El sol se filtraba a través de las ramas del frondoso árbol, creando un juego de sombras en el suelo del jardín de la academia. Cassiel observaba a lo lejos a Astartea, quien estaba absorta en la lectura de un antiguo libro de hechizos. Decidió acercarse, aunque la idea de iniciar una conversación le causaba cierta ansiedad.
Con paso cauteloso, Cassiel se aproximó lentamente a Astartea. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se aclaró la garganta para llamar su atención. Astartea levantó la vista del libro y lo miró con curiosidad.
—Hola, Astartea —saludó Cassiel con una sonrisa nerviosa—. ¿Qué estás leyendo?
Astartea lo observó por un momento antes de responder con voz serena:
—Es un libro antiguo de hechizos. Estoy investigando algunas técnicas de conjuros —contestó ella, sin revelar demasiado interés en la conversación.
Cassiel asintió, tratando de encontrar un tema de conversación que pudiera captar la atención de Astartea.
—También me interesa la magia —comentó, esperando despertar su interés—. ¿Has explorado los jardines mágicos de la academia? Son realmente fascinantes.
Astartea levantó una ceja con escepticismo, pero pareció intrigada por la idea.
—No he tenido la oportunidad de explorarlos a fondo —respondió con cautela—. ¿Son realmente tan sorprendentes como dicen?
Cassiel asintió con entusiasmo.
—¡Absolutamente! Hay lugares llenos de plantas mágicas y criaturas extraordinarias. Sería genial si pudieras acompañarme en una exploración algún día —propuso, con la esperanza de que Astartea aceptara su invitación.
Astartea consideró la propuesta por un momento antes de asentir con una leve sonrisa.
—Podría ser interesante —concedió—. Pero no puedo prometer nada.
Cassiel asintió, satisfecho de haber hecho algún progreso en su intento por acercarse a Astartea.
—Está bien. No hay prisa. Cuando estés lista, estaré aquí para mostrarte los secretos de los jardines mágicos —dijo, con una sonrisa amistosa.
Astartea asintió en señal de acuerdo, pero en ese momento algo hizo que cambiará de opinión. Rápidamente tomó de aquel uniforme blanco al Ángel para detenerlo, Cassiel asombrado volteó a verla.
—Cambie de opinión. Podemos ir este fin de semana— dijo mientras lo miraba fijamente a los ojos.
Cassiel se iluminó ante la respuesta positiva de Astartea.
—¡Genial! Podríamos ir mañana al atardecer, cuando los jardines estén envueltos en una atmósfera mágica —sugirió, emocionado por la perspectiva de compartir esa experiencia con su nueva amiga.
Astartea asintió con entusiasmo.
—¡Perfecto! Estaré lista. Gracias por invitarme, Cassiel —respondió, con una sonrisa genuina para luego levantarse e irse del lugar.
(...)
Ajustemos la interacción entre Cassiel y Astartea para reflejar mejor la personalidad de Astartea:
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El día siguiente, Cassiel y Astartea se encontraron en el borde de los jardines mágicos de la academia. La luz del atardecer teñía el cielo de tonos dorados y rosados, creando un ambiente místico y encantador.
—¡Hola, Astartea! —saludó Cassiel con una sonrisa mientras se acercaba—. ¿Estás lista para explorar los jardines?
Astartea levantó la mirada hacia Cassiel, su expresión inicialmente cautelosa se suavizó al ver la amabilidad en los ojos del ángel.
—Hola, Cassiel. Sí, estoy lista —respondió con una sonrisa, aunque su tono seguía siendo un tanto reservado.
Juntos, adentraron en los intrincados senderos del jardín, maravillándose ante la belleza de las plantas mágicas y las criaturas que habitaban el lugar. Cassiel guiaba a Astartea con entusiasmo, señalando cada detalle interesante que encontraban en su camino, mientras que Astartea lo seguía con curiosidad, pero manteniendo una cierta distancia.
Durante el recorrido, Cassiel trató de entablar conversación con Astartea, compartiendo historias y anécdotas para romper el hielo. Astartea escuchaba con atención, pero sus respuestas eran breves y algo evasivas, mostrando una clara reticencia a abrirse por completo.
A medida que avanzaban, el sol se ponía lentamente en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y morados. La magia del momento envolvía a Cassiel y Astartea, creando un ambiente de complicidad entre ellos a pesar de la reserva de Astartea.
—¿Por qué no has venido antes a este lugar tan maravilloso? —preguntó Cassiel con curiosidad, rompiendo el silencio mientras caminaban.
Astartea bajó la mirada por un momento, pensativa, antes de responder con sinceridad.
—Si te soy honesta, siempre he sido un poco reacia a aventurarme fuera de mi zona de confort. Pero hoy me he dado cuenta de que estaba perdiéndome de algo increíble —confesó, con una sonrisa suave, permitiendo que un destello de su verdadero yo se asomara—. Gracias por invitarme a explorar este lugar contigo, Cassiel. Ha sido una experiencia maravillosa.
Cassiel asintió con una sonrisa, sintiéndose feliz de haber podido compartir ese momento especial con ella.
A medida que avanzaban por los senderos del jardín, Cassiel continuaba compartiendo su entusiasmo por el mundo mágico que los rodeaba. Astartea, aunque inicialmente reticente, comenzaba a sentirse más cómoda en la compañía del ángel, permitiéndose disfrutar de la belleza del entorno.
—Astartea, ¿te gustaría venir a explorar el Bosque Encantado este fin de semana? —propuso Cassiel con una sonrisa—. Sé que es un lugar un poco más salvaje, pero creo que te encantaría.
Astartea detuvo su paso por un momento, considerando la oferta de Cassiel. Antes de que pudiera responder, Cassiel continuó.
—Y también podríamos organizar algunas salidas de estudio juntos. Podríamos repasar los hechizos de transformación o investigar sobre las diferentes criaturas mágicas. Sería divertido hacerlo juntos, ¿no crees? —agregó con entusiasmo.
Astartea frunció ligeramente el ceño, sintiéndose algo abrumada por la idea de pasar más tiempo en compañía de Cassiel. Sin embargo, antes de que pudiera rechazar la oferta, Cassiel añadió algo que la tomó por sorpresa.
—Y podemos hacerlo como amigos, si eso te hace sentir más cómoda —dijo Cassiel con amabilidad, buscando tranquilizarla.
Astartea lo miró con sorpresa, sin esperar ese giro en la conversación. Por un momento, se quedó sin palabras, procesando la propuesta de Cassiel. Finalmente, una pequeña sonrisa se formó en sus labios.
—Eso suena bien, Cassiel. Me encantaría explorar el Bosque Encantado contigo este fin de semana —respondió Astartea, aceptando la oferta de amistad de Cassiel.
Cassiel sonrió ampliamente, sintiéndose feliz de haber logrado hacer progresos en su relación con Astartea. Y aunque no pudieran ser más que amigos, ser amigos estaba bien, ¿no?
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