi— menciono mientras entregaba los sobres a la bruja— fue un gusto jóvenes Mudruk— los miro y se despidió para dirigirse a la salida.
Melandre observó los sobres dorados donde cada uno portaba el nombre de cada trillizo. Con decisión entrego a cada niño su sobre.
Los sobres contenían la información más importante, pues estos definan a cuantas Raleas eran pertenecientes.
Aamon fue el primero en abrir con inquietud el sobre.
—Cuatro, pertenezco a cuatro Raleas— sonrió para luego enumerarlas —Brujo, Demonio, Dragón y Licano— en respuesta Astaroth le sacudió el cabello a su hermano, pues sabía que él no quería heredar la sangre angelical de su madre.
Astaroth miro a su pequeña hermana para que ella continuará, pero su semblante decía todo lo contrario. Así que indeciso continuó, abrió el sobre y sonrió mirando a Aamon.
—Cinco, te gané— dijo burlón moviendo el brazo de su hermano, mientras este rodaba los ojos —Brujo, Demonio, Dragón, Licano y Vampir— sonrió con superioridad.
—Sí hablamos de competencia, entonces les gané a ambos— dijo firmemente Astartea, que había abierto la carta unos segundos después que su hermano mayor.
Ambos niños voltearon incrédulos por lo que decía su hermana.
—Siete, siete Raleas. Ángel, Brujo, Demonio, Dragón, Licano, Vampir y Hada— miro simultáneamente a sus hermanos, quienes sonrieron.
Ellos jamás dudarían del gran poder que su hermana tenía, y ahora mucho menos cuando estaba afirmado que portaba las Raleas de sus padres.
Asmodeo había sido producto de un amorío entre Mammón y Remiel, ambos eran Mantícora. Y su madre, Aradia, era también procedente de padres Mantícora.
Por lo que Asmodeo y Aradia tenían siete Raleas en conjunto, cuatro y tres consecutivamente. Y era por eso que la familia Mudruk era de las familias más poderosas e intocables por los sobrenaturales.
Ahora, Astartea era la ser sobrenatural más poderosa de los sobrenaturales. Tan sólo le había faltado pertenecer a los Sirens para ser un ser completo de poder.
(…)
Inició el recorrido de los niños por la academia justo detrás de su tutora.
El recinto estaba dividido en ocho alas, cada una a cada Ralea, donde cada una contaba con su entrada a la que solo podían entrar los que de verdad pertenecían a aquella.
Dichas alas estaban bien equipadas con mobiliario adecuado, aulas de clases, bibliotecas, patios, jardines y cada ala contaba con dormitorios especializados para cada sobrenatural.
Luego de todo el recorrido, la tutora los llevo a su oficina, la cual se encontraba casi a la entrada del recinto.
—Esperen un momento, les daré sus horarios de clases y los códigos de sus habitaciones— dijo mientras buscaba en uno de sus cajones en el escritorio.
Los niños tomaron asiento en los sillones color negro que se encontraban justo delante del escritorio.
—Aquí están— les ofreció sobres blancos a cada uno con la información adecuada —Ahí encontrarán sus horarios, con la ubicación adecuada de cada asignatura, además del código de su habitación— observó a cada niño, donde hasta ahora quiso prestarles más atención a su físico.
Sin duda eran hermosos, pero a su vez su porte y mirada daban imponencia. Ojos verdes y cabellos oscuros, se parecían demasiado a Aradia, pero su carácter reflejaba el de su padre Asmodeo.
—¿Alguna duda, jóvenes Mudruk?— dijo mientras entrelazaba sus dedos sobre el escritorio.
Los trillizos negaron y se despidieron de ella, no sin antes ella decirles que contaban con su total disponibilidad y confianza.
Los tres niños salieron de la oficina en camino a sus habitaciones, pues tenían que prepararse porque mañana iniciaban oficialmente las clases para los sangre pura.
(…)
Por otro lado, los humanos ya hacían sentados en tribunas circulares esperando ser llamados por sus nombres para encaminarse al centro del lugar.
La prueba consistía en hacerse un pequeño corte en su mano para luego pasar por cada tótem a depositar una gota de aquel líquido carmesí que salía del corte.
Cada tótem reaccionaba diferente, por ejemplo el tótem de los Dragones soltaba llamas ardientes cuando el humano era afín a está, o como el tótem de las hadas, que soltaba pequeñas mariposas.
Cada tótem tenía un representante el cual indicaba el camino a los humanos que eran seleccionados a este, y un ángel les indicaba lo siguiente, que era esperar la asignación de su tutor.
Donde su tutor les daría sus horarios, código de habitación y el recorrido por el recinto.
(…)
—Tenía razón, gran Celestial— el hombre miró de reojo al ser —Ella es la combinación perfecta de sus padres—
—Mi querida, Astartea. Tenemos que protegerla, debemos protegerla a ella y sus hermanos. No dudo que los Oscuros ya sepan de su existencia— dijo con dejé de preocupación e inseguridad.
El hombre a su lado asintió sin decir más.
Sí había algo que al Celestial le mortificaba era que sus pequeños trillizos cayeran en manos de los Oscuros.
Hacía años que los Oscuros querían eliminar a los impuros, pero para lograrlo tenían que adquirir a un ser muy poderoso capaz de someter a todos los sobrenaturales, para luego ordenarles acabar con los impuros y los humanos.
Un mundo dominado por Oscuros.
(…)
Del otro lado del mundo se encontraba un hombre vestido de negro con una copa de aquel líquido carmesí.
El silencio del espacio fue irrumpido cuando un demonio piso el suelo de mármol.
—La Mantícora llegó, está en Himmlisch— dijo con un matiz de miedo impregnado en su voz.
El otro ser bebió de su copa mientras sonreía abiertamente.
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