El gran ventanal permitía apreciar la puesta de sol, y su espectador que pulcramente vestía de negro; adoraba aquella habitación.
Los colores claros del día se filtraban por las grandes cortinas de seda. Y el humeante té de manzanilla era el perfecto olor para acompañar el momento.
Ya hacían unas horas en las que el completo silencio se había esparcido a lo largo de la mansión. Pronto, los mundanos comenzaron a ser el centro de atención en la entrada principal.
Se pudo observar cómo los tutores se encargaban de acomodarlos en largas filas. Luego, los sangre pura llegaron con deje de superioridad. Pero, entre todos, había una pequeña niña que se escondía detrás de otros dos niños, quienes parecían protegerla.
Curioso, bebió de su té mientras trataba de observar a la pequeña niña y a los dos niños, quienes sin duda alguna no tenían la menor intención de entablar conversación con los demás, mientras los demás habían comenzado a dialogar unos con otros.
Fue entonces cuando lo vio, la niña volteo en dirección a él y le mantuvo la mirada. Por breves minutos sus ojos habían cambiado de color, un dorado espectacular.
«Interesante, muy interesante»
Camino en dirección a la puerta y se encaminó directo a aquella oficina. Abrió con cuidado la puerta y disminuyó el paso al ver al imponente ser sentado en el sillón de cuero.
Se hincó con la cabeza abajo, en signo de respeto —Gran Celestial. Ella está aquí—
Movió su mano para que el hombre se pusiera de pie — ¿Ella sola?—
—No mi señor, sus dos hermanos la protegen— y por primera vez, sonrió.
Pues, la más grande creación había pisado su recinto. Aquella que había nacido de dos Raleas completamente diferentes.
(…)
Los tutores dividieron a los sangre pura conforme a cada Ralea perteneciente. Mientras los humanos eran encaminados hacía el patio de prueba donde iniciarán la ceremonia de aceptación, para así, descubrir su afinidad por alguna Ralea.
Mientras los pequeños niños esperaban, volvieron a retomar las conversaciones entre ellos. A excepción de los pequeños ángeles quienes se mantenían al margen de la situación.
Una revuelta inició cuando los licanos comenzaron a jugar entre ellos y sin querer empujaron a uno de los ángeles, quien a su vez empujó a la pequeña niña que era respaldada por sus dos hermanos.
Uno de sus hermanos frunció su ceño al no ver la intención del ángel para disculparse.
—¿No piensas disculparte con mi hermana?— musito fríamente uno de los trillizos.
—¿Por qué lo haría? Yo no fui el causante— dijo el ángel con tono indiferente.
Ante esto, el otro trillizo se quiso acercar para reprender al ángel. Pero fue detenido por la mano de su hermana.
—No te preocupes, los accidentes pasan— dijo en tono frío su hermana, mientras observaba detenidamente al ángel —fue obvio que la culpa no fue de…— dijo esperando la respuesta del ángel.
—Sabriel— dijo mirando fijamente a la niña.
—Sabriel— dijo lento mientras sonreía— no fue la culpa de Sabriel— dijo la trilliza.
Justo cuando terminó de hablar, los tutores los guiaron hacia la entrada del recinto, donde varios totems con el logo de las Raleas sobre salían en lo alto.
—Por favor colóquense delante del totem afín de su Ralea— y así con la indicación, todos comenzaron a hacer largas filas en cada una de las Raleas.
Todos los niños presentes quedaron en total silencio y asombro, cuando sólo habían tres niños en una Ralea, cuando en las demás habían filas largas.
Esa Ralea era La Manticora.
Los tres niños miraron con egocentrismo a todos, a sabiendas qué ellos eran los más poderosos.
Hasta ahora…
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Comments
barbiquiu2011
Me robó el aliento
2023-12-26
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