CAPÍTULO XI EN COMÚN

El sol brillaba en lo alto del cielo, tiñendo el paisaje de tonos dorados mientras Cassiel se dirigía hacia el comedor de la academia, con una chispa de emoción en sus ojos celestiales. Astartea, rodeada de compañeros, charlaba animadamente en una esquina del comedor cuando Cassiel se acercó con paso decidido.

—Cassiel— saludó Astartea con una sonrisa cálida al verlo. —¿Qué te trae por aquí?—

La emoción apenas contenida en la voz de Cassiel no pasó desapercibida. —¡Astartea!— exclamó, tomando asiento frente a ella con una expresión radiante. —¡He aprendido a usar mis alas!—

La sorpresa iluminó los ojos de Astartea, seguida de una sonrisa genuina. —¡Vaya, eso es fantástico, Cassiel!— respondió, mostrando un genuino interés en su logro.

Cassiel, con entusiasmo desbordante, comenzó a relatar la experiencia de desplegar sus alas por primera vez y sentir la libertad del vuelo. Astartea escuchaba con atención, admirando la determinación y la pasión de su amigo.

Después de compartir su experiencia, Cassiel miró a Astartea con gratitud. —Gracias por siempre estar ahí para mí, Astartea. Tu apoyo significa mucho—

Astartea asintió con una sonrisa suave. —Siempre estaré aquí para ti, Cassiel. Eres un amigo valioso.—

Mientras Cassiel absorbió las palabras de Astartea, un atisbo de tristeza cruzó su rostro. Se había olvidado momentáneamente de que su relación era solo de amistad, y la realidad lo golpeó con fuerza. Sin embargo, decidió no dejar que eso empañara su alegría por haber compartido su logro con Astartea.

Astartea se volvió hacia sus amigos, quienes estaban esperando con curiosidad. —Chicos, este es Cassiel, un ángel con el que he estado pasando tiempo últimamente. Cassiel, ellos son mis amigos de toda la vida: Lucian, Elara y Valeria—, dijo, señalando a cada uno mientras los presentaba.

Cassiel sonrió cortésmente, asintiendo con la cabeza en saludo. —Es un placer conocerlos a todos—, dijo con sinceridad.

Elara, con una chispa traviesa en los ojos, intervino. —Entonces, ¿Cassiel, nos enseñarás a volar también?

Cassiel rió, encantado por la idea. —¡Claro! Sería un honor—, respondió con entusiasmo.

Astartea observó la interacción con una sonrisa, agradecida por la conexión que se estaba formando entre Cassiel y sus amigos. En ese momento, se sintió afortunada de tener a ambos en su vida.

Después de compartir un momento agradable con los amigos de Astartea, Cassiel y ella decidieron dar un paseo por los jardines de la academia. El sol brillaba en el cielo, iluminando el paisaje con tonos cálidos y resplandecientes.

Caminaron juntos por los senderos arbolados, disfrutando de la tranquilidad del entorno. Astartea se sentía cómoda en la compañía de Cassiel, disfrutando de su amistad y de la energía positiva que irradiaba.

Mientras caminaban, Cassiel compartía sus experiencias aprendiendo a volar, describiendo la sensación de libertad y poder que experimentaba al levantarse en el aire. Astartea escuchaba con atención, impresionada por la determinación y el entusiasmo de su amigo.

De repente, Cassiel detuvo sus pasos y miró a Astartea con una chispa de emoción en los ojos. —Astartea, ¡mira!—, exclamó señalando hacia arriba.

Astartea siguió su mirada y vio un grupo de aves volando en círculos en el cielo. Sorprendida, observó cómo Cassiel extendía sus alas con gracia y se elevaba hacia el cielo con facilidad.

—¡Increíble!—, exclamó Astartea maravillada mientras observaba a Cassiel volar con elegancia. Se sintió abrumada por la belleza del momento y por la gratitud de tener a un amigo tan especial a su lado.

Cassiel descendió suavemente hacia el suelo, regresando junto a Astartea con una sonrisa radiante en el rostro. —¿Lo viste? ¡Pude volar!—, dijo emocionado.

Astartea asintió con una sonrisa igualmente brillante. —Sí, fue increíble. Estoy tan feliz por ti, Cassiel—, respondió sinceramente.

Mientras caminaban juntos bajo el cálido resplandor del atardecer, Cassiel no podía dejar de pensar en lo increíble que era pasar tiempo con Astartea. Sus conversaciones, su risa, su compañerismo; todo en ella lo atraía de una manera que no podía ignorar.

A medida que reflexionaba sobre su amistad, Cassiel se dio cuenta de que sus sentimientos por Astartea iban más allá de la simple amistad. Había algo en ella que lo cautivaba, algo que lo hacía desear estar cerca de ella todo el tiempo.

La forma en que Astartea lo miraba con esos ojos brillantes y llenos de vida, la forma en que sonreía y hablaba con pasión sobre sus sueños y aspiraciones; todo en ella lo hacía sentir vivo de una manera que nunca había experimentado antes.

Cassiel sabía que lo que sentía por Astartea iba más allá de la amistad. Se sentía atraído por ella de una manera que no podía explicar, y sabía que quería más que una simple relación de amigos.

Sin embargo, también era consciente de los desafíos que enfrentarían si decidían explorar una relación romántica. Astartea era una figura poderosa e influyente en la academia, y él era solo un recién llegado que aún estaba aprendiendo a controlar sus habilidades como ángel.

Pero a pesar de los obstáculos que podrían enfrentar, Cassiel sabía que valía la pena luchar por lo que quería. Y lo que quería más que nada en ese momento era la oportunidad de explorar una relación más profunda y significativa con Astartea.

Con determinación en su corazón y una sonrisa en su rostro, Cassiel decidió que haría todo lo posible para ganarse el corazón de Astartea. Sabía que no sería fácil, pero estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por la oportunidad de estar junto a ella.

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