Casi Perfección #4
Miro mi reflejo en el espejo, un gran vestido
blanco, corte princesa que cae en el piso con elegancia y que en los bordes inferiores tiene un bordeado de tonos dorados que harían cualquier mujer sentirse como una princesa. Miro hacia mi mano izquierda y veo los finos guantes blancos con algunas perlas rosas en el mismo, sobre este hay un anillo de
diamante rosa con pequeños diamantes blancos, es algo digno de un cuento de hadas, un cuento de hadas en donde la princesa se coloca el velo cubriendo su rostro como estoy haciéndolo yo ahora mismo y sonríe emocionada porque al fin consiguió el final feliz.
Me giro lentamente y observo la gran habitación, doy dos pasos en el lugar y suspiro, toco mi abdomen sintiendo que el corsé está demasiado ajustado para mi gusto, incluso los tacones dorados son
incomodos, todo lo es. Sé que luzco como una princesa, mi piel morena brilla por todos los cuidados y buena alimentación que he llevado últimamente, me veo bien, pero ¿me siento? No sé lo que siento.
¿Qué está mal en mí? He pedido no ver a mis
hermanas cuando llegaron, todos están ahí afuera esperando que la novia camine hacia el altar y sonría mientras mira a su futuro esposo, el hombre con el cual compartirá toda su vida ¿toda su vida? Eso debe ser una broma. Ni siquiera he visto a mi futuro esposo una vez desde que llegue, he pedido no verlo o no me presentaría, eso fue muy convincente.
¿Por qué tome está decisión? ¿será por qué
perdí? Por unos segundos me permito recordar la sonrisa de Michael cuando lo conocí, me pareció tan real y lo hice, permití que se acercara un poco, pero
esa pequeña cercanía me hizo llorar cuando se fue. ¿Por qué decidí hacerlo? ¿por mis hermanas? Quizás, necesitaba que todas fueran felices y así podría tomarme el tiempo para ver lo que realmente soy, lo que he hecho y como mis acciones nos llevaron aquí sin que ellas lo supieran.
¿Cómo les digo a las personas que están ahí
afuera que no estoy sorprendida? Yo lo vi venir, vi lo que sucedería y lo permití, no tengo arrepentimientos sobre ello, me gustaría hacerlo, pero como
Nadia dijo por años, algo está mal en mí. No estoy feliz, no estoy triste o preocupada, solo estoy aquí viendo todo suceder y peleando cuando es necesario porque es lo que una buena chica haría, lo que debía hacer para mostrarle a mis hermanas como hacer las cosas.
Siempre la chica que es el ejemplo, las mejores calificaciones, siempre mostrando como debían comportarse, siempre siendo la persona responsable si algo malo sucedía por años, hasta que mi carga, mis preocupaciones fueron entregadas a Kaleani y eso fue su perdición, ella tuvo que hacerlo porque algo estaba mal en mí, no podía fingir como ella, no podía sonreír si quería, soy real, solo esto.
Mi cuerpo tiembla cuando escucho un golpe en
la puerta y suspiro tocando mi pecho.
- Señora, están esperando. – escucho decir a
alguien a través de la puerta.
- Necesito unos minutos. – respondo en voz alta.
- Señora, le he dado media hora. – me recuerda.
Miro hacia el espejo que cubre un costado
completo de mi ahora habitación y observo mi cuerpo, doy un paso hacia el espejo y sonrío, luce falso, no real, cierro mis ojos y pienso en algo positivo, algo feliz ¿tengo un recuerdo feliz? Recuerdo a mis hermanas y sonrío sin poder evitarlo, pero abro los ojos y recuerdo lo malo, siento nauseas al hacerlo.
-He mentido tanto. – susurro.
Siento ¿culpa? ¿Por qué? ¿Por qué ahora? todo
es perfecto, todos están bien, me encuentro viviendo en una mansión de 7 habitaciones, ocho baños, pero solo tonos grises por todos lados no me hacen
disfrutar estar aquí, en Bismarck, Dakota del Norte, pero debo hacerlo, miro hacia la puerta cuando intentan abrirla y maldigo ruidosamente. He evitado
hablar con mi prometido todo este tiempo, he ignorado a mi futuro suegro cuando pregunto por mi seguridad, he fingido tanto que no tengo algo más que utilizar ahora mismo, solo estoy yo aquí.
¿Debo llamar a Kaleani? ¿ella entenderá? ¿me
dirá que sentir ahora? no sé qué sentir, solo ¿Qué siento? Toco el collar fino de oro blanco que cubre mi cuello y sacudo mi rostro logrando que algunos
mechones de cabello rizado caigan en mi frente. Miro hacia abajo y luego de vuelta hacia el espejo, grito sin poder evitarlo al ver por unos segundos al
ver a alguien de pie detrás de mí, me giro rápidamente y no veo a nadie ahí.
Frunzo mi ceño confundida e intento tranquilizarme, escucho gritos del otro lado de la puerta cuando notan que he colocado seguro. Toco mi pecho y mi cuerpo se congela en el tiempo cuando recuerdo
a quien he visto detrás de mí, recuerdo… lo hago, recuerdo a él, recuerdo mi versión de 18 años conociendo a un torpe chico con pecas que decidió seguirme a todas partes.
-Maldición. – digo en voz alta.
Cubro mis orejas cuando un fuerte golpe me
regresa al presente, miro hacia la puerta y veo a un hombre jadeando de pie mirando hacia todos lados sujetando su pistola. Se acerca a mí y toca mi hombro luciendo preocupado, veo sus labios moverse y no escucho nada, no entiendo nada porque recordé… recordé lo que hice, recordé lo que perdí, recordé todo… la traición y la perdida.
- ¿Está bien? – logro escuchar.
- Lo perdí. – susurro.
Mis ojos arden y niego sollozando.
- ¿Qué? puedo ayudar. – me asegura.
- Lo perdí. – susurro de nuevo.
Cierro mis ojos y recuerdo… lo hago.
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