...Una semana antes de la boda ...
Veo a Audrey salir de su auto enojado y acercarse al auto en donde estoy, grita mi nombre y no me sorprende, alejo los lentes oscuros de mis ojos y suspiro, salgo del auto y les pido a los hombres de seguridad que me acompañan que no salgan del auto sin importar que, sé que no escucharán mis palabras, esas son ordenes de mi futuro suegro. Cuando mis tacones tocan la carretera sé que no he tomado una buena decisión, veo el cabello despeinado de Audrey caer en su frente y luce enojado, de nuevo, él ha estado enojado siempre desde que ella se fue, lo lastimo.
Creo que en realidad está avergonzado que yo lo viera llorar, está avergonzado de que yo estuviera ahí todas las noches que estuvo llorando y fingió que era un resfriado, no lo culpo, nuestra relación nunca fue tan cercana, pero estaba roto y no pude evitarlo, lo correcto era quedarme ahí y luego seguir mi camino, lo hice.
Luego de que noté que estaba bien, decidí llegar a mi destino, a ser la pequeña y nueva princesa de los Doherty, algo que odio y no creo poder disfrutar pronto, pero puedo fingir que lo hago, puedo hacer eso. Al menos debo admitir que he subido de peso, he estado más saludable, en el día he tenido la vida que cualquier persona cree merecer, pero en las noches, no puedo dormir, cuando cierro mis ojos veo los suyos, veo a Nadia burlándose porque al final sí me convertí en lo que debía, una princesa de la mafia.
He fingido, pero no lo he podido hacer con Audrey, verlo llorar abrió una puerta en mí que no pensé que pudiera ser abierta, el miedo, siento miedo y cuando lo hago, tomo mi celular y marcó su número, no soy bienvenida, pero es una deuda que debe pagar el resto de su vida, porque yo sujeté su mano cuando fue lanzado al lodo por ella, por mi hermanita.
- ¿Ahora qué? – pregunta molesto.
Observo su ropa, ropa deportiva que permiten ver su pistola a metros de distancia, pero parece no importarle.
- He escuchado que regresará antes. -informo.
- ¿Quién? – pregunta.
- Cian. – respondo.
-Excelente, si regresa la boda sucederá y podré dejar esta ciudad de porquería. – admite.
-Audrey. – digo su nombre.
Lo veo suspirar.
- Tenía un plan, pensé que me apoyabas. – le digo.
- Te dije desde el inicio que la boda sucedería. – empieza a decir. – estos hombres respetan demasiado a la familia, para ellos lo eres ahora, la única razón por la cual él no ha regresado es porque posiblemente alguien intentó cortarle la cabeza a ese…- lo interrumpo.
- ¿Qué hacemos? – pregunto.
- ¿Hacemos? Es una buena pregunta, Kristin. – me dice con molestia. – dijiste que lo harías, que no te importaba, incluso he aceptado ser la persona que te lleve al altar ¿Qué más puedo hacer? – pregunta.
Lo veo retroceder, frunzo mi ceño notando algo.
-¿Estás ebrio? – pregunto molesta.
- Cierra la boca. – me pide. -No permitiremos que te lastimen, solo ve a casa y sigue jugando su juego, luego de la boda haremos un acuerdo, no tendrás que vivir con ellos. – me asegura.
- ¿Es seguro o es otra promesa vacía? – pregunto.
Sujeta mi rostro sorprendiéndome, sujeto su brazo.
- No toques esa herida, no te gustará lo que sucederá. – me pide en voz baja.
- Audrey. – digo molesta.
-Hice todo lo que pude en ese momento, no pude evitar el resultado y lo recuerdo, perdí… a mi hermano, perdone eso, pero si tocas… eso, no seguiré apoyándote en esto. – me informa.
Me suelta bruscamente, toco mi mejilla con molestia, escucho una puerta cerrarse de golpe.
- ¡Quédense en el auto, maldición! – grito molesta.
-Kris. – Audrey habla.
Toda mi atención está en él.
-Ve a comprar el vestido, no sigas evitando hacerlo, juega al juego. – me pide.
-Si, señor. – digo con sarcasmo.
Retrocedo lentamente.
Observo su rostro y suspiro notando lo mal que luce.
-Kaleani vendrá a la boda. -le informo.
Luce sorprendido.
- No debes ir, le pediré que me lleve al altar. – le aseguro.
- Entiendo. – me dice en voz baja, mira hacia abajo colocando sus manos en sus bolsillos. – Deja de llamarme, me iré de la ciudad y me aseguraré de enviarte tu regalo, la familia Ainsworth estará presente de alguna manera. -me informa.
Lo veo girarse y caminar hacia su auto, abre la puerta y entra de inmediato, me quedo de pie queriendo… irme de aquí. Entro mis manos en los bolsillos de mi abrigo y observo el camino que ha recorrido el auto de Audrey, estamos a algunos kilómetros de la mansión, he notado perímetros de seguridad incluso cerca de aquí ¿Qué tanto control tiene aquí? Si algún día decido irme ¿Cómo será posible? Es simple, me quedo aquí y si yo no puedo arruinar mi propia boda, torturaré a todos estos bastardos.
Me giro y vuelvo a colocar los lentes oscuros en mi rostro, noto que ambos hombres han salido del auto y lucen molestos, ellos quieren protegerme como si no supieran quien soy ¿son tontos? Ellos deberían protegerse de mí, no soy mis hermanas, cuando veo sus rostros no veo a hombres con familias o con una historia que contar, veo herramientas, algo útil para mí, algo que me molesta quizás.
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